Olvidé olvidarte [URN I]

All Rights Reserved ©

Summary

Cuando Bruno se muda al apartamento de su mejor amigo Nick, no esperaba hacerlo en plena crisis de noviazgo. Nick ha roto con Morgan, la chica de la que Bruno lleva enamorado hace más de dos años, así que no espera hacer amistad con Morgan gracias a ello ni mucho menos que los sentimientos aparezcan por parte de los dos en un momento tan tenso como ese.

Genre
Romance/Erotica
Author
Jojo
Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 | Bruno

En cuanto mis nudillos entran en contacto con la fina madera de mi nuevo apartamento, recuerdo a mi madre arrodillada en media calle frente a mi auto suplicándome  porque no me fuera.


A ver, dicho así, suena como si yo fuera el peor hijo del mundo y deja a mi madre como una dramática que, vaya que lo es, pero todo tiene una explicación. Siempre hemos sido ella y yo, sólo nosotros dos para todo. Es normal que tenga miedo de perderme. Es normal que tenga miedo de que me vaya a vivir lejos porque nunca hemos estado tanto tiempo sin el otro, pero ¿atravesarse entre mi camino y mi auto? Vivimos en un barrio humilde a pesar de que mi madre es asquerosamente rica gracias a sus cadenas de salones de belleza, desde que tengo uso de razón, y por más que la gente del barrio me conozca, no pude evitar sentir pena de la escena que estaban viendo.


Cualquiera pensaría que estaba haciendo algo mucho más espantoso que sólo irme de casa de mi madre. Amo con todo mi ser a esa mujer, pero algún día va a terminar volviéndome loco.


—Creí que no llegarías nunca, hermano.


Nicholas me recibe con un enorme abrazo en cuanto abre la puerta.


Lo conozco desde que entré al equipo Hockey de la zona. Su padre, el gran Vinicius Monroe, conocido especialmente como Vinnie, es uno de los entrenadores y gran anfitrión del club, así que él lleva pateando discos desde hace un buen par de años a diferencia de mí, que aunque ya lo hacía por el pueblo con mis amigos, no fue hasta los quince que decidí incluirme al equipo.


Han pasado nueve años desde entonces.


—Si te contara —Nick cierra la puerta—. Mamá se tiró a la calle para evitar que me fuera, ¿puedes creerlo? Ha de estar llorando todavía.


Se lleva la mano al pecho y hace una mueca. Nick conoce a mi madre, de hecho, nuestros padres son muy buenos amigos y la madre de Nick es clienta frecuente en el salón de mi madre por esta zona, así que podría entender perfectamente que sienta compasión por el comportamiento de Malia.


—Hombre, tu madre se merece el cielo.


—Ya lo creo —le doy una miradita al lugar. Es la primera vez que estoy aquí. Nick se fue de la mansión de sus padres hace tan sólo un mes, una cosa llevó a la otra y en un entrenamiento me habló de su ruptura reciente con Morgan y yo de cuánto quería irme del barrio pobretón en el que llevaba toda la vida. Y aquí estamos—. Menudo lugarcito.


—Qué va, es la propiedad más humilde que verás de mi padre.


Me río.


—De eso no tengo duda —y aún así el lugar es increíble—. ¿Cuál es mi habitación?


Nick señala el pasillo y dice:


—Del fondo a la derecha. La puerta de enfrente a tu habitación es el baño y la del final del pasillo es la mía —se desaparece,  pero luego escucho su voz mientras camino por el lugar siguiendo sus indicaciones—. ¿Quieres una cerveza?


—No deberíamos tomar antes del entrenamiento.


Nick chasquea la lengua. —Venga, sólo es una.


—Bien.


Entrenamos tanto como se puede. Aunque es diciembre y usualmente por estos tiempos la marea suele estar sumamente tranquila, Vinnie y los entrenadores no permiten que nuestro cuerpo se enfríe y  honestamente, a mí me parece bien. Ya se han previsto partidos amistosos para el próximo año y un campeonato al que sí o sí debemos ganar. Soy completamente feliz en el equipo en el que estoy, pero vamos, puedo dar mucho más que eso.


Si se me permitiera, podría estar en un equipo de liga, y eso es precisamente lo que quiero.


Dejo mis maletas al lado de la cama y el bolso sobre el colchón antes de sentarme. Es mucho más acogedora que la mía en casa de mi madre, tengo que admitirlo. A ver, mi madre nunca fue millonaria, saben. Todo cayó de la nada cuando un familiar falleció e incluyó a mamá de último momento en su testamento. Eso, y que mi madre amplió su trabajo construyendo un salón por esta zona ricachona de Hastings y otro más en el barrio pobretón en el que nací y crecí. De manera que tiene tres exitosos salones de belleza en este momento.


Aún así, con todo ese éxito y dinero, mi madre sigue unida a nuestra casita en los suburbios con paredes un poquito gastadas y suelo de madera. Conseguí convencerla de hacer remodelaciones; cambio de ventanas por unas corredizas, construcción de una pequeña oficina-biblioteca para sus negocios, ampliar nuestras habitaciones que siquiera tenían baño propio y extender un poco más la casa para que la cocina fuese más amplia al igual que la parte de atrás de la casa donde a mi madre le gusta hacer parrilladas con nuestros vecinos.


Al principio se quejó del gasto innecesario de dinero, pero ahora está más que feliz con su casita, su Range Rover nuevo que tampoco fue fácil convencerla de que lo necesitaba, ¿y por qué no? Por la buena idea de ampliar la parte trasera de la casa porque ahora las navidades siempre las celebramos ahí.


No dudo que este año nada será diferente. A mi madre le encanta la navidad y se ha gastado mucho dinero en tiendas con descuentos para artículos de decoración navideña. En la casa no hay ni un solo rincón sin decorar. A diferencia de aquí.


—¿Mamá?


—Hola, cielo. ¿Ya llegaste? —me parte el corazón escucharla con la voz quebradiza. Amo a mi madre y no puedo evitar cerrar un segundo los ojos por sentirme un poco culpable, pero vamos, en algún momento esto tenía que pasar.


—¿Todavía estás llorando?


—No —a continuación, la escucho sollozar.


—Haces que sea mucho más difícil, ma. No me he ido del país, sólo nos separan treinta minutos en auto.


—¡Treinta y cinco! —chilla— Son treinta y cinco, Bruno. ¿Cómo voy a vivir aquí sola? No debí hacerte caso. La casa es muy grande para mi, hijo. Ahora se siente mucho más vacía.


—Dile a la tía que se mude contigo, ¿no estaba buscando donde mudarse para vivir más cerca del salón?


La tía Salma es la mejor amiga de mi madre desde la escuela. Es socia de los salones de mi madre, así que podría decirse que este es su proyecto de hermandad. Me aliviaría un poco que mamá lo considere, porque no me extrañaría para nada que perdiera la cabeza mientras vivo aquí, tan lejos de su ala maternal.


—Pues, sí —duda.


—¡Ahí está! —la animo— Dile que se mude contigo.


—Es que no lo entiendes, yo quiero que vivas aquí conmigo. ¿Quién va a lavarte la ropa y hacerte el desayuno en esa casa? Ni siquiera sabes hacer huevos revueltos.


Tomo una bocanada y exhalo. Sólo está exagerando. Si algo aprendí bien fue a cocinar, pero tengo que reconocer que casi nunca lo hago. No es porque no quiera, es que mi madre es sumamente alcahueta y si a su alcance estaba, ella se ofrecía a cocinarme lo que fuera, lavar mi ropa y ordenar mi recámara. Cosas que nunca le pedí y que insistí que dejara de hacer, pero bueno, evidentemente no sirvió de nada.


—Mamá, digas lo que digas no voy a volver, ¿entiendes? —trato de hablar lo más sutil que puedo— Ya me instalé y el apartamento es sumamente acogedor, ¿sabes? Iré con Nick a los entrenamientos y cualquier cosa te aviso de todo, tú tranquila. Además, tengo el Jeep, puedo ir a verte cada vez que me lo pidas.


Mi madre me regaló su antiguo Jeep ahora que se ha comprado el Range Rover. No está tan viejo ni gastado porque mi madre sabe cuidar las cosas, así que me conformo con tener algo en lo qué movilizarme. Me ofrecí a pagarle al menos la mitad de lo que pagó por él, pero vamos, es Malia Miranda, jamás dejaría que su hijo le pagara alguna cosa.


—¿Lo prometes?


Suena como una niña pequeña ahora mismo. No puedo evitar sonreír porque esta mujer no tiene una idea de cuanto la amo.


—Lo prometo, ma. ¿Qué tal si voy después del entreno?


—¿Harías eso por mí?


Sonrío. —Haría cualquier cosa por la señora de la casa. Anda, cambia ese ánimo si no, no voy.


Gruñe por lo bajo, completamente en contra de mi demanda, pero aún así suena más animada cuando contesta.


—Voy a preparar hamburguesas, ¿o qué quieres que te cocine? ¿Lasaña, tacos o quieres otra cosa?


Eso me saca una carcajada nasal. Esta señora nunca va a dejar de verme como un niño. Dudo un segundo porque estamos entrenamiento y tenemos dieta estricta y mi madre lo sabe, pero vamos, está tan animada ahora que me niego a quitarle esa felicidad de cocinar alguna cosa cargada de grasa.


—Los tacos están bien.


Intercambiamos un par de palabras más antes de colgar.


Mi nueva habitación es sólo un poco más grande que la mía. Algo mínimo. Tiene un enorme armario contra la pared de madera color blanco y un espejo. En casa de mi madre tuvimos que incluirlo. Antes de que mamá tuviera dinero suficiente, es decir, antes de ser millonaria, guardábamos nuestra ropa en guardarropas individuales. Ni siquiera eran de madera ni fina ni barata, eran de plástico y de colores horribles.


No me quejo, mi madre siempre supo enseñarme que se puede vivir perfectamente con poco, pero no puedo negar que fue un gran cambio de pasar a no tener dinero a tener demasiado como para no saber qué hacer con él. Me pregunto si mi madre pensará hacer algo con todos sus millones, no me molesta que los tenga guardados, pero a veces quisiera que se diera la vida que una mujer tan trabajadora como ella se merece.


—¿Era Malia?


Agarro la cerveza que me está tendiendo y le doy un trago.


—Seguía llorando. Le prometí que iría después del entreno, así que…


—Mi madre es igual, ¿sabes? —se termina la cerveza, la tira para encestarla en el basurero y continúa— Llama cada día preguntándome como estoy y si necesito alguna cosa. Si no contesto se aparece por aquí con una de las sirvientas para que haga el aseo y la comida. La amo, pero odio cuando hace eso. Odio que todos tengan llave de este apartamento porque no se siente mío, todos se aparecen cuando quieren —me señala—. Pero no te preocupes, arreglaré eso con mi padre ahora que vives también aquí.


Yo me fui de casa porque necesitaba nuevos aires. Veinticuatro años en el mismo barrio humilde y pobretón pueden llegar a aburrir, y cuando Nick llegó con la oferta de mudarme con él a una de las zonas más elegantes de Hastings, no pude decir que no. Ni siquiera lo dudé incluso sabiendo cómo se pondría mi madre, ¿pero Nick? Nick nació en cuna de oro. Su familia vive en una enorme mansión demasiado cerca de los suburbios. Su padre se crió en el mismo lugar donde yo nací y no quiso dejar sus raíces, supongo. Pero volviendo al tema, no entiendo porqué Nick querría irse teniéndolo todo.


Seguro que a veces tenerlo todo no es suficiente.


—No tengo problema con eso —lo tranquilizo, aunque sé perfectamente que soy la excusa perfecta que necesitaba para cambiar la cerradura para que ya nadie puede irrumpir por aquí—. A todo esto, ¿qué hay de Morgan? No hemos podido hablar de ello.


—Por ella no te preocupes, no se aparecerá a menudo por aquí.


—¿A menudo? —el que haya siquiera una posibilidad me resulta extraño.


—Terminamos en buenos términos —me dice—. Ella insiste de vez en cuando, pero estamos bien.


—Hombre, han pasado dos semanas, es normal.


—No, no lo es —se pasa la mano por el cabello rubio cenizo y suspira. Luce sumamente perturbado cuando dice—. Le fui infiel. Ella debería odiarme, no insistir en volver conmigo.


No puedo evitar sentir un pequeña ráfaga de molestia gorgoteando por mi estómago. ¿Le fue infiel?


Conozco a Morgan desde hace años. Quiero decir, los tres coincidimos precisamente por estas fechas en una actividad navideña hace como tres o cuatro años. Mentiría si dijera que no quedé embobado por la belleza sureña de Morgan, pero para mi mala suerte, no tuve tanta impresión como Nick en ella y no la culpo. El tipo es atractivo y educado y él lo sabe. Siempre huele bien y viste como la gente con dinero suele hacer, tiene todo para llamar la atención de cualquier chica.


Aún así, no pude olvidarme de ella jamás. Por ello, por respeto a Nick, desde que comenzaron a salir puse distancia para mantener encerrados mis sentimientos por ella. Sólo veía a Nick en los entrenamientos y si quedábamos en salir le pedía estrictamente que viniera solo. Afortunadamente, Morgan no es de esas chicas que quiere ir con su pareja a todas partes, así que eso no fue un verdadero problema jamás.


—¿Le fuiste infiel a Morgan? Hombre, ¿qué carajos?


Nick sacude la cabeza con decepción. Al menos saber que es consciente de que lo que hizo es una mierda es algo bueno.


—La historia es complicada, ¿sí? Me reencontré con una ex —se encoge de hombros—. No pude evitar que pasara.


—¿Qué ex? ¿La conozco?


Por la mirada que me regala Nick sé perfectamente de quien me está hablando. Si hay alguien a quien Nick amó más que nunca fue a su novia antes de Morgan. Los adultos suelen decir que a los diecisiete no se ama de verdad, pero soy testigo de como eso es una mentira. Nick nunca superó a Rosie, su eterna novia de la secundaria.


No avalo esto, pero vaya que lo entiendo.


—¿Rosie?


—Sabes cuanto la quise, Bruno. Yo sólo… —sacude la cabeza— la vi y sentí que nunca pasó el tiempo, ¿sabes? Y unos cinco minutos con ella fueron suficientes para darme cuenta de que no tenía nada en común con Morgan.


No puedo dar eso por sentado. Nunca pude conocer a Morgan tanto como habría querido, pero las pocas veces que hemos hablado -conversaciones eternas sobre Nick-, te queda claro que es una mujer sumamente dulce, transparente y sincera. No sé qué le hace pensar que nunca tuvo nada en común con Morgan y sí con Rosie, pero ¿quién soy yo para juzgar?


—¿Ella lo sabe?


—Fui honesto cuando terminamos —dice—. Por supuesto no le dije que era Rosie. Morgan no es una buscapleitos, pero Rosie me pidió que no le dijera quien era ella.


O sea que sabe que Nick le fue infiel.


Tiene que ser una buena persona para querer tener cerca a alguien que le ha fallado de esa manera.


—¿Y ahora, qué?


No necesita que me explique, sabe a qué me refiero con eso.


—Rosie se niega a estar conmigo porque no quiere hacerle más daño a Morgan. Sin duda es mejor persona que yo.


No sé si una infidelidad te hacer mejor o peor persona, pero puedo entender porqué quiere luchar por Rosie cueste lo que cueste. No se veían desde hace cinco años y lo suyo se terminó sin verdaderamente terminar. Sus padres se la llevaron al extranjero y como nunca aceptaron su relación con Nick, no permitieron una despedida. Afortunadamente, Rosie pudo escribir una carta y dejarla con el mayordomo antes de marcharse.


Nick la pasó fatal, y es evidente que la sigue amando a pesar de lo años. No culpo que sienta lo que siente, pero aún así, no puedo evitar pensar en Morgan y en lo que una infidelidad como ruptura se debe sentir.




A las tres en punto se termina nuestro entrenamiento. Nick y yo caminamos hasta las duchas, fuera de las instalaciones, para refrescarnos y cuando estamos listos, cruzamos de nuevo las instalaciones hasta los portones para poder marcharnos. Estoy por decir alguna cosa sobre mi madre cuando, a lo lejos, miro una chica inconfundible fundada en ropa negra pegada, una bufanda roja, y un gorro y un saco café.


Es Morgan.


Si pudiera dar media vuelta o desviarme del camino, lo haría. Pero sólo hay una salida y es a donde nos dirigimos. Cuando llegamos frente a ella ni siquiera me detengo.


—Morgan —la saludo mientras sigo mi camino, luego de darle unas palmadas en la espalda a Nick.


—Adiós, Bruno.


Su voz es dulce, y aunque sé que han cortado me siento culpable de que me siga erizando la piel.