𝐏𝐈𝐓𝐘 𝐏𝐀𝐑𝐓𝐘 ━━ harco.

Summary

"Me arrepiento de muchas cosas, sobre todo de conocerte, ¿pero sabes que es de lo que más me retracto? Aceptar casarme contigo." Quizás fue su peor cumpleaños.

Genre
Other
Author
Sam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Pity Party

Se supone que sería uno de los mejores días de su vida y ahí estaba, llorando desconsoladamente en los brazos de su mejor amiga.

Para entender mejor...

Era cinco de junio, el día de su cumpleaños. Siete de la mañana y ya tenía a Pansy, arrojándole una tarta en la cara.

—¡Feliz cumpleaños, Dragón! —exclamó con felicidad la chica mientras lo abrazaba, con el debido cuidado de no mancharse de crema pastelera, claro.

—Ni el día de mi cumpleaños puedes dejarme dormir en paz —alegó mientras se levantaba al baño para poder darse una ducha, relamiendo un pedazo de tarta.

—Es tu cumpleaños, no puedes quedarte durmiendo todo el día. Tenemos que hacer demasiadas cosas. Así que prepárate, yo iré a hacer el desayuno.

—¡Intenta no quemar la cocina!

Tenía el jabón en el rostro cuando sintió el abrupto cambio de temperatura.

—¡El agua! ¡Parkinson, cierra la llave de la cocina! ¡Me estoy quemando! —escuchó una fuerte carcajada por parte de su mejor amiga antes de que el agua se regulara y volviera a estar tibia. Se apresuró a terminar de lavarse, no quería volver a quemarse.

Con el ceño fruncido se vistió. Cuando se estaba a punto de cepillar el cabello, Pansy entró a la habitación y con voz cantarina le anunció que la comida estaba lista. Sin querer esperar demasiado, la siguió hasta el comedor. Había preparado waffles acompañados de huevos revueltos con café negro para él y chocolate recalentado de la noche anterior para ella.

—¿Y este desayuno tan sofisticado?

—Es una ocasión especial. Además, la señora Weasley me enseñó a hacerlos bien.

—Oh santo cielo, no se te quemaron —masculló mientras le daba una mirada por debajo al waffle— ¿por fin aprendiste a cocinar? —la ofendida mirada de su amiga no pasó desapercibida.

—Dije que la señora Weasley me había enseñado. Además, solo se me quemaron una vez y era la primera vez que tocaba un aparato muggle. Nunca hice nada por mí misma, no sé qué esperabas.

Draco la miró desde su lugar con sospecha, Pansy le devolvió la mirada, unos segundos de silencio más y estallaron en carcajadas.


Eran las once de la mañana y todavía no recibía ni un buenos días por parte de su prometido. Eso le extrañó. No era secreto que había crecido con falta de cariño por parte de sus padres así que cada cumpleaños —desde que estaban juntos— siempre y sin falta recibía, aunque sea, un corto mensaje de cumpleaños por parte de él.

Harry ya se había levantado, se conectó por última vez hacía un par de minutos. No era que estuviera revisando el teléfono cada dos segundos para ver si recibía un mensaje de él, no, claro que no. Eso no es digno, simplemente entró a su chat y... Oh, vaya sorpresa, estaba conectado en este mismo instante, esperó un par de minutos para ver si recibía aunque sea un mísero «Hola» pero nada, ni siquiera eso. Decidió dejar de lado el teléfono y justo cuando lo apagó, entró una llamada. Alguien había estado escuchando sus quejas.

¡Feliz cumpleaños, cariño! —exclamó con tono alegre su pareja al otro lado de la línea.

—Buenos días a ti también, Harry. Gracias. ¿Cómo estás?

Estoy bien, comprando un par de cosas con Herms. Te tengo que dejar, Mione me necesita. Te amo, cuídate.

—Oh. Bueno, adiós.

La llamada finalizó dejando a Draco con el teléfono pegado al oído. Eso fue raro.

—¡Apúrate, se nos va a acabar el día si sigues encerrado en la habitación! —gritó Pansy tomando las llaves del auto, esperando impacientemente a que su amigo terminara de hacer lo que fuera que estaba haciendo.


Draco reía con lágrimas en los ojos por algo que había dicho Pansy, hasta que vio en el umbral de la puerta, recostaba sobre la pared a Hermione, misma que se acercó a saludarlo. Draco correspondió con un abrazo, sin embargo no dejó de buscar con la mirada.

—¿Qué pasó? —preguntó Hermione.

—¿No estabas con Harry?

Granger frunció el ceño.

—No. De hecho, acabo de levantarme.

Draco asintió, quizás estaba armando una sorpresa. La idea de que le estuviera siendo infiel no era muy creíble. Vamos, se amaban. No había probabilidad. Aunque… la voz en el fondo de su cabeza lo hizo dudar. Era imposible, ¿verdad?

Hermione y Pansy, notando el cambio de emociones en su amigo, se apresuraron a sacarlo de sus pensamientos.

—¿Qué tal si vamos a buscar tus regalos? Tienes derecho a gastar todo lo que quieras —dijo Pansy, extendiendo una tarjeta de crédito. Draco esbozó una sonrisa, olvidando momentáneamente el tema.


Luego de casi seis largas horas vagando por todas las tiendas posibles, regresaron al departamento. Descansaron unos minutos y, alegando que Harry tenía una sorpresa preparada el, nuevamente lo sacaron de la comodidad de su sillón.

Pasados un par minutos se encontraban en un Grimmauld Place repleto de gente que él ni siquiera conocía, pero ahí estaban, bebiendo y felicitándolo por su cumpleaños. Con una sonrisa correspondió a los saludos, mientras se abría paso a la habitación principal, la cual pertenecía a Harry. Ron le había dicho que se encontraba ahí esperando.

Llegó hasta la puerta, donde se detuvo en seco. Pegó el oído al escuchar voces provenientes de dentro.

—Vete, no tarda en llegar.

—Harry, no podemos seguir ocultándolo. Nos amamos y tienen que saberlo.

Harry negó.

—No lo entiendes, Gin. Por favor.

—¿Así que esta era la sorpresa? —preguntó Draco, cruzado de brazos en el marco de la puerta. Ginny y Harry deshicieron su abrazo tan rápido como escucharon la fría voz.

—Dragón-

—No me vuelvas a llamar así, Potter.

—¿Por qué no me avisaste que llegabas?

Draco apenas contuvo su expresión de sorpresa.

—No tengo porque demonios avisarte a que horas llegaré a mi fiesta de cumpleaños, Potter.

Harry tragó saliva, hubiera preferido mil veces que lo maldijera antes que escuchar su apellido de esa manera. Eran miles de cuchillas atravesando su pecho.

—¿No piensas decir nada? Merlín, que digo. ¿Qué podrías decir, imbécil? Dudo que tu capacidad cerebral te permita armar una frase coherente o que sirva de algo en esta situación. Me arrepiento de muchas cosas, sobre todo de conocerte, ¿pero sabes que es de lo que más me retracto? Aceptar casarme contigo. Espero que quede claro que tu y yo, no somos nada desde ahora. Púdrete —escupió sin mostrar un atisbo de tristeza o siquiera molestia. Harry abrió la boca, seguramente para excusarse, sin embargo, el anillo de compromiso golpeando su mejilla lo hizo callarse.

Abandonó la habitación con aquella mascara de frialdad que había dejado de usar desde la guerra, sin embargo, no duró mucho antes de quebrarse. Sin molestarse en avisarle a alguien, apareció en su departamento en el mundo muggle.

—Agradece que el Avada Kedavra es una maldición prohibida, de lo contrario, preferirías que Voldemort te hubiera asesinado el primer día. Desgraciado —siseó Pansy, tomando su bolso y dándole una buena bofetada al Elegido, siguiendo el camino del cumpleañero.

Y así fue como Draco finalizó su cumpleaños, con el corazón roto escondido entre los brazos de su mejor amiga, mientras se atragantaba en lágrimas y un bote de helado de chocolate y vainilla.