Capítulo 1
El amor no tiene límites, el verdadero amor nace en aquellos seres que realmente sienten y comparten este sentimiento. El amor no tiene sexo, ni raza o color. El amor es solo eso, amor.
— ¿Puedo besarte?
—¡Pero no soy gay!
— Yo tampoco. Pero muero, por besar esos labios rojos y carnosos que tienes.
— ¿Quieres de verdad besarme, como besas a una mujer?
— Sí, quiero besarte. Desde que te vi por primera vez, no dejo de pensar en tus labios.
— ¡Pero no soy gay! ¿Cómo vamos a besarnos?
— Dijiste, que era hermoso la primera vez que me viste sin ropas.
— ¡Lo eres! ¡Eres muy hermoso! ¡Pero no somos homosexuales!
—Solo, para que se me quite la obsesión de tus labios, por favor, deja que te bese.
—No lo sé. Me da miedo.
—Nadie lo sabrá. Solamente tú y yo.
—¿Y si te gusta? ¿Querrás volver a besarme?
—No lo sé. ¿Y si te gusta a ti?
—Lo pensaré. No sé, si es correcto.
—Acércate, deja que te roce solamente tus labios. Por favor, no duermo soñando contigo. ¡Nunca me había pasado!
—Está bien, solo un roce. Has sido muy bueno conmigo. Dejaré que lo hagas.
Cierra los ojos, siente como él lo toma por la cintura, y lo atrae hasta unir sus dos cuerpos. Una corriente de placer, lo recorre por todo su cuerpo. Él, le levanta la barbilla, acerca su rostro. Puede sentir su respiración agitada, chocar con su rostro.
Primero, es un leve roce temeroso, luego, un beso suave que lo llena de emociones, gime ante lo que siente, levanta sus manos y las lleva al cuello de él, lo atrae entreabriendo su boca, para recibir un salvaje beso que le está dando su amigo. Siente como le recorre sus labios milímetro a milímetro, saboreándolo. Se deja llevar, ante el placer que lo embarga, se aprieta más a él. Se besan con desesperación. Se separan, para tomar aire mirándose en silencio. Sin saber qué decir.
Los dos, tienes unas enormes erecciones.