01. Presentaciones.
Ominis Gaunt había sido transferido al Colegio de Hogwarts de Magia y Hechizería en su segundo año, esto debido a la indulgente tradición de su familia, una muy respetable y temida debido a que se consideraban los propios descendientes directos del gran Salazar Slytherin y aquello no era para más, después de todo era verdad que por la sangre de aquella familia además de ser pura y casta, la sangre de uno de los cuatro fundadores se encontraba allí, por tal motivo era necesario que todas las generaciones pasaran por Hogwarts como debía ser.
El padre de Ominis sin embargo no estaba de acuerdo con madar a su hijo a aquella escuela de dónde se decía que aceptaban mestizos y sangre sucia como él les llamaba, pero en cambio la madre de Ominis siendo una mujer que se regia por las tradiciones familiares acabó convenciendo a su marido que dejará que su hijo fuera a estudiar allá, la señora Gaunt decía que estaría más "cómodo" allí ya que su condición lo ameritaba.
Y es que a raíz de un suceso bastante desagradable es que Ominis había perdido la visión por completo, aquello era algo que no se toleraria en un Gaunt, pero también sus padres habían pensado que era un castigo suficiente por desobedecer a estos. Y es que aunque la familia Gaunt no se dedicaba a ser unos delicuentes si practicaban la magia oscura en todo su momento, a raíz de aquello cuando Ominis aprendió a usar su varita su padre siendo una persona tan estricta le enseño desde niño las maldiciones imperdonables, las cuales intentó que usará contra los muggles en un día lluvioso en que al padre de Ominis se le ocurrió probar la valía de su hijo.
Lo que no sabía es que este no aceptaría ya que tenía un concepto de la moral y el sentido de la vida muy diferente a los de su familia, ante tal rechazo fue que Ominis como castigo y a sus 11 años y medio había recibido la maldición cruciatus directamente de su hermano mayor, Sorvolo quien era unos años más grande que él y el cual no tuvo el menor remordimiento de usar una maldición tan dolorosa sobre su hermano menor, inclusive hay algunos que dicen que lo disfrutó mucho.
Cuando Ominis recibió aquel hechizo del dolor quedó inconsciente y fue llevada inmediatamente al médico cuando su madre lo encontró, a raíz de aquel incidente cuando Ominis había despertado su visón se había ido, no podía ver absolutamente nada en aquel momento y aunque los médicos de San Mungo y otros lugares a los que fue llevado intentaron hacer lo mejor que pudieron por él, la visón de Ominis jamás regresó. Lejos de culpar a su hermano mayor por aquello, le hicieron ver a Ominis que había sido su culpa por ser una persona débil y que ahora lo iba a ser más.
Su padre, Marvolo se encargó de recalcarle que ya no sería un digno descendiente de la familia de Salazar Slytherin, Ominis incluso pensó que le iba a desheredar en ese momento pero la intervención de su madre y su tía Noctua ayudó bastante a calmar el temperamento de su padre. Eso sí, ya no podría asistir a Dumstrang el colegio en dónde apenas había cursado el primero año, sería una deshonra para la demás gente ver cómo un miembro de su familia estaba discapacitado y limitado a la magia.
Así que inmediatamente se pensó en transferir a Ominis a Hogwarts dónde pudiera estudiar y desarrollarse como él quisiera, la única que le ayudo a conseguir sus nuevas cosas que iba a necesitar para ese colegio fue su tía Noctua, quien le compró a Ominis todo e inclusive lo llevo a qué escogiera una nueva varita, ya que la de él se había roto. Cuando estuvieron frente a Ollivanders el vendedor de varitas dijo que alguna de ellas estaría tan conectada a él que inclusive le ayudaría a ver sin tener visión y aquel hombre sabio no se equivocaba.
Ominis obtuvo una varita nueva con núcleo de corazon de dragón que desde el primer día le ayudó bastante a poder independizarse, la varita misma le ayudaba a saber por dónde iba y si existía o no un obstáculo aunque no lo pudiera ver, su tía Noctua estaba tan sorprendida por aquello, ella estaba convencida de que no solo era la varita en sí, sino también las habilidades de su sobrino y su apego con la magia.
Aquella noticia de que Ominis podía ver a través de su varita fue comunicada a sus padres, su madre solamente mostró una pizca de emoción mientras que al padre de Ominis no le importó en lo absoluto, estaba más concentrado en sus otros dos hijos mayores que habían hecho mejores proesas que el menor, pero eso a Ominis no le importó mucho, desde siempre sabía cómo era la actitud de sus padres hacia él mismo y con el accidente la situación empeoró todavía más, estaba deseando que llegara el día en que finalmente se fuera de aquella casa.
Y tras varios días finalmente llegó el momento, la tía Noctua acompañó a Ominis a tomar el expreso a Hogwarts con todas sus cosas, ella sabía que su sobrino tenía mucho por que afrontar pero sabía que podría con eso y más, así que lo abrazó acariciando sus cabellos rubios.
— Te irá bien, confía en ti y tu varita —. La tía Noctua sonrió y aunque Ominis no le pudiera ver, él sintió ese apoyo.
— Gracias, tía, te estaré escribiendo constante —. Ominis se acercó a su tía y le dió un abrazo más antes de subir al tren que lo llevaría a Hogwarts, un nuevo lugar donde se tendría que acostumbrar a un ritmo de vida diferente.
Cuando el tren llegó a su destino, Ominis salió del camarote que había escogido, estaba solo en aquel lugar y agradecía eso ya que no deseaba socializar en ese momento, podía escuchar los cuchilleos de las demás personas quizás refiriéndose a él por como lucía y es que Ominis no era alguien feo, de hecho era bastante atractivo, tenía el cabello de un rubio no tan llamativo, pecas en la cara que no llegaban a ser más que tres en cada mejilla, su piel era bastante blanca y algo pálida y su complexión era delgada, la ropa que usaba eso si era más elegante y refinada que el resto de los demás, quizás por eso atraía las miradas o era por el hecho de que sus ojos verdes estaban apagados.
Sea cuál fuera lo que los demás veían en él a este no le importaba, sabía a qué venía principalmente y era a demostrarle a su padre que podía ser un mago digno aún con esta discapacidad. Cuando dirigieron a todos los alumnos al castillo, Ominis sin duda se perdía de una gran vista, aunque trataba de imaginarse como sería aquel lugar. Una vez que ingresaron todos los alumnos de nuevo ingreso fueron llevados al Gran Comedor donde se llevaría a cabo la selección de las cuatro casas de Hogwarts, cada uno de los alumnos estuvo pasando para colocarse aquel sombrero seleccionador y cuando fue el turno de Ominis el sombrero no dudo en mandarlo directamente a la casa de Slytherin.
Allí todos los alumnos que estaban sentados en la mesa que le correspondía gritaron de emoción y aplaudieron, Ominis bajo del pequeño banco y con ayuda de su varita fue que se dirigió hasta la mesa, algunos le daban palmadas y lo felicitaban por entrar a Slytherin, otros simplemente no le hacían caso, no fue hasta que una chica de cabellos castaños le habló con calma tomándolo de su mano, haciendo que Ominis se estremeciera de golpe, no estaba acostumbrado a ese contacto físico tan frecuente. Aquella chica vio que él no podía ver así que le ofreció un asiento a lado de su hermano gemelo.
— Puedes sentarte aquí, hay bastante espacio —. Dijo aquella chica con bastante amabilidad, Ominis no sintió malicia en sus palabras así que obedeció y tomó asiento con ella.
— Gracias, eres muy amable —. Respondió cortes Ominis ladeando ligeramente la cabeza.
— No es nada, mi nombre es Anne Sallow y este que está al lado mío es mi hermano, Sebastian. Cualquier cosa que necesites nos puedes decir —. Anne hablaba de manera alegre y con calma, haciendo que Ominis se sintiera más en confianza.
— Es un placer conocer a ambos, mi nombre es Ominis Gaunt —. Se presentó como siempre le había hecho inclusive en su otro colegio donde no logró hacer los amigos que deseaba.
— ¿Gaunt? ¿Acaso eres descendiente de Salazar Slytherin?—. Cuestionó Sebastian con bastante emoción por saber si aquello era verdad, ya que no todos los días se conocía a una persona importante.
— Eh... Ah sí, soy descendiente de Salazar Slytherin, mi familia tiene su sangre directa—. Respondió Ominis algo incómodo de hablar del tema ya que no era algo de lo que fuera a estar orgulloso y menos por todo lo que había pasado.
— ¡Vaya! Si que eres una persona importante —. Dijo Sebastian con cierta alegría y con ganas de molestar al recién llegado, su hermana le dió un codazo pued sintió que se había pasado con sus comentarios.
— Disculpa a mi hermano, es bastante curioso, espero que nos podamos llevar bien, Ominis—. Anne sonrió y aunque Ominis no pudiera verla si pudo sentir su calido y gentil tacto cuando le tomó del brazo suavemente, este sintió algo agradable que hizo que esbozara una sonrisa sincera, había encontrado personas que no se sentían los más grandes magos y se notaban que eran humildes, así que Ominis se sintió a gusto con ellos.
— Descuida, espero yo también lo mismo Anne—. Fue lo que respondió el rubio antes de que en la gran mesa donde estaban todos los alumnos de Slytherin sentados se deslumbraron por tan delicioso banquete, todos no tardaron en comenzar a comer, Anne estaba preocupada por su recién amigo que había hecho pues pensaba que no podría saber dónde estaba su comida, pero la realidad es que Ominis se había adaptado a su nueva discapacidad y era un mago bastante hábil a su corta edad, este no tuvo problemas en tomar la comida que tenía frente a él y comer como todo el resto. Anne sonrió por eso y también disfrutó del banquete junto a su hermano que se veía tenía buen gusto por el comer.
Aquella noche Ominis siguió a sus compañeros hasta su sala común, la cual tuvo que recorrer para memorizar todo lo que estaba allí y por supuesto saber dónde sería el lugar donde dormiría, como Anne no podía entrar con ellos, Sebastian se encargó de acompañar a Ominis y mostrarle los dormitorios descubriendo poco después de que sus cosas ya estaban allí, Sebastian al ver la calidad del baúl que este tenía sabía que era de tener dinero a comparación de ellos, pero apesar de ello nunca creció una envidia por Ominis. Esa noche ambos estuvieron despiertos y Sebastian logró que el rubio se abriera más con él inclusive se mantuvieron hablando de cosas triviales y gustos durante toda la noche.
Ese inicio de curso en Hogwarts para Ominis fue de lo mejor, no estaba atado a lo que diría su padre o su demás familia, a pesar de que tenía aquella debilidad en ninguna clase que tomó sacó una mala nota, por el contrario se le reconocía como alguien inteligente y muy capaz, Sebastian en cambio era más hábil para los hechizos y defenderse que en la teoría, haciendo que ambos se compensarán ya que Ominis le explicaba algunas cosas a Sebastián y este en cambio le ayudaba a perfeccionar su manera de combatir y de lanzar algunos hechizos que él ya conocía como Confringo o Bombarda.
La amistad entra ambos se volvió tan estrecha que pronto se volvieron inseparables uno del otro y llegado su momento se llegaron a confesar cosas más íntimas de ambas familias, pero Ominis era feliz en ese lugar, tanto así que para la navidad y las vacaciones él en lugar de regresar con su familia se la pasaba en la aldea de Feldcroft de dónde Sebastian y Anne vivían con su tío, ellos al igual que Ominis habían sufrido de diferente manera, los Sallow habían perdido a sus padres por un accidente y ahora estaban a cargo de su tío, algo con lo que de cierta manera Ominis se sentía identificado ya que nunca sus padres se preocuparon por cuidarlo sino su tía Noctua.
Para los siguientes dos años más en Hogwarts Ominis frecuentaba siempre a sus dos mejores amigos, para sus cosas personales sus padres le mandaban dinero de vez en cuando así como algo de ropa y cosas de utilidad, afortunadamente no se habían inmutado de que su hijo no regresará de vez en cuando a casa y para el rubio aquello era un alivio, para su desgracia su tía que siempre había visto por él había fallecido en condiciones extrañas que no se le revelaron a Ominis, de hecho ni siquiera pudo asistir a un funeral digno.
Desde ese momento Ominis supo que solo tenía a sus amistades en Hogwarts y a él mismo, por lo que acabó por perfeccionar su manera de lanzar hechizos y estudiar más, ganando una habilidad que los profesores admiraban en alguien como él, Sebastian estaba orgulloso de su amigo al ver cómo había progresado en todo este tiempo inclusive se había vuelto más ágil con la varita y eso lo comprobó en un duelo de varitas cruzadas en dónde ambos compitieron y salieron ganando.
— Ya solo te falta perderle el miedo a la escoba y serás muy hábil —. Dijo Sebastian conforme iban regresando a la sala común.
— Para nada, todavía no estoy seguro de que podré con eso—. Recalcó Ominis su miedo a volar sin poder sacar su varita.
— ¡Claro que puedes! Eres muy hábil Ominis, puedes con eso y más —. Sebastian le tocó el hombro en señal de apoyo y fue ahí donde Ominis sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, algo en él se había despertado que no sabía cómo describirlo, apenas tenia 14 años pero la pubertad estaba al otro lado y quizás aquello fue un arranque de un ataque hormonal y no supo cómo reaccionar.
Sin embargo aquello lo ocultó con una sonrisa y ambos habían vuelto a la sala común para estar con Anne y platicar y reír como siempre lo hacían.
Ominis esperaba con todo su ser que aquella reacción que tuvo con Sebastian no volviera a suceder, pero una noche lo pensó detenidamente que habían sido aquello dándose cuenta que esa sensación extraña era que su amigo le había puesto nervioso con su tacto, como si aquello le provocará miles de emociones en un solo momento y trascendiera a algo más, ¿Acaso le gustaba su mejor amigo?
De solo pensarlo Ominis cerró los ojos y negó con su cabeza varias veces, pensando en que no podía ser, solamente fue una ocasión y no volvería a pasar. La realidad fue otra, durante su cuarto año en Hogwarts se pudo dar cuenta de como es que ambos iban creciendo, Sebastian había estado haciendo ejercicio y entrenando con la escoba en un club de deportes así que su cuerpo iba cambiando, Ominis también había dado bastante el estirón y su cuerpo ya no era el de un niño, era un adolescente a punto de estar en la pubertad, todo en él cambiaba así como en su amigo y su mejor amiga también, era parte de crecer y desarrollarse.
Ya había investigado que eso podría pasar y que en esos años el amor y los sentimientos se afloraban incluso más, sin embargo Ominis no era el chico que era buscado por las mujeres de aquella escuela y aunque se llevaba muy bien con la mayoría nunca intentó acercarse de otra manera, aunque quizás por su futura pareja no tendría que preocuparse ya que su familia decidiría con quién casarse. Sin embargo aquellos roces con Sebastian lo seguían poniendo nervioso, trataba de disimular aquello ya que no quería que su amigo pensará mal de él pero a veces no se podía aguantar más cuando el castaño se acercaba tanto a él, a Ominis se le ponían los nervios de punta.
Para su fortuna Sebastian nunca dijo nada y de aquella manera fue que Ominis pudo seguir adelante sin darle importancia a ese asunto, continuó sus estudios y perfeccionando su magia la cual se volvió bastante poderosa, algo de lo que estaba orgulloso sin duda. Pero no todo podía ser así de bien en su vida, unos días antes de que el curso terminara a Ominis le había llegado un vociferador de parte de su padre, sabía él que contenía: reclamos y más regaños, espero a que no hubiera nadie en los dormitorios para poder abrirlo y en efecto su padre le gritaba desde esa carta que era una deshonra para la familia Gaunt por juntarse con mestizos inferiores y no estar con personas de la alta clase, seguido de más insultos para él, Ominis ni siquiera tomaba en cuenta sus palabras salvó por lo último que decía la carta: debía regresar a su hogar estás vacaciones o su padre se encargaría de expulsar a sus amigos e irles a dar una visita inesperada.
Ominis sabía que su padre hablaba en serio y debido a que tenía amistad con el director de Hogwarts el profesor Black, aquella amenaza era solo un aviso si no aceptaba. Tristemente ese día escribió una carta a sus padres diciendo que acataría sus órdenes y la mando en lechuza, por supuesto que no recibió una respuesta.
El día en que el cuarto año terminó todos los alumnos regresaban a la estación para que los llevará a Kings Crossing, dónde el expreso de Hogwarts les debería como siempre. Sebastian había acompañado a su amigo ya que Anne ya se encontraba en Feldcroft en ese momento, ambos amigos estaban platicando tratando de animar el ambiente pero Ominis apenas y lograba sonreír y aquello Sebastian lo pudo notar, sabía cómo era su familia y esto era como un castigo que le estaba imponiendo.
— Hey, cuando nos veamos te mostraré mi colección nueva de ajedrez, te va a gustar mucho —. Decía Sebastián con ánimo y Ominis apenas y sonrió mientras asentía, podía sentir que estaban cerca del final del viaje.
— Estoy seguro que sí, también te mostraré en unas opciones que estoy practicando, aunque no lo he perfeccionado bien—. Dijo Ominis sintiendo como el tren se detenía así que se levantó decidido a afrontar esto.
Sebastian le siguió pues no tenía nada más que decir, incluso le ayudó con sus cosas, por supuesto cuando bajaron del tren sus padres de Ominis no estaban así que solo habían mandado al elfo doméstico de la casa para que recogiera a Ominis, el rubio ya se lo esperaba de su padre así que no dijo nada y se acercó con aquel elfo para que pudiera ir mandando sus cosas a su hogar.
Ominis se giró para mirar a Sebastián con la atención y la cabeza ladeda en todo momento, no tenía las palabras que decir para despedirse por un tiempo. — Gracias Sebastian por todo, no es el fin, nos volveremos a ver—. Ominis sonrió y le tomó del brazo para apretarlo por un momento.
— Así será, Ominis, ansió tu regreso —. Y con esa despedida ambos se dieron un abrazo y finalmente Ominis se fue acercando a dónde se encontraba el elfo doméstico quien esperaba las órdenes de su amo.
Sebastian estaba observando cómo su mejor amigo y confidente se estaba alejando debido al abuso de poder del padre de este y lo que no toleraba más era no poder demostrarle cuánto era que lo quería pues en el fondo Sebastian se había enamorado de su mejor amigo teniendo que llegar a ocultar ese sentimiento.
Y en un arrebato de adrenalina combinado con la desesperación fue que corrió detrás de Ominis a quien gritó con fuerza que esperara, este se dió la vuelta al escuchar a su amigo que le llamaba y lo veía correr a su lado, por supuesto que el elfo se tuvo que esperar pero ese no era el caso, el caso importante fue cuando Sebastian llegó con su amigo y tras abrazarlo de golpe fue que Sebastian le robó un beso a Ominis haciendo que este último quedé en shock por lo que había recibido, después de que ambos se separaron Sebastian sonrió por qué le respondió aquel beso y eso significaba que tenía también algunos sentimientos por él.
— Te estaré esperando, no lo olvides —. Fue lo único que respondió Sebastián y acabó por alejarse, Ominis solo asíntio y se encargó de ir con el elfo doméstico de su casa de vuelto a su hogar, tenía mucho por que asimilar las cosas y había sido un interesante cierre de curso, pero Ominis había quedado bastante confundido, ya resolvería esa confusión en casa con bastante calma o eso esperaba.