Mikoradoth El Origen De Los Héroes by Kass Dragon LC at Inkitt
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Mikoradoth El Origen de los Héroes

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Summary

✨ Historia de superhéroes juveniles. ✨ Finalizada. ✨ Reencarnaciones de almas. ✨ Drama, momentos de comedia y suspenso. Alguna vez te has preguntado ¿Cuál es el trasfondo de la decisión de un héroe o un villano para que lo sea? No me refiero a sus motivos específicos, sino al conjunto de hechos que los llevaron a tomar esa decisión, ¿No? Bueno hoy te traigo una historia que si bien no contestara esa pregunta puede ayudarte a darte una idea, ¿Cómo estoy tan segura de eso? Solo digamos que yo tuve que pasar por ese proceso y está es mi historia, la historia de ocho jóvenes que un día descubren que tienen poderes sobrenaturales gracias a que son reencarnaciones, la manera en la que lidiamos con eso y el camino que seguimos para convertirnos en héroes.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Despierten

Desde el comienzo de los tiempos la humanidad ha buscado una y otra vez un poder superior, algo que les permita estar unos por encima de otros, lograr poseer aquellos dones casi divinos y ser los únicos dueños de ellos; unos los buscan para mejorar algo en su entorno, pocos para establecer paz en su comunidad y otros para dominar a quienes en algún momento fueron sus iguales.


Cegados por esta búsqueda constante han probado una infinidad de métodos, desde los sacrificios diversos hasta la experimentación humana, demostrando en cada caso que su avaricia es tan grande como para cometer crueldades casi inhumanas con tal de tener un beneficio; sin embargo, ante los pocos resultados positivos de estos métodos la humanidad se vio orillada a la creación de ese poder mediante métodos artificiales y es entonces cuando comenzaron a aparecer las armas, diseñadas para causar tanto dolor y destrucción como fuera posible, las armas terminaban siendo una más destructiva que la anterior, demostrando de esa manera que la humanidad no está lista para conseguir el poder que tan desesperadamente anhela.


Pero de vez en cuando aparecen algunas personas que por motivos desconocidos llegan a poseer estos dones sin un objetivo específico, algunos nacen con ellos, otros los desarrollan mediante una serie de eventos peculiares, pero sea cual sea el origen de esos poderes es en esos extraños casos que se originan los tan alabados e idolatrados héroes.


Pero aquí la pregunta verdadera es... ¿Cómo sabemos que esos héroes son la respuesta a la búsqueda de poder de la humanidad? ¿Qué nos asegura que no abusaran de su poder para generar el caos? ¿Cómo puede saber un héroe lo que se supone debe hacer un héroe? ¿Cómo esperamos que sepan estas personas la diferencia real entre ser un héroe y un villano? ¿Podríamos culparlos si eligieran la opción que es aparentemente equivocada?

Bueno, no tengo en este momento las respuestas a esas preguntas y no sé si algún día las tendré, pues hasta cierto punto he dejado de buscarlas desde hace un tiempo; pero si tengo una historia que quizá te ayude a entenderlas, pues yo soy parte de esos chicos que tuvieron que crecer para ser héroes y esta es nuestra historia.




~ Año 2018, Cuautla, Morelos~


La escuela preparatoria oficial de Cuautla siempre se había enorgullecido de ser una escuela de renombre y en dónde la educación, respeto y tolerancia eran los pilares de su funcionamiento. Sin embargo, quién estudiará en ella podía saber que en las aulas de esta institución eso no era exactamente cierto, pues no era raro pasear por los pasillos y ver grupos sin profesores, maestros que usaban sus 40 minutos de clase para quejarse del sistema sin tener intenciones de cambiar algo, quizá algún docente que en lugar de dar explicaciones sobre los temas establecidos en el programa escolar pensaba que dar clases era ir a terapia y usaba a los grupos para contarles las tragedias de sus vidas o simplemente un salón vacío donde las mochilas era lo único que mostraba que en ese lugar había un grupo; de vez en cuando uno que otro salón estaba en clase pero era básicamente uno por piso y muchas veces ni eso. De esta manera los días de cada estudiante de está honorable institución eran hasta cierto punto libres en lugar de llenos de tareas y trabajos como se esperaría. Desgraciadamente algunos de los conflictos de este sistema es que los estudiantes perdían el interés por seguir estudiando después de la preparatoria o muchas veces sin siquiera terminarla, contribuyendo de esta forma al número de personas mediocres en el mundo; adicional a esto el acoso escolar y las agresiones a quienes encajaban en el papel de presa eran algo diario.


En el salón del grupo 2°F la clase de filosofía estaba a momentos de iniciar, los estudiantes se encontraban dentro del salón, algunos reunidos con sus grupos de amigos, otros en sus respectivos lugares terminando a toda velocidad la tarea que les dejaron la semana pasada y otros más durmiendo en lo que llegaba el profesor que en ese momento se encontraba entrando al aula.


El profesor Armando Fernández era el encargado de impartir esa materia, quienes en algún momento fueron sus alumnos podían describirlo como un demonio encarnado en maestro de preparatoria, sus exámenes eran uno de los mayores terrores de cualquiera que tomara su materia, sus trabajos tenían que ser al menos perfectos para acercarse a la calificación mínima y el error más pequeño podía significar que terminarías haciendo un examen extraordinario para pasar la materia; era de los pocos docentes que nunca faltaba a clases, tenía una puntualidad impecable y siempre conseguía terminar el temario de su materia antes de las evaluaciones finales y aunque explicaba bien los temas, era normal que en cada ocasión que había clase los estudiantes salían con dolor de cabeza, pues no solo les explicaba los temas, sino que los obligaba a analizarlos; pero el peor error que podría cometer cualquiera era hablar en su clase, moverse o comer, con que escuchará el mínimo ruido de una envoltura, un papelito con un mensaje absurdo o un comentario que no tenía que ver con la clase, el responsable recibiría una helada mirada seguido de un inflexible castigo que le haría arrepentirse hasta de lo que no había dicho, no era necesario decirle nada al estudiante antes de asignar el castigo, la simple mirada decía todo.


Así que cuando el profesor entro al aula fue cuestión de segundos para que todos los estudiantes estuvieran en su lugar con sus cuadernos y antologías listos para los cuarenta minutos de terror a los que se someterían. Se escuchó un único y sonoro "buenos días " mientras el profesor dejaba en el escritorio su portafolio y sacaba un plumón para comenzar a explicar el tema de ese día. La clase aparentemente era tranquila, aunque en el aire se sentía el terror de los alumnos a cometer el mínimo error.


Aunque como en todo grupo de personas, nunca falta aquel individuo que ese día despertó con ganas de morir o al menos de sufrir un mal rato, en este caso se trataba de un estudiante sentado al fondo llamado Raúl González, les sugiero recordar muy bien ese nombre y su molesta actitud cretina y patanezca de creerse la octava maravilla del mundo o como dirían algunas chicas "la última coca del desierto", así como su pésimo gusto para peinarse como un chico malo pese a que sus dos centímetros de cabello no le alcanzaban para lograrlo, en fin, ese es Raúl González, el único estudiante que se le ocurrió levantarse a mitad de la clase para estirarse llamando la atención del profesor.


— ¿Sucede algo González? — preguntó seriamente al ver qué el adolescente no volvía a sentarse.


— Nada profe, es que me quería estirar porque ya me aburrí de su clase— explicó con total cinismo el chico, ganando la mirada enojada del profesor.


— La puerta está abierta González, le sugiero que si la clase le parece demasiado aburrida salga de ella para no molestar a sus compañeros— señalando la puerta.


— No, así está bien profesor, solo quería estirarme— se volvió a sentar tras terminar su estiramiento.


— Bien, en vista de que a su compañero González la clase le parece aburrida e irrelevante, de tarea todo el grupo tiene que leer de la página dieciocho a la treinta y dos para hacer un análisis detallado de cada punto establecido en ellas, todo esto lo quiero a mano para mañana— cerró su portafolio al ver que a la clase le quedaban unos diez minutos antes de terminar.


Las quejas de los demás estudiantes no tardaron en aparecer, nadie entendía el motivo de que todo el grupo tuviera que pagar por la irresponsabilidad de uno de ellos.


— Con todo respeto profesor, no me parece justo que haga esto, el grupo no debería pagar por las acciones de un compañero— Comento una estudiante de cabello castaña sentada en el costado derecho del salón.


— Justicia, ese término es tan relativo, pero, si lo que quieren es verdadera justicia está bien, decidamos por democracia— Dijo el profesor aprovechando que ese era el tema que acababan de ver— Hacen todos el doble del trabajo que acabo de asignar o expulso a González definitivamente de la clase ¿Qué deciden?


Nadie en el salón dijo nada, ninguno de los estudiantes se atrevía a hacerlo; por un lado ninguno quería hacer ese trabajo que consideraban exagerado para la situación, pero por el otro la simple idea de que ellos decidieran la expulsión de un compañero con respecto a la clase les parecía impensable.


— Yo voto por expulsarlo, no deberíamos pagar por su culpa— Anunció un chico de cabellos negros sentado detrás de la castaña.


— Voto por expulsarlo— Al otro lado del salón el gemelo de la castaña levanto la mano anunciando su voto.


— Voto por la tarea— Dijo una chica rubia de estatura baja y ojos azules.


— Voto por la tarea— Otra chica sentada junto a la rubia secundo su opinión.


— La tarea me parece una buena opción— Comentó un chico de lentes cuadrados sentado junto al pelinegro.


Poco a poco cada uno de los alumnos fue dando su voto, la mayoría prefería no tomar una decisión específica ya que no quería cargar con la culpa del castigo aplicado, por lo que únicamente contestaban con cosas como "lo que diga la mayoría" o "usted decida". Al cabo de seis minutos en los que Raúl observaba todo con una sonrisa confiada, los votos estaban en un empate, seis elegían la tarea y seis la expulsión del chico, los demás preferían que otros decidieran; el profesor se acercó al único estudiante que había decidido no votar, un chico de cabello chino, bajito y con lentes de botella sentado al fondo del salón.


— Y bien señor Hernández, ¿Qué opción le parece mejor? — la mirada helada asustó al chico que comenzó a balbucear cosas tratando de dar una respuesta coherente.


— Creo que.... Elijo la expulsión — Dijo en voz baja y dudosa.


— ¿Cree?


— Si, yo... ¿Creo que es mejor la expulsión? — balbuceó.


— ¿Me está preguntando o me está diciendo?


— Yo...


— Deme su respuesta ahora Hernández, quisiera que se tomará está decisión antes de terminar la clase— El profesor puso una mano sobre el escritorio asustando más al chico.


— Expulsión — Trato de sonar seguro, aunque no lo estaba.


El profesor no dijo nada y volvió al frente del salón, miro a todos molesto y borro lo del pizarrón.


— Somos seres humanos independientes, nuestras decisiones siempre van a llevar consecuencias y nuestra responsabilidad y obligación es cargar con esas consecuencias sin importar lo que pase— la tensión en el aula era tanta que podría ser cortada con un cuchillo viejo y oxidado— Y pretender que esas consecuencias no sean nuestra culpa es cobardía, pero hasta eso se paga— Saco una lista y comenzó a hacer una marca junto a algunos nombres— Así como el valor se premia, por lo tanto, las trece personas que tuvieron el valor de emitir un voto seguro en base a las dos opciones proporcionadas y estuvieron dispuestas a cargar con la consecuencia de las mismas no tienen que hacer el trabajo que dejé— comenzaron algunos murmullos que con una mirada fueron callados— el joven González queda expulsado definitivamente de mi clase, en un momento pasaré a dirección a avisar que está reprobado en mi materia y le sugiero estudiar bastante porque seré yo quien aplique los exámenes extraordinarios y le aseguro González que no le será fácil pasarlo si sigue con esa arrogante actitud — el chico estuvo a punto de protestar por la decisión tomada pero fue callado de inmediato– mientras que los otros veinticinco estudiantes que pensaron que era buena idea dejarle la decisión de este castigo a otros, van a hacer el trabajo que pedí para la siguiente clase que es el viernes, quién decida que no debe cumplir con esto o piense que es buena idea no hacerlo, le sugiero que tampoco se presente a la clase y estudie para el extraordinario.


Nadie se atrevió a discutir por temor a que el castigo empeorará, ninguno deseaba ser parte del castigo de Raúl o tener un destino peor; sin embargo, internamente cada uno de los estudiantes se estaba lamentando y quejando por las medidas que tomo el docente. Mientras que el profesor simplemente de despidió y salió del salón permitiendo a los estudiantes que fueran a su receso.


Raúl molesto por el castigo del profesor pensó en ir a reclamarle, sin embargo, sabía que no serviría hacerlo pues ese profesor nunca modificaba los castigos que aplicaba y nadie lograba convencerlo de hacer algo distinto. Así que necesitaba desquitar su furia y que mejor que con el chico de lentes que había dado el voto decisivo para su expulsión de la clase.


Acompañado por sus dos amigos se acercaron al asiento del chico de lentes y cabello chino.


— ¿Qué carajos te pasa por la cabeza gusano? ¿Por qué no votaste por la tarea? — estaba claramente molesto y su presa lo notaba.


— Perdón Raúl, es que el profesor me puso nervioso y...


— ¡No me interesan tus patéticas excusas! ¡Por tu maldita culpa me expulsaron de la clase! — tomo al chico de lentes de la playera para obligarlo a levantarse mientras que esté busco con la mirada a alguien que le ayudará, pero para su desventaja los alumnos que quedaban en el aula ignoraban la situación temerosos de meterse en el camino del agresor.


— Lo siento, de verdad lo siento, me equivoqué— balbuceó asustado cubriendo su rostro para protegerse del golpe que estaba preparando el otro.


Pero el golpe nunca llegó.


— Si te expulsaron fue por tu propia culpa y sería ridículo de tu parte pensar que los demás queríamos pagar por tus tonterías— la chica castaña detenía el puño del agresor dándole la espalda al chico de lentes.


— No te metas Phoenix, mi bronca no es contigo— amenazó furioso liberando su puño y apretando el agarre de su víctima.


— Pero yo si tengo un conflicto con que quieras golpearlo a él— ella no se movió quedando entre ambos mientras mantenía sus brazos cruzados— así que suéltalo.


— Quítate Phoenix, no quiero golpear a una chica.


— Y a mí no me importa tener que golpearte para que lo sueltes.


Tuvieron un intercambio de miradas que duró segundos, aunque para el pobre chico de lentes duro una eternidad antes de que Raúl lo soltara.


— Luego me las pagarás maldito imbécil cuatro ojos— su tono era amenazante y acto seguido salieron del salón.


—¡Kaida! ¿Dónde estabas? — el chico pelinegro entro corriendo al salón seguido por el de lentes cuadrados que trataba de alcanzarlo.


— Hola chicos, estaba ayudando a.... A este tipo— comentó tranquilamente mientras sonreía y señalaba al chico de cabello chino.


Kaida Phoenix es una estudiante reconocida por su extravagancia y sus buenas notas, ganándose el reconocimiento tanto de estudiantes como de profesores por ser una de las mejores del salón; a pesar de eso tenía la mala costumbre de meterse en problemas constantemente, aunque siempre lo hacía por razones justas.


— Ah, ya entiendo... Al menos avisa Kai, de repente solo desapareciste — dijo sonriendo el chico de cabellos negros.


— Perdón Dominik, es que vi de reojo la situación y no me dio tiempo de avisarles, unos segundos más tarde y este tipo habría sido golpeado.


El pelinegro era Dominik Wolfgang, un chico peculiar en cuanto a que era amigable con cualquiera que se pusiera enfrente, pero cuidado con meterte con alguna persona que le importe porque con esa sonrisa amigable podría romperte uno o dos huesos sin preocupación.


— Tú siempre metiéndote en problemas Kai, ¡Un día de estos tú y Dom van a sacarme de quicio! — Se quejó el de lentes cuadrados.


— Vamos Jacob, no es tan grave, además no pasó nada— Dominik le revolvió el cabello restándole importancia al comentario del chico.


Jacob Lopoldie se podría decir que es el más tranquilo de ese peculiar grupo, con aspiraciones a ser un gran músico es el que mejor ayudaba a mantener la paz en situaciones que podrían ser riesgosas para los otros dos.


— Exactamente Jacob, además no es como que necesite ayuda para encargarme de esos tipos— Kaida comenzó a picar el estómago del otro para hacerlo sonreír.


— Como sea, ¿Estás bien Jasper? — Le pregunto al chico de cabellos chinos.


Jasper Hernández era ese típico alumno que nadie tomaba en cuenta, siempre se sentaba hasta atrás y aunque es bastante analítico e ingenioso, realmente no resaltaba mucho y de hecho no tenía buenas habilidades para socializar por lo que siempre lo podían encontrar en su lugar leyendo algún cómic o viendo anime en su celular.


— Si, gracias — comento incómodo, pero en el fondo estaba agradecido de la llegada de la chica para evitar que terminara golpeado.


— Me alegro, ahora deberíamos volver a la cafetería, Caroll se quedó allá esperándonos — comento preocupado del regaño que seguramente recibirían de la rubia por haberla dejado sola, aunque internamente estaba seguro de que cuando llegaran estaría hablando con alguna persona que conocía de una manera u otra.


— Cierto, además de que si no nos apuramos ya no habrá pizza— la castaña comenzó a caminar a la salida del aula pensando encontrar alguna rebanada de esa deliciosa comida.


— No puedes subsistir de pizza Kai, debes comer otra cosa de vez en cuando o te enfermaras.


— Oh vamos Jacob, seguro que no pasa nada si Kai come pizza a diario— notó que Jasper se sentaba de nuevo en su lugar y sacaba sus audífonos— ¡Oye! ¡Jasper! ¿Por qué no vienes con nosotros?


— ¿Yo? Este... No gracias, digo... No creo que les agrade— estaba confundido por la invitación, se había acostumbrado a que nunca lo invitaban a nada.


—Vamos, si te estamos invitando es por algo ¿No? Ven con nosotros Jasper— energéticamente el pelinegro tomó del brazo al más bajito.


— Además no es lindo comer solo— Añadió el azabache de lentes para convencer al chico.


Jasper lo pensó seriamente varios segundos, había visto a esos chicos antes pues llevaban dos años en el mismo grupo y sabía que eran unos escandalosos, pero una pequeña parte de él quería formar parte de algo así, aunque otra tenía miedo de no lograr encajar; sin embargo, ahí estaban invitándolo a pasar el receso con ellos— Está bien, me gusta la idea— tímidamente se levantó de su lugar y siguió a los chicos a la cafetería de la escuela.


Durante el pequeño tramo del salón a la cafetería pudo escuchar a Kaida y Jacob discutiendo sobre las ventajas y desventajas de almorzar pizza todos los días mientras que Dominik simplemente sonreía y aportaba detalles curiosos a la situación ayudando a sacar de quicio al de lentes.


La cafetería escolar era un lugar bastante frecuentado por estudiantes, ofrecía una amplia variedad de alimentos, desde dulces, galletas, papitas y otras cosas de comida chatarra empaquetada; hasta comidas preparadas como pizza, a veces sushi, tacos diversos, cereales, frutas picadas, ensaladas, entre otras. Por lo tanto, era un lugar que en la hora de receso se encontraba lleno debido a la gran cantidad de alumnos que querían conseguir comida y pasar un buen rato con sus amistades en alguna de las mesas.


Al llegar Dominik comenzó a buscar con la mirada a su amiga rubia que se encontraba en una mesa al fondo platicando con un chico de cabellos largos; ninguno se sorprendió al ver esto pues sabían que la chica era bastante sociable y básicamente tenía un conocimiento enciclopédico sobre cada estudiante de la escuela.


— Hemos vuelto, perdón por la tardanza— Anunció Jacob sentándose en una de las sillas libres, al verlos llegar el otro chico se fue despidiéndose de la rubia.


— Hasta que se dignan a aparecer, comenzaba a pensar que me habían abandonado aquí— se quedó la rubia viéndolos molesta.


— Perdón Carol, fue mi culpa, regrese al salón a hacer unas cosas— explico Kaida buscando con la mirada el puesto de pizza.


Carolina Mendoza era una chica tierna, dulce y amigable, sabía cómo llevarse bien con todos y podría decirse que era de las chicas más conocidas de la escuela, aunque si se enojaba con alguien era mejor alejarse pues bajo esa capa de ternura que muestra, ella podía ser una fiera; sin embargo también es cierto que, aunque casi nadie entendía que hacía con ese peculiar grupo de amigos, ella se sentía a gusto con ellos y les tenía un gran aprecio.


— Al menos avísanos, solo desapareciste Kai, eso no se hace— contestó la chica con el ceño fruncido, en eso miro a Jasper parado junto a la mesa— Oh, hola Jasper, que curioso verte en la cafetería.


— Hola Carolina.


— Ven, siéntate Jas— Dom le señaló la silla vacía junto a Jacob y miro a Carol— Lo invite a sentarse con nosotros después de que Kai lo ayudo para que Raúl no le pegará, por cierto, ¿Por qué quería pegarte? — le pregunto al chico con curiosidad.


— Es que.... Siente que es mi culpa que lo expulsaran de la clase y en cierto modo yo también lo creo, quizá si hubiera votado por la tarea no lo hubieran expulsado— contestó mirando su sandwichera de Superman.


— No es tu culpa, ese idiota se lo merecía y nosotros no teníamos que pagar por sus tonterías— comento Kaida sentándose en una de las sillas y suspirando de tristeza por no conseguir su pizza diaria.


— Es cierto Kai, pero siento que expulsarlo fue demasiado por parte del profesor.


— No lo sé Jacob, quizá fue lo mejor— Comento Dominik revisando su celular.


— ¿De verdad lo piensas Dom?


— Si, las personas deben pagar por sus acciones y básicamente toda la escuela sabe que el profesor Armando es de cuidado, así que el hecho de que Raúl lo retará así fue idiota de su parte.


Jacob analizó lo que había dicho el pelinegro, en cierta forma era verdad, pero eso no quitaba que la reacción del profesor había sido desproporcionada para la falta que cometió el chico.


— Pues, a falta de pizza voy por homicidios — Kaida se levantó dejando de lado la conversación, ella tenía su propia opinión respecto a lo ocurrido y era que ni valía la pena dedicarle tiempo a un asunto como ese, después de todo la cosa era simple: Raúl cometió un error y pago por él, fin.


— ¿Homicidios? — Jasper miró confundido a la chica y con cierto temor por lo que había dicho.


— Tranquilo Jasper, son gomitas— Carol calmó al chico explicando a lo que se referían su amiga.


— ¿Por qué les...


— No preguntes Jasper, les llama así desde que la conocemos y seguimos sin entenderlo— Jacob se levantó para acompañar a la chica y de paso comprar algo para él.


— ¿Entiendo?


— ¿Quieren alguna cosa? — ofreció la castaña.


— No gracias Kai, vayan con cuidado.


— No sé porque les dices eso Carol, no es como si fueran a correr peligro de aquí hasta donde están los dulces— Dom miro curioso a la chica mientras los otros dos de iban a comprar.


— Porque Kai tiene una extraña costumbre de meterse en problemas por cualquier cosa y Jacob suele tener varios... Accidentes con la naturaleza.


— ¿De verdad se mete en tantos problemas? Digo, siempre me pareció alguien que no lo hace— comentó Jasper pensativo, nunca había visto que alguno de los de ese grupo de chicos se metiera en problemas, aunque bueno, no es como si él se enterara de las broncas de otros o de alguna noticia importante.


— Créeme, tiene un carácter complicado y es bastante impulsiva.


— Pero eso es genial ¿No Carol? ¡Así la vida de Kai no es aburrida!


— Tú ni opines Dom, que también tienes esa tendencia a meterte en broncas— Carol lo miró sería haciendo que el chico se calmara un poco sin quitar su sonrisa.


Kaida y Jacob regresaron hablando de alguna tontería sin sentido y discutiendo levemente para defender cada uno su punto de vista, al llegar a la mesa metieron a los demás en su discusión y así pasaron el resto del receso como si nada; Jasper observó curioso a todos y pensó que de verdad estaba equivocado, siempre que los veía en clases pensaba que eran completamente diferentes cuando en realidad eran bastante agradables.


Al terminar el receso tuvieron que ir a su salón para la siguiente clase, en el camino se toparon con el gemelo de Kaida, quién tomo a su hermana del brazo y la jaló lejos de los demás sin que estos lo notarán.


— Oigan, ¿Y Kaida? — preguntó Carol al entrar el salón y notar la obvia ausencia de la chica.


— ¡Carajo! ¡Lo hizo de nuevo! — Jacob se acercó a la puerta para asomarse y buscarla con la mirada.


— Te apuesto dos a que regresa con un golpe y enojada— Dijo Dom al aire.


— ¡Dom! ¡No deberías decir eso! — Lo regaño Carol mientras veía a Jacob sentarse con expresión seria.


Mientras tanto los gemelos estaban en las escaleras del edificio, Kaida se soltó del agarre de su hermano. Que la miraba enojado con algo de preocupación.


— ¿Se puede saber qué te pasa? — pregunto molesta por la forma en que su hermano la había alejado de los demás.


— No te metas en broncas con Raúl— Le advirtió molesto.


— ¿Qué? ¿Es enserio Dorian? — se molestó al escuchar a su hermano, no daba crédito a lo que decía.


Dorian Phoenix, el hermano gemelo de Kaida era un estudiante destacado por evitar los problemas y sus altas calificaciones, sin embargo, muchos lo conocían por su pésimo humor que lograba alejar a muchos, sin embargo, quienes llegaban a conocerlo mejor sabían que podía ser un chico agradable que se preocupaba por quienes quería, entre ellos su hermana gemela que en este momento lo miraba furiosa.


— No empieces Kaida, te lo digo por tu bien.


— Pues no me interesa, ¿Acaso te dijo tu amigo el motivo de que me metiera? ¡Obviamente no!


— Kaida, no lo digo por molestarte, aunque lo pienses, es para cuidarte tonta, Raúl puede ser peligroso.


— Pues no le tengo miedo— se dio la media vuelta dispuesta a ir a clase.


— Kaida, por favor, no es cosa de que tengas o no miedo, sino de que es peligroso— Dorian trataba de mantener su paciencia, pero con la actitud de su gemela las cosas se complicaban, y es que chico había hablado con Raúl antes y este le dijo lo ocurrido en el aula y la intervención de su gemela en su conflicto con Jasper.


— Si es tan peligroso deberías comenzar por alejarte tú de él— Kaida miro de nuevo a su hermano.


— Ya hemos hablado de esto.


— Si, hemos hablado de que te gusta juntarte con un maldito bully, ese tipo busca agredir a otros por cualquier cosa y a la que le pides que se calme es a mi ¡Bravo!— su tono sarcástico daba a entender que todo el asunto le molestaba, a pesar de que trataba de ser comprensiva no entendía el motivo de que su hermano se juntara con esa bola de idiotas, sobre todo porque su hermano sabía lo que era ser una presa.


— Kaida, no es tan simple— fue su única respuesta antes de que su gemela se molestará y fuera de regreso al salón que se encontraba casi vacío exceptuando a sus amigos que platicaban en su lugar.


— ¡Kai! ¿Dónde estabas? — Carol se acercó a ella para ver qué no se hubiera metido en otro problema durante su desaparición.


— Perdón, fui a comprar dulces— se sentó en su lugar y saco su cuaderno para comenzar a hacer garabatos aleatorios.


—¿Dulces? ¿Y dónde están? — Dom se acercó a su lugar para ver sus garabatos.


— Me los comí.


— ¿En serio? ¿Y la envoltura?


— La tiré.


— ¿Y por qué pareces enojada?


— Porque sí.


— ¿Acaso discutiste con alguien?


— No.


— Dom, basta— Jacob observó como la chica comenzó a trazar más fuerte marcando la hoja, una clara señal de que se estaba enojando.


— ¿Por qué Jacob? Solo tengo curiosidad por lo que dice Kai— Contestó tranquilamente con su típica sonrisa.


— Si, pero a veces no hay que insistir amigo.


Un estudiante X entro al salón y grito que la clase había terminado porque el profesor en turno no asistiría, así que todos podían irse a casa.


— No vemos mañana— Kai guardo sus cosas de forma descuidada y salió del salón.


Jacob, Dom y Carol intercambiaron una mirada confundida antes de que el más hiperactivo de los tres saliera corriendo tras la castaña y los otros dos se llevaron las mochilas.


— ¿Vienes Jasper? — Carol miro al chico antes de que salieran.


— Yo, este, no gracias chicos... Vienen por mi— Contestó calmado— Además parece que tienen que hablar con Kaida.


— Entendido, entonces ¡nos vemos mañana Jasper! — ambos chicos salieron del salón,


Comenzaron a bajar las escaleras y en ese momento escucharon algo parecido a una explosión y antes de reaccionar ambos sintieron algo raro, fue como si algo los atravesará separando sus almas de sus cuerpos en cuestión de segundos y el tiempo a su alrededor se detuvo unos instantes.


Al tratar de mirar a Carol Jacob descubrió que todo estaba vacío, era como si todo su entorno hubiera sido cubierto por un manto blanco haciendo que todo pareciera opaco; trato de caminar para buscar a su amiga mientras comenzaba a ponerse nervioso, pero su cuerpo estaba paralizado, de repente lo invadió una gran calma y frente a él areció una entidad brillante, algo parecido a un ángel, pero con orejas de algún canino que lo observaba de forma tranquilizadora.


Mientras que con Carol se espantó al ver todo cubierto de nieve, no entendía el motivo de eso, pues en su corta vida nunca había visto nieve real, intento extender su mano para tomar un copo de nieve que caía, pero al hacerlo no sintió nada, ni percibió que hubiera algún movimiento; entonces todo se cubrió de llamas y de entre estás apareció una especie de conejo gigante envuelto en llamas que la observó curiosa.


Mientras tanto, segundos antes de ese extraño suceso, Kaida salió de la escuela fastidiada por la actitud de Dorian respecto a sus acciones, no entendía el motivo de que su gemelo le pidiera a ella calmarse en lugar de decirle a su "amigo" que no acosara a otros.


— ¡Kai! ¡Espera! — Dominik alcanzo a la chica que al estar tan metida en sus pensamientos no sintió cuando se acercó el pelinegro sonriente.


— Oh, hola Dom— lo saludo con tranquilidad, aunque se encontraba furiosa.


— ¿Todo bien? Es que te fuiste sola y generalmente nos vamos juntos o te vas con Dorian.


— Si, no pasa nada Dom, tranquilo— sonrió para reforzar su comentario.


— Miren a quien tenemos aquí, el payaso del salón y la niña vampiro— Raúl llegó acompañado de dos amigos y Dorian al fondo que miraba a su hermana deseando que no hiciera algo imprudente.


— Hola Raúl, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar estudiando para el extraordinario? — pregunto Jacob tranquilamente.


— Primero vengo a devolver un favor— miró a Kaida y está le devolvió la mirada con enojo— Y a agradecerte Kaida por hacerme ver qué no debía golpear a Jasper sino a otra persona por mi expulsión.


— Raúl, esto no es lo que dijiste— murmuró Dorian seriamente.


— Tranquilo Dori, no le haré nada a tu hermanita siempre que ella coopere— se acercó a Kaida que se cruzó de brazos mientras que Don miraba curioso a los demás esperando su primer movimiento— Discúlpate— ordenó haciendo que la gemela soltara una carcajada seca y lo mirara molesta.


— ¿Qué? ¿Tú quieres que me disculpe? — Kaida sonrió burlona, la idea de ese chico le parecía poco más que ridícula, ella no tenía nada porque disculparse y menos con ese tipo.


— ¿Qué te parece gracioso? Por tu culpa me expulsaron de la clase, si te hubieras quedado callada nada de esto hubiera pasado— puso una mano en el hombro de la chica y presionó levemente— Así que discúlpate y olvidaré todo.


— ¿Estás loco? Si te expulsaron es tu culpa amigo, no culpes a Kai de eso— dijo Dom confundido ante la petición del otro.


— Está bien, pero antes tengo algo que decirte— Kaida llamó la atención de todos, Dom no creía que su amiga cumpliría con la demanda del otro, Dorian deseaba que solo no empeorará las cosas y Raúl sonrió más al escuchar que la gemela lo haría; mientras que Kai sonrió con superioridad y se acercó al chico— Jo-de-te— acto seguido lo obligó a soltarla y dio media vuelta murmurándole a Dom que se fueran, este último con una sonrisa por la respuesta.


Raúl furioso por la respuesta de la gemela le indico a uno de sus amigos que la detuvieran, pero Dorian intervino diciendo que él lo haría y se acercó a su hermana para tomarla de la muñeca.


— Kaida, esto no es juego, discúlpate ahora— pidió seriamente ganando la molesta mirada de la chica.


— No lo haré Dorian, no porque todos le teman y lo traten como un rey significa que le haré caso en tonterías— bruscamente se soltó del agarre de su hermano.


— Kaida por favor, considera que no estás sola y no estamos en la escuela sino fuera de ella— trato de razonar con ella, pero no tenía caso, su hermana era muy terca y aunque solía admirar esa cualidad de ella en ese momento deseaba que no lo fuera.


— Ya dije que no Dorian.


— Vamos Dorian, no esperas de verdad que tú hermana haga eso ¿Cierto? — intervino Dom confundido, si no fuera porque había convivido antes con el gemelo podría jurar que esté tenía miedo.


— Bien Dorian, si tú hermana no coopera tendremos que tratarla como a los demás para que entienda quien manda— Raúl se acercó seguido de sus amigos dispuestos a golpear a la chica y quizá a Dom si se metía.


— Yo lo haré, no se metan— en un acto desesperado Dorian accedió a ser él quien golpeara a su hermana en lugar de los otros, sabía que Kaida posiblemente lo odiara por esto, pero al menos así podría asegurarse de que ella no saliera herida de gravedad.


— ¿Es en serio Dorian? — sin entender a su hermano Kaida se cruzó de brazos molesta.


— Por favor solo discúlpate— pidió una última vez poniéndose en posición de combate.


— Que se joda— Kaida de puso en pose ofensiva mientras Dominik miraba curioso sabiendo que si se metía su amiga se molestaría, así que solo observaría todo.


Dorian no quería ser el primero en atacar y conociendo a su hermana sabía que ella tampoco lo haría en base a su regla más importante "nunca inicies una pelea, pero siempre termínala", así que debía hacer algo para provocarla.


— ¡Eres una idiota Kaida! ¡Deja de actuar como si fueras la mejor! ¡Nunca me ganarás en una pelea! ¡Siempre haces lo mismo! ¡Estoy cansado de ti idiota! — Le grito a su hermana deseando que está entendiera el mensaje que le mandaba.


— ¡Cállate maldito! — Kai se acercó a su hermano para darle un golpe en el estómago con gran fuerza murmurando un ok discreto.


Dorian al recibir el golpe reacciono aventando a su hermana al suelo para comenzar a golpearla en dirección al rostro, golpes que la chica bloqueo con sus brazos antes de patearlo en el costado para invertir los papeles y comenzar a darle diversos puñetazos que el chico recibía a veces y bloqueaba en otras.


Al ver qué la chica golpeaba a su hermano uno de los chicos se acercó a ella con intenciones de meterse y jugar sucio, acto a lo que Dom se acercó para detenerlo tomándolo con fuerza del hombro.


— O terminan con ella uno a la vez o se largan de aquí— Aunque su sonrisa era alegre si tono demostraba que estaba molesto por la intervención.


— ¿Acaso también quieres pelea payaso? — lo amenazó el chico burlón.


— Suena interesante— le dio un golpe en el rostro antes de tirarlo al suelo donde comenzó a golpearlo repetidas veces mientras el chico trataba de detenerlo.


En ese momento escucharon el mismo estallido que Carol y Jacob, al igual que ellos Dominik, Kaida y Dorian sintieron como si algo los atravesará y separara su alma del cuerpo, a su alrededor todo adquirió una palidez peculiar y sintieron sus cuerpos entumidos.


Por un momento Dorian pensó que se había desmayado pero no había motivo para que así fuera, además todo su entorno estaba paralizado y al tratar de llamar a su gemela su voz sonaba lejana; todo parecía como cubierto por luz y frente a él apareció una entidad, parecía un dragón tan brillante que era difícil definir su forma entre tanta luz, trato de acercar la mano a este pero pese a verse cerca estaba tan alejado que no lo alcanzaba.


Kaida sorprendida por lo que pasaba trato de llamar a su hermano o a Dom, ya no escuchaba los golpes y risas de su amigo, así como no sentía el peso de su hermano golpeandola ni la sangre que salía de su labio, todo a su alrededor parecía tan lúgubre que no reconocía el lugar a pesar de que su mente le gritaba que seguía fuera de la escuela; frente a ella una entidad de sombras parecida a un dragón la observaba con sus brillantes ojos y ella maravillada trato de tocarlo sin tener éxito alguno.


Mientras tanto Dom sentía una desesperación asfixiante, a su alrededor todo estaba en tanto silencio que ni sus pensamientos se escuchaban, trato de gritar para llamar a alguien pero su voz no sonaba, intento rasguñarse como siempre que comenzaba a desesperarse pero no sentía absolutamente nada, era como si hubiera muerto aunque sabía que era imposible; su entorno estaba cubierto de un rojo profundo que solo ayudaba a estresar más al chico y de entre todo pudo distinguir una entidad, un lobo sentado con elegancia que lo admiraba a la distancia con esos calculadores ojos llenándolo de una especie de incertidumbre.


En ese extraño momento conformado por apenas unas décimas de segundos que parecieron una eternidad los cinco chicos escucharon dentro de su trance una voz cálida que les decía que despertarán pues era hora, después regresaron de golpe a la realidad.


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