Porque Tuvo Que Ser ÉL

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Summary

Mucha gente dice haber experimentado el amor. Lo único que yo se, es que amor es una palabra y nosotros su significado. Bryce y Luke emprenderán su propia historia para luchar por su amor, aún sabiendo que vienen de dos familias multimillonarias que se odian entre ellas. ¿Tendrán su final feliz?

Genre
Romance/Drama
Author
Sofía
Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
4.6 8 reviews
Age Rating
16+

Capítulo 1

Desde que nací he tenido miedo a la oscuridad, y ahora ese pánico me impide bajar al sótano. Debo hacerlo, ya que por desgracia, allí se encuentra mi mascota, Kuka. Este perro es sin duda uno de mis más mayores tesoros, muchos dicen que no se asemeja a mi personalidad, otros que debería tenerle miedo, pero a mi parecer, todos son prejuicios. Kuka es un Akita Inu, este tipo de animales se caracteriza por ser grande y musculoso con un pelaje densamente acolchado. Era totalmente negro, al igual que sus ojos, por fuera parecía ser peligroso, pero al mirarle a los ojos descubrí una realidad opuesta: Era dulce y cariñoso. Creo que por eso congeniamos tan bien.

Escuché un ladrido en el fondo del sótano y supe de inmediato que tenía que bajar y sacarlo de ahí, porque sino lo hacía tendría que lidiar con la cólera de mi padre. Suspiré pesadamente, sabiendo que lo tenía que hacer. Podía mandar a algún trabajador, pero sabía de sobra que no lograrían sacarle.

-Venga Kuka- le llamé con una pizca de esperanza-.

Bajé lentamente el primer escalón, llegué hasta el segundo pero no logré pasar de ahí. La penumbra comenzaba a envolverme, sentía el corazón latir desbocadamente y mis piernas comenzaban a doblarse.

Inmediatamente retrocedí sobre mis pasos y cerré los ojos. Un alivio me recorrió mi cuerpo cuando escuché un ladrido y unas pisadas que venían hacia mi. Le acaricié su pelaje suavemente y lo llevé hacia el coche.

Me despedí de nuestros empleados y me subí al Mustang negro de mi padre.

Este simplemente me lanzó una mirada de desaprobación, a mi y al perro.

-Como todos los años- comenzó a decir con tono triunfal-, has vuelto a ser la última en salir.

Fue entonces cuando mi hermano se le ocurrió abrir la boca, creyendo conveniente que era una buena oportunidad para recriminarme algunas de mis acciones.

-Y todo por culpa de ese bicharraco- miró a Kuka con cara de asco y luego dirigió su vista hacia mi-. No se en que momento el abuelo decidió comprártelo. Siempre supe que traería problemas.

-No es mi culpa que el abuelo me prefiriera a mi- me encogí de hombros fingiendo indiferencia, no iba a pelearme con mi hermano, hoy no.

-El abuelo nunca te prefirió- me respondió cortante. Yo obté por no responderle, él sabia que no tenia razón y a mi con eso me bastaba.

El resto del viaje fue en silencio, como de costumbre.

No faltaba mas de media hora para que llegasemos a la mansión de los Kent. Todos y absolutamente todos los veranos íbamos a su mansión a veranear. Nuestras familias son dos de las tres familias más importantes del país, es por ello, que siempre han tenido una amistad, y con el paso del tiempo, se formó una confianza especial.

Tras la muerte de mi madre, la señora Kent pasó a ser como una madre para mí y sus hijos como mis hermanos. Sinceramente, no me imagino un verano sin ellos.


Bajé lentamente la ventanilla del Mustang, incluso me permití llenar mis pulmones del aroma a verano, sonreí solamente con pensarlo. El aire rompía contra mi rostro, lo que me hizo cerrar instintivamente mis ojos. Por un momento, todos mis problemas se disiparon y dejaron de existir, por un momento, tuve la sensación de ser feliz.

Pero duró poco, más concretamente cuando mi hermano abrió la boca, aquel sentimiento desapareció.

Suspiré pesadamente.

-Ya hemos llegado- nos informó entusiasmado-, por fin compañía masculina- puso un énfasis en la última palabra mientras me miraba fríamente.

Debo decir, que desde que murió mi estimada madre, mi hermano comenzó a ser mucho más distante conmigo, prácticamente empezó a salir más y a emborracharse sin pensar en nadie más que en sí mismo. Mi padre empezó a estar cada vez más ausente, con excusas como "Es una reunión muy importante" o " Solo estaré unos días ausente". Si os doy mi sincera opinión, hace años que creo que sale con una mujer, y, no me malinterpretéis, pero estoy muy enfadada por ello. No por el hecho de que salga, me alegro que sea feliz, ¿Pero, y nosotros?

Llevo cargando toda la vida con un papel que no me corresponde, me ocupé de mi hermano, de mis estudios, y ni siquiera tuve tiempo de llorar por su fallecimiento.

En fin, supongo que es uno de los cargos que adquieres cuando eres hermana mayor, cuida de todos.

Pero... ¿Y si llega un momento en que no podré sopórtalo más?

Por eso, agradezco ir allí, por que en aquella mansión mis problemas desaparecen y mi mente descansa.

Bueno en la mayor parte del tiempo.

Pude disipar a lo lejos la silueta de la mansión de los Kent. Era imponente y de dimensiones impresionantes. Aquella mansión no solo contaba con piscina y jacuzzi, sino que tenía jardines y otros recintos para pasar el tiempo libre. Se parecía mucho a nuestra mansión, salvo que a diferencia de ellos, la nuestra era más moderna.

A la señora Kent siempre le había gustado la historia, es por ello, que decidió hacer arcos de medio punto alrededor de la fachada. Sin duda era una mansión de estilo helenístico.

A los pocos minutos llegamos, nos recibieron algunos empleados, pero sinceramente, no me fijé en ellos, sino en dos siluetas que se encontraban al lado de una señora mayor. Ellos eran Alex y Peter, los hijos de la Señora Kent.

Abrí inmediatamente la puerta del coche y corrí en dirección de ellos. Alex, que tenía la misma edad que yo, se adelantó y vino a darme un abrazo. Sus abrazos tenían algo especial, lograban alegrarte el día. No puede evitar observar que había ido al gimnasio, y mucho al parecer. Su pelo rubio se había ondulado un poco y sus ojos azules cobraban un brillo especial. Su piel, ya morena por el sol, relucía. Que suerte tenía.

-Te echaba de menos, princesa- me susurró al oído mientras enterraba mi cara en su cuello-.

-Yo también- dije mientras le alborotaba el cabello. Había crecido desde la última vez-, no sabes cuanto.

Él se apartó y me miró fijamente, una promesa.

Inmediatamente se lanzó Peter a por mí, no puede evitar soltar una carcajada.

-Has crecido, eh- dije mientras lo abrazaba. Era un poquito más alto que yo, y eso hacía que perdiese autoridad-.

-Ahora no soy un enano, eh- me contestó orgulloso de sí mismo. Solté una risita en respuesta. Aunque me costara admitirlo, había crecido. Era alto y musculoso, llevaba su cabello moreno corto y sus ojos verdes relucían a la luz del sol. Su piel blanca había adquirido un bronceado espectacular. Era guapo, pero comparándole con su hermano... En fin, vaya familia eh.

-Tranquilo, siempre serás mí Peter Pan- añadí mientras me despegaba de él-.

A continuación, fueron a saludar a mi hermano que les recibió cálidamente. Mi hermano también era guapo, era moreno y tenía los ojos azules, aparte era alto y musculoso y en verano su piel adquiría un tono moreno. Jack y yo no nos parecíamos en nada. Yo era alta, bueno 1,75, tenía la piel muy blanca y en verano solamente conseguía ponerme roja, mi pelo era totalmente negro y ondulado. Pero la gente se maravillaba por mis ojos, grises, un gris raro y especial. Era lo único que compartía con mi madre.

Una voz me logró sacar de mis pensamientos, era la señora Kent, Madaline. No pude evitar girarme y abrazarle. Nunca le diría cuanto la había echado de menos.

-¡Bryce!- gritó mientras me abrazaba- ¡Que alegría verte!- se apartó y me recorrió todo el cuerpo con la mirada. Me miró a los ojos y sonrió- Igualita que tu madre.

-Gracias, Madeline- le agradecí su comentario, sin saberlo me hacia mucha falta-. ¿Mi habitación es la de siempre?

-La misma- dijo orgullosa-. Les he pedido especialmente que no toquen nada, solamente la han limpiado. Aunque sino quieres estar al lado de los chicos...

-No, no- negué con la cabeza apresuradamente-. Así esta bien, gracias.

Me sonrió una última vez y fue a saludar a mi padre. Como de costumbre, el señor Kent no se encontraba en la mansión.

Los chicos entraron en la mansión y yo los seguí. Alex y yo, teníamos la misma edad, 17 años. Después estaba Jack, que tenía 16 y por último, Peter. Este último tenía 15 años.

Los alcancé en un tramo y comencé a caminar junto con ellos.

-Bryce- me llamó Alex-. Esta noche hay fiesta en la playa, ¿vienes, no?- me preguntó con una sonrisa pícara. Antes de que respondiera, ya sabían todos la respuesta.

-Claro- confirmé expectante por la reacción de Jack, este se limitó a poner una mueca de desagrado. Simplemente la ignoré-.

-Hoooolaaaa- gritó Peter para hacerse escuchar- ¿Y nosotros?- preguntó mientras se señalaba a él y a Jack-.

Alex y yo nos miramos y nos empezamos a reír. Simplemente teníamos una norma, nunca llevar a tus fiestas a tus hermanos pequeños. Nunca salía bien.

-Eh, no- contestamos al unísono.

Peter hizo un mohín y Jack no tardaría mucho en replicar, así que opté por la opción más fácil. Me encerré en mi cuarto. Ni siquiera me despedí, si lo hacía, vendrían a lloriquear a mi habitación y no.

Necesitaba espacio.

Suspiré y me dejé caer contra el suave colchón. La habitación estaba igual. Estaba repleta de estantes con libros, discos de música e incluso aún estaban algunos peluches. La habitación era demasiado grande, en el centro había una cama de matrimonio, y justo enfrente, había un escritorio. Toda la habitación estaba rodeada de ventanales por donde entraban rayos de luz. Salí a la terraza, estaba repleta de flores y me percaté de que alguien había dejado una rosa con una nota.

Te espero a las ocho en los establos.

Alex.

No pude evitar sonreír, adoraba a Alex por esos detalles. Nuestras familias siempre quisieron que fuésemos algo, ya que de esa manera, dos de las tres familias más importantes estarían unidas.

Sin embargo, nunca tendría nada con Alex, es como mi hermano. De todas formas, a él le agrada tanto la idea como a mi.

Busqué mis airpods negros y me los puse, comenzó a sonar I want to break free.

Me tumbé en la cama y mirando al techo. Deseé ser libre, ser yo misma, poder serlo.

Pero ya era demasiado tarde.

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