Chapter 1
—¡Harry! ¡Harry! ¿Estás bien?
Ron zarandeó con poca delicadeza a Potter intentando despertarlo de otra pesadilla. Su amigo balbuceó apretando los ojos y la fuerza de su cuerpo agitándose le apremió a repetir el gesto.
A Ron le resultaba preocupante las recurrentes pesadillas de Harry, pocas cosas conseguían que dejase de roncar a pierna suelta, pero los gritos de su amigo y el sufrimiento demudando sus facciones lograban siempre ponerle en un estado nervioso sintiéndose impotente.
Harry por fin abrió los ojos y buscó a tientas sus gafas, Ron se las alcanzó incorporándose cuanto a penas de la cama.
—Gracias… — Potter jadeó con el corazón desbocado y se retiró el sudor de la frente.
En momentos como ése sólo existían dos vías; O bien era importante el sueño y ameritaba investigación, o bien era una pesadilla sin más y lo mejor era fingir que nada había pasado.
—¿Qué has soñado? —Ron no supo cómo comportarse o qué decir.
En casos como éste Hermione ofrecería mejor ayuda con sus palabras racionales y Neville podría darle más apoyo con su carácter sensible, él por el contrario era un desastre.
—Más de lo mismo, no te preocupes.
—Hum...
Era un desastre andante sin palabras de consuelo que acudieran a sus labios ni gestos reconfortantes que supieran calmarlo de tan horrible episodio. Otra vez la estúpida debilidad de verlo en ése estado con sus ojos verdes le empujó a cometer una estupidez, casi. Deseó hacer lo único para lo que se creía bueno: recostarse a su lado y abrazarlo, simplemente haciéndole saber que no estaba solo y que contaba con su ayuda incondicional. Deseó besar su frente y bajar hasta sus labios para conseguir que cualquier rastro de dolor fuera desapareciendo con sus caricias.
—Vuelve a la cama Ron. —le dijo más recompuesto.
—... bien —dudó en si levantarse o acompañarle un poco más, finalmente, y no pudiendo alargar un momento que parecía incómodo para Harry se decidió—. Bueno compañero —le palmeó el hombro con torpeza—. Descansa.
Harry asintió dejando las gafas en su mesilla de noche mientras que el pelirrojo se dirigió a su cama con la acostumbrada sensación eterna de insatisfacción. Era un goteo constante de pérdida y deseo que tomó sentido y forma a los quince años. Pero él era fuerte y cabezota. Harry era su amigo, eran colegas inseparables desde los once años y la incómoda debilidad por él pasaría, tenía que pasar tarde o temprano.
Academia de Aurores
Acudieron juntos con los nervios y la anticipación de su nueva vida llenándolos de euforia. Los distribuyeron en varias filas en el patio delantero nombrando por orden alfabético sus apellidos, todos los novatos se miraron con curiosidad y prestaron atención al Auror instructor encargado de las instalaciones. Tres meses antes, ya habían acudido con un número mayor de aspirantes a varias Pruebas de preselección. No sólo se tenían en cuenta sus Éxtasis en las materias pertinentes, era además de indiscutible exigencia pasar el corte en sus exámenes sobre tres Áreas de selección.
De no ser supervivientes de guerra y a falta de innumerables Aurores por las múltiples bajas, no hubiesen pasado. Tras la batalla de Hogwarts, Harry y Ron prestaron sus servicios para atrapar a los mortífagos fugados y seguidores de Voldemort. Posteriormente volvieron para cursar su último año, pero las calificaciones obtenidas no satisfacían los requisitos mínimos que una vez la profesora McGonagall les informó para ser Aurores. Eran tres años de estudios adicionales para la capacitación sin garantía alguna de graduarse. Pero la preselección la pasaron muy posiblemente gracias al Ministro de magia y los bajos perfiles de corte. Ahora empezaría lo duro.
—¡Potter! Harry Potter.
Todas las cabezas giraron en dirección al susodicho incluido Ron, su amigo se removió inquieto por la indeseada atención y se miraron.
—Presente.
Harry contestó sin apartar sus ojos verdes del pelirrojo, compartieron una sonrisa engreída que sólo puede otorgar la juventud y un futuro prometedor, el instructor continuó con la lista. Ron se perdió un instante en los irises verdes de Harry, tan intensos, tan claros y directos… tan...
El efecto pasó cuando éste se giró curioso por los nuevos reclutas, su sonrisa pendía de un hilo esperando a formarse completa por la emoción. Ron reprimió un suspiro y lo transformó en una mueca insegura "Deja de hacer el imbécil y concéntrate" se recriminó con vehemencia y optó por imitar a Harry en su entusiasta curiosidad.
—... las habitaciones se encuentran en el segundo piso, registraros en recepción dando vuestros datos y la preferencia para compartir cuarto. Se tomarán en cuenta vuestras peticiones, el resto que no elija compañero o quede suelto le asignaremos uno —el instructor oteó el patio con mirada severa—, baste decir que no se admiten compañeros mixtos.
—¿Y si alguien es gay o lesbiana? ¿O bisexual? —Ese era Faustus Giovanni, un aspirante de raíces italianas cuyo traslado se produjo ese mismo año. Gritaba 'Amo las pollas' con solo parpadear y a Ron le resultó interesante, le serviría para desplazar sus inadecuados deseos por Harry.
El alumnado prorrumpió en un murmullo alto escandalizado pero el chico ni se inmutó.
—¡Silencio! —El instructor por lo visto tampoco se vio afectado por sus desvergonzadas preguntas—. No existe un reglamento definido para esas excepciones pero te lo digo yo ahora. Si es exclusivamente Gay compartirá habitación con una bruja heterosexual, bisexual o lesbiana. Si es lesbiana compartirá habitación con un mago gay o con una bruja heterosexual pero no con un mago heterosexual, lamentablemente no me fío de su integridad dado los antecedentes, si es bisexual obtendrá habitación individual o con un amigo o amiga de confianza. —el murmullo aumentó de intensidad y no faltaron las quejas sobre la discriminación.
—¡Silencio! —paseó entre los futuros Aurores con las manos a su espalda luciendo rígido el uniforme reglamentario—. Quiero que quede una cosa clara muchachos, aquí nadie prohíbe las relaciones románticas ni de índole sexual, esto no es Hogwarts, son tres duros años de academia y ya sois adultos, pero estáis aquí para convertiros en Aurores, esto no es una fraternidad americana. Lo que no queremos es la posibilidad de que se den conductas inadecuadas como coacción, abuso, acoso, violación de la privacidad, intimidación, discriminación… etc. Ante cualquier caso peculiar sobre orientación sexual, comunicadlo en recepción y se pondrán en contacto conmigo para determinar la mejor solución. ¿Satisfecho Giovanni?
—Sí. —El sí de Faustus traspasó la barrera de lo formal para convertirse, si es que era posible algo así, en una invitación sugerente para el resto de magos.
Ron alzó la cabeza y lo observó con más atención repasando su esbelta figura, piel color caramelo, ojos verdes aceituna y cabello rizado azabache. "Bien" pensó totalmente decidido. Cuando por fin sus ojos bajaron se tropezó con los verdes de Harry que le miraban inexpresivos.
(...)
—Tú y yo juntos. —exigió el moreno caminando al lado del pelirrojo.
Iban casi que en tropel para formar parejas de cuarto en dirección al segundo piso. Ron quiso protestar, pero eludir la compañía de Harry sería demasiado evidente y sobre todo cruel.
—¿Seguro? ¿No quieres probar con otros compañeros? —según se iban acercando un nutrido grupo de aspirantes ya se arremolinaban frente al mostrador.
—No —Harry se giró contrariado— ¿Por qué? ¿No quieres estar conmigo?
"Merlín, ayúdame" Ron aminoró el paso indeciso sobre qué responder a eso, su amigo aguardaba sus palabras incrédulo y herido.
—No, no, no es eso —se rascó apurado la nariz sintiendo el calor subir a su rostro, sabía que eso era sinónimo de parches rojos por toda su piel—. Simplemente que igual… yo creía...
—Pues-
Nunca supo qué iba a contestar su amigo porque al encontrarse delante del grupo una voz de mujer chillona sobresalió exaltada sobre el resto de voces.
—¡No me seas tan putón verbenero y comparte!
Esa era Lucy Carpenter, una bruja abiertamente bisexual, chillona, exagerada y dramática. Señalaba acusadora a Faustus clavándole la mirada más furiosa de su vida, cinco minutos después muy posiblemente otro sería su víctima.
—Yo no tengo la culpa de que ostentando tan solo a la mitad de los reclutas tenga más posibilidades que tú, eres una viciosa bisexual con el doble de oportunidades, ve y atrapa a algún desgraciado o desgraciada, mantícora abortiva.
El grupo de curiosos se rio entre murmullos y otra mujer pasó por delante de los dos enfrentados rompiendo la formación.
—Apartad, panda de ineptos —cruzó entre Faustus y Lucy empujándolos en el proceso—. Esto no es un concurso de miss putón, aquí se viene a trabajar.
Esa era Eleonora Miller, la única ex integrante de la casa Slytherin y más alta que el promedio masculino. Su andar imponente y su mirada de 'Dónde pongo el ojo lanzo la imperdonable' la convertía en uno de los aspirantes más temidos y respetados del destacamento de reclutas.
—Miller, no te enfades que te saldrán arrugas.
Detrás de ella y sonriendo divertido se hallaba Francis Payne, un mago de influencias del medio oriente con los ojos siempre alerta y de gestos nerviosos.
—Harry...
Ambos amigos se miraron asustados, aquello era como entrar en otro mundo, un mundo de incorrección y gente deslenguada que no mostraba ningún amor por la educación.
—Ron... tú conmigo.
—Sí.
El grupo ruidoso continuó con su discusión y al pasar el pelirrojo, Faustus le batió las pestañas sonriendo de medio lado.
Harry masculló por lo bajo y Ron le prestó atención culpable.
—¿Cómo?
—Nada.
Se encogió de hombros y giró la cabeza repasando al italiano, éste le seguía batiendo las pestañas relamiéndose sugerente los labios. El pelirrojo se estiró incómodo del pantalón que empezó a ajustarse de manera peligrosa en su entrepierna.
—Queremos rellenar el formulario para compartir cuarto.
La voz de su amigo le devolvió al presente y se adelantó reposando los codos en el mostrador. Dejó que fuera Harry quien se encargase del papeleo y aprovechó el descuido para poder admirarlo a conciencia. No era algo que se permitiera muy a menudo, cuántas menos veces se dejase arrastrar por su debilidad, mejor para su estado anímico. Más de tres minutos observando con hambre al moreno equivalía a un día entero de frustración y malas pulgas. Su diferencia de alturas le otorgaba la privacidad suficiente para quedarse embobado examinando su rostro, su deliciosa piel color miel, sus labios de un leve tono rojizo brillante, el perfil de su barbilla decidida y sobre todo sus hermosos ojos verdes. Un verde intenso e incomparable a nada que conociera y que lo abocan a largas sesiones de masturbaciones compitiendo con un ninfómano. Unos ojos grandes que contrastan con su cabello azabache de mechones ondulados y aspecto grueso. Harry tragó relamiéndose distraído los labios mientras escribía sobre el pergamino, los ojos azules de Ron se detuvieron más de lo debido en esa lengua húmeda que repasó con lentitud sus labios. Inspiró excitado y en honor a su amistad optó por voltearse y apoyar los codos y espalda sobre el mostrador mirando al frente. El resto de los aspirantes ya hacían cola y recibió un beso lanzado al aire del italiano. Ron sonrió divertido y le guiñó un ojo pícaro alzando el mentón, el juego de seducción comenzó y sacó pecho. Su altura y sus buenos músculos hicieron el efecto deseado, no solo Faustus lo admiró sino que unas cuantas brujas también. Eso era una muy buena señal, el abanico de oportunidades se ampliaba exponencialmente y concluyó que aquél sería un buen año pese a sufrir el suplicio de compartir con Harry habitación. Sintió un codazo en las costillas que le hizo desinflar la postura de macho dominante que solía utilizar para la caza.
—Firma. —le pidió el moreno contundente.
Retomó su atención a lo que ocurría y escribió con la pluma su nombre completo y apellido. Harry concentró su vista en los futuros compañeros con el ceño levemente fruncido, dedujo que la consabida incomodidad de saberse observado pondría de mal humor a su amigo, siempre era igual. Estaban más que acostumbrados a la indeseada atención del resto, Ron lo sabía bien pues siempre era testigo de su fama.
—Harry —le palmeó con energía el hombro y se lo pasó protector enviando oleadas de desprecio al resto de buitres—, no se lo tengas en cuenta, es curiosidad.
El moreno pareció relajar sus hombros con el medio abrazo y le regaló una de sus sonrisas roba corazones, esa que va acompañada del peculiar brillo en sus ojos verdes, la que le muestra los dientes y eleva con seguridad el mentón. Esas sonrisas le provocaban infartos, sudoraciones vergonzosas y sequedad en la garganta.
Ese tipo de sonrisas le creaban un agujero en el estómago que pedía por ser saciado con comida. La ansiedad le daba hambre, la preocupación también, los nervios también, la sensación de impotencia le daba mucha hambre y los celos más. Cualquier estado emocional que no pudiera resolver lo adormecía con comida, pronto descubrió que otra manera de acallar sus tripas y su corazón era también el sexo. Ahora su vida era un triángulo de abastecimiento para continuar adelante; Comida, sexo y luchar al lado de Harry. Eran las tres premisas que lo mantenían estable y controlado. Su ley para estar centrado.
Pasaron casi dos horas visitando las instalaciones, el ala de dormitorios, las aulas, la zona de entrenamiento y los cuartos hechizados para el entrenamiento individual. Visitaron el comedor y todo punto de interés bajo la extensa explicación de un Auror que formaba parte del claustro. Los aspirantes eran todo ojos emocionados y preguntas ansiosas. Ron se sentía exultante y vibrante, después de pasar un año entero al lado de Harry persiguiendo a mortifagos, ahora podía descansar y relajarse. No es que el programa de reclutamiento fuese un paseo por las nubes, simplemente tendría un sitio cómodo donde dormir, comida caliente en abundancia sin tener que cocinar y el grandioso respiro de no vivir pegado a su amigo. Trabajar sobre el terreno como Aurores para el ministro se traducía en mucha experiencia, pero Ron sufría secuelas importantes de ver, respirar y existir a dos centímetros de Harry sin poder tocarlo. Ahora habría voces y caras nuevas, cuerpos nuevos, y no los tres o cuatro escarceos que consiguió durante la persecución mientras el moreno descansaba en la tienda de campaña.
—¿Vas a soltar al morenazo dorado o eres su guardaespaldas?
Lucy se situó al lado de Ron de brazos cruzados sonriendo divertida, esa chica también iba de caza, pero no pensaba conformarse con cualquier presa, no, ella quería el premio gordo y se notaba. El pelirrojo aún mantenía su brazo pasado por los hombros de Harry, ni siquiera sé había dado cuenta, pero tampoco el otro le dijo nada. Había llegado el momento, un año entero disfrutando de su compañía en exclusiva y ahora tocaba soltar amarras. Tenía que hacerlo porque eran amigos y si él pudo disfrutar de cuatro polvos más o menos bien hechos, Harry se merecía darle una alegría al cuerpo.
Retiró su brazo sintiendo el vacío de su contacto y se distanció un poco para darle espacio a ella. Lucy le sonrió agradecida y empezó una conversación con los dos que poco a poco desplazó al pelirrojo para ser privada con Harry. Éste en cambio se veía fuera de lugar, se notaba a leguas su inexperiencia con las mujeres y no acertaba a saber cuándo le estaban coqueteando descaradamente. Le propinó a Ron una mirada de traición por su abandono y otra de auxilio.
—Ya te vale —le recriminó en un momento donde Carpenter atendía al horario de clases—. Es súper pesada.
—Es atractiva y está interesada en ti, compañero, aprovecha —movió sugerente sus cejas rojizas—; para conocerla mejor...
—Giovanni también te quiere conocer muy bien. —contestó en cambio sonriendo de lado.
—Y muy bien que nos vamos a conocer. —afirmó orgulloso.
—Oye, Harry...
La bruja llamó su atención desplegando el armamento pesado y Ron se giró para seguir al resto del grupo. Mejor no verlo, saber sabría, pero… ojos que no ven...
Harry y Hermione conocían su inclinación sexual, que no era otra que sexo con personas y punto. Cuando se lo confesó en su momento tuvo miedo de perderlos, de provocar incomodidad o rechazo. Harry era su mundo así como Hermione era la tierra firme. Incluso después de su relación fallida con la castaña la quería, no iba a alejarla o desprenderse de ella, eran amigos, familia y daría la vida por los dos. Así de simple. Y ambos respondieron bien, sobre todo ella. Harry se comportó torpe, tropezó con las preguntas de interés y se pasó una semana extraño y nervioso hasta que todo volvió a su cauce. A Hermione nunca la perdería, lo tenía claro a estas alturas, pero Harry, Harry era otro cantar. ¿Cuán perturbado se puede estar al haberte enamorado de tus dos mejores amigos? ¿Cuán perturbado y obsesivo se puede ser si se sigue cayendo por uno de ellos? Los años pasaron y la debilidad que el pelirrojo sentía por Harry era como un mareaje, a veces más, a veces menos y a veces casi ni se notaba. Pero siempre estaba ahí, como la huella imborrable en la arena que te promete otra ola de sentimientos pronto. Ron olía el salitre, las algas y la humedad, olía la arena recalentada y la flora de la playa. El mar estaba ahí aunque no lo vieses, aunque en ocasiones se olvidase o lo enterrase. El mar siempre estaba ahí esperando por una recaída, un resbalón en su autocontrol o un traspié con su debilidad. Necesitaba ver a Harry con otra persona y ya, necesitaba a su vez estar con otras personas y pronto.
—Nos han puesto juntos —dijo su amigo emocionado transportando los bártulos por el pasillo—. Menudo año nos espera.
—¿Vas a quedar con Carpenter? —Ron necesitaba saber, confirmar y enterrar.
Harry le miró extrañado por un segundo y luego se tornó inexpresivo. Se encogió de hombros indiferente y entraron en su cuarto.
—Aún me lo estoy pensando, ya veremos. —Dejó su baúl a los pies de la cama y se sentó guardando la varita— ¿Vas a lanzarte a por el italiano?
—¿Giovanni? —imitó al moreno y se sentó en su propia cama mirándose mutuamente— Sí, me tiene ganas y yo también.
—Bien. —Harry le sonrió con flojera y se tumbó en la cama atravesado con las piernas fuera.
Ron se quedó por un momento enganchado al cuerpo del moreno, el impulso de acostarse a su lado y lanzarse a besarle era fuerte. El deseo insistente de incorporarse y acabar encima de él y atacar con todo le estaba socavando el buen humor, un hambre atroz solo comparable al beso del Dementor. Anhelaba sorberle el alma con los labios, ansiaba comérselo por entero y empujar dentro de Harry mientras sus ojos vidriosos se nublan por el placer de sus embestidas, su garganta rota de gemir su nombre y penetrar y...
Ron se incorporó turbado y frustrado dirigiéndose al baño, cerró de un portazo que no pretendió y gritó un «me doy una ducha» para guarecerse tras la cortina de agua y masturbarse. Necesitaba urgentemente una distracción, algo que lo alejase de fantasías sexuales como la que le atormentaba ahora mismo, donde un imaginario Harry se situaba arrodillado bajo el agua, su cabello aplastado y con el rostro delante de su miembro erecto. Harry lo engullía por entero sin apartar la vista con sus ojos verdes de mirada intensa y lujuriosa. Ron se corrió casi que con rabia, el año pasado fue lo mismo sólo que sin escapatoria.
Harry era su amigo, su mejor amigo y amigo de la infancia. Por Harry moriría y mataría, por Harry haría demasiadas cosas cuestionables, pero nunca pondría en peligro su amistad. Se suponía que era una debilidad adolescente, un enganche hormonal que ya debiera haber pasado, se suponía que después de un año codo a codo con él estaría harto de su presencia, se suponía que el sexo con otras personas ayudaría, sólo la relación con Hermione fue real, pero tras la ruptura todo volvió. Ron creía haber superado la debilidad por Harry, pero a un escaso día de empezar la academia ya se estaban tambaleando sus convicciones. Era una debilidad superada… o eso creía él.