Que los Dioses me perdonen porque yo no puedo.

Summary

Thor relata su vida y los infortunios de ésta hasta llegar al punto de inflexión donde lo mejor y lo peor le serán revelados.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Narra Thor


Mi nombre es Thor en consideración al Dios Nórdico. Madre, heredó el entusiasmo del abuelo por esa cultura tan exótica y por demás pagana. Ella creía en las leyendas aludiendo siempre; «Hijo, detrás de cada cuento o historia siempre hay algo de verdad». Era tal su convicción que creía firmemente en las reencarnaciones y por consiguiente el paseo involuntario de un alma otrora Dios del trueno y ahora niño común, véase...yo.


Tras mi nacimiento, su capacidad de concebir quedó nula y fue en ése entonces que orquestó la consabida adopción de otro niño y futuro hermano. Nunca dijo que tuviera que ser varón como tampoco su edad ni condiciones. Solo decía «el Karma proveerá». A mis Tres años llegó a nuestra vida Loki. Por aquel entonces el pequeño ya contaba con casi diez meses de vida, cabello azabache y ojos imposiblemente verdes. Mi madre al recibirlo en los brazos lloró y miró al cielo. No pude separarme de él. Se convirtió en mi todo.


Conforme fuimos creciendo el entendimiento por esas leyendas se hizo más cuantioso y notorio, éramos a mis casi siete años y Loki a los cinco unas eminencias. Y empezaron los problemas. Padre repetía hasta la saciedad que yo de mayor heredaría su oficio de constructor y representaría con orgullo el apellido. Nunca dispuso una palabra amable hacia mi hermano. Ese martillo perteneciente a su caja de herramientas silbaba con fuerza en la mano de Padre el aire, dibujando parábolas mientras sermoneaba a Loki por sus travesuras.


"—Algún día heredarás mi oficio y el martillo, sólo un hombre de verdad puede blandirlo con orgullo y desde luego tu hermanito no es aspirante."


Las "perlas" que sembraba no hacían más que separar y enemistarme con mi hermano, poco o nada nos duraban las peleas pero ahí estaban. Madre nos amaba con esa disposición ecuánime que solo una madre sabe ofrecer. Tardes enteras representando a otros dioses, litigando con gigantes u otros mundos, convirtiéndome en un dios aguerrido y mi hermano en un gigante astuto y provocador maestro del subterfugio. Madre nunca permitió que fuera considerado el villano y ciertamente las leyendas así lo atestiguan.



Loki tenía Diez años y Thor Trece. (Narrador omnisciente)


Era noche cerrada, en la habitación de Thor hacía frío y la oscuridad lo engullía todo. Solo se oía el suave ronquido del joven entregado a los brazos de Morfeo.


Bien sabían todos que cuando Thor dormía ya podía caer el cielo que no despertaría. La puerta se abrió con pasmosa lentitud y en sagrado silencio se dejó entre ver la menuda figura de Loki oteando el interior. Éste, entre temeroso y decidido, se desplazó descalzo por el suelo enmoquetado hasta llegar a la orilla de la cama.


—Thoooor —susurró nervioso.


—¿Loki? —ante el reclamo del niño su hermano mayor alzó la cabeza desorientado.


—¿Puedo dormir contigo? —El ruego era tenso y urgente. Ambos sabían que Loki por primera vez estaba dispuesto a humillarse.


No es que Thor se lo pensara o tuviera inconveniente en ello, pero el sopor era poderoso y necesitó de unos instantes para organizar los hechos. Loki, creyéndolo dudar, aferró con desesperación sus manitas a la colcha e inclinó su torso en una muda plegaria. Por respuesta, el joven deslizó las sábanas a un lado e hizo sitio invitándolo a entrar sin preguntas. Ambos se acomodaron primeramente de espaldas al otro y finalmente cara a cara.


—¿Me lo vas a contar? —su voz algo ronca por el sueño e inestable por los cambios de la pubertad rompió el silencio.


—Una pesadilla nada más.....—y suspiró.


—Acércate. —no fue una petición sino más bien una orden teñida de seguridad. Lo abrazó por entero acoplándose en su pecho y entrelazando las piernas.


La quietud, el tibio calor de la cama, sus cuerpos juntos, las respiraciones y el narcótico bienestar de la madrugada fría hizo el resto para que se rindieran al sueño. Aquella fue la primera y última vez que durmieron juntos. Odín, para no salirse de ese guión preestablecido los amonestó ridiculizandolos, insultando su hombría y alegando que jamás Thor se convertiría en un hombre cobijando a su hermano pequeño en la cama. Loki se llevó una bofetada y una mirada que bien podría competir con el verdadero Padre de todos.



Loki tenía doce y yo quince. (Narra Thor)


Loki se enteró de que era adoptado por un comentario inoportuno de Padre. Tal fue la bronca que tuvieron madre y padre que por primera vez de quien tuve miedo fue de ella. Su rostro era fiero, su porte altivo, orgullosa y letal como si de una Reina se tratara enmudeció a padre. Dejó en claro que ella tenía dos hijos porque era a dos los que tuvo entre sus brazos, amaba y lloraba por los dos y moriría por los dos. Su discurso fue Ley y Padre no mencionó palabra alguna. Horas más tarde ella arrulló con mimo infinito a Loki explicando con paciencia todos los pormenores y anécdotas de su adopción. Loki no dudó nunca más de que ella era su madre y yo su hermano.


***Aquella misma noche.


Tenía sed, mucha sed y fue por eso que pese a mi descomunal sueño me desperté. Eran las tres y treinta y tres de la madrugada según mi reloj de Mjolnir, regalo de mi querido hermano. Sentía la garganta seca y rasposa como la lija, una sensación acuciante de necesidad por agua gobernó todos mis sentidos y finalmente me levanté. Debía cruzar el pasillo hasta las escaleras que conducían descendientes al primer piso, donde se hallaba la bendita nevera o mejor dicho la cocina.


Me desplacé mareado como un zombi en piloto automático sin ser apenas consciente de mi entorno, la casa estaba en riguroso silencio pues madre al igual que yo caía en estado comatoso tal cual rozaba la almohada. Cuando estaba a punto de bajar el primer escalón escuché un ruido amortiguado seguido de otro más agudo, mi cerebro apenas en funcionamiento logró registrar qué era. Descubrí que la habitación de mi hermano estaba en penumbra, iluminada apenas por la lámpara de noche. Lo sabía porque una luz verde mortecina sobresalía por el resquicio de su puerta cerrada........ ¿Espera, cerrada?..... El cerebro no acababa de despertar y la sed aguijoneó mi garganta. Finalmente bajé a la cocina.


Al subir no había luz en su dormitorio y el silencio reinaba de nuevo.




Loki tenía trece y Thor Dieciséis. (Narrador omnisciente)


Frigga murió de cáncer, se guardó el secreto hasta que ya no pudo seguir la pantomima. Una tarde los hizo llamar a los dos a solas a su habitación y apretando sus manos recitó con amor:


—Hijos míos, pronto habré de partir. Puedo decir con orgullo que muero luchando hasta el final pero no os inquietéis, porque iré al Fólkvangr. Os amo, tanto o más que a mi vida y tened presente siempre que sois familia.


Lágrimas gruesas serpenteaban por sus pómulos haciendo surcos de sal y sus labios temblaban resecos y tibios observando a los dos amores de su vida.


—No os perdáis por el camino, tened paciencia con vuestro padre pues es hombre de viejas costumbres y no sabe demostrar su amor. Pero os aseguro que así es.


—No lo dudé ni por un segundo madre..... —Loki atravesó de forma sacrílega el momento regalando una mirada verde impenetrable y un rictus amargo muy impropio de un niño a su edad.


Ambos, madre e hijo mayor giraron sus rostros sorprendidos. La una con temor y preocupación y el otro con confusión y predisposición beligerante. Frigga rezó, rezó a los dioses porque realmente creía en ellos para que le ayudasen a mantener el hogar que con tanto dolor y sacrificio construyó. Siguió hablando del amor, la lealtad, el legado, la entrega y el perdón. Sus hijos que pese a todo la entendían escucharon abrazados y besaron a su madre.


Fué incinerada y se recitaron Odas y poemas en alabanza a los dioses Nórdicos y a los gigantes.


Ahí empezó el declive.


Era jueves, en el decimoséptimo cumpleaños de Thor no hubo fiesta ni reunión de amigos, por otra parte incansables enemigos de su hermano Loki. Aquella tarde no hubo regalos por parte de Padre, y éste haciendo gala de su indiferencia, se marchó sin decir a dónde. Loki llevaba desde la muerte de su madre en un estado indefinible de aflicción y tristeza irreparable. Sus comentarios eran cada vez más hirientes, sarcásticos y cínicos. Nada ni nadie escapaba de los azotes de su perverso humor, inclusive su padre. Tal era su descarriado comportamiento que en más de una ocasión Thor se vio en la necesidad de intervenir para que la sangre no llegara al rio. Las discusiones entre hermanos eran titánicas, como golpear una pared. Poco importaba si era un hecho insignificante, algún estúpido amigo del mayor o el carácter simple y bruto de Thor.


Loki, haciendo gala de un nutrido y sorprendente vocabulario, tenía plegarias para recitar al menos doce veces al día, cada día de la semana en alabanza a las "vicisitudes" de su hermano. Eran ya ocho los meses que se planteaban así cuando llegó el cumpleaños y lejos de discutir o ignorarse se quedaron en silencio sentados en la mesa de la cocina escuchando el magistral portazo de la entrada. Se miraron bien por primera vez en meses. Unos ojos verdes cerrados a cal y canto contra unos ojos azules embargados de preguntas y súplicas.


—Hermano.... —empezó diciendo Thor. Sus manos se retorcieron nerviosas en el regazo y la espalda tensa como la cuerda de un arco se inclinó. Las tornas habían cambiado.


—¿Quieres que veamos una película juntos? —Loki ofreció casi de carrerilla ese entretenimiento con la esperanza de no entablar la consabida charla.


No lo miraba, sus ojos se desviaron a las manos de su hermano y por un fugaz momento flaqueó su determinación de mantener las cosas como estaban. Lo amaba, tanto era así que callaba, pero el sufrimiento era un monstruo en sus entrañas y llevaba tanto tiempo mordisqueando su alma que poco o nada le quedaba ya. A la edad de catorce años conocía lo peor del mundo, la bajeza moral de lo mundano y la hipocresía. Conocía; La decepción, el dolor y el terror, el miedo al abandono y al rechazo. Si era algo destinado a suceder, y bien sabía Loki con horror que así era, bien podría él por una vez en su vida controlar el momento, el cuándo y el dónde pero sobre todo el quién.


Thor atravesó el espacio con una mirada cargada de esperanza y una sonrisa arrebatadora que golpeó a Loki en el corazón.


—¡Por supuesto! la que tú quieras, es mi cumple pero tú eliges hoy enano. Puedo hacer palomitas con mantequilla y traer unos refrescos.


—V-vale... sí, ¡¡claro!! —Loki, aturdido y embriagado de calidez saltó como una liebre y dirigió grácilmente sus pasos hacia el comedor.


Las risas y las tomaduras inocentes de pelo entre hermanos amenizaron la estancia ya con la película preparada, un sofá que hacía las veces de trono y un festín digno del Valhalla. A mitad del film Loki cayó dormido en el hombro de su hermano y éste con la sorprendente oportunidad de admirarlo detenidamente se deleitó. Se fijó en su rostro actuando con pericia mientras lo rodeaba entre sus brazos por si despertaba. Ya con la seguridad de no verse descubierto se encantó.


La piel marfileña, tal vez hermosa pero deslustrada y desgastada como si no estuviera sano, labios imperceptiblemente rosados, secos y deslucidos por las grietas y heridas de sus mordidas. Thor empezó a arrugar la frente ante el reconocimiento.


Loki no presentaba la lozanía que debía lucir a su edad, escuálido y algo más pequeño de lo debido. Sus párpados plagados de venitas rojas y acompañados de unas nada desdeñables ojeras. Todo ello indicaba a quien estuviera dispuesto a observar y no a ver simplemente, que Loki no comía en condiciones, lloraba de forma continuada y apenas dormía lo mínimo recomendado.


El pecho de Thor se oprimió como si un puño de hielo se tratara, estaba deprimido, claramente por la muerte de madre y esa situación era ignorada magistralmente por los dos mayores de la casa. Se fustigó y se permitió regodearse en la autoflagelación. La culpa azotó sus nervios y lloró en silencio aferrándose a él y besando su cabeza de cabello oscuro. No terminó de ver la película, se quedó quieto abrigado en el sofá abrazando a su hermano y con la firme promesa de cambiar las cosas. No lo perdería a él también. Al final lo levantó en volandas y se dirigió a su propia habitación, si Padre objetaba, él y solo él asumiría las consecuencias. Con infinito cuidado lo desvistió reservando los calzoncillos e introdujo en la cama el cuerpo liviano de Loki arropándolo.


Se marchó por unos instantes al cuarto de baño para prepararse y apagando la luz se encaminó a oscuras hacia el lecho. Lo abrazó de nuevo, le era imposible no hacerlo, sintió su tibieza y la respiración regular y pesada del menor. Degustó con creciente inquietud el aroma de su pelo y presionó su pecho enjaulando aquél cuerpo.


Algo... algo no iba bien. Era como tener una idea pronta a nacer o una palabra atascada en la punta de la lengua. Se removió tenso y angustiado olfateando inconscientemente la coronilla de su cabeza mientras acariciaba la espalda de su hermano. Thor se congeló, se tensó y agarrotó todo a la vez o por orden, ni él lo sabía.


"No, nonononononononono... no podía, no podía ser..." los pensamientos histéricos golpeaban con la fuerza de mil rayos la conciencia de Thor.


Tenía el valor, por así decirlo, y la honestidad suficiente para saber qué le estaba pasando. No iba a auto engañarse con justificaciones infructuosas ni tampoco analizaría la naturaleza de esa malsana y aberrante reacción física. Estaba en pánico, seguro y, seguro como que se llamaba Thor y algún día heredaría el martillo de Padre, que en estos instantes enarbolaba con descarada impertinencia una erección. El aberrante bulto de sus pantalones de pijama buscaba como si de cerebro propio dispusiera la entrepierna de su hermano. Deseaba apretarse, frotarse y mil cosas innombrables contra la parte baja de Loki. Sus pensamientos libres y caóticos escaparon a su control.


"Si se diera la vuelta me frotaría contra su"... sesgó el pensamiento con fuerza bruta. "De seguro es porque aún no he tenido sexo de verdad, solo un par de besos rancios y algún que otro magreo algo subido de tono". ¿A quién quería engañar? Cada una de las explicaciones que momentos atrás juró no formular para no insultar su propia inteligencia se mostraban poderosas como un último recurso desesperado para no juzgarse un depravado. Sus caderas ondularon traicioneras y suspiró cortadamente antes de separarse lo suficiente para no caer en la tentación.


Se levantó con un sigilo digno del mismísimo Loki, se encerró en el baño por unos minutos largos y desandó el camino hasta la cama que compartía con su recién descubierta penitencia para reacomodarse, ahora sí de forma casta, en un ligero y reconfortante abrazo. El desahogo acompañado del auto desprecio lo envaró hacia un sueño superficial y agitado plagado de pesadillas o no, según se diera el caso.


Cuando Thor abandonó el calor de la cama para internarse en el baño Loki abrió los ojos exhalando anhelo y decepción. Esperó quieto y preparado por si los avances se retomaban. Él no se opondría. Al escuchar el click del interruptor oscurecer el baño cerró sus párpados. Pasos ligeros, aire frio y hundimiento del colchón, el calor de Thor acercándose a él, un abrazo dubitativo y un amparo cálido pero no del todo reconfortante. No......no sería. Suspiró quedito y se conformó.


A partir de esa noche las cosas se precipitaron para Thor en una sucesión de hechos y pensamientos incontenibles. ¿Que Loki sonreía ufano, pagado de sí mismo? Thor asomaba una sonrisa pareja llena de...nada, porque era una sonrisa boba. ¿Que Loki recogía su hermoso pelo por detrás de la oreja? Thor admiraba con malsano entusiasmo el gesto.


¿Un insulto?


—Thor —bufó con irritabilidad el menor alzando una ceja con elegancia— Hacedme el favor tú y tu ego de agarraros de las manos y lanzaros por un precipicio bien alto. Es tal vuestro orgullo y rivalidad que pelearías el uno contra el otro por ver quién se estrella primero contra el suelo y estrena con honores y alabanzas el suelo con sangre. Así de predecible eres hermano.


Ante tal perorata, Thor lejos de enfadarse como siempre, se reía con inusitado humor y palmeaba su espalda.


—Eres muy listillo hermano pero te conozco, ésa es tu forma de apoyarme y de hacerme un cumplido. No soy tan simple.


A lo que Loki con mirada dura y rostro altivo se casi rendía a una sonrisa de lado.


Un día, tres semanas después de los hechos, se hallaban los tres en la mesa de la cocina. Era la hora de cenar y Loki tenía la comida preparada. Su padre se encontraba distraído leyendo cualquier cosa en su móvil. Loki se inclinó en el horno y su culo respingó tan detalladamente que fue como el grito de guerra de una Valkyria. Su mirada azul se hallaba atornillada, pegada y tachonada a ése culo que cada pocos e insufribles minutos no paraba de contonearse. Sus labios se entreabrieron como si fuera un cascarón sin vida, sus ojos seguían el objeto de su deseo cual manzana custodiada por Iðunn. La boca se le resecó y una mirada verde cruzó con la suya clavándolo en el suelo. El fugaz momento pasó y Loki continuó ondulando su culo y revoloteando los cabellos con gracia. Thor se convirtió en fiel creyente de ése cuerpo y esa mente y a los pocos segundos su corazón y su alma levantaron un Altar para orar sus beldades.


—Eres hijo de tu padre... — Odín habló suave y contenido alterando el ritmo cardíaco del muchacho mayor, una sonrisa asomaba y la mirada del adulto se condujo hacia Loki para luego depositarla con renovado descaro en Thor, exudando orgullo y algo más que el rubio pajizo no supo interpretar.


Thor, que experimentó la muerte por un instante, sintió el pulso tronar en sus oídos y desplazó su mirada a nada en concreto. Hizo como si no hubiera oído bien, tampoco es que entendiera realmente, se dedicó a poner la mesa y evitar a su hermano el resto de la velada.


Tres meses después la situación se hizo insostenible cuando actuando sin pensar estuvo a punto de empotrar el cuerpo de su hermano por detrás mientras éste, distraído escuchando música, arreglaba el contenido de su armario. Thor reculó sacudido por la culpa y el miedo a partes iguales abandonando la habitación sin más.


Empezó a salir con Sif, una compañera de clase que era hermosa, fuerte y de carácter la cual bebía los vientos por él. Con ella experimentaba pasión física y una camaradería que le permitían alejarse convenientemente de su hermano y los impulsos carnales que despiertan en él. Prometió cuidar de la tristeza de Loki, apoyarlo y protegerlo, pero como adolescente que era pronto olvidó su objetivo para centrarse en sus propios problemas huyendo claramente de ellos.


Fue justo entonces que la relación de hermanos acabó por romperse definitivamente. Thor siguió defendiéndolo frente a Padre, cuidó de su alimentación y bienestar todo lo posible pero Loki claramente estuvo más irascible si cabe. Los insultos hacia su persona eran cada vez más hirientes y la oratoria de la que hacía gala no buscaba otra cosa si no insultar con más ahínco la inteligencia de su hermano Thor.


Las palabras «Eres ciego hermano» o repetidamente «eres predecible, insufrible, estúpido, simple...» coronaban sus conversaciones si es que éstas ocurrían por milagro divino. Thor, cansado de su rechazo y de litigar entre su Padre y su hermano acabó por rendirse.


En más de una ocasión pareció que Loki abría los labios para expresar algo pero siempre callaba. El mayor juntó sus frentes, buscando con desespero su mirada de Edén y suplicó;


—¡Por favor hermano! háblame, quiero entenderte... —pero nunca hallaba respuesta honesta. Siempre era el mismo ritual.


Una desviación clara de ojos verdes, una mueca de desprecio y un dolor en su bello rostro con insulto incluido escogido a la carta para apartarse y marcharse en silencio con la última palabra. El día en que finalmente Thor empezó a trabajar con su padre renunciando a los estudios y mudándose con su novia Sif a un modesto piso, fue el día en que Loki huyó por primera vez de casa.


Después de ésa hubo muchas más. Muchos abandonos del hogar, discusiones y peleas en el instituto. Loki se rodeaba de malas compañías y día sí día también un moretón acompañaba su cuerpo o rostro. La decepción de Odin era grande y Thor, cuya batalla creía perdida, se alzaba con renovados esfuerzos y lo intentaba.