Lomo Fast & Furious

Summary

Harry es un gourmet con ciertas dosis de cabezonería y ningún amigo sensato que pueda detenerlo en su locura. Él nació para sobrevivir a todo... Incluido su amado lomo de cerdo adobado; especialidad: embuchado.

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2
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n/a
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18+

Chapter 1

🐵


En el sótano de Grimmauld Place hay una enorme despensa que tal cual entras ya notas el frío seco y el ambiente umbrío y cavernoso. Según le dijo Sirius, era famosa por conservar los alimentos prácticamente intactos durante mucho tiempo, tanto así que se decía que detenía el tiempo. "Magia de la propia casa Black" comentó intrigante una vez. También tenía otra característica que era el sueño de cualquier holgazán; reponía la cámara de productos básicos; lácteos, cereales, carne, pescado y cualquier alimento no prefabricado ¿Por qué? Porque según le dijo su padrino, la familia Black poseía un contrato generacional con los administradores y arrendatarios de tierras de todas partes de Inglaterra que cumplían el pedido al mes y de manera instantánea les enviaba —Harry nunca sabrá cómo— la cantidad anotada de leche o pan, legumbres, por ejemplo, y a su vez, el banco tenía la orden de abonar dicha cuantía preestablecida en galeones a sus proveedores particulares respetando los impuestos añadidos, la inflación y el nivel de vida. En resumen; una despensa siempre llena de productos casi imperecederos.


El problema es que su padrino era muy gracioso, porque lo primero que hizo nada más pisar la casa fue bajar las escaleras e ir a comprobar su nuevo amor. Mentira cochina desleal y pérfida, solo encontró una despensa vacía y llena de polvo en donde no fluía la magia ni por asomo.


Tras su primer batacazo llegó la nevera americana de doble puerta con cajones individuales para el congelador, uno para las verduras, otro para los embutidos y un dispensador de hielo. No le haría la compra, pero era un señor frigorífico que abría bocas de Weasleys y hasta de Granger. A los magos pura sangre la magia les distraía de los avances modernos.


—Estamos en el nuevo milenio, hay que modernizarse. —dijo a sus invitados hinchando pecho.


—Ohhh colega, me tienes que invitar más.


Ron fue el de la boca más abierta y los ojos más en blanco, su rostro babeante se acercó a la luz como una polilla.


—Eso ni se pide, te presentas y punto.


—Roooon.


Hermione estiró del brazo de su novio y evitó que se zampara los Nuggets sin freír previstos para la cena. Era peor que un perro callejero en plena guerra civil.


—¿Eso es lomo adobado?


"Mierda..." pensó la bruja contrayendo su cara de sufrimiento y vergüenza.


—Sí, me lo fileteo yo.


—Colega, me encanta el lomo adobado.


—Pues hay uno que es tipo fiambre y se cocina a la plancha vuelta y vuelta...


Hermione acabó por sentarse en el sofá y distraerse con la televisión. No iba a soportar otra charla sobre los tipos de lomo, su adobe, su curación o el tratamiento dado para freír, a la plancha o lonchar.


Y ahí empezó su pequeña obsesión, alimentada y apoyada por su amigo Weasley, piropeada y acrecentada por su carnicería-charcutería de confianza y alabada por las clientas que le sonreían a un joven que hacía la compra como ellas; buscando calidad y productos determinados. Y ese era el problema de Harry, que no tenía nada con que darle sentido a su vida si no se preocupaba un poquito de sí mismo.


Una vez terminada la guerra y estrechado la mano de casi todo el Ministerio con tu chapita de héroe y la foto de rigor ¿Qué te esperaba? muchas cosas que Harry desechó, como por ejemplo la relación con Ginny, su colocación de por vida en un puesto de Auror y... ya, ese era todo su plan. Ahora se dedicaba a colaborar con los aurores de manera independiente y a explorar su nueva faceta de gourmet. Porque él, a diferencia de su amigo Ron, valoraba la calidad por encima de la cantidad. Entre sus muchos gustos exquisitos se encontraban los huevos de campos extra gordos provenientes de gallinas criadas en suelo de granja, el jamón de cerdo de bellota —solo bellota, cien por cien bellota con treinta y seis meses de curación— y de etiqueta negra, el pescado fresco de lonja que arriba de alta mar a las cinco de la mañana para subastar su precio, el pan elaborado en Monterrey, las tartas y dulces de Peggy Porschen London, la carne Wagyu importada de Japón, el corte entrecot con bastante infiltración de grasa hecho en piedra caliza y sal del Himalaya, el solomillo de vaca de Limousin o su plato estrella; Lomo adobado, especialidad: Embuchado. Idóneo para las visitas, una cena solitaria tardía, una merienda, un almuerzo o una celebración. Harry lo compraba entero y lo lonchaba con una máquina en casa que se compró, así le duraba más y el lomo se mantenía más fresco y delicioso.


—¿Y el lomo ese que tienes? —preguntó Neville inspeccionando la mesa con ojos rapaces— ¿No lo sacas?


Harry sonrió pagado de sí mismo, un sábado al mes invitaba a los amigos más cercanos a una cena por todo lo alto, y que se acordasen de su magnífico lomo lonchado al momento solo hizo que inflase pecho orgulloso.


—Ahora iba a cortarlo. Un momento.


—Lo has hecho a propósito. —intervino Luna soltando una risilla maquiavélica.


Longbottom se relamió los labios y los ojitos de Seamus hicieron chiribitas de ilusión. Pago más que suficiente por el trabajo que suponía prepararlo todo. Descendió a la cocina y abrió su enorme nevera americana, extrajo de un cajón para los fiambres el lomo embuchado bien envuelto y procedió a mimarlo con maestría y dedicación. Volvió al salón portando dos platos amplios hasta arriba de lomo y los depositó en la mesa. Su presentación y camino fue un espectáculo previamente estructurado.


—¡Oh! Colega...


—Hum...


Ni bien se sentaron a la mesa, las manos salieron disparadas hacia el lomo.


"El lunes compro más"


Esa era su vida; amigos, un trabajo que no le forzaba a sonreír en primera plana del periódico y su lomo embuchado.


🙊


Su inquietud alimenticia le invitaba a probar diferentes estilos y nacionalidades. El lomo en aceite de oliva virgen extra era ideal para acompañar con una hogaza de pan y queso semicurado de oveja o vaca, el cabecero de lomo curado era el indicado para componer canapés y pincharlo junto a tomatitos cherry horneados, el lomo de bellota cien por cien ibérico pedía a gritos ser presentado y degustado junto a un buen vino y paté, pero el favorito de Harry era la Caña de lomo Entera de Bellota cien por cien Ibérica cinco Jotas receta tradicional. Lo fabricaba una empresa española que operaba nacional e internacionalmente, la cúspide del buen sabor y excelencia.


Esas piezas de oro lonchable se conseguían a través de pedidos por teléfono o correspondencia, y una vez al mes le llegaban cuatro cañas de lomo, además del que compraba habitualmente en su carnicería-charcutería de confianza.


—Harry... —Ron y Rolf, novio de Luna, se colaron en la cocina mientras él preparaba los canapés— ¿No te quedará del lomo ese...?


—El ibérico cinco jotas. —babeó Scamander mirando alrededor.


Lo servía de vez en cuando, pero sin abusar. Sonrió ladino extendiendo el tiempo de contestación y les miró.


—Sí me queda.


Continuó montando canapés.


—Eh...


Ron empezó a rebuscar en la nevera como un obseso y al no encontrarlo se llevó a la boca un salchichón de Huelva.


—Ahora lo saco —cedió—. Llevad todo esto y voy.


—Ahghghg gracias.


—Ya ya...


Extrajo de su escondrijo la caña de lomo y la desenvolvió reverente, se colocó unos guantes especiales, lo posicionó y empezó a lonchar fino. Rellenó dos platos llanos e intercaló queso añejo de cabra macerado en aceite y tuestas para servirse.


Su amor, perdón, lomo adobado triunfaba más que él o el dinero, que las cenas en sí o las películas por disfrutar en su televisión extra grande colgada del techo. Todos los presentes giraron a contemplar su estudiada entrada con los dos platos en alto y sonrieron emocionados, pero no más que él.


🤤


Sábado por la noche en Grimmauld Place. 20: 48 p.m.


Harry inspiró extasiado después de haber mandado a Kreacher a su habitación y ordenarle no pasearse por el salón. Corrió las cortinas de los enormes ventanales, cerró la puerta que conectaba con el angosto pasillo del recibidor y se sentó en el sofá de un salto. Revisó su alijo y encendió la televisión colocándose los cascos para poder escuchar sin que el sonido traspasase. Eligió su cinta favorita de pornografía gay y se echó lubricante del dispensador con los pantalones ya bajados. Harry se hacía pajas no como cualquier hijo de vecino necesitado, sino que se procuraba una toalla de algodón debajo para no manchar el sofá, un ambientador aroma a frescor de la campiña, un lubricante con base de agua fabricado de manera natural en una tienda muy exclusiva de Kent, toallitas húmedas sin emulsionante y papel higiénico con triple capa que respetase la piel delicada de las partes íntimas. También se acercaba una papelera y si estaba inspirado, incluso se atrevía a utilizar un consolador.


(...)


Era su favorita sin duda, aunque ya se sabía hasta los escasos diálogos de memoria y esa noche, por lo que sea, no conseguía entrar en materia. Correr se había corrido, pero se sentía insatisfecho, así que tras limpiarse a conciencia y abrocharse los pantalones, se levantó raudo y subió las escaleras con destino a su habitación.


"¡¿Dónde cojones están!?" pensó entrando en pánico.


Remiró sin necesidad todo el perímetro que constituía su último cajón de la mesita. Rebuscó en el armario, bajo él, sobre él, en la otra mesita, en el baúl, en el del sótano, en el de la azotea, debajo de la cama, en los dos cuartos de baño, detrás del armario y en cada absurdo lugar que nunca jamás utilizó para guardarlos. Subió las escaleras jadeando rojo de frustración.


—¡¡Kreacher!! —gritó furioso.


O era el elfo, o se había vuelto loco. Oyó en la distancia el renqueante paso de la criatura hosca y lo divisó al final del pasillo y bien lejos del que debía ser su cuarto asignado.


—Señor. —ni un dígame, un amo o un ¿Qué se le ofrece?


—¿Has entrado en mi habitación? porque ya sabes que la mesita no se toca.


Kreacher le miró a través de sus ojos que no se distinguían entre tanto pliegue y masticó sus dientes putrefactos creando un crujido extraño.


—He limpiado su habitación, señor, como siempre.


—¿Pero has tocado mi mesita? ¿El último cajón? —insistió perdiendo la paciencia.


El elfo enmudeció y agachó la cabeza, su cuerpo raquítico convulsionó fuerte como preludio a un aluvión de tortura auto impuesta, y lo que sonaba como un murmullo hueco, creció ronco hasta ser audible:


—... Maldita sangre mestiza desleal a la pureza y perversidad sodomita que contraria y ensucia con sus prácticas libertinas la ancestral y noble Casa de los Black...


—¡Calla! —Kreacher obedeció y le mantuvo la mirada— ¿Qué has hecho con ellos?


—He quemado los instrumentos de la infamia pecadora en el jardín trasero, han ardido mi señor, y los restos los he hecho desaparecer.


Harry quería matarlo, lo necesitaba urgentemente. O se deshacía del elfo homofóbico, o escondía mejor sus consoladores anales. Empuñó las manos restregando los dientes por la ira, pero ya no importaba, ante sus ojos Kreacher se auto castigaba sin piedad ni orden previa por desobedecer a Harry; su legítimo amo. Lo dejó en medio del pasillo y arrastró los pies escaleras abajo haciéndose a la idea.


"Mi lomito embuchado cinco jotas me consolará" y en ello se puso; sacó de la nevera embutidos varios, quesos y paté. Extrajo de la bodega un vino de trescientos años por daños y perjuicios y preparó la máquina de lonchar. Hizo su ritual más amado y que tanto le calmaba cuando se sentía vacío y solo, sin metas reales. Sacó la famosa caña de lomo que había reducido su tamaño debido a la última visita de la señora Tonks y su ahijado y la sopesó en sus manos suspirando de pena...


Caña de lomo Entera de Bellota cien por cien Ibérica cinco Jotas receta tradicional.


Longitud inicial; 50-52 cm.


Longitud actual; 26 cm.


Forma; Ovoide irregular.


Diámetro; 6 - 7 cm. Estimación aproximada según los hambrientos ojos verdes de Harry.


"No" se rio de sí mismo "No, hasta ahí no... no puedes mancillar el lomo" tragó necesitado inspeccionando la caña y la rugosidad sin darse cuenta, era una estupidez y él un adulto con autocontrol y sensatez. Estuvo a punto de loncharlo, la máquina rugía armoniosa, el plato llano le aguardaba encantado, sus manjares de consuelo estaban esperando por su golosa boca que...


—¡Mierda!


No se decidió hasta que se vio envolviendo el lomo en film transparente para protegerlo bien. Guardó la comida y corrió escaleras arriba hacia el salón con el brazo del pecado tembloroso. Se encerró recreando el ritual de masturbación rutinaria para su sodomía culinaria extrema y comenzó la preparación previa para poder acoger semejante troncho de carne; Lavativa purgante, Tergeo constante, dígitos dilatadores ayudados por su lubricante exclusivo, mucha paciencia y masaje de próstata. Harry ocupó casi una hora entera para crearle hueco al lomo, que le observaba desde la mesita chata rezumando poderío y firmeza de veintiséis centímetros de amor carnal. Tragó copioso y lo atrapó entre sus dedos resbaladizos inspirando hondo. Se otorgó un segundo para pensar detenidamente en lo que estaba por suceder y al roce desafortunado del borde con su ano, gimió excitado. Necesitó varios minutos de inspiraciones profundas para relajarse y mucha fuerza de voluntad exigiéndole a su esfínter empujar y no contraer, aceptando en su interior el lomo adobado. Se estremeció parpadeando lágrimas, sus ojos abiertos miraban fijo al techo y los latidos golpeaban sus tímpanos; lo tenía dentro. Inspiró, expiró tembloroso con la frente perlada de sudor y tanteó el lomo en su interior con los dedos.


"Sí"


Empezó temeroso, pudoroso, impresionado de la hazaña y el absurdo de su sábado noche. Al principio fue más molesto que otra cosa, pero con el transcurrir de los minutos percibió que en cierto ángulo y debido a su forma y rugosidad, el lomo le barría la próstata con total atino que provocó relámpagos de placer crudo. El tamaño de semejante pieza era para tomárselo en serio, por lo que ató en corto su impaciencia y trabajó el ritmo y movimiento, consiguiendo en poco tiempo un placer constante e inigualable. Una vez controlado al lomo de jabugo, su perímetro, su longitud y su manejo perforando el esfínter, Harry se dejó arrastrar por la lujuria y el desenfreno más excelso jamás experimentado. Ni hombre, consolador o criatura semi gigante podría acercarse a la perfecta forma de su amado embutido cinco jotas.


Jadeó sobrepasado, cerrando los ojos con fuerza por los calambres de placer insoportables, abrió más las piernas y estableció un ritmo rápido y furioso, justo lo que le pedía el cuerpo. El grito de placer fue tal, que el propio Harry se asustó de su voz a pesar de no correrse aún. Las convulsiones se volvieron violentas en las últimas arremetidas, sus dedos lubricados resbalaron enloquecidos ansiando más y más, lo deseó tanto y tan hondo que empujó con los nudillos, sus rodillas temblequearon al contacto agudo de la próstata castigada y se corrió en un alarido roto. Su ser entero se estremeció como un polluelo recién salido del cascarón; débil y confuso, pivotando la cabeza alterado por las luces blancas tras sus ojos. Su ano y vientre se contrajeron poderosos, engullendo y masticando el lomo con avaricia inusitada, Harry permaneció en blanco por unos segundos más hasta que se recuperó del resuello, trató de incorporarse y extendió los dedos buscando el borde del lomo para extraerlo... no lo encontró.


"Tranquilo..."


Hurgó con sumo cuidado introduciendo despacio los dedos.


"Está... lo noto" y sin pretenderlo lo empujó más adentro. Harry entró un poquito en pánico, lo justo como para removerse, sentarse con molestia, hurgarse histérico y tumbarse acalorado. El lomo adobado embuchado se alejó de su rango de acción.


—IIIIIIIIII NOOOOOOOOOOOOOOOO.


Miró hacia su vientre y se asustó, un bulto sospechoso se asomaba recordando a la película "Alien, el octavo pasajero"


—UUUUUUUUUUUUUUUUUUU DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSS.


Pensó y pensó sin encontrar un hechizo que por su fuerza y efectividad no le arrancase de cuajo una tripa o le rompiera el ano, literal. Conforme la excitación bajaba y sus músculos se relajaban, la incomodidad en su barriga y tracto anal aumentó. Intentó levantarse y caminar, pero a mitad de las escaleras tuvo que detenerse y sentarse, lo que encima fue peor en su condición de empalado, porque lo que era molestia moderada se convirtió en severa, y al recular de su idea y volver al sofá, Harry aceptó sudoroso y blanco como el papel que tenía un problema de salud a punto de reventarle los intestinos. Miró el reloj del salón que daban las doce y llamó a Kreacher, lamentablemente el elfo no podía moverse del pasillo debido a las graves heridas auto infligidas por desobedecer a su amo en reiteradas ocasiones e insultarle. Si le preguntan a Kreacher, allá se muriese el loco depravado de su amo, que con tal de querer carne en su culo, era capaz de meterse un lomazo portentoso y duro. Aguardó media hora más preso de la histeria y el terror, sonaron las campanas del salón y el nervio se enroscó por toda su columna vertebral; su ano pulsaba inflamado y le escocía, su vientre dolía y tenía náuseas. Barrió con la vista a su alrededor recordando dónde dejó la varita, desesperado, hizo acopio de toda su fuerza de voluntad y extendió el brazo hasta alcanzarla. Invocó pergamino y pluma, hechizó la nota transformándola en un vociferador y la envió a casa de Hermione, rogándole encarecidamente que acudiera a Grimmauld Place sin demora. Harry ya no podía moverse o dar dos pasos sin gemir de agonía, por lo que rezó pese a su vergüenza para que su carta fuera atendida y corriera en su auxilio.


(...)


—¡Harry!


De la chimenea asomó la cabeza de Hermione y luego el cuerpo envuelto en llamas verdes, le miraba extrañada intentando comprender lo que sus ojos captaban, Harry sonrió aliviado pese a la tensión de su rostro, pero pronto le cambió la cara a una de espanto al divisar tras la melena castaña a Ronald, que fruncía curioso el ceño buscándolo por toda la habitación.


—Oh, Dios mío... —la bruja se llevó las manos a la boca y se acercó corriendo.


—Compañero ¿Qué... —no terminó la frase, Ron lo descubrió desnudo de cintura para abajo, blanco papel, sudoroso, tembloroso, encogido de lado como un feto sobre el sofá y con el ano abierto e inflamado por los bordes.


—Llevadme a San Mungo. —rogó lloroso. Ni con esas su piel adquirió el rubor de la vergüenza.


—¿¡Qué te ha pasado!?


—¿Qué tienes metido por el culo?


—Chicos... por favor...


Iba a tener que explicarles, sino a ellos, a los sanadores.


—¡Harry! —gritó histérica Hermione— ¡Dios santo, Harry!


—Lo-lomo —sollozó— el lomo adobado... —Ron se aproximó arrugando el gesto de incomprensión— el cinco jotas curación de doce meses, cien por cien bellota-


—¡Me importa una mierda el tipo de lomo que sea! —exclamó indignada— ¿¡Cómo te metes un lomo por el culo!?


—¿Es el bueno? —susurró Ron escandalizado.


—Sí. —admitió culpable.


—Tío, no... ese no se toca, haber utilizado otro, hay muchos donde eleg-


—¡¡Aparta, Ronald!! —Hermione lo empujó sin consideración afectuosa y tomó de las mejillas a su amigo inspeccionándolo— ¿Desde cuándo estás así?


—¿La masturbación anal cuenta? —la chica apretó airada la boca y le asesinó con la mirada— uh, desde hace más de media... no, una hora creo... no sé...


—¿Y Kreacher? —preguntó Weasley.


—Arriba, creo, se ha dado una paliza por quemar todos mis dildos, el muy hijo de puta...


—Entiendo... tío, qué cochino eres, tu amor por ese lomo rompe barreras. —el muy cretino e insensible, en opinión de Harry, sonrió divertido.


—¡¡A San Mungo, ya!!


*


—¡Sanador! —el enfermero corrió por el pasillo hasta alcanzarlo con el pergamino en la mano aún escribiendo—. Una urgencia de proctología.


—Informe. —comenzó a caminar rápido dejándose guiar.


—Paciente joven, hombre, veintiún años, no presenta o conoce de alergias o reacción inusual a ninguna poción o tratamiento previo. Sintomatología; sudoración fría, temblores, dolor agudo y distensión abdominal, calambres reflejos en las extremidades, náuseas sin perder la consciencia, imposible la palpación profunda. El ano presenta inflamación moderada e irritación, dilatación extrema del ano, recto, sigmoides y... colon descendente —ambos se miraron en silencio—; Diagnóstico inicial: atoramiento de objeto ajeno al cuerpo.


—Eh...


—Un lomo adobado embuchado —el enfermero trató de ser profesional y no reírse—, longitud estimada veintiséis centímetros, diámetro entre siete y ocho, estimables según el reconocimiento superficial.


Draco abrió la boca impactado antes de entrar en el cubículo que fungía de habitación improvisada.


—Dame el pergamino y tráeme Bálsamo de Asclepias tuberosa para la mucosa intestinal, poción calmante, filtro de paz, poción limpia heridas y prepárame el material para la limpieza y desinfección.


—Enseguida.


Draco Malfoy parpadeó incrédulo y echó un rápido vistazo a los datos para hacerse una idea global. El enfermero se lo tomaría a broma, pero un objeto de esas dimensiones atrapado en el colon y con los síntomas presentes era un peligro real, que si no se trataba a tiempo derivaría en una perforación y peritonitis aguda provocando muy posiblemente la muerte por asepsia. Se dio unos segundos más y entró adoptando su máscara profesional de altiva indiferencia.


—Buenas noches, yo seré su sanador; mi nombre es...


—Malfoy. —escupió Ronald.


Draco miró atónito a la comadreja, a la sangre sucia y a... ¿Potter? tapado con una sábana de cintura para abajo, recostado de lado en la camilla y temblando sudoroso. Él era el paciente. Ojos verdes febriles y asustados chocaron contra unos grises impávidos, incapaces de asimilar que quién se había metido por el culo un lomo adobado era nada más y nada menos que Potter cara rajada pobretón. Draco tragó replegando el pergamino y se acercó; sorprendido o no, el peligro era real y haría todo lo posible por ayudarle.


—Malfoy... —saludó dudosa Hermione— por favor, cada vez está peor.


—No te preocupes, Granger —observó de reojo a Harry que le esquivaba la mirada avergonzado y sin hablar—. Es tratable ¿Señor Potter? —se escuchó un quejido— Explíqueme las circunstancias y el objeto en cuestión.


—Uh, ehm...


—¿Señorita Granger? ¿Señor Weasley? —dijo sin mirarles con las manos en los bolsillos— ¿Serían tan amables de darnos privacidad?


—No.


—¿Es necesario? —cuestionó Hermione preocupada.


—Tengo que hablar a solas con el paciente e intervenirlo, es una maniobra ambulante de pronta recuperación que requerirá una noche de hospitalización, cuando terminemos lo subiremos a planta y podréis acompañarlo.


—Salid, chicos, estaré bien.


Se marcharon dando vistazos por encima del hombro y Harry tragó duro a causa de la humillación.


—Potter —El nombrado no le miró—. No requiero de explicación o motivos, solo necesito que me des detalles del objeto y cómo ocurrió.


—Va-vale...


Mientras le relataba entre balbuceos, el enfermero entró con un carrito atestado de pociones y gasas. Malfoy se aplicó un hechizo en las manos que las volvió blanquecinas y retiró la sábana. Su profesionalismo le impidió poner los ojos en blanco debido al bulto que sobresalía del abdomen.


—Te voy a colocar boca abajo.


Le administró dos pociones vía oral y puso un cojín justo bajo su pelvis para levantar el trasero sin presionar el vientre, dibujó dos figuras en el aire con su varita y la pasó por encima examinando el holograma representativo de sus intestinos.


—No-no lo volveré a hacer —lagrimeó Harry padeciendo de angustia—. No sé qué se me pasó por la cabeza...


Draco aplastó los labios preocupado por el aspecto que presentaba y se acercó al rostro del moreno.


—Ya está, Potter, no te pongas nervioso o será peor —su voz suave y grave le relajó—. Necesito que estés quietecito, las pociones empezarán a surtir efecto pronto. Tú solo cierra los ojos y piensa en otra cosa ¿Sí?


—S-sí.


Draco inspiró y miró mal a su enfermero, que retenía la risa con la mano. Se posicionó frente al trasero expuesto y aplicó un ungüento alrededor del ano inflamado, introdujo con mucha lentitud su varita previamente esterilizada y se detuvo cuando chocó con el objeto.


—Reduccio. —dijo dibujando una uve sobre la parte frontal del lomo adobado.


El objeto cárnico comenzó a encogerse y Harry jadeó de la impresión.


—¿Todo bien?


—Sí.


Draco revisó el holograma gemelo y procedió a sacarlo enganchándolo a su varita, no era aconsejable extraerlo de manera mágica debido al delicado recorrido. El lomo diminuto acabó en una palangana de metal.


—Ya está, lo peor ya ha pasado.


—Seh, gracias. —la voz pastosa de Harry le indicó que las pociones estaban en su apogeo de efectividad.


—Ahora procederemos a una inspección de tu tracto y aplicación de pociones para reducir la inflamación, irritación, posible infección o fisuras.


—Hum, lo que sea...


Draco revisó los resultados de la inspección asombrado, limpió su varita y la untó en bálsamo de Asclepias tuberosa, la introdujo con excesivo cuidado controlando el camino y restregó el ungüento sin salir de la impresión por el diámetro dilatado del ano y extensión.


"¡Joder lo que le cabe aquí dentro!"se relamió los labios y parpadeó agitado.


—Anota —se dirigió al enfermero con expresión parca—; no presenta fisuras, micro laceraciones ni abrasiones. Aplicación de la poción irritativa, desinflamante y bálsamo cada dos horas, una décima parte diluida en conductor acuoso. Paciente en ayunas hasta nuevo aviso y administración de poción laxante leve.


—Anotado.


—Potter —comprobó su piel y temperatura— ¿Sigues teniendo náuseas?


—Ñooo.


—Bien —sonrió, le apartó el flequillo sin pretenderlo y se alejó—. Voy a darte la vuelta para obtener una imagen más nítida de tu aparato digestivo y tracto anal.


—Humm. —sus ojos verdes enturbiados trataron de abrirse.


Draco lo tomó de la cintura y lo puso boca arriba con sumo cuidado, levantó su pelvis y le abrió las piernas presionando las manos en las rodillas.


"Mierda, no"


La visión y lo que le provocaba en el cuerpo rompía por completo su juramento hipocrático. Draco siempre fue profesional e imperturbable, por más simpático o atractivo que fuera el paciente. Hoy no, con Harry nunca. Tragó acalorado, desesperado por disimular su turbación sexual delante de su compañero de profesión y le revisó. La polla en reposo no estaba mal, pero ese maldito ano abierto como la cueva de un gigante salvaje podría acoger sin problemas su mano, o en su defecto cuatro dedos en fila... Como poco su polla ansiosa que despertaba oculta bajo la túnica. Lo impactante; Sin fisuras o roturas. Removió los dedos de los pies debido a la excitación y se rascó la mejilla con el brazo.


—Bien —carraspeó, se giró mirando gacho y anotó los resultados obtenidos—. Mañana por la mañana a las ocho me pasaré.


—Que aliviano... —entonó risueño Harry— ya no me duele Sabador Malfoy... Je, je, je.


Draco se mordió los labios sonrientes e inspiró.


—Vamos a mandarte a planta, solo se te permiten líquidos.


—Okiiiis —Harry le sonrió bobo y extendió el brazo pretendiendo atrapar un mechón de cabello plateado rubio— Que pelo más bonito y brillante que luces. Fuaaaa.


—Gracias. Mañana hablamos, he de irme.


—Joooo.


Draco suspiró y carraspeó mirando de reojo al enfermero que recogía todo el material. Salió de allí antes de hacer una estupidez y les informó a Granger y Weasley para que pudieran acompañar a su amigo arriba.



🙊


A las siete de la mañana Harry ya estaba preparándose para el bochorno y la humillación.


—Kreacher se encuentra estable —anunció Hermione entrando en la habitación—. Luego hablaré con los Sanadores para saber cuándo le dan el alta.


—Casi mejor que se muera.


—¿Tú crees, Harry? —le increpó mirándole inquisitiva— ¿¡Crees!? El puto lomo cinco jotas lo voy a quemar también, o te lo vuelvo a meter por el culo y empujo hasta que te salga por la boca, es que no entiendo cómo... —Harry resopló encogiéndose en la cama, su amiga no perdía la oportunidad de regañarle por la locura transitoria de masturbarse con su amado lomo— ... casi ocho centímetros de diámetro, Harry ¡OCHO! y encima irregular y duro.


—Hizo su papel-


Cortó su justificación cuando Hermione alargó el cuello y le abrió los ojos en clara advertencia.


—¡Una infección de aúpa es lo que te has ahorrado! eso y la rotura de tus intestinos con el consabido derrame...


Suspiró agotado. Tenía hambre, malestar de barriga y el ano le pulsaba. Escuchó el recorrido de los carritos del desayuno por el pasillo y gimió hambriento. En consideración a su dignidad mancillada, Ron y Hermione se callaron lo de su hospitalización al resto de conocidos, si todo evolucionaba bien, hoy o a lo sumo mañana ya le darían el alta.


A las ocho menos cinco, Malfoy entró por la puerta y les saludó, su semblante pétreo y la mirada gris inexpresiva les convenció de bajar la guardia y no estar a la defensiva por lo ocurrido.


—Potter ¿Cómo te encuentras? —se esterilizó las manos, corrió la cortina para evitar la presencia de Hermione y lo descubrió abriéndole de piernas.


—Uhm, mejor —Harry se sentía incómodo y expuesto, era su peor enemigo desde hacía demasiado tiempo—. Me molesta el vientre y me pulsa el ano por dentro, pero bien.


—Eso es normal —los ojos de Draco se clavaron en su entrepierna y bajaron a la zona perineal—. Estarás varios días con leves molestias. Te he prescrito tratamiento para una semana.


—Hum, vale. —aceptó tímido.


Sintió los dedos de Malfoy penetrar con suavidad, hurgar, barrer, acariciar las paredes y salir.


"¡Ay! joder" era raro, muy raro. Lo observó en silencio mientras pasaba la varita por su abdomen y pelvis anotando en su pergamino. Contempló curioso la imagen de su interior y las partes que Malfoy resaltaba en aumento.


—Te aplicaré el tratamiento de las ocho y te daremos el alta en cuanto estén todos los pergaminos rellenados, pasa por enfermería para recoger las pociones.


—Sí.


—Dieta líquida veinticuatro horas y después dieta blanda por siete días. Toma ahora mucha fibra y te recetaré un laxante para que vayas ligero.


—Hum. —asintió sintiendo las orejas arder.


—Está todo explicado en el informe de alta.


Harry inspiró sorprendido cuando vio la varita de Malfoy untarse por completo. Draco subió la mirada y la fijó en él sin parpadear.


—Inspira hondo y no te resistas.


—Bien.


Era extraño, incómodo y surrealista. Draco Malfoy le metía literal su varita por el culo.


—... Inspira... Expira... —susurró grave entonando una letanía inaudible — aguanta ahí... —Harry removió sin querer las piernas— quieto... —la mano izquierda de Malfoy sujetó su muslo— vale... un poco más... vas muy bien... Ya está.


La aplicación del bálsamo no era nada nuevo que no se hubiese repetido durante la noche, pero Harry no se había sentido tan extraño e inquieto en su vida. Draco se asomó sonriente y limpió la varita con una solución transparente que olía raro.


—Bien, Potter, en cuanto te den el informe podéis iros.


—Gracias a Dios. —soltó Hermione tras la cortina blanca.


—Gracias, Malfoy —evitó su mirada confuso—. Por tu discreción.


—Es mi trabajo ¿Y Potter? —ambos le prestaron atención— Cómprate un consolador más acorde, tu interior es generoso, pero no irrompible.


Harry enrojeció hasta el cuello y cabeceó respirando desacompasado.


(...)


A la una de la tarde y oliendo la maldita comida del hospital, Harry, Hermione y Ron, que se había pasado a media mañana, se acercaron a enfermería para adquirir las pociones prescritas.


—Colega, el lomo de media caña para la próxima. —se rio pese al coscorrón que recibió por parte de su novia.


—Ya estaba a media caña, no me caben cincuenta centímetros de excelso lomo adobado jabugo curado.


—¡Harry!


—Eres sibarita hasta para darte por culo. —acabó por reírse bajo la atenta mirada del personal.


—En mi culo no entra nada que no sea un macho ibérico cinco jotas.


—¡HARRY! —exclamó exasperada.


—Tranquila, he aprendido la lección.


—Más te vale.


—Lo que me escama es Malfoy... —Ron dejó de hablar divisando al susodicho que apareció como por encantamiento por el pasillo caminando hacia ellos.


—Potter —Draco guardó las manos en los bolsillos y cerró su expresión fría— ¿Lo tienes todo?


—Sí, eh, sí. —Harry pestañeó sufriendo oleadas de incomodidad y nerviosismo.


Draco carraspeó y miró a sus amigos— ¿Podría hablar a solas con Potter?


—No.


—Lo que diga Harry.


Ambos le miraron a la espera de su decisión. Harry no sabía qué hacer ¿Por qué querría Malfoy hablar en privado?


—Bien. —accedió muerto de la curiosidad.


—Pero-


—Te esperamos en la entrada principal. —acotó Hermione arrastrando a su novio ceñudo.


Harry se giró a él en actitud defensiva.


—¿Y bien?


Draco le observó a conciencia; serio, fijo y sin mover un solo músculo facial. Extrajo del bolsillo una tarjeta dorada y se la extendió con los dedos esbeltos y de pulso cirujano.


—Mi dirección actual —se inclinó aproximando su rostro, los ojos verdes de Harry se agrandaron y el aliento del rubio le barrió los labios abiertos—. Si necesitas un buen trozo de carne por el culo, envíame una lechuza y desecha el lomo adobado —el moreno parpadeó atónito—. Veintidós centímetros de longitud, cinco y medio de diámetro —Harry entreabrió más los labios— duro como una roca, caliente y suave al tacto, se moverá sin necesidad de que desgastes la muñeca, en todas las posturas que te apetezca y a un ritmo rápido y furioso —susurró lascivo—; como las ganas que tengo de follarte —se alejó alegre al comprobar que Potter le había tomado la tarjeta sin darse cuenta—. Piénsatelo.


Draco le dio la espalda sin esperar respuesta.


—Oh..