Volver a llamarte amor

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Summary

Hace cuatro años Agatha dejó atrás lo que conocía como su vida. Que Adler le rompiera el corazón fue el detonante de todo aquel desastre pero Aria le impulsó a ser ella de nuevo. Sentirse tan perdida como para dejar tu hogar sin mirar atrás fue lo más duro. Se convirtió en un tsunami que arrasaba con todo pero hasta las olas más grandes se rompen en algún momento. Volver a casa con una misión es fácil y más para ella. Solo pasaría navidad y año nuevo con su hermano para ayudarlo con su lesión. Solo serán ocho semanas. Ocho semanas en las que su vida vuelve a girar inesperadamente por la vuelta de Adler. Adler fue ese pequeño detalle que le faltaba al árbol de navidad para ser perfecto, de esa manera lo sentía Agatha……cuatro años antes. Ahora solo era un simple adorno en la parte de atrás del árbol para que no estuviera tan vacío donde aún se alcanzaba ver. Igual que en sus corazones.

Genre
Romance/Drama
Author
Paulaa
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Agatha



El sonido de las ruedas girando me saca de mis pensamientos. Lo agradezco porque estaba apunto de colapsar y salir corriendo para no subirme a ese avión.

Las probabilidades de reencontrarnos son nulas porque, según mi hermano, lleva casi un año viviendo fuera. Quizás eso fuera una de las cosas que me ha llevado a estar aquí. Bueno, eso y la lesión en la rodilla de Eros.

Me gustaría empezar a creer en su palabra y dejar este miedo atrás pero parece que se ha colado en la maleta y no tiene ninguna intención de marcharse. Mi abuela siempre me decía que no podía ser tan cuadriculada que a veces las cosas se salen de nuestro alcance y no pasa nada por perdernos mientras volvamos a encontrarnos.

Eso ocurrió hace casi cuatro años cuando rompieron mi corazón y pensaba que la vida que había planeado se había venido abajo en un par de segundos. Me perdí. Pasaron tantas cosas en tan poco tiempo que necesite casi dos meses para procesar lo que había ocurrido. Mi mente entró en un tipo de bloqueo del que parecía no querer salir por eso no aceptaba las cosas.

El peor momento vino pasados los tres meses. Sentirme tan sola en una ciudad que no conocía, que había encontrado por casualidad, pero que algo tenia que me cautivó y quise echar raíces en aquel lugar pero no sabía cuanto tiempo iba a necesitar hasta volver a ser yo. Cuando por fin conseguí ordenar un poco mi vida llegó Aria. Mi pequeño amor y la que se robó mi corazón en cuanto escuché el suyo por primera vez. Ese día sabia que no volvería a estar sola jamás. Porque la tenía a ella. Y porque conservaba un recuerdo de todo lo que fuimos un día.

Las horas de vuelo son eternas y mi ansiedad crece cada vez que estamos más cerca de nuestro destino. Trato de no darle tantas vueltas pero mi mente parece una lavadora centrifugando que está muy cerca de explotar por llevar demasiado peso.

Acariciar el pelo de Aria mientras duerme en mi regazo me distrae pero no lo suficiente. Admirar su perfil me duele por más que quiera negarlo pero aún así me sigue pareciendo perfecto, es una extraña relación tóxica.

La aglomeración que se forma al salir me da unos minutos para procesar que voy a estar en casa de nuevo y que ya no hay vuelta atrás para arrepentirme de esto. Igual si hay forma pero no puedo hacerle esto a Aria.

Entre todas las personas diviso a mi mayor salvación en el mundo. Mi hermano. Acompañado de su hermosa sonrisa con una pancarta de distintas letras de colores dándonos la bienvenida. Desde aquí puedo sentir como nos grita inconscientemente que necesita un abrazo. Tal vez sean dos porque yo también necesito uno.

Aria suelta la maleta en mitad del pasillo y sale a correr para tirarse a sus brazos. Admito que una pequeña lágrima me corre por la mejilla al ver el emotivo recibiendo de Eros con mi hija y que los celos (buenos) me invaden porque yo también necesito uno así. El abrazo que me da no es como el de Aria pero si es reconfortante para ambos y agradezco que no diga nada. Sus ojos ya gritan suficiente todo lo que calla.


-Os he echado muchísimo de menos.

-No deberías estar aquí-lo regaño-Deberías estar en reposo.

-¿Y perderme este encuentro? Jamás coquito-Enseguida coge mi maleta pero sé que quejarme no me sirve de nada-¿Tenéis hambre? Hay un restaurante chino cerca de casa.

-¿No has ido a la compra, verdad?

Su sonrisa me lo confirma y antes de poder alegar algo mi hija llama nuestra atención.

-Yo si tengo hambre, tío.

-Genial.


El taxi que nos lleva a casa no tarda en aparcar frente a la preciosa casa y mi corazón se encoge por los recuerdos. Trato de relajarme antes de volver a entrar pero el nudo que me aparece en la garganta no me ayuda. Trato de tragármelo pero solo consigo ahogarme con todo lo que no puedo decir. Tomé una decisión porque necesito avanzar y no volver a leer siempre el mismo capítulo de mi vida pero me temo que si fuese un libro lo tendría marcado y subrayado completo para leerlo una y otra vez.

Siento vértigo en cuanto atravieso el umbral y tengo que cerrar los ojos para relajarme. No estará. Él no va a estar esperándome de nuevo en ese sofá. Aún así parece que siento su presencia cerca, incluso puedo oler su perfume, mi corazón late deprisa al sentir incluso sus brazos rodeándome pero es solo mi imaginación jugándome una mala pasada. Nadie me está abrazando, aunque lo necesite ahora mismo, ni él está detrás de mi.

Eros me observa y me alcanza justo cuando las lágrimas me empapan la cara. Pensaba que estaba lista para volver pero ahora mismo siento que es un error.

Los brazos de mi hermano me rodean y los sollozos se escapan de mi garganta sin permiso, el pecho se me agita por el llanto e incluso le lleno la camiseta de mocos pero él no dice nada.


-Pensaba que seria más fácil.

-Nadie dijo que lo fuera.


Me limpia las lágrimas con los pulgares y besa mi frente. Un simple gesto que me dice cuanto me quiere y me recuerda que no estoy sola. Me regala una pequeña sonrisa y trato de recomponerme cuando escucho los pasos de Aria acercándose a nosotros. Coger aire no es suficiente pero no me puedo permitir derrumbarme delante de ella.


-¡Me encanta esta casa, mami!-frunce el ceño en cuanto nota que he llorado y la mueca que hace no me pasa por alto-¿Estás triste? ¿Quieres que volvamos a casa?

Me pongo a su altura para poder mirarla. Quiero que sepa que estoy hablando con sinceridad y aunque me duela tenia que dar este paso. Dar pasos hacia atrás para volver a coger impulso también en avanzar.

-Estoy emocionada de volver a estar aquí.

-¿Me lo prometes?

-Claro que si. Te lo prometí. Cuidaremos del tío un par de semanas y pasaremos navidad en familia. ¿No querías eso?-Asiente y su mirada viaja entre mi hermano y la mia-Siempre hemos estado juntas y nunca te llevaría a un lugar que sea malo para nosotras. Mamá solo quiere lo mejor para ti.

-Vale. Pero no quiero que estés triste.

-Eso no pasará.


El aroma sigue siendo el mismo a pesar de los años y parece que solo he pasado la noche fuera en vez de cuatro años porque todo sigue tal cual lo dejé. Aún puedo vernos en el sofá besándonos. Las noches cenando los tres juntos. La noche que mi hermano nos presentó a su nueva novia y tuvimos que actuar como si lleváramos meses sin saberlo. Extraño esos momentos pero no puedo retroceder.


-Creo que lo mejor será que vosotras durmáis en mi habitación y yo en el sofá. Antes de que digas nada: el sofá se convierte en cama y no puedo subir todas las escaleras todos los días-me sonríe de lado y asiento-Si en algún momento no puedes soportarlo lo entenderé pero me gustaría poder pasar estas navidades con mi sobrina.

-Pasaremos navidad y año nuevo juntos y después volveremos a casa. Te lo prometí.

-Lo sé. Pero me da miedo que en algún momento te arrepientas de haber tomado esta decisión y desaparezcas de nuevo.

-No lo haré.

Sé que habla de cuado huí hace cuatro años pero esta vez es diferente. Seremos nosotros como una familia para pasar tiempo con Eros y apoyarlo. Al parecer su última relación no salió como esperaba ni la chica era lo que él creía.

Cuando más apoyo está necesitando ella lo deja por miedo a que su carrera acabe aquí. No podemos obligar a las personas a que nos quieran y mucho menos a que nos cuiden pero es una bonita forma de demostrar amor. Él no estuvo para mi cuando lo necesitaba porque fui yo la que decidió alejarse de todos pero todos los días recibía un mensaje recordándome cuanto me quiere. A pesar de nunca recibir respuesta él seguía decidiéndome lo que soy y cuanto me quiere y ese amor de hermanos no se compra ni con todo el dinero del mundo.

Eros me pone al día sobre los ejercicios que debe hacer cada día y los masajes que le han recomendado. Recuperar una lesión así será un poco difícil pero no imposible. Aria solo busca la atención de su tío y Eros está encantado de dársela. Tienen un vínculo mucho mas cercano que con el resto de mis hermanos desde bebé. Siempre que estábamos todos ella sólo quería la atención de Eros. Su tío favorito siempre ha sido él y a veces he llegado a pensar que ella lo tiene como en referente paterno.


-Mañana podemos ir a comprar cuentos ¿verdad tío?

-No puedo ir a muchos sitios pero podemos pedirlos por internet todos los que quieras-ella le sonríe y mi hermano la observa con mucho amor-¿Podemos empezar mañana con la rehabilitación? Sé que estarás cansada del viaje pero….

-Mañana mismo empezaremos pero te prometo que no seré Agatha, tú hermana, seré Agatha, tu fisioterapeuta.

-¿Eso quiere decir que no podré insultarte si me haces daño?

-Efectivamente.


Terminamos de cenar con Aria robándose toda la atención y Eros diciéndome cosas para enfadarme. No hacia falta que le contara a mi hija que de pequeña me caí sobre un charco de barro mientras lo perseguía.

Me despido de Eros para subir a la habitación por fin a descansar y encuentro su puerta cerrada. Tengo la tentación de abrirla para saber si sigue igual o está vacía pero me detengo cuando Aria se mueve entre mis brazos. Necesito entrar y comprobar si se lo llevó todo o dejó todas sus cosas atrás cuando se marchó.