Chapter 1
Quinto año en Hogwarts.
—¡Señor Longbottom! háganos un favor a todos y retírese inmediatamente de ese caldero.
La voz de advertencia se hizo con el control absoluto de la clase, Severus ocupaba su posición frente al escritorio de pie con las manos tras su espalda.
Neville alzó la vista de su caldero que borboteaba peligrosamente y empezó a balbucear disculpas incoherentes, el silencio de los alumnos duró lo que dura un suspiro y menos. Ya se estaban riendo con las manos ocultando sus risas traidoras. Neville enrojeció tres grados en la escala Snape.
"¡Por Salar bendito! como siga enrojeciendo va a explotar." Severus suspiró harto internamente y avanzó con premura arrastrando los bajos de su túnica hasta el pupitre del infeliz inepto, podía oír, dada la extensión de sus orejas, pero por lo visto era incapaz de escuchar y seguir una simple orden dada por él.
—Señor Longbottom... —Evaluó la situación desde su privilegiada altura y entrecerró los ojos llegando a su límite—. Haga el favor de alejarse. —arrastró las palabras como quien arrastra la suciedad con la escoba, lento y con exagerada molestia.
Neville miró embobado entre el caldero y su profesor con los labios en movimiento profiriendo sonidos inútiles. Era todo ojos de sapo, mejillas abultadas y torpeza en su máximo esplendor. Hermione coló su mano entre él y el caldero, lo apartó presionando el pecho del chico rápida y eficiente, lo que generó una molestia aún mayor en Snape. El caldero cambió a un color castaño muy cercano al lodo pestilente. Decidió compadecerse de sí mismo y del resto apuntando con su varita al esperpento de poción y hacerla desaparecer.
—Quiero sobre mi mesa el jueves por la mañana —elevó una ceja y apretó los labios en una mueca despectiva— una redacción de al menos... —aguardó dos segundo de pura agonía para el alumno y prosiguió— metro y medio, con todos los pasos detallados hasta la extenuación señor Longbottom. —Neville agachó la cabeza como un cachorro reprendido protegiéndose de la inquisitiva mirada del profesor—. Y le recomiendo que sea legible o me veré obligado a utilizar métodos... —toda la clase contuvo el aliento expectante— nada ortodoxos.
Los suspiros de alivio y risillas burlonas recobraron fuerza tras sus palabras mientras Neville asentía lento sin levantar la vista de sus manos nerviosas. En cuanto Snape se giró ondeando su túnica con agravio, los susurros de la señorita Granger acudieron a su eterno y nada deseado auxilio.
Quien se atreviera a cuestionar que el profesor Snape no contenía en su cuerpo un solo gramo de paciencia es que no conocían a su alumnado en clase de pociones.
"¿Por qué no nos hace un favor a todos señor Longbottom y se tropieza para siempre con las escaleras del colegio?" Severus controló otra mueca de fastidio y se sentó al principio de la clase vigilando a la agrupación gregaria e inútil que componían esos jóvenes.
(...)
Aún no habían entrado los estudiantes a la clase de pociones el jueves por la mañana y Neville ya se hallaba de pie con las manos sudadas entregando su redacción. Snape, para no salirse de su molde, le ignoró en silencio por un minuto agónico mientras disponía sobre la mesa todos sus pergaminos. Ahí estaba Neville, con ojos asustados y mejillas temblorosas entregando en alto la tarea.
—Señor Longbottom, veo que el sentido de la responsabilidad ha hecho su aparición estelar en esa cabeza hueca. —Lo repasó con sus ojos negros ensombrecidos tras las cortinas de pelo oscuro grasiento que oscilaban en su movimiento calmo. Alargó la mano con firmeza y los pergaminos temblaron en su agarre.
—Metro y m-medio profesor Snape. —Neville tragó ruidoso muriéndose de sed repentina y sus labios se cerraron y abrieron sin emitir ningún sonido de más.
—¿Legible? recuerde que si usted no se esfuerza en escribir bien, yo no tengo por qué esforzarme en leer. —Aireó los pergaminos provocando un sonido acartonado y se sentó de nuevo repasándolos por encima.
El joven se quedó ahí plantado transmitiendo su peso de un pie al otro, al comprobar que su profesor no iba a añadir nada más se giró apretando la correa de su mochila para encaminarse a su pupitre. Varios alumnos de Slytherin empezaron a entrar entre risas y cuchicheos.
—¿A dónde cree que va señor Longbottom? —Severus dejó de leer, no así de estar atento a su alrededor y aún no había terminado con ese alumno—. ¿Le he dado permiso acaso para que se marche a su asiento?
Esta vez levantó la vista y descansó la espalda en el respaldo con las manos apoyadas en la superficie de la mesa. Neville se paralizó ante su voz de advertencia, apretó con fuerza los ojos y sopló aire inflando sus carrillos. Hacía falta mucho valor para enfrentarlo. Volteó despacio todo su cuerpo y se dirigió de nuevo con torpeza hasta la mesa del profesor. No podría decir qué aspecto de enfado transmitía Snape porque mantuvo la cabeza gacha todo el tiempo, pero su voz sí la notó.
—Señor Longbottom —cada vez que pronunciaba su apellido se sentía igual a clavarle la varita en el estómago con saña; doloroso y punzante—. No he terminado con usted, aún tengo que deliberar si su redacción es legible y en ese caso... —Los alumnos tomaron asiento en silencio a propósito, todo sea para no perderse nada del monólogo del profesor— le haré entender que la acepto para evaluarla más tarde, entonces y solo entonces podrá tomar asiento. —remarcó con incordio.
—S-sí... —contestó en un murmullo apagado.
—No le he oído bien, señor Longbottom. —exigió inmisericorde el profesor.
Nevillle tragó de nuevo haciendo oscilar la nuez de adán e inflando sus mofletes color escarlata encendido.
—Sí, profesor Snape.
Severus asintió, pero eso no importaba porque el alumno de Gryffindor no le sostenía la mirada ni por milagro. Su cabeza giró como un resorte creando movimiento en su pelo y amonestó con un "Shuuuu" resonante al resto del alumnado ya posicionado y visionando con placer el espectáculo matutino.
—Vuelva a su asiento.
Neville asintió repetidas veces y ahora sí caminó deprisa para guarecerse al final de la clase.
“Vaya inútil que han dejado los Longbottom” pensó irritado para sus adentros. Si había algo que Severus odiara más que a los quejicas era precisamente; A los quejicas, victimistas, bobalicones, pusilánimes y torpes. Lamentablemente y sin pretenderlo del todo, Neville Longbottom reunía todas esas nefastas características en su deplorable personalidad.
Siete años después.
—¿Ha oído la noticia profesor Snape? La profesora Sprout se jubila.
Minerva McGonagall se retocó el moño canoso con la punta de los dedos y alisó las mangas de su túnica en un tic repetitivo. No estaba segura de haber anunciado a todo el claustro la inminente partida de la profesora y mucho menos de la nueva adquisición. Aprovechó el encuentro con Severus para darle la noticia antes del comienzo del nuevo curso y así darle tiempo a digerirlo. Bien sabían todos de la "tensa" relación que mantenían profesor y alumno de sus años compartidos en Hogwarts.
—Vaya… lo lamento. —Aquella respuesta era, en el mejor de los casos, neutral y poco comprometida para Snape. No le tenía un especial aprecio a la mujer pero tampoco le deseaba ningún mal. Los había con la oportunidad invaluable de disfrutar de una vida más allá del colegio y la profesora Sprout era una de ellas—. La echaremos de menos. —añadió al final con una sonrisa forzada.
Minerva abrió sus ojos sorprendida y desconfiada a partes iguales, emitió movimientos bruscos de cabeza que daban a entender una aceptación y sonrió cuanto apenas. Por lo que se veía aún no había terminado de informar.
—Como comprenderá, no solo queda una vacante para el jefe de casa de Hufflepuff, también sufriremos de la ausencia de un profesor en la clase de Herbología. —Minerva se expresó con tedio y urgencia para allanar el terreno frente a Severus.
—Como si nunca hubiéramos sufrido la impertinencia de innumerables bajas por secesión y/o defunción antes y durante la guerra Directora McGonagall. —Snape se estaba impacientando ante su falta de concreción, detestaba la divagación en cualquier asunto. La directora abrió ultrajada los ojos y frunció la boca en una flor.
—¡Severus! no sea tan irrespetuoso, le recuerdo que usted nos importunó con su secesión y abandono… —los ojos de la bruja se convirtieron en dos rendijas acusadoras— y de no ser por el señor Longbottom también nos habría importunado con su trágica muerte ¿no le parece?
Aquello sí que le dolió. Le hería el orgullo en lo más hondo, el inepto de Neville salvándole la vida.
—Gracias por recordármelo a cada oportunidad que se le presenta, Minerva. —Su rostro pétreo contuvo a duras penas un resoplido poco maduro y apretó las manos tras sus espalda recta.
—Si no lo olvidara con pasmosa asiduidad… —sonrió altanera— no me vería en la obligación de recordárselo cada tanto, Severus —Ambos se sonrieron con fingimiento. El afecto de los años y lo vivido no borraba la personalidad difícil de cada uno—. Ya que estamos hablando del señor Longbottom, déjeme decirle con verdadera alegría que se incorporará de inmediato para el nuevo curso como profesor de Herbología.
Aquello realmente sí que le dolió. Primero le sorprendió, seguidamente le irritó y finalmente le provocó la tan esperada úlcera estomacal que llevaba postergando y vaticinando desde hacía años. Sus rasgos expresaban con exactitud todas sus dolencias ante la mirada cansada y reprobatoria de la Directora.
—Que... conveniente. —contestó cerrando momentáneamente los ojos.
—Descanse de su actuación Severus, no quiera Godric que se hernie ante tamaño esfuerzo.
Minerva aplanó los labios y levantó una ceja incrédula, no engañaba a nadie.
—No le basta con acosarme para que ejerza la enseñanza en éste desierto intelectual, que además me recompensa con semejante ex alumno.
—No voy a discutir con usted mis decisiones en cuanto al profesorado, le he informado y queda advertido Severus —Minerva se acercó repasando con las manos su túnica—; El señor Longbottom no es un ex alumno, será un profesor como usted, diríjase a él con el debido respeto.
Snape torció hasta lo imposible la comisura de sus labios, tragó saliva amarga y la úlcera se hizo más grande.
—Descuide Directora, le trataré como se merece, ni más ni menos. —arrastró las palabras con parsimonia elevando el mentón y juntando la yema de sus dedos. No sirvió de nada ante la mirada escéptica de Minerva, pero ésta asintió bruscamente y se marchó recolocándose el sombrero y retocando su moño apretado.
“Salazar debe odiarme, si no, no me explico la desafortunada elección de vida de ése inepto tembloroso.”
Severus se marchó apresurado a las mazmorras con la helada sensación de aceptar el infierno que se le venía encima… y por años.
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Eran las cinco de la tarde y todo el personal interino de Hogwarts se agolpó a la entrada principal para recibir con una calurosa bienvenida al joven y apuesto Señor Longbottom. Todos lo conocieron, no hace demasiado, de sus años de estudiante cuando aún la redondez de la niñez y la desafinada pubertad ocasionaban estragos en su físico.
Cuál fue la sorpresa de las brujas e incluso de algunos magos, al ver desfilar con sus dos baúles a un hombre de veintidós años que era todo músculo duro y estatura imponente. Decir veintidós, para muchos era decir muy joven, el problema radicaba en la madurez de sus rasgos y la varonil silueta. Todas contuvieron un suspiro grupal, y volvieron a contenerse tras su hermosa y humilde sonrisa.
—Señor Longbottom. —todas menos Minerva, la cual saludó cortés y le acompañó personalmente a sus dependencias.
Snape se abstuvo de agruparse como una vaca frente al nuevo profesor, se abstuvo también de parecer idiota suspirando soñador ante su sonrisa y se abstuvo, a duras penas, de pegar asombrado la nariz al cristal de la ventana al vislumbrar semejante apariencia.
“Ése no es Longbottom” se dijo con convicción. Ese hombre no era, ni sería jamás siquiera un primo muy muy lejano del debilucho balbuceador profesional de Longbottom.
Despegó la nariz del cristal avergonzado por su reacción y meditó que la sequía hacía estragos incluso para alguien tan poco sexual como él.
“Ése no es Longbottom o juro entonces que yo soy simpático”
(...)
“¿¡Ese es Neville!?”
Ahora ya no podía desdecirse con dignidad. Tenerlo cada vez más cerca camino a la mesa para cenar, era suficiente prueba de su falta de vista.
Era él pero...en una versión exagerada de lo que un hombre atractivo puede aspirar a ser. Aquello malogró cualquier esperanza de curación en su úlcera.
—Señor Snape. —Ni profesor, ni cabeza gacha ni tartamudeo. Neville le sonrió desde su privilegiada posición manteniendo la mirada alta y enderezando la espalda. Le ofreció la mano con seguridad y Severus juraría que un destello de soberbia cruzó hereje sus ojos.
—Señor Longbottom —No ofrecería la mano, no lo hizo nunca antes y no empezaría ahora a cambiar sus hábitos—. Qué sorpresivo… placer. Todos están que no caben en sí de gozo por su presencia.
Sus palabras, aunque corteses y correctas, desafiaban a su tono siempre irónico. Neville sonrió de lado provocativo y asintió entendiendo el doble mensaje.
—Pues espero que de ahora en adelante goce usted también de mi presencia, porque no tengo intención de irme pronto. —con aquello pasó por su lado para sentarse lejos, no sin antes estorbarle con las sillas y casi empujarlo contra la mesa.
Todos siguieron desviviendose por el ex alumno en incontables muestras de gratitud y afecto, mientras que Snape se sentaba en su silla indignado retirándose las mangas de la túnica con brusquedad.
Durante la cena unos ojos se empeñaron en clavarse por su derecha, pero solo encontró una cortina de pelo ocultando su irritado rostro.
“Decididamente el aumento de músculo debilita alarmantemente la predisposición a las buenas maneras y la humildad”
Y en aquella primera cena de muchas, Severus reconoció con desconcierto que echaría de menos al antiguo Neville.
Un año después.
—Señor Longbottom, háganos un favor a todos y apártese de mi camino, a este paso llegaré tarde a mi clase y en este pasillo no hay cabida para tres personas.
—¿Tres? somos dos señor Snape.
—Tres, sí —levantó el mentón endureciendo su mirada—; yo, usted y su gran arrogancia contamos como tres.
Neville le sonrió descarado y se hizo a un lado. Su placer culposo se había convertido en contrariar al frígido de Severus. Cuanto más elevada su ceja, más apretada su boca y más retorcida su mueca de desdén: más excitado se sentía él.
Al opositar para el puesto de profesor, se pensó y mucho en la molestia diaria que supondría convivir de cerca con su temido profesor de pociones. Pero finalmente se decidió por su vocación. Lo que no esperó ni de lejos es el ramalazo de placer que supuso volver a verlo; Su mirada altiva, su gesto petulante y sus maneras arrastradas representaban todo lo que más temía… o lo que temió. Porque al verse de frente presentándose la primera noche como nuevo profesor de herbología no acudió ninguna sensación negativa, más bien todo lo contrario. Mentiría si dijese que no le decepcionó su proceder irrespetuoso e irónico, pero después del primer desplante y tras el segundo plato se limitó a observar con atención. La mirada de Severus huía cual vil rata asustadiza de sus ojos curiosos, la cortina de pelo se dedicó a ocultar por toda la velada el misterioso rostro de su antiguo profesor y ahí supo Neville que todo cambiaría.
En primera instancia no supo sobrellevar ni entender los deseos y sensaciones que le provocaba. Tampoco supo descifrar el porqué de sus reacciones con respecto a su actitud distante y soberbia. Con el pasar de los meses acabó por comprender y más tarde aceptar, que lo que le provocaba su antiguo profesor era lujuria, llana y miserable lujuria juvenil.
Él disponía, si así lo deseaba, de ocasiones y oportunidades para satisfacer sus inquietudes más carnales, de lo que no disponía era de Severus. Por ello, y a poco menos de un mes de comenzar el nuevo curso, admitió que la lujuria quedaba expulsada de su lista de excusas baratas. No era de los que se obsesionaban en acostarse sí o sí con alguien en concreto. No era de los que si se les negaba la entrada a una determinada cama, se enfadaba hasta volverse un obtuso. Él no era, ni sería jamás, de los de gran orgullo con respecto a sus conquistas: Si alguien le rechazaba, no se acababa el mundo.
Por lo que a la vista de los acontecimientos y sin poder desprenderse del amargo sabor de la insatisfacción, admitió para sus adentros que lo que le pasaba con Snape era más que lujuria, el problema radicaba entonces en ¿cómo quitárselo de la mente? ¿Cómo llegar hasta él? ¿Cómo hacerle entender sin recibir un varitazo aleccionador?
La respuesta siempre era: Ni idea.
Cada vez que se interponía en su camino a propósito, se juraba que en esta ocasión sería más amable y menos cabrón, y cada vez que la oportunidad pasaba de largo, se maldecía internamente por sucumbir a sus encantos actuando como un adolescente fanfarrón.
Podría haber crecido y ensanchado con excelente resultado, pero muy en el fondo se seguía sintiendo como un adolescente inseguro que se ahogaba en la certeza de saberse cada vez más enamorado de su profesor. Neville cerró los ojos con fuerza y resopló, Severus ondeaba con elegancia los bajos de su túnica camino a las mazmorras.
“La próxima vez” se animó, tratando de no flaquear.
(...)
—Profesor Snape, el campo de Quidditch está reservado ya para este jueves a las seis de la tarde por el equipo de Gryffindor.
Neville se estrenó ése segundo año como jefe de la Casa Gryffindor. Así desahogaría a la directora de dicha tarea. Severus le observó a través de su cortina de pelo y por encima de su nariz con indolencia.
—Mis alumnos necesitan entrenamiento y ya lo he hablado con la directora.
—McGonagall no es responsable de la organización y seguro que no la ha puesto al tanto del horario establecido. —Neville se acercó a su mesa imponente haciendo resonar sus pasos y le dirigió una mirada furibunda.
—¡Tks! Mala suerte, profesor Longbottom, la próxima vez será. —se reclinó en su asiento con una sonrisa ladeada y juntó las yemas de sus dedos.
—Hay un horario, unas reservas y unas reglas que se han de seguir —enumeró el joven profesor colocando la palmas de sus manos abiertas sobre la mesa e inclinándose más—. Ya no somos alumnos para irle con el cuento y marear al director, si no es capaz de seguir las normas —Severus enarcó una ceja admirado de su discurso elocuente— le sugiero que deje a otro hacer su trabajo. —Se incorporó de su postura y aseveró su rostro aportándole madurez y seguridad—. El jueves a las seis el campo ya estaba reservado con anterioridad por el equipo de Gryffindor, búsquese otro horario para los suyos.
Y sin darle tiempo a discutir, Neville ondeó su capa de profesor dándole la espalda y saliendo de las mazmorras.
Snape sintió cómo la úlcera de su estómago se extendía a pasos agigantados, era eso o una indigestión; Lo que se terciara primero. Lo que nunca sería ni por asomo, es el deseo puro y duro. La picazón nerviosa de la atracción en su bajo vientre y la elevación de la temperatura en su piel no daban indicios de absolutamente nada. Tampoco los escalofríos de placer ante su voz demandante ni la sequedad de su garganta ante sus ojos escrutadores.
“Me pasa que me estoy haciendo mayor y resulta que necesito algo más de... atención” eso se dijo para acallar los espasmos de placer que no le abandonaron en lo que resta de día.
(...)
—¡Señor Longbottom! ¡Haga el favor de guardar el decoro y cúbrase!
Esto era ya el colmo, no contento con aguantar estoico sus muchos desvaríos juveniles y arrogantes, ahora tenía que verse sometido a semejante imagen: Longbottom cruzando el jardín delantero del colegio, camino a los nuevos cultivos y encabezando una ristra de alumnos soñadores y embobados que no contentos con ir asesinando sus neuronas por la bebida, ahora tenían que contemplar a su "joven" profesor sin túnica, sin chaleco y con camisa descubierta y remangada hasta los codos enseñando demasiado músculo.
Neville oteó distraído a su alrededor con la mano haciendo de pantalla por el sol y lo avistó. Hizo una señal con la mano para dar el alto a la fila de alumnos y se encaminó a paso firme hacia él.
—¿Era innecesario que se acercara, señor Longbottom? me ha escuchado perfectamente.
—Era menester porque no se grita en un colegio, Profesor Snape.
Severus se quedó petrificado, ¿Había gritado? juraría por Salazar que sólo elevó lo suficiente la voz para hacerse oír ¿no? Haciendo caso omiso de su velada reprimenda decidió atacar.
—Que yo sepa, se nos conceden al principio de curso varios uniformes, tanto de verano como de invierno. Ya sabe... —Neville sonrió ladeando la cabeza— para que no se diga que en Hogwarts el claustro carece de recursos y parezcamos indigentes. —Lo repasó con la mirada conteniéndose con un sobre esfuerzo de delatar el abrupto dolor de úlcera por tamaña visión.
—Usted lo ha dicho, Snape —el nombrado endureció la mirada y apretó disgustado los labios—, nos conceden.... dígame qué norma me prohíbe adaptar mi atuendo en un día caluroso y siendo que vamos a trabajar la tierra.
—Existen normas de vestimenta.
Aquello no era un farol, pero no se había leído al dedillo todas las normas ya que él mismo no iba nunca jamás a infringirlas en cualquier circunstancia.
—Sí, pero no existe ninguna norma que me exija bajo sanción, a mantener un atuendo. Ninguna regla me prohíbe deshacerme de parte del uniforme si las circunstancias lo ameritan.
Esto era el colmo de los colmos, el tembloroso de Longbottom replicándole sobre las normas. Severus entrecerró los ojos conteniendo sin resultado la furia borboteante de sus entrañas, torció la boca con desdén y resopló.
—¿Con que esas tenemos eh? vaya vaya vaya, nuestro joven Longbottom estudiando las normas del colegio —Neville apretó la mandíbula y se acercó aún más—. Le restregaré las normas por la cara y tendrá que pedirme disculpas de rodillas. —Aquello sí que era un farol, por primera vez no tenía la seguridad absoluta de lo que decía.
—Soy el profesor Longbottom —escupió a pocos centímetros de él—. Ni señor, ni joven, ni muchacho ni Longbottom a secas. Si no es capaz de seguir una simple norma de etiqueta, yo no tengo por qué hacerlo ¿verdad Severus?
—Antes me ha llamado Snape a secas.
—Antes me ha gritado señor Longbottom… sin el "profesor".
Touché. Severus bullía de rabia y excitación, a este paso le saldría un agujero en el estómago por donde se le saldría la comida y la estupidez que aún reservaba para casos extremos como el desear al inepto y arrogante de Neville.
—Cúbrase —Se avergonzó de su pobre contraataque—, Profesor Longbottom. —demandó en un silbido de estrés. Neville sonrió soberbio y se alejó un poco.
—No, Profesor Snape, hace calor y a mí y a mis alumnos nos espera una hora larga de trabajo manual —sonrió con sorna— … agotador. Si me disculpa.
Neville se giró dándole la espalda y esta vez sin ondear su capa, por el contrario, la luz del sol hizo su detestable trabajo de transparentar todos los músculos bien definidos y equilibrados de su espalda. Severus se quedó como un idiota ahí de pie mientras lo veía caminar rumbo a los cultivos, encabezando una fila de alumnos soñadores que le sonreían y cuchicheaban entre ellos con algarabía.
“Necesito un poco de atención carnal” pensó suspirando, no era muy dado a buscar ese tipo de encuentros, pero cuando el cuerpo decía ¡basta! con su sequía, no se hacía de rogar demasiado. Buscaría sexo el próximo fin de semana y se desprendería de los nervios, la tensión acumulada y ya de paso reduciría esa ulcera que ya empezaba a sospechar que no lo era.
(...)
—Chicos, necesito un consejo.
Neville dejó el tenedor en el plato momentáneamente llamando la atención del resto. Hermione, luna, Ron y Harry detuvieron su conversación y le miraron en silencio.
—¿Qué ocurre Neville? —Hermione siempre era la primera en reaccionar ante cualquier duda.
Era fin de semana y aprovechando su descanso en tutoría, había decidido reunirse en Londres con el resto de sus amigos para un encuentro y ponerse al día. Comían en la casa de Potter con un Kreacher rodeando la mesa y sirviendo entre resoplidos y escupitajos de incordio más bebida. Neville no estaba seguro de desenmascarar todas sus dudas, aún menos la identidad del causante de dichas desgracias sentimentales.
—Es sobre sentimientos —Ron abrió los ojos componiendo una cara de circunstancia y Harry se aproximó curioso. Las brujas asintieron como si eso fuera una obviedad—. No encuentro la manera de acercarme a alguien, es muy distante y creo que le caigo mal.
—Puede que solo sea una impresión tuya y resulte que es muy tímida y le impones. —Las elucubraciones de Harry no tenían sentido alguno, ¿Tímido e impresionable?
—¡Por Godric! ¿No será una alumna? el reglamento prohíbe terminantemente las relaciones de índole sentimen-
—No —detuvo espantado la verborrea de Hermione— no es una alumna… ni un alumno. —Todos cabecearon, sabían desde no hace mucho que su amigo Neville gustaba de curiosear con chicos y se había establecido como bisexual. No es que necesitaran de etiquetas para referirse a él, pero era una manera global de resumir sus preferencias en caso de tener que hablar sobre ello.
—Si no es un alumno.... ¿Es un profesor? —Ron retorció la boca con cara de asco, hasta donde alcanzaban sus recuerdos, los profesores masculinos de Hogwarts dejaban mucho que desear.
—Sí —No sabía si desvelar más, bien sabía que la noticia causaría estragos irreparables—. Es Snape.
Silencio.
Silencio.
—¿¿¡¡Snape!!?? —Ron rompió el techo componiendo una mueca de asco infinito, se sacudió los escalofríos de repulsión y dejó de masticar.
Hermione y Luna se quedaron petrificadas sin dar muestra de ningún sentimiento, solo el parpadeo daba a entender que estaban vivas y respiraban. Harry se echó hacia atrás en el asiento como si le hubieran golpeado la cara con una Bladgger.
—Da igual, dejadlo estar. —Siguió comiendo sin mirar a nadie pero de pronto se estableció un ruido ensordecedor entre los integrantes para aclarar las bases de dicha confesión.
Discutieron entre ellos sobre si era normal, saludable y aceptable hasta que Luna habló.
—Neville —éste se giró ante su voz susurrada—, el profesor Snape es un hombre con un pasado tortuoso, está acostumbrado a ser odiado desde que era un niño, y las personas como él acaban por endurecerse y crear un muro alrededor para no salir lastimados —Los demás se callaron para escuchar—. Lo ha perdido todo, incluyendo el amor, y no va a esperar que un hombre como tú se fije en él. Por lo que no entenderá que pretendes acercarte, creo que la única manera de saber si es posible algo con él es hacérselo saber directamente. Lo que luego pase ya no está en tus manos —La rubia sonrió soñadora con los ojos curiosos—. A no ser que te guste lo suficiente como para no desistir hasta conquistarlo. Ante lo que sea: suerte.
Neville sonrió agradecido y miró al resto con enfado. Esperaba mayor comprensión de quienes han pasado por una guerra junto a ti.
—Es fácil —aportó de pronto Ron—, Malfoy se parece en algunas cosas al profesor Snape, si Harry ha podido conquistarlo… tú también puedes amigo. —El pelirrojo masticó con la boca abierta mirando entre Neville y Potter para alentar a que hablasen. Harry suspiró avergonzado pero asintió.
—Bueno —empezó nervioso Potter—, la mayoría de las veces son unos falsos mentirosos, siempre piensan muchas cosas y solo dejan ver una parte así que tendrás...