Little Red Riding Hood

Summary

SeokJin solo tenía que ir a dejarle la comida a su abuelo, ¿Qué podría pasar? - SeokJin Bottom. YoonGi, JungKook, NamJoon Top's. - Contenido +18 - Boy pussy, Boy tits. - Incesto. - Híbridos. - Relaciones entre mayores y un menor. - Si no te gusta, no me jodas que es solo ficción, no busco normalizar ni romantisar esto, tampoco busco ofender a algún artista. - No copias ni adaptaciones sin mi permiso.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

I/III

Un lindo pelinegro de ojos verdes caminaba sin preocupaciones hacia la casa de su abuelo, su madre le había dicho que le llevara unas cosas, y él, con mucho gusto aceptaba.


Le encantaba ir donde su abuelo, no era tan viejo, pero era demasiado perezoso como para ir a comprar víveres, entonces su madre se los enviaba.


Su abuelo únicamente tenía una que otra cana blanca en su cabello oscuro y desordenado. Tuvieron a su madre de joven, entonces él lo era, no como los otros viejitos del pueblo.


Los ojos serios y fríos de su abuelo, los recordaba a la perfección, junto con esos labios finos y sin mucho brillo, pero que cuando sonreía, era la cosa más linda del mundo.


Sinceramente.. Su abuelo le atraía, sonaba enfermo y todo lo que dijeran pero.. Diablos, el hombre era guapo, y estaba bien en cuerpo para él. Tenía justo el tipo de cuerpo que a él le gustaba.


Tomó el camino largo que le había dicho su mamá que tomara, no le gustaba ya que se tardaba más en llegar a la casa de ese hombre perezoso, pero no podía tomar el camino corto, ya que era demasiado peligroso por ahí, uno de sus amigos pasó por ahí una vez, y... El pobre volvió traumado, hasta ahora el pobre aún no lo superaba.


Por lo tanto... Solo quedaba el camino largo.


Estuvo caminando por un largo rato, mirando su alrededor, sinceramente, ese día estaba bastante lindo, no había un calor infernal pero el sol calentaba perfectamente, lo que no le daba la obligación de quitarse su caperuza. Normalmente no le gustaba quitársela.


Pasó tiempo, y por fin llegó a la casa de su abuelo, estaba emocionado, había que ser sincero, sabia que nunca iba a llegar a algo más allá de un posible apretón de manos, pero con eso se conformaba, ¿El problema de hoy?... Es que se sentía especialmente caliente y sensible. No era necesariamente por el clima.


Se acercó a la linda puerta de la casita, y la tocó suavemente. Escuchó aquella voz grave hablarle y dar permiso a que entre.


Abrió la puerta y lo primero que lo recibió fue la boca de una escopeta casi pegada al rostro.


—Oh... Jin, eres tu —Dijo su abuelo, bajando con lentitud la escopeta.


—Si... Hola abuelo YoonGi —Sonrío con nerviosismo el joven, hizo una leve reverencia por mero respeto al mayor.


—¿Qué haces aquí, muchacho? —Pregunta el mayor, dejando su arma a un lado para así, cruzarse de brazos.


—Oh si, mamá me mandó a dejar los víveres para ti, así que... ¿Puedo entrar?.


YoonGi asintió, haciéndose a un lado para que el pelinegro ingresara a su hogar.


—Gracias.


SeokJin dejó la canasta con comida, jabón y esas cosas en uno de los antiguos muebles que había en esa habitación, para luego voltearse a ver a su abuelo.


—¿Ya almorzaste abuelo? —Pregunta el chico, a lo que el de canas negó—. ¡Perfecto!, Yo cocinaré —Dicho esto, fue hacía donde estaba la cocina de la casa, llevando los comestibles con él, iba a preparar algo delicioso que sabía que le gustaba mucho al mayor.


Sacó los ingredientes necesarios y comenzó a acomodar todo, sacando un poco de la leña que ya había para hacer el fuego, y cocinar. El horno y cocina que tenía su abuelo era de ladrillo, justamente para evitar un posible incendio si la zona era de madera. 


Ya con el fuego prendido, comenzó con su labor, cocinar le gustaba así que no era ningún problema para él, y le gustaba mucho más si podía presumir sus habilidades culinarias con ese magnifico hombre.


—Hey chico, ¿eso que preparas tardará mucho?, Es que ahora que lo pienso si tengo mucha hambre —Dice Gi, a lo que Jin voltea levemente para mirarlo, de verdad amaba el como su nombre salía de esos labios delgados y pálidos.


—No abuelo, prometo que estará listo pronto —Aseguró, y volvió a su tarea. Nuevamente quedaron en silencio, ninguno de los dos decía nada, y eso en parte ponía nervioso al menor.


Estaba tan centrado en sus pensamientos, que soltó un chillido de sorpresa cuando sintió unas grandes y fuertes manos en su cintura, por debajo de la caperuza.


No dijo nada, estaba demasiado nervioso como para hacerlo, tragó un poco de saliva que estaba amontonándose en su boca y continuó cocinando, revolviendo un poco la olla que estaba utilizando. Se volvió peor cuando el mayor comenzó a acariciar su delgada cintura, esas manos de dedos delgados y blancos, también bastante largos. La sensación le gustaba mucho, sentía que su entrepierna comenzaba a humedecerse.


Se sintió morir cuando ese cuerpo levemente más grande se pegó a su espalda, aquellas manos bajaron a sus caderas, lo único que pudo hacer fue morder su labio inferior para no soltar sonidos vergonzosos, se sentía raro, no entendía como es que él podía humedecerlo con solo tocar esa zona de su cuerpo. Por ejemplo, sus amigos lo hacían muchas veces y él no sentía nada, como era posible que se encendiera tanto por su propio abuelo...


—Al no escuchar quejidos de tu parte... Puedo suponer que esto te gusta ¿No? —Habló el mayor con una voz grave y baja, lo cual lo hizo estremecer, que sensación más deliciosa...


Jin no podía formular palabra, solo asintió, disfrutando de aquello. En eso, las manos del más grande se cuelan bajo sus pantalones, acercándose a la zona por donde estaba su monte de venus y así... Llegar a su coñito húmedo y caliente. 


—Uhmm~, que mojado se siente aquí... Pequeño muñequito sucio —Le gruñó el mayor en su oído, posicionando su mano en su clítoris para comenzar a moverlo con lentitud.


—A-abuelo...Um~.


—Shh... Por hoy, no soy tu abuelo, simplemente gime mi nombre... Gímelo tan fuerte hasta que ya no puedas más —La mano del más alto aumento su ritmo, haciendo que Jin se retorciera en los brazos del mayor, mordía sus labios con fuerza mientras que sus ojos se humedecían. Hace mucho que no se auto complacía, por lo tanto, estaba demasiado sensible.


—YoonGi~ —Gimió. Eso le encantó al mayor, por lo tanto aumento el ritmo en su mano, pero se detuvo, sabía que no debía hacerlo acabar.


Al menos no con la ropa puesta... No podían levantar sospechas si el chico llegaba con la ropa oliendo a... ¿Fluidos? o a lo que sea, tampoco podía ser.


—¿P-Por qué te detuviste? —Pregunta, haciendo un puchero con sus labios gordos y rosados.


—No preguntes y quítate la ropa —Ordenó el mayor con una voz dura, a lo cual, el menor no pudo negarse. Se comenzó a quitar todo, su caperuza, sus camisas, y pantalones, quedando así, únicamente en ropa interior.


—Uhm~... Pero que maravillosa vista, muñequito —Sonrío, mirando como la braguita de su nieto se humedecía por él, por como lo tocaba, por como le hablaba al oído. Era totalmente delicioso y magnífico.


SeokJin, movió su cadera de lado a lado, jugando con la poca paciencia que tenía el mayor, el mismo, agarró los bordes de aquella braga color rosa, para bajarla, y así ver, un coñito con poco vello púbico, tenía un pequeño rubor rosita en ciertas partes, aquella zona estaba llena de un líquido transparente y pegajoso, deliciosamente pegajoso, por alguna razón aquello hizo que el mayor se exitara aún más.


Bajó sus largos dedos hacia la vagina del mismo, la tocó levemente para así, introducir sus dedos lentamente. Únicamente introdujo dos, de momento.


—Ohh~... Dios~ —Gimío suavemente Jin, tirando su cabeza hacia atrás, disfrutando de aquel tacto, que, lentamente le estaba haciendo perder la cabeza, bueno, tal vez más rápido de lo que quiere suponer.


—¿Al muñequito le gusta esto? —Pregunta gravemente el hombre, a lo que Jin asintió con emoción y gusto.


Los dedos del mayor se movían con experiencia y habilidad, aquellos dedos hacían que sintiera que se iba a derretir ahí mismo.


El hombre mayor estuvo un rato ahí, dándole placer manual, metiendo sus largos dedos hasta que ya habían cuatro en su interior, era lo máximo que había entrado en su concha.


—P-Por favor... Ya estoy listo, mete tu...-.


—¿Quieres que lo meta ya?, Eres impaciente pequeño —Dijo, sonriendo con leve burla, moviendo sus dedos con ganas mientras que, con su otra mano, movía su dedo sobre su clitoris.


—¡P-Por favor solo hazlo! —Gritó impaciente, moviendo sus sensuales caderas en busca de más contacto.


—Bien bien, aquí vamos —Susurró con lujuria, sacó los dedos del interior del muchacho, viendo como quedaba un hilo de fluidos conectando sus dedos con aquella apetitosa vagina.


Comenzó a quitarse sus pantalones, bajandolos hasta sus tobillos, pero antes de eso, movió a su nieto hasta la mesa, lejos de la cocina a leña para que no tenga peligro alguno. Lo colocó boca abajo contra la mesa, haciendo que el menor se aferrara levemente a los bordes de la misma.


El adulto comenzó a masajear su miembro, el cual yacía fuera de sus pantalones, totalmente duro y dispuesto a estar muchas horas en acción.


Podía ser ya un adulto, pero aún tenía las ganas que tenía de joven.


Acarició con lentitud su gran polla, la cual tenía venas y vellos pubicos por la zona de sus bolas. Para SeokJin, era algo delicioso. Lo quería en su boca, pero no en esa ocasión.


Min, escupió en su mano, para humedecer un poco su verga, y al menos, dejarla algo lubricada, a pesar de los chorros de fluidos que salían de la conchita de su nieto.


Pasó su mano húmeda por su hinchada polla,  dejándola llena de su saliva para que esté lubricada, y no le doliera a su nieto que se la metiera, aún que lo disfrutaría lo más seguro después.


Una vez sintió que su pene ya estaba lo suficientemente lubricado para enterrarse en las entrañas del menor, lo alineó con delicadeza, y entró con lentitud, no sabía si el chico ya había tenido relaciones sexuales antes, pero no quería arriesgarse. Aparte, de que no habían médicos por donde él estaba, así que no tenía donde llevarlo si se hacia un desgarre.


Jin soltó un pequeño suspiró tembloroso, al sentir la intromisión, era grande, bastante, no como los jóvenes del pueblo con los que se había acostado (los cuales solo eran dos.)


YoonGi no se movía, de seguro estaba esperando alguna señal de su parte, que le indicará que podía moverse. Eso le pareció algo tierno.


Se acostumbró un rato al gran tamaño del pene que tenía dentro, hasta que sintió que ya se había acostumbrado. Movió su cadera con suavidad, mientras que volteaba un poco hacia atrás, para ver al mayor.


Min entendió, comenzando a mover de una sin piedad sus caderas, sacando y metiendo su pene con rudeza. Aquello provocó evidentemente que Seok comenzara a gemir fuertemente, aferrándose a los costados de la mesa. La fricción entre la mesa y su abdomen le lastimaba un poco, pero estaba más concentrado en el placer que se le estaba dando.


—¿Está bien así? Muñequito —Le gruñó el mayor en su oído, eso hizo que el calor en su cuerpo aumentara, no podiendo hablar correctamente.


Únicamente asintió.


—Que bueno que te guste, porque no voy a parar hasta que me corra lo más profundo de ti —Gruñó con más agresividad, tomando al menor de las mejillas y apretandolas, deleitándose con esos lindos labios que se abultaron.


El mayor embestía de un modo salvaje, sintiendo las cálidas y humedad paredes del chico apretando su polla, era increíble, delicioso, no podía creer que le gustaba más esta sensación que la que sentía cuando estaba su difunta esposa.


Pero tenía que admitirlo.


No sentía nada de arrepentimiento, tampoco por el hecho de que estaba cogiendose duramente al hijo de su hija.


Cuando el chico era niño, no sentía nada más que amor de familia, lo normal. Pero cuando el jovencito comenzó a crecer y a madurar, empezó a sentir cosas, cosas raras, a los catorce años del muchacho por ejemplo, que ya su cuerpo había tenido cambios notorios, cuidaba más su rostro y casi ni tenía granos, sus labios también estaban bien cuidados, rosaditos y gorditos, delicioso.


Su cuerpo era delgado, de hombros anchos, cintura estrecha y caderas grandes, con piernas largas y un trasero gordito y firme. Cuando esos cambios hicieron aparición, YoonGi no podía evitar exitarse cada vez que lo veía. Y, podía ser un enfermo y todo lo que quisieran, pero nunca se arrepintió de lo que pensaba de su propio nieto.


Volviendo al presente, Min, con sus dedos largos y algo fríos, estaba estimulando el clitoris de su nieto, mientras que se movía con rudeza en la vagina del mismo. Jin, gemía como loco, sintiendo los golpes en su interior de una manera exagerada, pero totalmente placentera. No sabía porqué se sentía mejor que las otras dos veces, ¿Sería por qué era mayor y tenía más experiencia?, Seguramente, aún que, ese pensamiento lo hizo sentir algo celoso.


No pasó mucho tiempo cuando, debido a los movimientos constantes y el dedo en su bolita de nervios, le hizo sentir que algo iba a salir de él en cualquier momento. Ya conocía esa sensación, la recordaba bastante.


—¡V-Voy a acabar! —Gimío con fuerza, comenzando él también a aportar con el movimiento de cadera, haciendo más intensas las embestidas.


—Acaba, pequeño muñeco, quiero verte haciéndolo, es una orden —Le gruñó, apretando levemente el clitoris, haciendo que el cuerpo del menor tuviera temblores. Inesperadamente, Jin acabó justo en ese momento, gritando fuertemente mientras que unos espasmos atacaban su delicado ser.


Su interior se apretó, haciendo que, por primera vez en todo el proceso, YoonGi gimiera roncamente.


Las embestidas en ningún momento pararon, haciendo que SeokJin se removiera en su lugar debido a la sobreestimulacion. Gi ya no se preocupaba por el placer del menor, únicamente seguía el propio, moviendo sus caderas con fuerza y rapidez, haciendo una combinación deliciosa. Pronto, sintió aquella presión en su parte baja, dando a entender que se iba a correr.


Y lo hizo, en abundancia, mucha abundancia, llenando el interior se su menor.


Jin sintió como si estuviera volando en las nubes más suaves del mundo, dejó su cabeza recostada en la mesa. Respirando entrecortadamente.


Sintió un suave beso en su cabeza, y pronto, el como el semen escurría de su coño, ahora vacío y algo abierto.


No supo que pasó después, ya que, había caído dormido ahí mismo. Sabiendo que, recordaría ese momento toda su vida.


Él tampoco se arrepentia de lo que había pasado.


Para nada.