Déjate llevar

Summary

Itadori Yūji no es entrometido, nunca lo ha sido, pero por alguna razón quiere ayudar a su vecino. Satorū Gojo no quiere la ayuda de nadie, pero no está mal recibirla del chico cuya ternura era como la miel.

Genre
Romance/Drama
Author
Andrea
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


—Las mujeres sí que cambian al hombre que está decidido a darlo todo por ellas, y ellas, queriendo más que una relación estable, ¡se van con otro! —rezongó al cruzar la puerta mientras mantenía una expresión hosca en el rostro. Encendió las luces del departamento y arrojó la mochila al sillón apenas pisó la sala. 



Había leído un artículo en Internet en el que decía que una infidelidad no significaba el fin de una relación y, de alguna manera, quiso agarrar al tipo que escribió semejante estupidez y darle unas buenas cachetadas para sacarle la mierda de la cabeza. 



«¿Cómo podría no ser el fin de la relación cuando te son infieles?» y el dicho autor del artículo también tuvo el descaro de explicar que a través de un engaño una relación podría volverse más fuerte. Adherido a ese párrafo, se incluyó una entrevista a un matrimonio en el que la mujer explicaba que, durante sus inicios, el hombre la había engañado dos veces, pero ella, dispuesta a arreglar la relación, lo perdonó y aceptó casarse con él. «¡Y ahora tienen cinco hijos y dos perros!», ironizó, sacándose la ropa con brusquedad. 



Lo más repudiable del artículo fue la entrevista porque el hombre, orgulloso y como una escoria sin cerebro, contestó una pregunta que parecía ser la raíz del problema y dijo: "nuestra relación ahora mismo pudo salvarse debido a esos incidentes, de lo contrario, habríamos terminado cuando nos estábamos enfriando."



Ese día Itadori Yūji había cerrado la página después de dejar un comentario de «señor escritor, no se decepcione cuando su mujer lo engañe una décima vez» y abandonó la idea de seguir buscando las peculiares búsquedas que harían los más jóvenes. 



—¿Qué hacer si tu pareja te engaña? ¡Sube el hilo a Twitter y deja que la gente lo maldiga! —dijo en voz alta.



Eso fue lo que hizo él hace dos horas con su ex pareja.



Setsuko Sasaki le había sido infiel con el vecino del piso diez y, para rematar la osadía del ser humano, lo hizo delante de él. 



La ira y la decepción en su interior se habían manifestado con una calma templada cuando atrapó a Sasaki con un hombre —tatuado hasta donde no llega el sol— interpretando una escena de drama en el ascensor. La había visto besar al enorme espécimen como si fuese pulpo. 



Fue cinco minutos después que ella lo notó y se asustó como si hubiese visto al diablo.



Sasaki intentó explicar la situación, pero él no quiso oírlo y se dio la vuelta luego de romper con ella con el usual «terminamos». En realidad, Yūji no solo le dijo eso sino que también le pidió amablemente que buscara sus cosas que guardaba en su casa.



Ahora que estaba acostado en la cama sintió ganas de llorar. Le había comprado un anillo a Sasaki por el aniversario de novios, esperando decirle que quería comenzar a vivir con ella, pero nunca pensó que la vería siendo una perra de los mil demonios con otro hombre. Allí mismo, mientras sus ojos la veían besar y profesar palabras de amor a Piso Diez, se preguntó con cuántos hombres lo había estado engañando y cuánto tiempo estuvo haciéndolo. O si Piso Diez era el único. 



Yūji no creía que ese tipo fuese el único, ya que antes de conocerlo había oído que ella había sido una mujer conquistadora. 



Yūji fue tan estúpido por haber creído que ella podría cambiar si se enamoraba, tan estúpido que se autoinfligió una falsa confianza en su relación e hizo oídos sordos a todas las voces que le repetían con cansancio que Sasaki era una hipócrita. 



Pero al final, ¿qué recibió? Un horrible engaño que lo marcó profundamente. Aunque se hizo fuerte, en estos momentos que estaba solo en la oscuridad de su habitación, las lágrimas cayeron como pesadas y gruesas gotas de lluvia por sus mejillas, y la acidez se asentó en su estómago. 



Haciéndose un ovillo en la cama, dejó que el sentimiento más amargo de su vida lo llenara por completo, liberándose en las gotas que formaban cardenales en sus mejillas. 



Pero la duración de su miseria tuvo que detenerse cuando escuchó un golpe en la pared. Luego, el grito enardecido de una voz masculina lo hizo fruncir el ceño. 



—¿No son éstos los acaramelados?



La pareja que siempre tenían sexo por las noches y golpeaban su pared —la que no había sido inorizada— por el delirio del placer estaban discutiendo de manera exaltada y grosera, lo que hizo que él tragara el nudo en su garganta y oyera la conversación bajo la cálida frazada. 



—¡Estuviste con Mei Mei toda la noche! 



—Ya te dije que no es así. No pasé la noche en su casa, solo fui a hablar con ella sobre los rumores.



—¿Entonces por qué no contestaste mis mensajes?



—Me olvidé del celular porque estaba hablando de negocios. Por favor, no veas cosas donde no las hay. Ella y yo somos colegas, nada más.



El silencio que vino después provocó que Yūji sintió una oleada de pánico en su corazón. Él se negó a creer que su vecino hubiera aceptado la palabra del otro, no quiso permitirse la idea de imaginar al egocéntrico aceptando la mentira tan evidente. Pero su decepción fue grande cuando un gemido escapó de la garganta de Suguru. Poco después, los golpes contra la pared reaparecieron.



—¿Enserio? Obviamente te está engañando.



Gojo Satorū era un buen hombre a pesar de su narcisismo y paladar dulce. Era demasiado bueno. Lo había visto tratar bien a los demás. Además, su primer encuentro con Gojo le dio motivos para pensar que tenía un buen corazón, por lo que le tenía un gran aprecio y se preocupaba por él. 



Quería abrirle los ojos a fuerza, para que viera la crueldad de su pareja. Pero contempló la idea unos segundos, sopesando los pro y los contras, luego se decidió por no hacer nada. 


Él también tenía cosas con las que lidiar; meterse en relaciones ajenas no era lo suyo y no tenía tiempo. Al menos, esa noche no.