1. La ley de Murphy
Si me alguien me preguntara cual es mi actividad de procrastinación favorita, probablemente no sabría que decir. Desde hace tres años no sé lo que es tener tiempo libre. Aunque sinceramente se siente como si hubiera pasado una eternidad desde que hice algo sólo por mí.
—¡Chelsea! ¿Has pensado que quieres hacer estas vacaciones?— pregunta Lily antes de dar un gran bocado de tallarines.
—Yo ya me gradué— respondo revisando que mi uniforme se encuentre correcto antes de salir—. La vida laboral no tiene vacaciones, mucho menos cuando necesitas dinero.
Desde que mi sueldo como abogada es un asco he tenido que arreglármelas para sobrevivir. Y era trabajar en el bar en el que me encuentro ahora o en un restaurante que me obligaba a usar ropa ajustada para el consumo masculino.
Al menos en donde trabajo ahora mi jefa es bastante agradable, con mi sueldo ahí y las propinas puedo completar bastante bien mis gastos. Además, tenemos música en vivo cada fin de semana. En la oficina todo es silencio o quejas.
Estupida vida de asalariado.
Lily tiene suerte de que todavía le falte un año para su graduación.
—¿Que hace una semana no me dijiste que ibas a renunciar?— cuestiona mi amiga.
He pensado eso tantas veces que no me sorprende haberlo dicho por accidente en voz alta. Aún así, no puedo renunciar, si lo hago terminaré perdiendo la oportunidad de subir de puesto y tendré que empezar de cero en algún otro lugar.
Me encojo de hombros—Lo olvidé.
—¿Cómo se te olvida renunciar?
—Estaba ocupada.
—¿Haciendo qué? ¿Trabajando?
Estupida vida de asalariado.
—Bingo— respondo simplemente.
Al girarme hacia mi compañera de piso, noto que en su rostro se forma una sonrisa que no había visto en mucho tiempo.
—¿Sabes que deberíamos hacer?— deja el tenedor caer estruendosamente sobre el plato.
—No, pero supongo que me lo dirás.
—Desde la preparatoria no hemos estado todos juntos al mismo tiempo. ¿Sabes cuantos años han pasado desde que nos graduamos, Chelsea?
Siento que no ha pasado hace tanto, pero una vez que comienzo mentalmente a contar me doy cuenta que he dejado pasar el tiempo sin hacer nada importante con mi vida.
—¡Seis años!
Suspiro—Gracias, ahora me siento vieja.
Y mediocre.
Me mira mal—¡Tenemos veintitrés, exagerada!— aprieto los labios intentando no decir algo— Sólo digo que ya es hora de que los ocho volvamos a estar juntos.
—Siete— corrijo.
Se detiene de llevar la cerveza a su boca y parece quedarse un pequeño trance. Casi me arrepentí de mencionar a Josh, pero cuando una sonrisa melancólica apareció en su rostro pude sentirme más tranquila.
—Siete entonces— dice antes de dar un largo trago.
—¿Y sabes que ha sido de todos en este tiempo?— Cuestiono. —Solo sé que aún respiran porque de pronto te escucho hablando con ellos por las noches.
Ríe—No es nuestra culpa que te hayas convertido en una hippie sin redes, o que no tengas tiempo para una conversación de más de cinco minutos conmigo.
—¡Tuve que dejar las distracciones!— Tomo mi bolso y meto mis cosas de forma apresurada.— Era difícil concentrarse en clases cuando no me interesaba lo que decían los profesores. Además me acostumbre a vivir sin redes luego de que me gradúe. Los mensajes de texto son suficientes para mi.
—Deberías volver a usarlas, te has perdido de mucho.— Canturrea.— ¡Que por cierto quería hablarte de eso, aprovechando que estamos hablando!
—Si es sobre el nuevo libro de Uriah prometo que el fin de semana iré a comprarlo— digo antes de salir caminando hacia la puerta de entrada—. Lo siento mucho, Lily, ¡ya voy tarde!
Cierro la puerta y comienzo a correr hacia el elevador. Claro, sin poder evitar pensar en cuantos años han pasado desde que estaba en casa de los Hennman riendo y bailando junto a todos mis amigos. Me sentía tan ligera que incluso tenía esperanza de que todo iría fácil a partir de ese día.
Pero la vida luego de la preparatoria es como un golpe en el rostro... y en el estómago... y... en todo lugar que pertenezca a tu cuerpo.
Es fácil darse cuenta de que nadie está completamente feliz.
Yo odié cada segundo en la universidad, y la única razón por la que la terminé fueron los señores Blanc—mis padres de cariño— y padres biológicos mi amigo Josh. Hicieron mucho por mi pagando cada cosa que necesitaba en mis estudios, incluso el departamento en el que actualmente vivo. Hasta hace tres años que comenzaron mis practicas e inicie a trabajar en el bar fue cuando les dije a ambos que podían dejar de pagar el departamento por mí.
Admito que sólo fue por mi orgullo, ya que apenas lograba mantenerme con vida con ese dinero. La llegada de Lily y el compartir los gastos con ella fue como un milagro. Aunque las circunstancias en las que llegó tal vez no fueron las mejores, estoy segura de que sólo regresó de Perú porque fue su manera de afrontar la muerte del abuelo Theodore, ni siquiera le importó perder un año con tal de quedarse aquí.
Bajo del elevador y comienzo a correr por la calle intentando conseguir un taxi, aunque parece que la suerte hoy no está de mi lado ya que no aparece ninguno por la maldita avenida.
Lo peor es que por la mañana estuvo lloviendo, y ahora mismo siento como el agua de los charcos comienza a filtrarse dentro de mis tenis.
—Me lleva la que me trajo— me quejo intentando saltar los enormes charcos sin mucho éxito.
Estoy a tres desgracias de comenzar a creer que portar el apellido Murphy es un imán de mala suerte. Tendré que convencer a los Blanc de que me adopten si eso pasa.
No quiero sonar dramática, pero sinceramente ¿hay alguna edad en la que la vida mejore? He hecho un esfuerzo enorme por dejar cosas atrás; el maltrato de mi familia, los rumores sobre mí, incluso me obligué a mi misma a sanar la relación con mi cuerpo por lo que me hizo Dylan, y por lo que mi propio padre intentó.
El primer año fuera de Valley fue como un sueño; supongo que encontré en los Blanc los padres que tanto necesitaba, y ellos encontraron en mí al hijo que acababan de perder.
Luego de ese año todo fue de mal en peor. Odiaba cada una de las clases; no tengo idea de como logré aprobar mis materias si cada vez que leía algo me preguntaba un millón de veces por qué mierda querría saber algo así.
Me alegro por mis amigos que si encontraron su vocación en lo que estudiaban. Aunque eso no sé si signifique que sean del todo felices, por lo que me ha llegado a contar Lily, también son esclavos del trabajo.
Estupido sistema.
¿Por qué casi nadie habla de la crisis de los veinte? ¿Por qué dicen que los jóvenes tienen el mundo en sus manos? ¡Sólo le dan protagonismo a los de mediana edad! Ellos quieren volver a ser adolescentes y yo no puedo dejar de pensar en que estoy en en el puto limbo.
Soy muy joven para ser considerada sabia o con experiencia, por lo cual me tratan como una tonta, pero si cometo un error me dicen que ya no soy una niña como para realizar una acción tan tonta. No olvidemos la falta de dinero, vida romántica nula, y el hecho de que tengo que trabajar mis traumas en terapia porque si no estos me consumen. ¿Qué más debo agregar a mi informe sobre la crisis de los veinte?
Debería pedirle a Uriah que escriba un libro sobre esto, seguramente es algo que me sacaría de mi bloqueo de lector.
Supongo que los sueños no siempre se cumplen, y ahora me toca adaptarme a mi vida dentro de un sistema mediocre con un trabajo horrible, o esperar un milagro para tener la aventura que tanto sueño.
Como si eso fuera posible.
—Estoy lista para mi aventura, mundo— murmuro para mi misma—. Dame tu mejor golpe.
Y como dice la ley de Murphy; si algo puede salir mal, va a salir mal.
Un autobús pasa tan rápido y cerca de mí, que termina arrojando agua y empapándome de pies a cabeza. Ahora hay una enorme transparencia en mi camisa y está tomando tono amarillento por la suciedad del agua.
A dos desgracias de cambiarme el apellido.
•Empezada en Agosto 2021