Chapter 1
Octavo año en Hogwarts.
—Deja de mirarlo así Blaise, me das repelús —le amonestó su amigo Draco en un siseo.
El moreno se giró y lo miró con cara extraña.
— ¿A quién sí se puede saber?
—A la Comadreja comiéndole la boca a la Sangre sucia.
Blaise miró de nuevo a la pareja, definitivamente se había quedado observando como se besaban pero no se había percatado del tiempo transcurrido. Ron era un pulpo ansioso con manos volando y boca succionando. Era un bruto baboso pero... vaya, esa pasión desatada le atraía. Y entonces ocurrió lo que ni por asomo creyó en todos estos años; vio al pelirrojo con ojos diferentes, bajo un prisma sexual. Porque ser espectador de primera mano ante semejante espectáculo le daba material para imaginar mil escenarios con él de protagonista. Ningún amante lo devoraba así, como si fuese a acabarse el mundo.
—¿Cuánto tiempo llevan juntos? —indagó en un tono de aparente indiferencia.
El resto del grupo dejó de comer y le prestó atención, lo examinaron como si le hubiese salido otra cabeza y pestañearon.
—Técnicamente desde sexto.
Blaise asintió. Conocía la rectitud de la sangre sucia, su obsesión por los estudios y su nula experiencia para satisfacer a un joven descontrolado con las hormonas disparadas. Seguramente ni le había hecho una mamada. Ron parecía un hombre hambriento de contacto y sexo, algo que su recatada y virgen novia no le daría en mucho tiempo. Sonrió para sí y comió en silencio.
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Fue complicado encontrarse con el pelirrojo a solas pero lo consiguió una tarde, dos semanas después, mientras daba un rodeo detrás del castillo y cerca de los límites del bosque prohibido. Ron estaba sentado con expresión concentrada y la nariz hundida en un libro de aspecto grueso.
—¿Te ayudo? No quiero que el libro se te trague. —Se ofreció tomando asiento a su lado sin ser invitado.
—¿Qué quieres Zabini? —inquirió desconfiado arrugando el ceño.
—Ayudarte, nada más.
Le sonrió lo más abiertamente posible y descubrió que el cabello de Ron era una mata salvaje y preciosa, quizá el color zanahoria no era tan desdeñable. Weasley hizo el ademán de levantarse y Blaise le detuvo con una mano en su brazo.
—No hay segundas intenciones. —aseguró el moreno mirándole directamente a los ojos.
—Ayudarme... —recalcó dudoso, incapaz de creerle.
—Sí.
—¿Por qué?
—Creo que va siendo hora de desdibujar las estúpidas tradiciones de Casas, enemistades y el pasado.
—Eso díselo a alguien que no haya perdido a un hermano en la guerra.
Ron se deshizo del agarre en un gesto brusco y se marchó. Se quedó viendo los andares fuertes del pelirrojo y su postura tensa. Suspiró pero no se rindió.
Lo volvió a intentar: en la biblioteca, los pasillos, los jardines, el campo de entrenamiento y hasta en el Gran Comedor. Tuvo que hacer de tripas corazón y empezar un acercamiento más público y no tan secreto. Pero ni con esas funcionó. Ron era una criatura desconfiada y huraña, la cual corría a los brazos de su estrecha novia para babearla a besos.
—Es un hombre —le dijo Pansy un día sentada a su lado— supuestamente heterosexual y tiene novia, mejor que peor la tiene y eso es suficiente. Si quieres conseguir algo de él tendrás que ser más... —alzó sus oscuras cejas y sonrió de lado traviesa— drástico.
—¿Cómo de drástico? —preguntó curioso Zabini inclinado hacia ella.
Pansy simplemente sonrió misteriosa.
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Dos semanas después ocurrió. Todo Hogwarts fue testigo de los gritos de Ronald Weasley discutiendo con Hermione. Se convirtió en una bestia furiosa y herida corriendo por los pasillos con ojos asesinos y derechito a matar a Potter, el cual se había desaparecido convenientemente. No lo logró Voldemort pero lo haría él.
Harry y Hermione se habían acostado juntos y no contentos con ello, además no se esforzaron en esconderlo lo suficiente. Ron los descubrió a plena luz del día en una habitación multiusos. Aquella noticia fue un estallido increíble, las piedras temblaron y el trío se disolvió.
Nadie supo cómo era posible que pasara, cómo Harry pudo hacerle eso a su mejor amigo y a su hermana, cómo Hermione pudo hacerle eso a Ron y a su cuñada, como ambos les hicieron eso. La mayor traición.
—Ni novia, ni amigo ni trío; todo tuyo, Blaise.
Pansy se lo susurró al oído cuando aún no salía de su asombro al ver a Ron y Harry pelear a varitazos en pleno comedor y a Hermione llorar y suplicar perdón.
—¿Qué... ¿Qué has hecho?¿Cómo? —No salía de su asombro. La chica sólo se encogió de hombros y ocultó una sonrisita.
—Somos magos, menuda pregunta.
—Pero la Amortentia...
—No, nada de Amortentia.
—Entonces...
—Calla Blaise y aprovecha. —Draco respondió mirando de reojo a Harry y la cara parca de Ginny Weasley.
—Entre los dos...
—Shuuuuu.
Ambos le hicieron callar. Se devanó los sesos pensando en mil posibilidades para que esos dos lo hubiesen hecho, muy posiblemente en contra de su voluntad. ¿Poción Multijugos? No tenía sentido. Amortentia tampoco. ¿Maldición Imperius para ambos?¿Hechizo aturdidor?¿Confundus?¿Cómo consiguieron que Hermione y Harry se acostasen juntos?
La escena era cuanto menos grotesca; Hermione llorando y saliendo del Gran Comedor, Ron y Harry siendo llevados al despacho de la directora y la Comadreja menor con cara de furia contenida.
Ronald Weasley podría ser al fin suyo.
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No resultó tan fácil hasta que Blaise encontró una grieta. La grieta era un Ronald irascible que se peleaba con todo el mundo y andaba solo por los jardines. Blaise se le acercó por enésima vez y sorprendentemente no le estufó.
—Lo siento, yo tampoco me lo esperaba. —Fue lo primero que dijo el moreno.
Ron le observó callado, se miraron y por primera vez Blaise quiso besarle por algo más que el preludio del sexo. Ese pelirrojo ardiente se mostraba abatido y hundido. Después de tantos gritos y rugidos sólo quedó un chico herido que no salía del agujero. "Realmente la ama". La certeza le provocó un molesto pellizco pero lo ignoró en pos del presente y en un intento por levantarle la moral.
—Aún no entiendo cómo fueron capaces de hacerme eso. En el fondo siempre lo supe, ¿sabes? —Se encogió de hombros deprimido.
—¿Sí? —Se acercó curioso por la conversación e inclinó el cuerpo.
Era su primera conversación civilizada en la que no le rechazaba.
—Sí, el curso que no acudimos al colegio estábamos buscando los horrocruxes y portamos al cuello el...
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Un mes pasó, un mes entero de tener a Ronald para él solito. Se moría por besarle, por ser besado de esa forma pero el pelirrojo era como un león enjaulado. Había que ir con cuidado. Quedaban siempre después de clases para estudiar y hacer los trabajos juntos. Blaise descubrió una manera más tosca pero divertida de Ron, sus conversaciones eran más simples pero a la vez más directas y honestas, de alguna manera puede que hasta profundas. Y al moreno le gustó la comodidad de no tener la mente y el gesto alerta ante las expectativas. Ellos dos en los jardines se traducía a un espacio seguro, un relajo de la tensión y un muy posible foco de risas y bromas porque Ron sabía reírse de las frases cínicas de él y a su vez él sabía sacarle partido y risa a las tonterías del pelirrojo.
—Mi hermana está destrozada. —dijo Weasley de repente cambiando de tercio la conversación.
—¿Sabes? Nunca vi futuro en ellos —Ron le miró ceñudo y hasta dolido—. No me malinterpretes, me refiero a que tu hermana merece algo mejor que un chico capaz de traicionar así la amistad. Es muy... inestable y voluble. —Weasley asintió tristón—. Además, tu hermana creo que vivía en el idilio falso de un Crush. No creo que fuera real.
—Tanto da si es así, ella le ama.
—Se puede amar a alguien más y mejor.
Blaise le mantuvo la mirada serio, transmitiendo en sus ojos color café el deseo desbordante que encerraba ese mensaje. El ligero inconveniente era haber hablado con la palabra Amor y no Deseo. Un desliz fácilmente recuperable.
—Puede... Pero de momento es así. No se pueden borrar los sentimientos de un plumazo.
Miraron al frente compartiendo un momento de silencio hasta que el italiano habló.
—¿Y tú?¿Cómo estás?
Ronald torció la boca y arrancó un parche de césped agachando la cabeza.
—Mal.
—Se te pasará, ella tampoco merece tu amor y el que te sientas así de abatido.
Se atrevió a pasarle el brazo por los hombros y chocó las cabezas regalándole una sonrisa reconfortante. Ron correspondió con otra más débil y variaron de tema.
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Se hicieron inseparables y eso dio de que hablar al resto del colegio; a Blaise podían lamerle las pelotas porque él era muy feliz. Ron era muy divertido e impulsivo, a veces refunfuñón y cabeza hueca pero con buen fondo. Sobre todo era leal. El italiano tuvo la mala fortuna y además extraña de sufrir el ataque verbal de los de su Casa en pleno pasillo por andar con un león pobretón y ni tiempo le dio a reaccionar cuando el pelirrojo apareció de la nada y se lanzó a puñetazo limpio. Era una técnica tosca y nada fructuosa para asegurarse la victoria, de hecho perdió. Blaise sin embargo no pudo restringir la estúpida sonrisa de su cara hasta que llegaron a la enfermería.
Pasaron días riendo y maldiciendo a esos alumnos, los cuales recibieron su merecido, un tiempo prudencial después.
También era vigilado por Granger y Potter; sus miradas venenosas al verlo pasar junto a su ex mejor amigo y ex novio le dieron a Blaise cierta preocupación. Pansy y Draco le aseguraron que no lo descubrirían y quiso confiar. Las sospechas estaban ahí pero no era Zabini quien hacía leña del árbol caído sino sus amigos para captar la atención y distraerlos. Blaise se puso su máscara de perfecto amigo y amable alumno incluso con Potter y Granger. Nada que reprochar, nada que lucir y mucho menos que demostrar. El disimulo era un arte bien aprendido.
Blaise miró a Ron sorprendido por la pregunta.
—¿Y tu madre?
—En Mónaco.
—¿Y las Navidades, las pasarás con ella allí?
—Sí, no tengo más remedio. Me escribirás, ¿no?
—Bueno, aunque la lechuza de mi familia es muy pequeñita y tonta, igual ni te llega la carta.
—En ese caso te mandaré la mía y daré la orden para que se lleve tu correspondencia.
Ron y Blaise se abrazaron en el compartimento del Expreso de Hogwarts, el que habían compartido durante todo el trayecto. Sabía que Pansy y Nott compartían otro y Malfoy anduvo detrás de Potter para ver si había suerte. Se aferró a Weasley con fuerza, sintiendo ya su falta, lo extrañaría. Al separarse bajó la vista a sus labios con anhelo y suspiró. Todo su plan maquiavélico de lanzarse a él para follar se fue por el retrete al tener que ir a pasitos de tortuga. Mantuvo sus manos en los hombros de Ron y alzó la vista; el pelirrojo lo estaba observando profundo y con cierto deje extraño. Sus ojos azules bajaron hasta los labios regordetes de Blaise y tragó. Lo vio, vio el deseo contenido en aquel gesto. Vio el hambre del joven volviendo a florecer después de un tiempo deprimido, el brillo del ansia y lo desconocido. Zabini sonrió sin apartarse, cerró la puerta del compartimiento a golpe de varita y lo empujó contra la pared. Ron boqueó asustado hasta que sus ojos se desorbitaron al ver al moreno ponerse de rodillas, abrirle la túnica, bajarle los pantalones y comerle a lengüetazos el miembro hasta endurecerlo.
Blaise se encargaría de hacerle la mejor mamada de su vida, algo que nunca olvidaría.
Ron gimió y puso la mano en su cabeza apremiando el ritmo con fuerza, el moreno sonrió victorioso cuando sus labios diestros consiguieron que se derramara dentro con otro gemido y un estremecimiento después. Su lengua hizo el espectáculo más obsceno del mundo chupando la punta, sus ojos café le miraron desde abajo y contempló el placer agotado pero también la vergüenza del pelirrojo. Le abrochó el pantalón levantándose y se limpió la boca.
—Mi regalo de Navidad.
Blaise salió del camarote triunfante.
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No hubo correspondencia por parte del pelirrojo y Blaise se preocupó. Al volver de vacaciones Ron actuó esquivo y extraño la primera semana, pero luego todo se normalizó. Pasaron dos semanas más hasta que el italiano se atrevió a otro movimiento y le hizo una mamada. Mamada que Ronald disfrutó con creces y lo demostró moviendo las caderas hundiéndose en su boca, con las manos en su cabeza y el consabido gemido grave y apagado. Poco a poco la bestia despertaba.
—Blaise, Weasley le sigue haciendo ojitos a la sangre sucia, ten cuidado.
Draco tampoco avanzó ni un ápice con Potter. El cuatro ojos se pasaba el día detrás de la Comadreja menor alegando que era una trampa, que él pensaba que se estaba acostando con ella y que no entendía qué había pasado. Por eso el rubio le advirtió de los detalles pasados inadvertidos por su amigo.
—Es su ex novia y amiga. Es normal.
El resto se miraron en silencio.
Ron le hizo una señal desde la mesa de los leones y ambos se levantaron. Acudieron al cuarto escobero y Blaise le hizo la segunda mamada del día. Nunca hablaban de lo ocurrido al finalizar. El moreno sonreía, Ron torcía el gesto vergonzoso, salían en silencio y conversaban de cualquier tema siempre sacado a coalición por el italiano.
Aquella fue su rutina hasta que un día se atrevió a besarle antes de arrodillarse. Ron se quedó congelado por unos segundos hasta que sus labios cobraron vida y le correspondió. El huracán se desató y Blaise conoció de primera mano la fuerza y la pasión con la que había soñado. Se sintió devorado, absorbido hasta no poder pensar en otra cosa que en el calor de su boca, la presión de sus manos en el culo y la impetuosidad de ese cuerpo encerrándolo contra la pared. Blaise gimió de verdad y le envolvió el cuello con sus brazos. Ron golpeó sus caderas y frotó los miembros duros en un ritmo torpe y desesperado. Le mordió la mandíbula respirando trabajoso y chupó con fuerza en la piel del cuello. Amasó su culo hasta el punto de casi levantarlo del suelo, Blaise hurgó entre sus túnicas y los expuso para masturbarse. Durante unos segundos dejaron lo que estaban haciendo y se miraron, cerraron los ojos ante el primer contacto con la carne excitada y el italiano comenzó el vaivén de su mano en ambos miembros. Ron atacó su boca de nuevo y mordió el labio; succionó y lamió, chupó y absorbió. Gimieron y sus cuerpos se empujaron entre sí para buscar la cercanía, a Blaise se le agotó el aire. Eyacularon compartiendo miradas, bocas y gemidos ahogados. Ron mordió su mejilla una última vez antes de limpiarse.
—¿Tus amigos saben lo que hacemos?
Era la primera vez que el pelirrojo abría la boca y dictaba sentencia al momento.
—No realmente, creo.
Zabini no le correspondió a la mirada, nunca se sabía hasta qué punto se podía engañar a Ron. Pero Weasley no dijo más y salieron.
Draco, Pansy y Theo tenían razón, Ron le lanzaba miradas de soslayo a Hermione, pero también a Harry. Seguramente los echaba de menos, habían sido amigos desde los once años.
—... Lo estoy investigando. Sé que parece una excusa barata por nuestra parte, pero es la verdad, Ron.
Blaise los encontró en uno de los pasillos desiertos, la chica se mostraba muy culpable e irritada. El pelirrojo estaba tenso y alerta.
—Entraste en la habitación pues había recibido un mensaje tuyo y te vi a ti, a ti —le explicó llorando—. Te me insinuaste y decidí que era el momento, llevaba ya un tiempo con la idea en la cabeza y m-me atreví.
—No hay hechizos que hagan que uno vea literalmente a otra persona y se confunda así. Y nunca te escribí ningún mensaje.
—Ahora lo sé.
Los ojos de esa bruja prometían verdad, prometían tenacidad y no rendirse ante la adversidad. Blaise tragó temeroso. Ron dudó, lo vio. Sus ojos azules la contemplaron con anhelo y grandes dosis de creerla aunque pareciera un disparate.
Aquella semana Blaise le hizo dos mamadas diarias, una muy extensa sesión de besos y masturbación. Lo del sexo era otro cantar, el pelirrojo no parecía muy seguro de cruzar la barrera pese a las miles de insinuaciones y directas del italiano.
—Ron, ¿quieres acompañarme a los Carnavales de Venecia? Cae en fiestas, yo corro con todos los gastos.
—¿Lo dices en serio? —Zabini asintió riendo— ¡Por supuesto que sí, gracias!
El pelirrojo se inclinó sobre él en el césped y le besó sonriente. Correspondió al beso ardiente del chico con el corazón en la garganta y el vientre burbujeante de felicidad. Lo abrazó por el cuello para otra ración de besos devoradores y babosos sin parar de sonreír. El corazón de Blaise voló alto sintiendo el cuerpo firme del pelirrojo sobre él tocando y besando, mordiendo y succionando. Pero aquella fue la única vez que Weasley le besó en un espacio público.
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—¡Vamos Weasley o llegaremos tarde!
El moreno gritó a la puerta del baño del hotel. Acababan de llegar con un Traslador directamente desde Londres y Venecia bullía en color y música.
Atrás quedaron las miradas de reproche de sus amigos, los rostros reservados y la boca torcida a punto de emitir un juicio; juicio que Blaise ignoró. Él tampoco dijo nunca de exponer nada, no alentó a besos públicos ni muestras de afecto. Tampoco dejó en claro el tiempo que tardaría en follar con Ron, eso no era lo importante... claro que un pequeño empujón definitivo para hacerle olvidar a esa sangre sucia no venía mal. El pelirrojo era muy influenciable pese a su cabezonería y ver a su exnovia llorar hacía estragos en su voluntad por lo visto. De manera que un viaje de cinco días a los Carnavales de Venecia sería la receta ideal para hacerle olvidar y para por fin estar juntos.
Juntos... la palabra pretendía referirse al sexo pero englobó mucho más.
Ron salió del baño y se le atoró la respiración en la garganta. Vestía un traje regional del siglo XVIII con chorreras, brocados en las costuras de los ojales y de un resplandeciente color oro y negro. Su máscara era un león que contenía la mata de cabello pelirrojo salvaje. Estaba para morirse. Emitió un silbido de apreciación sincera cabeceando.
—¿No estoy ridículo? —preguntó vergonzoso.
—De eso nada León, estás para morirte, resucitar y besarte los pies rezando.
Ronald se rió más seguro de sí mismo y el consiguiente acto fue quitarse la máscara y besarle. Blaise recibió los labios del chico con sorpresa y un ligero estremecimiento.
—¿Nos vamos? Tengo ganas de ver la ciudad. —Le apremió un Ron entusiasmado.
—Culpa tuya, has tardado mucho. —Blaise acudió a otro beso.
—Es tu culpa Serpiente, has estado demasiado tiempo en el baño. —Ron le besó atrayéndolo de la cintura.
—Era necesario, mi cuerpo necesitaba de una limpieza exterior e interior exhaustiva.
Ron frunció el ceño pero Zabini no le aclaró absolutamente nada, los pormenores no tan sensuales de las relaciones homosexuales eran un tema delicado para un chico supuestamente heterosexual. Con el tiempo le daría detalles.
El cielo de Venecia se vistió de color, las calles se inundaron de olores a comida y pólvora. Los adoquines soportaron el peso de miles de pies foráneos y autóctonos incluyendo el de dos estudiantes de magia ingleses que reían y hablaban con un vaso de limoncello de dudosa procedencia.
La risa floja, el paladar refrescante y ácido, la música, los artistas callejeros y el ambiente los embriagaron. Caminaron por las calles atestadas y las callejuelas desbordados de alegría y curiosidad. Blaise contempló Venecia y sus Carnavales con otros ojos; los ojos azules y felices de Ron. Fue como recuperar la ilusión de la Navidad a través de un niño inocente. Admiró el barullo, las conversaciones ruidosas y la algarabía como si se tratara de un extranjero más.
En un instante borroso de aquellas horas interminables ocurrió, Ron le tomó de la mano entrelazando los dedos y señalando un puesto de comida. El pelirrojo enrojeció mientras el moreno se quedó estático mirando sus manos.
—¿Te incomoda? Perdón.
Antes de que los dedos blancos se deslizasen lejos de la mano oscura Blaise afianzó el agarre y le sonrió.
—Está bien, no me incomoda.
Después de aquel gesto inocente, se sucedieron otros de índole más sexual. La ciudad fue testigo indirecta de los besos ardientes y robados, de las manos indiscretas y las sonrisas juguetonas que invitaban a más. Blaise se embebió de la pasión Weasley como nunca antes y se atrevió, para celebrar el cambio de su relación, a hacerle una mamada a escondidas en una de las calles perdidas. Fue de lo más excitante y morboso, lo que conllevó a terminar en la habitación de hotel borrachos y devorándose con ganas la boca.
—Nunca lo he hecho con un chico.
—Tranquilo, yo te guío.
El moreno experimentó de primera mano el resuello y la vergüenza de Ron, sus ojos azules oscurecidos por el placer, su boca hambrienta mordiendo de más y sus manos posesivas clavándose en sus muslos. Aceptó de buena gana la bruteza de ese cuerpo entrando en él sin contemplaciones, de esos dedos perforando sus caderas y los gemidos roncos. Ron no hacía el amor, tampoco follaba: Ron devoraba sin misericordia a su amante y éste lo agradeció infinito.
Fueron cinco días insuperables; plagados de pasión y descubrimiento, de incursiones nocturnas y derroche, de un nuevo y maravilloso idioma sólo conocido por ellos dos.
Ron aprendía muy rápido si se lo proponía y eso era saber atender a un chico y prepararlo. También podía ser más lento y suave en sus avances para alargar el encuentro, sabía jugar y hacerse de rogar como un fanfarrón, pero nunca jamás perdía el brillo de lo salvaje. Blaise supo que la mirada del pelirrojo siempre estaría teñida de un tinte indómito y descontrolado. Eso le gustó, de hecho, eso le confería a todos sus encuentros ese toque especial que nunca encontraría en ningún amante por más ducho que fuera en el arte sexual. En muy poco tiempo Blaise aprendió de los sutiles cambios en el cuerpo de Ron, de sus cambios de posturas cuando quería más profundo y duro, de sus ojos de ruego tímidos cuando deseaba al italiano en tesitura sumisa o cuando lo quería cabalgando sobre sus caderas y exhibiéndose. Era un hecho constatado que existía química y afinidad más allá de la razón.
La última noche antes de partir hacia Londres para tomar el Expreso de Hogwarts Blaise se aventuró a un suicidio emocional.
—Ron —respiró entrecortado sintiendo aún los espasmos del orgasmo, el pelirrojo se había tumbado a su lado y lo atrajo a un abrazo perezoso— cuando volvamos al colegio...
Quería saber en qué punto quedaría lo suyo para saber obrar en consecuencia.
—No me lo había planteado. ¿Tú qué quieres hacer? —El tono despreocupado no le convenció, parecía inquieto y nervioso.
—Bueno, no hay porqué definir nada si no te sientes a gusto. —concedió Blaise un poco decepcionado.
—Yo... no es eso —Ron fijó la vista en el techo acariciando con sus dedos el hombro del moreno—. Lo he pasado muy bien —Blaise sintió una súbita presión en el pecho—, y me siento muy a gusto contigo —Asintió utilizando su mejor cara de póker para animarle a continuar—. Sólo que no he estado nunca con un chico y no se me dan muy bien las relaciones —Ron frunció el ceño con semblante abatido—. Hermione siempre tenía quejas.
Blaise cerró los ojos ante el nombre de la chica y calibró su respuesta.
—Te recuerdo que fue ella la que te traicionó, tú no fuiste un mal novio. Además —le acarició el pecho con sus dedos—, cada relación es diferente y las personas también. No es saludable comparar.
Ron giró su rostro y le miró sonriente para después acercarse y depositar un beso dulce, lejos de los besos ardientes de antes.
—En ese caso me gustaría seguir como hasta ahora y ver que tal nos va.
Se trataba de un mensaje bastante libre a la interpretación pero le dio igual, eso le valió al italiano.