Prólogo
Jarod
27 de Marzo
Golpee con la yema de los dedos el cristal de la mesa y miré por séptima vez en un minuto el reloj. La reunión se había vuelto monótona y estaba tan cansado que los ojos se me cerraban. Necesitaba acabar con esta maldita reunión cuanto antes o me iba a volver loco.
Aproveché que uno de mis empleados se había quedado en blanco para ponerme de pie. Me abroché la chaqueta y todos clavaron su mirada sobre mi aunque eso no me intimidó. Yo era el jefe, los que debían de temer eran ellos ante mi.
-Hemos terminado por hoy-declaré.
Todos empezaron a salir como si fueran directos al matadero y fueran pobres corderos que saben que su muerte está cerca. El chico que se había quedado en blanco salió el último y me lanzó una mirada de pena. ¿Me daba pena? La respuesta era clara, no. Cuando cerró la puerta volví a mi silla y me apoyé sobro los codos. Joder, necesitaba dormir más horas de las que tenía un reloj. Iba a volverme loco si seguía con las tres horas de sueño diarias.
Miré mi móvil y vi veinte llamadas perdidas de Emma, mi mujer, la llamé enseguida y conseguí que me respondiera después de varias llamadas.
-Hay un problema-Dijo agitada.-Me han llamado del colegio de Olivia porque tiene un poco de fiebre y creo que se lo he pegado yo.
-¿Desde cuando tienes fiebre?
-Desde esta mañana. ¿Puedes ir por Olivia? Creo que lo mejor será aislarme por si tengo algún virus contagioso que no empeore.-Rode los ojos en señal de cansancio tras escuchar su excusa aunque ella no me viera. Había mejores excusas para decir que quieres ir al spa.
-Iré por ella.
Colgué.
Casi era hora punta y las calles de mi querida New York estaban abarrotadas como de costumbre. El colegio de Olivia estaba por lo menos a veinte minutos y más de media hora si había tráfico.
Mi pequeña hija estaría asustada por tener que esperar que fuera a recogerla antes de tiempo y estaba seguro de que sus ojitos estarían llenos de lágrimas por la fiebre. Siempre que enfermaba le ocurría lo mismo y todo se iba a la mierda cuando empezaba un día así. Después de esos ojos tristes y cargados por la fiebre venían llantos y tragedias. Solo era una niña de seis años no podía exigirle que no se comportara como una cuando no entendía lo que le estaba pasando.
En tiempo récord conseguí llegar y vi a mi hija sentada en el banco de fuera del despacho del director. Tenía los ojos un poco rojos y el pelo sudado posiblemente por la fiebre.
-Señor Davis que suerte que haya llegado pronto. Olivia ha empeorado estas horas y tiene fiebre alta, será mejor que haga reposo en casa unos días-Me regaló la misma sonrisa de siempre que le llegaba hasta los ojos. Era yna chica joven bastante atractiva-Vigílela estos días por si empeora, no es la única con fiebre en clase.
Le agradecí que se preocupara por mi pequeña, más que su madre, y le hice un intento de sonrisa que solo se quedó en una mueca. Cargué a mi hija en brazos y se abrazó a mi cuello sin dudarlo.
-Papi, me duele la garganta.
-Lo sé cariño. Ahora vamos a ir a casa y te daré un jarabe mágico.
-¿Es una poción de hadas?-Preguntó entusiasmada. Tenía obsesión con cualquier cosa de fantasía.
Mi móvil sonó de nuevo y quise estrellarlo al ver el nombre de Emma en él. Miré por un segundo el móvil mientras conducía y en la pantalla vi el nombre de mi padre. Esa vez no caería en la trampa porque sabía que está enfadado por lo de la reunión y por marcharme antes, era el segundo jefe y hacía lo que quisiera. Además, mi hija me necesitaba.
Volvió a sonar pero esta vez era Emma.
-¡Jarod! Tienes que venir a casa. Creo que algo no va bien con el bebé, he roto aguas y aún quedan tres semanas para salir de cuentas. ¿Has recogido a Olivia? ¡Dios mío!-Gritó por la otra línea.-¡Date prisa!-Volvio a chillar antes de colgar.
-Olivia tienes que ir a casa de la abuela-Le dije a mi hija que me miraba decaida por el espejo-La hermana quiere nacer antes de tiempo y no puedes venir con nosotros ¿vale? Te prometo que papá estará mañana para darte un beso.
-¿La abuela también tiene poción de hadas?
-Claro que si. Pero no se lo puedes decir a nadie.-Sonrío y agradecí que fuera una niña tan buena para no hacerme un drama porque la iba a dejar de lado.
Conseguí dejar a mi hija en casa de mis padres y fui a casa por Emma. Ni siquiera había contestado a las veinte llamadas de mi padre. Claro está que mis hijas estaban antes que cualquier cosa.
Emma estaba en la cocina intentado relajarse pero se retorció del dolor tocándose el vientre. Vi como la sangre bajaba por sus piernas y el temor casi me causó un paro cardíaco. Eso no era normal.
Cuando escuchó las llaves se giró y me miró con lágrimas en los ojos. Ella sabía que algo no iba bien por el temor en su cara. Me suplicó con la mirada ayuda y casi dudé en cómo debía reaccionar hasta que abrió la boca.
-Algo no va bien. Estoy sangrando y me duele la parte baja.-Dijo asustada. El miedo me atravesó y me bloqueo por completo.
Emma me golpeó y solo cogí las llaves del coche. Joder, que puto desastre se avecinaba. El hospital estaba bastante lejos y cada vez lloraba más fuerte del dolor. La barriga se le contraía y no paraba de sangrar, incluso se le mancharon los pantalones. Eso no era bueno. Sus nervios empeoraban los míos y posiblemente empeoramos la situación ambos pero cuando se trataba de la vida de tu hija cualquier inconveniente te asustaba.
Conseguimos llegar al hospital y enseguida la atiendieron un par de enfermeras. A mi me dejaron en el pasillo sin saber absolutamente nada ni qué hacer.
Avisé a mi madre, a su madre, a su padre y a mi hermano. No sé qué estaba pasando pero me estaba volviendo loco. Era la vida de mi hija la que estaba en juego y nadie me decía absolutamente nada.
Los médicos no paraban de entrar y salir a toda prisa y ninguno me decía una palabra. Escuché el llanto de la madre de Emma al final del pasillo y a la vez salió un médico. La ignoré por completo, lo importante era mi hija y mi suegra solo quería montar un escándalo
.Seguí al médico con el corazón en la mano porque no sabía que estaba pasando con ellas. No sabia qué iba a decirme y no escuchaba el llanto de ningún bebé. Con el corazón en la garganta atravesé el pasillo hasta llegar a una sala.
Entré sin pensarlo dos veces y una matrona sostenía en brazos a un bebé muy pequeño. No lloraba y no sabía si era una o mala señal.
-Señor Davis la pequeña ha nacido antes de tiempo porque no podía respirar bien. Su esposa sangraba porque la niña a penas recibía oxígeno y ha sufrido una hemorragia muy grande. ¿Sabe si seguía todas las indicaciones de la ginecóloga? Todo apunta a un intento de aborto pero no sabemos si podría haber sido provocado.
-¿Me está diciendo que mi mujer se ha provocado una amenaza de aborto para que mi hija muriera?
-La niña está bien, con suerte. Es un poco más pequeña pero es normal por haber nacido tres semanas antes de lo previsto. Unos días en la incubadora y podrá marcharse a casa.-Solté todo el aire que tenía en los pulmones y miré a mi hermosa hija que sostenía la matrona.-Debemos hablar de su mujer. Ha perdido mucha sangre y la hemos tenido que anestesiar porque algo no iba bien. Con el intento de aborto podría haberse dañado ella misma por dentro. Las primeras horas serán cruciales para su salud.
-¿Puede morir?-Pregunté sin vacilar. Las palabras salieron casi antes de pensarlas.
-Aún no lo sabemos-La mueca que hizo no me gustó pero quise ignorarlo y solo asentí no muy convencido de sus palabras. Sabía que algo no estaba bien.
La matrona se acercó y me dio a mi hija. La estreché entre mis brazos y mi pequeña hizo un puchero. Tenía tanto miedo de tocarla y que se rompiera. La veía débil y quise gritarle a la insensata de mi mujer por causarle esto a nuestra hija.
-Tranquila. Ahora estás con papá y siempre te voy a cuidar.
La pequeña empezó a llorar y la acuné entre mis brazos mientras la mecía.
Emma había intentado provocarse un aborto para que mi hija no naciera. Había jugado con la vida de nuestra hija y ahora era ella quién se debatía entre la vida y la muerte.
La notaba diferente, sabía que no era igual que con el embarazo de Olivia. Pensaba que no le gustó la idea de volver a tener que cuidar a otro bebé y que su cuerpo se quedara igual que la primera vez. Cuerpo que no tardó en operarse para parecer que tenía veinte años de nuevo.
Pero ella fue quién tomó esta decisión, dejó de tomarse las pastillas anticonceptivas sin decirme nada y por si fuera poco me engañó diciendo que si se las tomaba pero fue un fallo. Como un imbécil le creí hasta que la ginecóloga lo comentó en la primera revisión. Discutimos todo el camino y ella se fue con la bruja de su madre unos días. Pasar esos días sin ella y a solas con mi hija me hizo replantearme el divorcio pero claro ¿como le iba a pedir el divorcio si íbamos a tener un segundo bebé? Su madre me hubiera asesinado antes de pronunciarlo si quiera y ella armaría todo un lío con la prensa dejándome mal. No podía dejar que algo afectara a mi trabajo y mucho menos a la vida de mis hijas.
Miré de nuevo a mi hija que dormía plácidamente en mis brazos y sonreí de lado. Ella misma había intentado escapar de la bruja de su madre porque le estaba haciendo daño. Mi pequeña había sufrido a manos de quién más la debería de querer sin ni siquiera haber nacido. ¿Que le diré en un futuro? ¿Tú madre intentó abortar cuando quedaban semanas para que nacieras? Jamás permitiría que supiera de esto.
-Bienvenida a la puta vida, Lizzie. Lo siento por todo lo que tendrás que sufrir a medida que vayas creciendo pero de eso se trata la vida. De sufrir y aguantar, aunque no todo es malo porque papá te va a proteger junto a tu hermana. Seremos los tres contra el mundo.