PRÓLOGO
— El Jovencito Park, Milord.
Akrill hizo una reverencia y se echó a un lado para dejar entrar al joven en la habitación. Jimin vaciló un instante, sabiendo que era el centro de atención de aquéllos que lo esperaban. A pesar de su corazón acelerado, caminó hacia delante y se obligó a aparentar calma. Por experiencia sabía lo fácil que resultaba ser humillado en casa de su tío; no podía creer que escaparía intacto de aquella situación, fueran cuales fueran las razones por las que la hubiese llamado.
— Akrill ha dicho que deseabas verme, tío —dijo en voz baja e inexpresiva, orgulloso de su habilidad para disimular el miedo que ya había comenzado a atenazarle las entrañas.
— Ven aquí, chico —el vizconde Torrington hizo un gesto de impaciencia—. Acércate —señaló al espacio que había frente a su escritorio.
Jimin se colocó frente a él y le devolvió la mirada desafiante. No estaba acostumbrado a verlo sentado a su escritorio, y parecía incómodo frente a aquel mar de papeles. La tía Yoon Hye estaba sentada en una silla junto a la chimenea, con la cara severa, inexpresiva, pero con cierto brillo en la mirada. ¿Qué era? ¿Codicia? ¿Satisfacción anticipada? Young Saeng no estaba seguro. Junto a la ventana, de espaldas, se encontraba Dae Wa, su primo. Su postura rígida y su distancia deliberada no anticipaban nada bueno.
— Te has tomado tu tiempo.
— He venido nada más recibir el mensaje.
— Entonces deberías saber —continuó Torrington sin más preámbulo—que todo está ya acordado —le dirigió una mirada rápida a su esposa, que eligió permanecer distante—. En dos días te casarás con mi hijo.
A Jimin las palabras parecieron llegarle desde la distancia. No tenían
ningún sentido. Se le secó la boca y le resultó difícil encontrar la manera de
responder.
— ¿Casarme con Felix? —preguntó finalmente.
— Es un acuerdo familiar sensato con beneficios financieros para ambas partes —dijo el vizconde—. No habrá pompa alguna. Sin invitados. No será necesario. Los pormenores legales se arreglarán durante la semana.
— ¿Felix? —Jimin miró a su primo con descrédito—. ¿Deseas hacer esto?
— Por supuesto —contestó Felix apartándose de la ventana—. Es un acuerdo apropiado para todas las partes, debes darte cuenta de ello. Debías de haberlo esperado, Jimin.
— No. No. ¿Cómo podía esperarlo? Pensaba que… —se agarró la tela de su pantalón con fuerza para evitar que le temblaran las manos—. Cuando llegue a la mayoría de edad el mes que viene, recibiré mi herencia; puedo ser independiente. El regalo de mi madre me permitirá…
— Tu herencia es para tu familia —la interrumpió el vizconde, y señaló
abruptamente uno de los documentos oficiales que tenía ante él—. Tu matrimonio con Felix nos beneficiará a todos.
— ¡No! No pienso hacerlo.
La vizcondesa Torrington se puso en pie y se aproximó a su sobrino con ojos despiadados.
— Deberías arrodillarte ante nosotros para darnos las gracias, Jimin. Te hemos dado un techo bajo el que dormir. Te hemos dado comida, ropa durante toda tu vida… y sin ninguna recompensa. La todopoderosa familia de tu madre no quería saber nada de ti —prácticamente le escupió las palabras a la cara mientras caminaba hacia su marido; los dos unidos contra Jimin —. Nos lo debes todo. ¿Qué derecho tienes a desobedecer a tu tío? Es hora de que nos pagues por haber cuidado de ti.
¿Cuidado? Jimin se habría carcajeado de no ser porque el horror había comenzado a filtrarse por sus huesos y sus músculos hasta paralizar cualquier reacción. Todas sus esperanzas, todos los planes que lo habían ayudado a mantenerse en pie habían quedado destruidos con las palabras de su tío.
— Pero entonces estaré atado aquí para siempre —susurró—. No puedo soportarlo.
— Tonterías, niño —farfulló Torrington mientras recogía los papeles de la mesa para dejar claro que la discusión había finalizado—. El asunto está zanjado. Y no quiero que vuelvas a intentar escaparte. Sabes bien cuál es el castigo para semejante desobediencia.
Jimin cerró los ojos para bloquear aquellos recuerdos tan horribles.
— Sí, lo sé.
— Entonces vuelve al trabajo. Akrill te dirá cuáles son tus tareas. Esta noche tenemos invitados.
Jimin se dio la vuelta con un nudo en la garganta. En dos días quedaría atrapado para siempre en aquel infierno.
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Acá el prólogo de esta historia, la subiré aquí porque Wattpad eliminó mi cuenta.