CAP. 1
Hortensia siempre fue una niña muy vivaracha, desde que comenzó a andar, poseía unos grandes ojos de color verde que destellaban luces, sobre todo, mucha curiosidad. Su pelo de color rojo, siempre peinado en una hermosa trenza que terminaba en enormes lazos y cintas de todos los colores. Su mejillas sonrosadas y con abundantes pecas hacían total armonía con su delicada y perfilada nariz y sus carnosos labios rojos.
Todo el que veía a esta niña por primera vez, tenia la sensación de estar mirando el reflejo de la primavera, porque el atuendo que siempre llevaba era lleno de vuelos y lazos que danzaban al aire y hacían que pareciera que volara. Era un espectáculo realmente digno de ver, y si a esto le agregamos, que la niña siempre sonreía y trataba a todos con mucha amabilidad, estábamos en presencia de un hermoso ángel como la llamaba su querida nana.
Sus padres la adoraban, por lo que siempre en sus viajes la llevaban con ellos, pues no soportaban la idea de alejarse de ella un solo día. Aquel verano en que cumplía diez años, se encontraban en Marsella, lugar que le encantaba a Hortensia, por que podía visitar un hermoso jardín abundante en flores y mariposas que a ella en particular le fascinaban, las perseguía por todos lados solo para quedarse extasiada contemplándolas cuando se posaban en una flor. Allí también era muy habitual encontrarse con muchas personas y pintores que trabajaban al aire libre.
Sus padres tenían muchos negocios en el viejo puerto de la ciudad, su residencia se ubicaba en el barrio Le Panier, pero el lugar preferido de Hortensia era la plaza Castellane en el Prado por poseer un hermoso parque con muchos caminos donde poder correr e investigar la naturaleza. Cada día ella y su nana pasaban horas disfrutando del lugar.
En una ocasión en que después de correr detrás de una hermosa mariposa llena de colores, y que fuera a posarse en una delicada rosa, observo a un pequeño niño de su misma edad que miraba en aquella dirección y que casi estaba oculto por el enorme bastidor en que parecía ejecutaba una pintura. No le presto mucha atención, pues el abrir y cerrar de las alas de la mariposa y ver como libaba el néctar de la flor la tenían fascinada, permaneció en aquella posición por un gran rato. Luego la mariposa desapareció y su nana la vino a buscar para regresar.
Los siguientes días la historia se repitió con una constancia casi fantástica, ella llegaba al parque en el auto con su nana, la mariposa pasaba volando y Hortensia rauda corría atrás de ella hasta que se posaba en una hermosa flor prácticamente en el mismo sitio, y ella volvía a divisar al pequeño pintor en la misma posición, luego se concentraba en observar al hermoso animal.