La familia crece
LUCCA
No puedo creer lo que me acaba de decir mi padre.
¡Se casa!
¡Joder! ¿Desde cuándo va en serio con esa mujer? Pensaba que era un capricho. Solo la he visto un par de veces. ¿Cuánto pueden llevar juntos? Seis meses como mucho, no sé nada de la que va a ser mi madrastra, salvo que tiene una hija.
Lo que faltaba.
Seguro que es una buscona, que busca el dinero de mi padre, pues lo tendrán difícil.
Se las verán conmigo esas dos.
No queda ahí la cosa, por supuesto. Después de la boda, se mudarán a nuestra mansión. ¡De verdad no sé qué está pensando por la cabeza a este hombre! Se ve a kilómetros que quieren el dinero de mi padre, como otras muchas antes, pero por alguna razón que no llego a entender esta vez no se da cuenta, las otras veces enseguida las ha mandado a paseo.
Toda Roma nos conoce “por desgracia”, digo por desgracia porque vaya donde vaya, no hacen más que agobiarme los periodistas. Es lo que tiene ser el hijo de uno de los más importantes empresarios de la publicidad de toda Italia.
¡Joder! Cuando se enteren que se casan, será nuestra perdición. Nos van a esperar unos meses o quizás más, de movimiento en casa por los periodistas. No sé si a mis veinte años podré soportarlo. ¿Por qué precisamente ahora?
No está a gusto estando los dos solos. ¡No lo entiendo! Desde que nos abandonó mi madre hace ya diez años, para irse con ese capullo que ahora llama marido.
¡Uff! Es un imbécil de cuidado.
La verdad nunca hablo de ella, no merece la pena. En diez años lo único que se preocupó de mí, espera que piense.
¡Ah, sí! Nunca.
Ni una simple llamada en mi cumpleaños en estos diez años. Supe que se casó por las revistas. Cuando la vi con ese capullo, no tuve más remedio que desaparecer, porque me volví casi loco.
Desaparecí tres días, cogí mi moto y aceleré hasta que me calmé. Eso hace ya dos años.
Reconozco que tengo mucho carácter, muchas veces para calmarme. Tengo que hacer deporte o coger mi moto a toda velocidad, para desahogarme. Es la única manera que dejo de pensar. Lo peor que llevo es tener que disimular delante de los demás, pero cuando me buscan, me encuentran y en esa ocasión me encontraron con esta noticia.
Muchas veces mi padre me recrimina que en esta familia no se puede tener ese carácter.
Me da exactamente igual, papá.
Llaman a la puerta de mi habitación.
¡Ufff! ¿Quién será a estas horas?
—¿Sí? —Mi voz es adormilada.
—Hijo, tenemos que hablar. —En cuanto oigo la voz de mi padre, suspiro, sé que me va a decir algo de su nueva mujer.
Abro la puerta, le veo vestido elegante como siempre, me imagino que tiene que irse a alguna reunión importante. Miro el reloj y son las 9:00. ¡Joder! Precisamente hoy que no tengo que ir a clase me tiene que dar el follón este hombre.
—¿Qué quieres papá? —Le miro con cara de pocos amigos.
—Esta noche vamos a cenar con Miranda y su hija Zoe. —En cuanto me dice eso me cambia la cara por completo.
—Tengo planes, lo siento.
—De eso nada. Vas a venir a cenar, tenéis que conoceros Zoe y tú. —Su voz es firme y seria, sé que por mucho que diga no voy a poder hacer nada.
—¡Ufff! Pero ceno y me voy —digo rotundo.
—Está bien, pero una cosa te voy a decir, sé educado con ellas. Que para eso te he dado una educación, en uno de los mejores colegios de Roma y hazme el favor de arreglarte un poco, pareces un macarra muchas veces.
—Que sí, Nico —refunfuño, pero por dentro me gustaría reírme solo por la cara que ha puesto mi padre, odia que le llame por su nombre.
Lucca 1 — Nico 0.
ZOE
Me ha dicho mi madre que se casa.
¿En serio?
Pero si apenas conocemos de nada a Nico, solo le he podido ver unas cuantas veces. Voy a ser sincera, no me hace nada de gracia que se case, no pienses mal, me explico. Me alegro que mi madre haya rehecho su vida, ese hombre le hace muy feliz. Desde que nos dejó mi padre hace cuatro años siempre hemos estado las dos solas, pero necesito asimilar los cambios que van a venir. Además, no conozco mucho de Nico, solo sé que tiene un hijo.
¡Madre mía! Nuevo padrastro y hermanastro.
Tengo que reconocer que tengo miedo, son muchos cambios. La cosa no queda ahí. ¡No señor! Mi madre pretende que nos mudemos a la mansión de su nuevo marido, por lo que me ha dicho está a las afueras. Me he peleado con ella, cómo quiere que deje mi barrio. De acuerdo, no es uno de lo más lujosos de Roma, pero estoy muy cerca de uno de mis monumentos preferidos «La fontana de Trevi» junto con «El Coliseo», es cierto que siempre está llena de turistas, pero a ciertas horas puedes estar tranquilamente allí, nunca me canso de verla. Es mágica, bueno de noche es un espectáculo digno de ver.
Lo que no entiende mi madre, es que aquí tengo a mis amigos, mi instituto, en definitiva, mi vida. Nadie se pone en mi lugar, tengo 19 años, pero la vida no me ha sido nada fácil. Con quince años me quedé sin padre por una larga enfermedad. Aún me acuerdo de él todos los días.
Le echo tanto de menos.
Llego a casa del instituto sobre las 17:00, como todos los días. Veo a mi madre esperándome sentada en el salón, leyendo un libro. Siempre que hace eso, es que quiere hablar conmigo y después de lo que me dijo hace unos días de que se casaba. Tengo la sensación de que por ahí van a ir los tiros.
—Hola, cariño. ¿Qué tal las clases? —La miro sorprendida, nunca se ha preocupado de cómo me ha ido en el instituto.
—Bien, mamá, como siempre —respondo sin entender nada.
—Me alegro, cariño. —Se queda unos segundos callada—. Ven tengo que hablar contigo.
Lo sabía, ¿qué querrá ahora?
Me siento en el sofá, la miro a los ojos. ¡Dios mío! ¿Qué más sorpresas me esperan? Suspiro y respiro hondo.
—Dime, mamá.
—Esta noche, vamos a cenar con Nico y su hijo Lucca. —Me quedo sorprendida.
—Pero…
—Ni, pero ni nada. Vas a ponerte guapa, porque nos vamos a un restaurante de lujo.
—¿No puedes decir que estoy mala o que tengo que estudiar? —Mi voz se nota desesperada.
No quiero ir.
—No, quieras o no vas a venir, tenemos que estar a las 21:00 allí. Hacemos esto para que os conozcáis los dos hijos. Así que, por favor, sé una buena chica.
—Está bien, pero espero que no tardemos en venir a casa. Debo hacer cosas para el instituto.
—No te preocupes, ¿vale? Eres la mejor hija que puede tener nadie. —Me abraza feliz.
—Vale, voy a arreglarme si no quieres que lleguemos tarde. —La abrazo, no puedo negar que es muy feliz y eso me alegra.
Al cabo de unas horas, nos dirigimos a la cena. Como es habitual en mi madre, llegamos 10 minutos antes, siempre hace lo mismo mi madre y eso me saca de mis casillas. Cuando veo dónde hemos aparcado me quedo con la boca abierta, estamos en “La Terrazza”. Me lo imaginé, cuando estábamos llegando por la Via Ludovisi. Es uno de los más conocidos de Roma. Nos dirigimos al restaurante, cuando de repente, me doy cuenta de que me he dejado mi móvil en el coche. Le he prometido a Alma, mi mejor amiga, que la informaría de todo lo que pasara esta noche. Pero tengo que hacerlo con cuidado, no quiero que mi madre se enfade.
—Mamá me he dejado el móvil. Entra tú que ahora voy yo, ¿vale?
—Sí, claro, toma las llaves. No tardes, por favor. —Pongo los ojos en blanco.
¿En serio? Parece una quinceañera de lo nerviosa que está.
Cojo las llaves, veo cómo entra mi madre y me dirijo hacia el coche. Abro y recojo el móvil, es cierto que he tardado más de la cuenta, pero tengo muy pocas ganas de entrar. Me doy unos minutos para perder el tiempo y voy al restaurante.
Voy andando, mirando el móvil. Una mala combinación, porque no veo venir al animal que lleva la moto a toda pastilla. ¡Vale yo lo he hecho mal! Pero podía tener cuidado ese bestia, ¿no? ¡Hostia! Casi me lleva por delante, menos mal que ese imbécil ha controlado la moto y me ha esquivado, que si no.
—¡Ten cuidado capullo!
Veo que se para y me mira de arriba abajo. La verdad paso de él y me giro.
—Guapa, tú deberías dejar el móvil —responde quitándose el casco.
¡¿Cómo?! ¿Este tío, qué se cree?
Cuando me giro para ver al chico que casi me lleva por delante, me quedo con la boca abierta. Es un chico moreno, con barba de unos días, fuerte y lo que me ha dejado loca, son sus increíbles ojos azules. Tardo en reaccionar unos segundos.
¡Dios mío!
—Ibas muy deprisa, podrías atropellar a alguien. Así que ten cuidado. —Noto cómo me mira de arriba abajo—. ¿Qué miras tanto?
—Lo guapa que eres, una pena que tenga prisa preciosa.
¿¡En serio!?
—No eres el único. —Me giro y entro en el restaurante.
Una vez dentro, tengo que respirar hondo, no quiero que mi madre se dé cuenta del incidente de hace unos minutos. La veo sentada hablando con Nico, me sorprendo porque se supone que tenía que venir con su hijo. Menuda gracia, ya que no tenía ganas de venir, menos aún estar sola con ellos dos.
Pero no me queda más remedio, mientras avanzo pongo buena cara, saludo a Nico.
—Hola, Nico. —Le doy dos besos.
—Hola, Zoe, pero qué guapa estás. —Me devuelve los dos besos.
—Muchas gracias, pero tenía entendido que venía tu hijo también. —Veo cómo mira el reloj y suspira.
—Se suponía que debía estar aquí —refunfuña—. No tiene remedio este chico.
—Démosle unos minutos, mientras tomamos algo, ¿vale? —salta mi madre para quitar hierro al asunto.
—Claro, querida. —La sonríe y le da un beso.
Vaya, sí que se quieren estos dos.
De repente veo que Nico le cambia la cara, saluda a alguien con la mano con una gran sonrisa. Como estoy de espaldas, no puedo ver de quién se trata. Mi intuición me dice que es Lucca.
—Siento, el retraso. —Esa voz me suena, me giro para verlo.
—Ya era hora, hijo. Me tenías preocupado, te empeñas en ir en esa maldita moto, y me atacan los nervios.
—Anda no exageres, papá. —Veo cómo me mira sorprendido.
No puede ser verdad esto.
LUCCA
Decido ir al restaurante en mi moto, quiero sentir la velocidad en mi cuerpo. Cuando voy llegando, veo a una chica distraída con el móvil, tengo que hacer una maniobra para no llevármela por delante.
¡Joder! ¿Está loca o qué?
Oigo cómo me grita. ¿En serio me acaba de llamar capullo? Aparco la moto y mientras, me quito el casco.
—Guapa, tú deberías dejar el móvil —respondo quitándome el casco.
¡Joder! Cuando la miro mejor, me quedo embobado. Lo que tengo delante es un regalo para la vista, es morena, con el pelo largo, unos labios. ¡Uff!, unos ojos marrones increíbles y un cuerpo de escándalo.
—Ibas muy deprisa, podrías atropellar a alguien. Así que ten cuidado. —La miro de arriba abajo sin poder evitarlo—. ¿Qué miras tanto?
Reacciono porque me he quedado embobado mirándola. Guardo el casco.
—Lo guapa que eres, una pena que tenga prisa preciosa.
—No eres el único —me responde girando y entrando en el restaurante.
Ahora no estoy para estas tonterías, miro el reloj son las 21:05 y sonrío.
Vamos a hacerles esperar un poco.
Pasan cinco minutos. Entro en el restaurante despacio, desganado, veo a mi padre que está hablando con una chica, por un momento no puedo creer qué ven mis ojos.
¡Joder! Casi atropello a Zoe.
Respira, respira, me dice mi vocecilla de dentro, porque tengo que reconocer que no esperaba que esa chica fuera Zoe.
—Siento el retraso.
—Ya era hora, hijo. Me tenías preocupado, te empeñas en ir en esa maldita moto y me atacan los nervios.
—Anda no exageres, papá.
Por una extraña razón, me entra una furia conmigo mismo. Estas dos mujeres son las que van a formar parte de mi familia. ¡Joder! ¿Qué me pasa? No puedo dejar de mirarla.
¡Mierda! No puedo permitir que se queden con parte del dinero de mi padre.
«Cueste lo que me cueste, haré que se larguen de la casa».