Una canción sin partitura

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Summary

Eder, una chica tranquila que está estudiando último año de moda, con futuros planes de crear su propia marca y sin intención de que nadie se meta por delante destrozando su sueño. Matteo, un chico compulsivo, que forma parte de una conocida banda de música rockera y con algunos problemas familiares. Pero con un gran sueño, llegar a ser el mejor guitarrista que exista en ese momento y en un futuro dar clases para poder enseñar a los demás. ¿Qué pasará entre ellos y sus sueños?

Genre
Romance
Author
Paula
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Todas las noches menos los domingos, porque necesitaba ese dinero al estar estudiando mi último año de carrera. Mi familia me daba un poco de dinero para pagarme el alquiler del piso que compartía con dos amigos, pero no era suficiente.

Hoy había quedado con mis antiguos amigos del instituto, para ir a una de las discotecas más famosas de la ciudad. Hacía mucho que no hablaba con ellos y en especial, con mi mejor amiga Val.

Solo faltaba media hora para terminar este espantoso día de trabajo y me podré ir a casa. Por suerte, mi sección ya estaba servida. Así que, solo me faltaba recoger sus platos y me podré ir a mi casa.

Si me voy dos minutos al baño no pasará nada, ¿no?

Si no voy me mearé encima.

Me fui directamente al baño, sin pensar en la riña que me dará mi jefe y he de admitir que tardé más de dos minutos, porque no quedaba papel y me las tuve que ingeniar para conseguirlo.

Al final tuve que llamar a mi compañera que se enfadó conmigo, porque había entrado gente nueva a mi sección desde hacía rato.

Al salir vi a cuatro chicos sentados en una mesa y me acerqué sacando la minúscula libreta de mi bolsillo.

Al principio no creía que fueran ellos, pero cuando estuve enfrente, sí lo creí sí. Eran los integrantes de una banda de rock que se ha puesto muy famosa. Creo que se llaman Dead Garages. Es un nombre un poco peculiar, pero su música no es tan mala.

Si no recuerdo mal, la canción que está sonando ahora por los altavoces del bar es de las más recientes suyas. 'Heartbreak' se llama la dichosa canción.

—Bienvenidos, ¿qué quieren pedir?

—Cinco cervezas—dijo el que estaba sentado en el medio.

Son todos muy distintos.

Hay un asiático y es muy bajito. Me parece muy mono y no le pega el tipo de música que toca, pero su carácter es fuerte, porque desde que he llegado solo hace que discutir con otro chico que parece británico por su acento. Reconozco ese tipo de acento, porque la familia de mi madre es británica.

Al otro lado hay un chico con el pelo un poco largo de color rubio, pero bonitos ojos de color azul y tiene varios tatuajes. Parece estar aburrido, mientras juega con la servilleta. Y el último chico es el que ha pedido las cervezas, también británico, su cabello es de color marrón oscuro, con sus ojos verdes claros y tiene la típica mirada de "No me importa nada".

Peligro.

—Bien, ahora os traigo el pedido.

Preparé las cinco cervezas. Me extrañaba ya que eran cuatro, no cinco pero oye, igual alguno quería repetir no lo culpo.

Al encaminarme con ellas, vi como entraba al local una chica alta, rubia y con los ojos sorprendentemente marrones caminó hacia ellos, sentándose encima del rubio que estaba aburrido. La chica también es de la banda, pero no sé nada más de ella.

A mí me va otro tipo de música, algo más tranquila. De esa en la cuál te podrías dormir perfectamente y te deja en una relajación que es increíble.

Cuando llegué hasta allí, la única chica me recibió con una sonrisa agradable y perfecta.

—Aquí están—dije mientras dejaba las cervezas con algunos entrantes que da el bar por la bebida encima de su mesa—. Que aproveche.

—Gracias—me contestó la rubia.

Me despedí con una tímida sonrisa y me fui a recoger el resto de platos y vasos de otras mesas de mi facción.

Un rato después me pidieron la cuenta y cuando se fueron recogí sus vasos, los limpié y me fui a casa para cambiarme.

Tenía la sensación de que hoy iba a ser una larga noche.


Estaba enfrente del espejo. Revisando el vestido negro por cuarta vez, que me llegaba por encima de las rodillas, con unos tacones negros muy cómodos y con mi bolso que lo diseñé hace tiempo.

Antes de que me llamará el novio de Val, me había puesta un poco de brillantina que se me podría confundir perfectamente con un faro de luz.

—Eder, estamos abajo.

—Vale, ya voy.

Colgué y me fui a paso rápido hasta llegar al salón, cuando Martín me detuvo.

—No sabía que hoy te ibas—comentó mientras bajaba las escaleras.

Conocí a Martín el primer año de carrera y la mejor decisión sin duda fue hablarle cuando lo vi solo. Desde ese momento, siempre vamos los dos juntos y con nosotros, Cloe. Otra compañera que conocimos después de la primera semana de empezar la universidad.

Desde hace tres años, empezamos a vivir los tres juntos en un dúplex cerca de nuestras universidades.

—No te enfades Martini.

—Es una traición muy grande—se puso una mano en el pecho dramatizando sus palabras y no podía para de reír—. Ahora en serio, te mereces pasártelo bien.

Me despedí de él con un abrazó y cuando llegue a la puerta para abrirla, gritó:

—No llegues borracha a casa tan tarde.

Me volví a reír y bajé lo más rápido que pude antes de ver el coche rojo de Valeria.

—Mira qué guapa vas, seguro que hoy encuentras algún pretendiente—me dice mi otra amiga Leila, mientras entro por la puerta del coche.

—No lo creo—digo poniéndome el cinturón.

—No seas así de negativa anda—me dice Dexter, el novio de Val.

Siempre hemos sido amigos y empezaron a salir con mi mejor amiga, porque los presenté en una fiesta. Como si mis pensamientos la llamaran, giró la cabeza para mostrarme una sonrisa de oreja a ojera antes de asentir.

—Cogeros que nos vamos.

Arranco con tanta fuerza, que incluso yo me impulse de la velocidad hacia tras y me aferre al asiento todo lo que pude.

El viaje fue tranquilo después de ese acelerón, Dex se pasó todo el camino cantando todas las canciones que ponían en la radio y Leila se quejaba diciendo "Juro que no he hecho nada tan malo como para que me martirices con tus cantos." o también "Para o te tiro por la puerta y no es una amenaza, sino una afirmación."

—Ya hemos llegado—comunica la conductora maníaca, al aparcar.

—Menos mal, Dex me va a matar si sigue desafinando de esa manera—se queja Leila mientras bajamos del coche.

—¡Oye! yo no desafino—dice Dexter mientras se cruza de brazos.

—Sí, sí, lo que tú digas—Le contestó la rubia, poniendo los ojos en blanco.

—No peléis, que hoy tenemos que disfrutar.

Me hicieron caso y se callaron.

Cuando por fin entramos Val y Dex se fueron directos a la pista de baile, en cambio Leila y yo nos fuimos directamente a la barra.

Llevábamos unos días muy malos con los exámenes y necesitamos un poco de descanso.

—¿Qué queréis tomar?—pregunta el camarero mientras nos sentamos en los taburetes de la barra.

Le estaba haciendo ojitos a Lei, y ella se los devolvía. Está escena era digna de ser grabada.

—Un mojito—decidió mi amiga, mientras se sonrojaba.

Tanto romanticismo junto me daba ganas de vomitar.

—Sí, otro para mí.

Dicho eso, se fue a prepararlos.

—Me voy un momento al baño, ahora vengo—dije poniéndome de pie.

Últimamente iba mucho al baño, no sé qué me pasa.

—Vale, pero ven rápido—ni ella misma se creía eso, tengo un don para tardar más de veinte minutos porque siempre me pasa algo.

Cogí mi bolso y me fui al baño.

Los baños aquí están un poco escondidos. La verdad, es que la primera vez que estuve por aquí tardé treinta minutos en encontrarlo.

Son unisex. Es un poco raro pero lo hacen para no ocupar tanto espac...

—Están todos ocupados—me dice una voz interrumpiendo mis pensamientos.

No digo nada por vergüenza y me senté también. Y al mirarlo veo al chico que he atendido en el trabajo, ese de la banda que me pidió las cervezas. Mientras me daba cuenta, él me miraba con una gran sonrisa.

¿Qué le hacía tanta gracia?

La cara que has puesto al reconocerlo.

—¿Qué hace una camarera aquí?

—Las camareras también tenemos vida—le conteste con la mirada clavada en su perfil.

Se río con una voz ronca y volvió a mirar hacia mi dirección.

—¿Qué haces por aquí? Porqué no es que tengas mucha pinta de ser fiestera y eso...—cómo ve que no me ha hecho ninguna gracia, añade—. Sin ofender.

—Las apariencias engañan.

Como no contesta, procedo a hacerlo yo.

—He venido con mis amigos.

Él asiente poniendo una media sonrisa.

—¿Cómo te llamas?—Me dice mirándome fijamente.

Lo peor de su maldita pregunta es que me he puesto nerviosa y él lo sabe seguro.

—Eder—pone cara de sorprendido. Lo entiendo es un nombre raro, pero tampoco es para tanto—, ¿y tú?

Mierda.

Me mira con rareza tras mi pregunta, pero no dice nada más. Esto de estar nerviosa no me gusta.

Supongo que cómo es una estrella no está acostumbrado a que le pregunten su nombre, deberían saberlo. Pero ahí es dónde entro yo, con mi encantador nerviosismo.

—Matteo. Aunque todos me llaman por mi apellido, Costa.

—¿Qué hace una estrella del rock en un antro como este?

—También he venido con los de la banda. Después del concierto de hoy, necesitábamos descansar.

—¿Estáis de gira?

—Algo así, yo prefiero llamarlo mini tour. Suena mejor.

—Tiene que ser divertido ir por ahí y que la gente te reconozca.

—Depende, los fans agobian mucho—dijo desviando la mirada, seguro que estaba rojísima—. Hasta algunos se han llegado a colarse en nuestros camerinos o abalanzarse contra la limusina.

—Vaya, no sabía que el mundo estaba tan mal.

—Eso no lo dicen en las revistas, ni en los vídeos de "30 cosas que tienes que saber antes de hacerte famoso".

No puedo evitar reírme a carcajadas, incluso él suelta alguna.

Llegué a reírme tanto que me duele la barriga.

Continuó hablándome sobre cosas que les habían pasado en sus minis tours.

—Aunque al principio tocábamos canciones más del estilo Pop y mucho más tranquilas créeme.

—Os pega más canciones infantiles como baby shark y todas esas.

Matteo entrecerró los ojos y sonrió.

—Que graciosa eres, ¿no?

—Prefiero llamarlo humor.

Iba a contestarme pero el sonido de una puerta lo paro y se confirmo que había una baño libre cuando a los pocos segundos salió una chica.

—Ve tu primero.

A no, eso sí que no.

—Agradezco que seas tan caballeroso, pero prefiero esperar.

—Pues tú lo has dicho—dice entrando al lavabo libre.

Poco después salió otro chico y entré sin dudarlo.

Al salir, Matteo se acababa de lavar las manos y salió del baño despidiéndose con la cabeza el muy sinvergüenza.

Al terminar fui a la mesa que todavía estaba Leila, que me regañó por tardar tanto y yo le dije que estaban todos ocupados.

Cosa que no era mentira, pero omití la parte en la que conversaba con Costa.

¿Por qué hoy solo hacen que echarme la bronca?