Sin eigen
- Escúchame Lizzy- murmuraba con urgencia la persona que estaba frente a ella mientras le entregaba una muñeca de largos rizos dorados-, tienes que correr ¿De acuerdo? -sus manos se sentían cálidas y húmedas mientras le acaricia las mejillas pero por más que intentaba distingue la figura protectora sobre ella no era capaz de centrar su imagen, como si su cerebro estuviese intentando protegerla de algo.
- Pero... -apretó la muñeca contra su pecho mientras sentía el corazón cada vez más acelerado.
- Mi amor, sé que tienes miedo, pero tienes que correr ¿Si? Nosotros te seguiremos enseguida, no pares hasta llegar a la carretera -las manos grandes pero algo temblorosas la hicieron girarse para encarar un camino de tierra que había frente a ella.
Sus pequeños pies parecían moverse por si solos, corría desesperadamente escuchado a lo lejos extraños sonidos aterradores que ponían su piel de gallina, alaridos, cosas rotas... Rugidos. Cada vez más asustada las lágrimas empezaron a correr por su cara mientras sentía sus pies doloridos, iba descalza y aunque las piedras se clavaban no había parado desde hacía al menos media hora y el borde del bosque no se veía en ningún lugar. Le parecía escuchar como si algo, unas pisadas apresuradas, se acercaban a ella por la espalda, el miedo era tan agudo que sentía como si el estómago se le diese la vuelta y quisiese salir por su boca, las náuseas eran demasiado bruscas, casi paraba para poder vomitar pero algo le decía que si detenía sus pequeñas piernas acabaría muy mal.
Apenas veía ya por las lágrimas que parecían no acabarse nunca, un escalofrío subía por la espalda y de repente... El suelo de asfalto bajo sus pies se sintió repentinamente cálido, sus pasos se fueron frenando y la luna en el cielo despejado le permitió ver lo que había a su alrededor. El vestido blanco que cubría su cuerpo estaba teñido de rojo sangre, la muñeca que colgaba de su mano también estaba totalmente embadurnada y tras ella escucho un gruñido de frustración que la hizo volver en sus cabales, debía seguir, moverse, no estaba a salvo todavía. Se limpió con manos temblorosa las lágrimas de la cara y se puso a cambiar lentamente en dirección al pueblo que se veía a lo lejos.
Despertó sobresaltada mientras el sudor le caía por la frente, el cuarto compartido por otras cinco chicas en el orfanato de repente se le hizo tan diminuto que parecía ahogarse. Habían pasado ya casi doce años desde que la encontraron sola deambulando en las calles cubierta de sangre, con tan solo una muñeca y unos confusos recuerdos que no la ayudaron a encontrar a su familia, a veces se preguntaba si ellos habrían muerto por su culpa, si hubiese sido más clara quizás los habrían podido encontrar, pero según afirmó un psicólogo infantil al que la llevaron más tarde su mente había intentado protegerla relegando esos recuerdos a lo más profundo e inespugnable de su mente... Aquello no había sido una pesadilla, aquello había sido un recuerdo terrorífico de un pasado distante y oscuro.
Las tres literas se apiñaban en un cuarto demasiado pequeño, las pertenencias de todas cabían en sus respectivos baúles, siendo niñas mantenidas por el estado no es que tuviesen demasiado, sobre todo las que ya iban a ser echadas del sistema como ellas. Lizzy había estado entrando y saliendo del sistema sin parar desde que llegó, era una niña tranquila y adorable, con su pelo castaño rizado en bucles y sus grandes ojos de bamby todos los padres adoptivos solían escogerla... Y devolverla en un máximo de tres meses. La llamaban la niña maldita, todas las familias que la habían acogido en su seno habían empezado a experimentar sucesos inexplicables, desde repentinos incendios hasta cosas que se movían solas y repetidos episodios de mala suerte: perdían trabajos, fallecían familiares, perdían grandes oportunidades... Y además estaba el hecho de que ella siempre sabía cosas que no debía saber.
La voz en su cabeza volvió a susurrar, ya se había acostumbrado a ella, al principio sólo la acompañaba de noche, le contaba secretos y la alejaba del peligro, pero ahora era algo constante... Y había aprendido a ocultarlo para evitar que pensasen que estaba loca, aunque quizás era un poco tarde para eso. "Lizzy, hay luna llena, tienes que ir a ver".
Mientras salía de la cama el suelo frío la hizo estremecerse, no le gustaba el invierno, sentía que algo dentro de ella se removía cuando la nieve empezaba a caer. La única ventana del cuarto tenía una altura bastante alta, para que los niños más pequeños no pudiesen caerse, comenzaba en el metro cincuenta y sus ojos quedaban justo por encima del alfeizar, con su metro setenta no es que fuese de las más altas pero al menos no sentía que estuviese en una cárcel. Se frotó los brazos mientras sus ojos recorrían el patio trasero, cinco siluetas pequeñas de color blanco se movían de un lado a otro como si fuesen niños pequeños jugando a la pelota. Los fantasmas de los niños olvidados, hacía ya más de veinte años un grupo de niños había quedado atrapado en un incendio en ese lugar y sus almas seguían allí ligadas, desde hacía ya cinco años todas las noches de luna llena, cuando el astro se encontraba en su punto más alto, la voz de su cabeza la despertaba para que vigilase a aquellas figuras.
- No entiendo por qué he de hacer esto, no puedo deshacerme de ellos, son felices jugando- murmuró muy bajo, sabía que su no hablaba en voz alta igual ella la oiría, pero se sentía menos loca de esa manera.
"Ellos no son el problema Lizzy, ya sabes que las noches de luna llena el velo se vuelve más fino y los malos espíritus buscan siempre almas limpias que devorar" La voz sonaba calmada mientras explicaba algo que la había aterrorizado hacia unos años "por suerte nosotras también somos más fuertes las noches de luna llena".
-¿Qué pasará el mes que viene? Ya me marcho y nadie podrá protegerlos- no entendía qué quería decir con que ellas también eran más fuertes, desde luego no quería enfrentarse a un espíritu maligno pero había aprendido que era mejor no preguntar, porque las respuestas podían ser perturbadoras.
"No te preocupes pequeña, ellos sabrán qué hacer" aseguró con una tranquilidad que consiguió que ella se lejase también. Cuando el orizonte comenzó a clarear volvió a su cama y se quedó mirando la litera superior fijamente, ese era su último día allí y realmente no sabía qué hacer cuando pudiese vagar libremente por el país "Ambas sabemos lo que vas a hacer, no intentes escapar de tu destino, no puedes cerrar los ojos" un escalofrío le recorrió la espalda y el sonido de los muelles cuando sus compañeras empezaron a despertar con la luz del amanecer, por mucho que quisiera retrasarlo el momento había llegado, lo supo cuando el pie de Alyson bajó por por las escaleras de la litera y de pie en el suelo la miró alzando una ceja.
- ¿Estás lista? -pregunto mientras miraba de reojo la mochila de Lizzy previamente preparada el día anterior.
- No me queda más que estarlo ¿No crees? -pregunto esta mientras se sentaba y su largo pelo castaño se vertía a su alrededor, le llegaba casi hasta el trasero y era la única frivolidad que se había permitido.
- Se que vas a estar bien Lizzy, su alguien puede lograrlo eres tú - aseguró Alyson mientras se removía nerviosa antes de ir a su baúl por su ropa. Ella era más o menos du complexión, pero su piel de ébano y su pelo rizado que parecía darle un halo alrededor de su cabeza la hacía llamativa y poderosamente hermosa. La figura de esta era envidiable, caderas anchas, cintura estrecha, pechos llenos... Pero eso también le había traído más de un acosador que había intentado espantar para mantenerla asalvo.
Se levantó de nuevo con un suspiro y se vistió, unos pantalones ajustados vaqueros y una camisa amplia de color gris y abrigada, las zapatillas de deporte blancas hacían pasado días mejores. Lizzy tenía una figura curvilínea, no estaba dentro de los cánones establecidos y su mala fama la habían hecho sentirse bastante sola y poco agraciada. Ella no era como Alyson, no era delgada y curvilínea a partes iguales, ella estaba llenita, era alguien que pasaba desapercibida en medio de un multitud, con su piel blanca salpicada de pecas en su pequeña nariz. Mientras estaba perdida en sus pensamientos sintió algo que se posaba sobre sus hombros y sorprendida miró la chaqueta de cuero de hombre que ahora reposaba en ella.
- Alyson... Es tu chaqueta preferida, yo no puedo...-se empezó a quejar mientras la intentaba quitar de encima.
- Tonterías, eres mi mejor amiga Lizzy, se que odias el frío y es lo único que puedo hacer por tí... Si no la quieres vuelve dentro de un año cuando vayan a echarme y devuélvemela -le pidió mientras volvía a colocarla.
Con los ojos llenos de lágrimas deslizó los brazos por la chaqueta y se abrazó a ella, justo cuando la cuidadora abría la puerta y la miraba con desprecio, estaba claro que nunca le había caído bien. Hizo un gesto con la cabeza indicándole que la siguiese y la castaña agarró su mochila colocándola sobre sus hombros antes de salir tras ella, muchos niños salieron de sus cuartos para verla marchar, era un miembro de larga estancia, todo el mundo sabía quién era ella. Pararon en el hall blanco y desprovisto de vida donde la cuidadora le entregó una bolsa con comida y un poco de dinero, algo que no le daría ni para encontrar un lugar donde dormir y comer ese mes... Pero sinceramente no esperaba que le fuese a dar nada.
Una vez fuera se volvió para mirar el edificio del gobierno gris y cusdrado que había sido su hogar desde que tenía uso de razón. Suspiró y sacudió su mano para despedirse de los niños que se habían asomado a las ventanas, una cabellera abultada y castaña se somaba del cuarto que acababa de dejar para siempre. Intentó sonreír mientras estuviese en la vista de los niños pero a medida que se alejaban sentía que se quedaba sin lugar al que volver, puede que no fuese un hogar pero al menos había unas pocas amigas en él. Respiró profundamente intentando serenarse y pensar en el siguiente paso que debía dar. "Sabes bien lo que debes hacer, toma un autobús cuanto antes, debes ir a un lugar seguro, yo te diré a dónde ir" aseguró la voz en su cabeza de manera bastante urgente por primera vez desde que había comenzado a escucharla.
Se mordió el labio inferior algo nerviosa, siempre que ella le había hablado lo había hecho por su bien, quizás en esta ocasión no valiese la pena discutir, simplemente se dirigió a la estación de tren e ignoró la enorme cantidad de gente que se movía arrastrando maletas y formando un barullo ensordecedor. Restregó sus manos heladas contra sus muslos en busca de calor mientras esperaba en la fila y compró un billete de autobús bastante barato, la zona a la que iba era alejada y darían vueltas sin parar para dejar a otros antes de llegar a su destino... Pero al menos tenía dinero para comprar algo de comer. Su transporte salía en una hora así que se dirigió a un establecimiento de comida rápida que estaba al lado de la estación, por el rabillo del ojo pido ver una camarera fantasmal recorriendo las concurridas mesas mientras devoraba un emparedado y guardaba otro, junto con una botella de agua en su mochila, había veces que deseaba no tener esa capacidad de ver y sentir cosas que otros no podían "No cierres los ojos Lizzy, ahora vamos a donde nos buscan, aguanta un poco más, solo un poco más".
Se montó en el autobús frunciendo la nariz, estaba claro que la limpieza no era lo primordial en la compañía. Pasó por el estrecho corredor entre los asientos y se sentó junto a la ventana hacia la mitad del transporte, poniéndose sus cascos y empezando a reproducir en su móvil, viejo y algo roto, la misma canción una y otra vez, abrazando su mochila donde guardaba lo poco que le quedaba. Cerró los ojos y pegó su frente contra la fría ventanilla, hacía frío a pesar de la calefacción y todavía quedaban al menos tres horas de viaje, quizás debería dormir un poco "Lizzy, no cierres los ojos, no es seguro. ya te lo he dicho, vamos a un lugar donde estarás a salvo" le recordó su inseparable compañera para que abriese de nuevo los párpados, las calles de la ciudad se sucedían, iba a ser un viaje muy largo.
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Hola, espero poder hacer vuestros días más livianos, es mi primera publicación por aquí y si les gusta y queiren dar sugerencias estoy abierta a comentarios, me encantaría poder ir construyendo está historia con usted