Chapter 1
—Yo prefiero finales realistas —expresó sin sombra de duda Hermione—. Si han de ser tristes o abiertos, me parece bien, aunque no sea lo que espero o busco.
Los demás dejaron de lado su desayuno del sábado por la mañana y prestaron atención a la conversación que mantenían Hermione y Harry.
—Pues yo prefiero finales super catastróficos —aportó a la conversación Ron sin dejar de masticar—. De esos donde hay muerte y dolor, guerra y violencia y de todo, vamos. Me gusta pensar que hay personas que sufren mucho más que yo, eso me tranquiliza.
Su novia compuso una cara indescifrable arrugando la comisura de lado, el pelirrojo gozaba con la miseria humana hasta un punto nada saludable en su opinión.
Harry negó con cabezonería, los gustos literarios de sus amigos eran nefastos. Machacó con los dientes una salchicha para dejar tiempo al resto de hablar, si se metía de lleno, seguro habría pelea. El gran comedor de Hogwarts se hallaba en su máximo apogeo estudiantil, los famosos alumnos de octavo año se iban dispersando entre las mesas de sus respectivas casas y vieron pasar a Luna que les saludó radiante. Todos correspondieron al saludo haciendo un paréntesis en el tema y tras verla sentarse, prosiguieron.
—Pues a mí depende —dijo Neville pensativo—. Prefiero los finales felices, pero si la historia es muy buena y merece la pena, no me decepciona un final trágico. También es verdad que según mi estado de ánimo me veo con fuerzas o no de leer algo muy dramático.
Sus carrillos se abultaron tal vez por última vez, pues Longbottom empezaba madurar y su cuerpo así lo manifestó con los incipientes músculos y la disminución de la grasa corporal.
—Pues yo prefiero finales felices, pero ante todo que no sean abiertos —expresó Harry tajante— ¡Odio con toda mi alma los finales abiertos! ¿Eso qué significa? —sus ojos verdes se achicaron destilando rabia, no se sabe de dónde y golpeó contenido la mesa con el puño— ¿Es que al escritor le parece gracioso dejarnos con la duda? ¿Es un chiste? ¿Un juego macabro? ¿O... es porque en el fondo no tiene ni puñetera idea de como finalizarlo y piensa; Bueno, final abierto y quedo como un escritor de culto? ¡Mierdas todas! —bufó indignado.
El resto de los integrantes se quedaron impresionados por su queja apasionada, hasta que recordaron que Harry leyó hace poco un libro cuyo final era abierto, muy muy abierto, y estuvo rebufando como un basilisco toda la semana.
—Yo exijo finales cerrados —interpeló Ginny—, tanto me da si son tristes, felices o neutros.
Los gestos disimulados del resto le ahorró a la pequeña de los Weasley ver a Hermione suspirar rendida, a Ron fruncir el ceño, pues su hermana era de finales horribles como él, a Neville parpadear incrédulo y a Harry... Harry ni terminó de prestarle atención porque al Gran comedor entró Malfoy con sus secuaces.
Más alto.
Más estilizado si cabe.
Más guapo.
Más rubio.
Más elegante y más capullo para su consternación.
Al terminar la guerra y defender a su familia en los juicios, Harry creyó que enterrarían la varita de guerra. Le tendió la mano, Draco le barrió con la mirada más helada del planeta y sin mediar palabra lo dejó ahí plantado con la mano en alto y las orejas rojas... ¡Ah! Y el orgullo por el suelo tras las pisadas pausadas del imbécil más odioso y más guapo hasta la fecha.
Harry se quedó mirándolo mordiendo el tenedor y recordando con resquemor aquél gesto de hace unos meses, Draco escaneó con desdén el salón y levantó una ceja cuando sus ojos grises repararon en el grupo de leones, más concretamente en Potter. Se sostuvieron la mirada como si de una batalla se tratara, Malfoy sonrió de lado ufano, Harry apretó los dientes y desvió la vista hacia sus amigos prosiguiendo con el desayuno.
— ... Mientras sea una buena historia, el final...
Observó cómo se desplazó por entre los alumnos esquivando mesas, se sentó en su lugar predilecto acompañado de su aborrecible grupo de serpientes y masticó más rabioso.
— ... Eres un gore de imaginación sádica...
¿Porqué no podían llevarse al menos bien? ¿Porqué Draco lo hacía todo tan difícil?
—¡Harry!
La voz de Luna se oyó por encima de la gran algarabía y se aproximó sonriendo al grupo dando saltitos. Dejaron de hablar y la recibieron poniéndola al tanto de la conversación tan controvertida que los tenía a todos enfrascados en una pelea dialéctica de proporciones épicas.
Harry logró quitarse de encima la sensación de insatisfacción y les prestó atención.
—Yo pienso que una historia ha de ser como la vida, pero siempre con final feliz —dijo Luna ensimismada, sus ojos azules viajaron al grupo de serpientes y luego miró con detenimiento a Harry. Alzó su varita con delicadeza generando imágenes geométricas que empezaron a moldearse en corazones y lágrimas—. Una historia ha de hacerte sentir que te has enamorado, que has odiado, probado las mieles de la felicidad para también caer a lo más oscuro y deprimente del alma. Ha de arrancarte lágrimas, hacerte sentir impotente ante la injusticia y sufrir por lo perdido. Pero nunca ha de darte un final triste. Porque la vida ya es lo suficientemente dolorosa y mísera como para alargar la pena en el único lugar donde podemos refugiarnos —Luna miró al infinito con semblante triste—. La vida ya es suficiente, yo quiero experimentar y volar, mirar más allá, sentir a través del corazón de otros y no detenerme nunca. Quiero soñar y siempre querré mi final, un buen final.
No es que todos fueran a estar de acuerdo, pero sus motivos eran bastante respetables.
—¡Eso es una estupidez!
Nadie los notó, nadie se percató hasta que observaron a Draco Malfoy y al resto de sus secuaces cerca de ellos. Por lo que dedujeron, habían escuchado parte de la conversación saltándose muy descaradamente el desayuno.
—No te metas Malfoy, que nadie te ha incluido. —espetó Ginny frunciendo el ceño.
Draco observó a la pelirroja y enarcó una ceja ladeando la cabeza.
—Malfoy... —habló más serio Harry— estamos en una conversación privada y nadie os ha dado vela en este entierro.
El tic en el ojo del rubio dejó patente su irritación.
—¿Y cuál es tu opinión? —interpeló Luna muy amable pese al insulto.
El resto la observaron entre atónitos y confusos.
—Una buena historia, y más si es de amor, ha de tener un final que deje claro que realmente no hay final. Porque la vida y el amor no terminan hasta que cerramos para siempre los ojos, y con un libro ha de ser igual... Eterno.
Lo dijo con el tono convencido y los ojos puestos en Potter, apretó los labios arrepintiéndose de expresarse tan apasionado y desvió la mirada a Luna para refugiarse del calor que subía por su rostro.
—Me parece muy acertado —apoyó Luna. Neville y Hermione también asintieron sorprendidos—, pero si quieres una historia de amor eterno… —le golpeó el hombro con la varita y un corazón se formó como una voluta de humo oscilando hasta Harry—, tienes que darle siempre un principio, mejor si además es inolvidable.
Draco enrojeció, Harry enrojeció y Luna se rio como una campanilla.
Lo siguiente fue un traspié accidental por parte de la Ravenclaw que terminó con Malfoy cayendo encima de la mesa y chocando sus labios y dientes con Potter. Ya se había asegurado Luna de ello. Un flash, una foto y un grito después, sería el preludio de un principio inolvidable que nunca, nunca tendría fin.
Fin.