Capítulo 1
—¿Dónde estás? Te necesitamos.
Aquellas palabras me despiertan. Hacía varios días había comenzado a tener el mismo sueño, una y otra vez: un pueblo en llamas, gente huyendo en todas direcciones, tratando de salvarse. Yo estoy estancada en mi lugar, mis pies no quieren colaborar, lloro desconsolada viendo aquel panorama, en algún momento mis lágrimas apenas me permiten ver los colores intensos del fuego, lo siento cerca y me desespera. Escucho los gritos de aquellos que no pudieron salir de sus casas. Escucho los gritos de los que llaman a otros con desesperación. Alguien intenta alejarme del lugar, me zafo de su agarre y corro hacia ninguna parte. El sueño finaliza con el eco de aquellas palabras, despierto, como cada vez, llorando y temblando.
¿Qué significa esto?
La repentina entrada de mi madre a la habitación me sobresalta, haciendo que me encoja un poco en mi lugar y trate de ocultarme entre las mantas, ella se acerca rápidamente hasta mi cama y toma asiento a mi lado. El colchón se hunde un poco. Veo la preocupación en su rostro y lo noto aún más en las caricias que me da. Mi aspecto debe ser terrible.
—¿Qué pasó, Julie? Te oí gritar. ¿Es otra vez ese sueño?
Solo logro asentir con la cabeza, antes de largarme a llorar con amargura sobre su hombro. No entendía qué significaba aquel sueño ni porqué me acosaba hacía más de una semana. No sabía si había sido real en algún momento o si, aunque no lo creía así, ocurriría pronto. No lo entendía y creo que tampoco quería entenderlo de momento. Sin embargo, me angustiaba la desesperación de aquella gente y llorar era una de las cosas más fáciles para mí. Nunca había sido una chica dura para nada. Mi madre solía decirme que tendría que aprender a sobrellevar las cosas y volverme alguien fuerte, alguien capaz de no demostrar sus verdaderos sentimientos. En ese momento, no podía frenar mis lágrimas.
Algún día aprendería a hacerlo pero yo no lo sabía.