The Vampire Prince [Taekook]

Summary

🦇> --- Jeon Jungkook cargaba con un secreto tan antiguo como su propia sangre, y Park Jimin lo sabía mejor que nadie. Su mejor amigo y compañero de casa desde hacía tres años escondía algo, y Jimin estaba decidido a descubrirlo, tarde o temprano. Lo que no imaginaba era que ese secreto fuera tan desconcertante. Jungkook era un príncipe vampiro que se había fugado de su hogar. Mucho menos esperaba que, al salir de la iglesia, un grupo de vampiros los persiguiera hasta arrastrarlos a un castillo tenebroso. El príncipe Kim quería de vuelta a su compañero... y no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta. --- ʚ♡ɞ 🦇,, Taehyung x Jungkook 🦇,, Mención de otros ships. 🦇,, Estado: En emisión. 🦇,, Evita comentarios ofensivos, si no te gusta no leas. 🦇,, No copias ni adaptaciones sin mi permiso. INICIADA: 5/05/2023 FINALIZADA: ???

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo.

🦇>


Desde hace más de tres años, Park Jimin conoce a Jeon Jungkook. Lo encontró una noche peculiarmente oscura, la luna llena iluminaba más que las escasas farolas que habían en el pueblo.


Mistwood era un pequeño pueblo cerca de las montañas, la autopista más cercana estaba a kilómetros, el pueblo parecía detenido en el tiempo. Sus calles, casi siempre vacías, solo eran recorridas por rostros conocidos: personas que llevaban toda una vida ahí, aferradas a sus rutinas, a sus recuerdos y a una tranquilidad acogedora que no necesitaba explicación. El pueblo funcionaba por si solo de una manera natural durante años, tenía lo necesario como cualquier ciudad.


No era un lugar de paso. Nadie llegaba por casualidad. Los pocos forasteros que aparecían no buscaban turismo ni distracción, sino silencio. Eran personas que huían del ruido constante de la ciudad, del caos y la prisa, encontrando en ese rincón olvidado una especie de refugio.


Debido a eso, a Jimin se le hizo un tanto extraño que aquel chico estuviera rondando el pueblo.


—¿Estás bien?


No pudo evitar preguntárselo al verlo solo, aparentemente perdido. El joven, asustado ante la presencia repentina de un desconocido, apenas asintió.


Sin embargo, aquellos ojitos llenos de miedo y la forma en que se aferraba a su pequeña mochila, mirando a su alrededor con evidente temor, movieron el corazón de Jimin. Sabía que podía parecer extraño que alguien se acercara así en medio de la noche, pero solo quería ayudar. No era seguro que un chico como él anduviera solo a esas horas, y Jimin esperaba que aceptara su ayuda.


—Me llamo Park Jimin. Trabajo por aquí y te vi un poco perdido. ¿Te encuentras bien?


—Jungkook —respondió, casi en un susurro que apenas pudo oír Jimin.


—Oh, un gusto, Jungkook. Me llamo Jimin. ¿Qué haces en este lugar y solo?


Jimin temía que el chico pensara que tenía malas intenciones, pero realmente solo quería ayudar. No hizo falta insistir demasiado para que Jungkook rompiera en llanto. Sollozando, intentó explicarle entre palabras confusas lo que le había ocurrido, mientras se aferraba a Jimin.


El mayor lo abrazó con cuidado y lo llevó a un pequeño restaurante que aún seguía abierto. Le compró algo de comer mientras el chico, entre bocados, le contaba cómo había terminado en esa situación.


Tenía dieciocho años recién cumplidos. Había huido de casa. Su madre murió cuando él era un niño, y desde que su padre conoció a una nueva mujer, su vida se volvió un infierno. La mujer de su padre se encargó de humillarlo día tras día, y su padre cambió tanto que lo permitió. Incapaz de soportarlo más, decidió escapar sin mirar atrás. Su vida era como el cuento de "La Cenicienta" sin embargo, en esta bizarra versión no había un hada madrina ni ratoncitos que lo ayudarán, tampoco un príncipe azul qué lo sacaría de aquel infierno para llevárselo lejos, donde se casarían y tendrían su final feliz.


Jimin sabía que quizás el chico no le contaba toda la verdad, pero eso no le importó. Tampoco le pregunto de donde venía o como había llegado a el apartado pueblo de Mistwood. Había algo en su historia que lo conmovió profundamente. Se dio cuenta de que Jungkook no tenía a dónde ir, y él no iba a dejarlo solo. Así que, con algo de nerviosismo, le ofreció quedarse en su casa.


Para su sorpresa, Jungkook aceptó sin pensarlo demasiado. Sentía una extraña confianza hacia Jimin. Tal vez porque no tenía muchas opciones, o porque el mayor le inspiraba algo parecido a seguridad. De cualquier manera no tenía muchas opciones y prefería ir con Jimin antes de seguir vagando por lugares que no conocía y donde seguramente los hombres de su padre lo encontrarían.


Jimin también compartió un poco de su vida. Era un chico religioso, recién graduado de la universidad. Iba cada domingo a la iglesia sin falta. Vivía solo en una casa pequeña pero acogedora que sus abuelos le habían dejado como herencia. Se había mudado hace poco al pueblo, buscando independizarse. A pesar de tener un título, no consiguió trabajo de inmediato, por lo que trabajaba medio tiempo en distintos trabajos para cubrir sus gastos.


No era muy sociable. Nunca lo fue. En su antiguo hogar no tenía muchos amigos, ni en la universidad ni en el trabajo. Sus compañeros apenas hablaban con él, y muchos sentían envidia por sus logros académicos. Eso lo aisló aún más.


Ahora, después de venir a este lugar sus vecinos no fueron la excepción. La mayoría eran adultos mayores que no mostraban interés en entablar amistad con un joven como él. Salvo uno: Mark Lee, un chico canadiense que vivía en una casa algo alejada. Fue el único que lo saludó con entusiasmo el día que se mudó.


—¡Hola! ¿Eres nuevo por aquí, cierto? —Vió como una cabellera rubia y rizada se acercaba a paso apresurado.


—Hola —respondió Jimin con una pequeña sonrisa—. Me acabo de mudar. ¿Vives por aquí?


—Sí, en esa casa de allá —señaló una casita blanca algo descuidada—. Perdón si te asusté, pero hace mucho que no veo a alguien tan joven por aquí. ¡Me emocioné!


Desde entonces se volvieron inseparables. Mark iba a su casa todos los días, incluso cuando Jimin no estaba. Al conocer su historia —una madre ausente, un padre alcohólico y violento— Jimin no pudo evitar darle una copia de la llave para que tuviera un refugio seguro.


Jimin tenía un gran corazón. Ayudaba a los demás sin pensarlo mucho, aunque pocos lo notaban. El ayudar a Jungkook fue una prueba clara de ello.


Cuando llevó a Jungkook a su casa, Mark estaba allí. Así que aprovechó para contarle que Jungkook empezaría a vivir con ellos. Para Jimin, Mark era como un hermano menor, y con el tiempo, Jungkook también lo sería.


—¡Genial! ¡Así no estaré solo cuando te vayas a trabajar! —exclamó Mark, dando saltitos de emoción.


Jimin no supo si alegrarse o preocuparse de que a Mark no le importara preguntar porque ahora un extraño viviría con él.


—Solo espero que te lleves bien con él —dijo Jimin, algo preocupado—. No quiero que lo hagas sentir incómodo.


—¿De qué hablas? Jungkook y yo nos llevaremos de maravilla, ¿cierto, Kook?


Antes de que el chico pudiera responder, Mark lo tomó del brazo y lo arrastró escaleras arriba para mostrarle su habitación.


Adaptarse a Jungkook no fue difícil. Era tranquilo, reservado y no causaba problemas. Jimin incluso le propuso inscribirse en la universidad para que pudiera continuar sus estudios, ya que Jungkook le había confesado que siempre estudió desde casa. Al principio se negó, temiendo ser una carga, pero al final aceptó y comenzó a asistir en un turno de noche en la Universidad Arcana de Mistwood.


Sin embargo, Jungkook tenía algo extraño. Jimin lo descubrió uno de los primeros días, cuando decidió despertarlo. Abrió repentinamente las cortinas de la habitación del menor, dejando que los primeros rayos del sol entraran por las grandes ventanas. No supo qué ocurrió, pero de un momento a otro, Jungkook comenzó a gritar y a gemir de dolor, escondiéndose bajo la cama mientras le suplicaba a gritos que cerrara las cortinas.


—¡Ciérralas!


Jimin obedeció sin pensarlo. Cuando todo volvió a la calma, Jungkook salió con la cara roja y unas manchas rojizas en los brazos. Alarmado, Jimin insistió en llevarlo al médico.


—¡No! No es necesario. No es la primera vez que me pasa.


Confundido Jimin le preguntó al menor que era lo que pasaba. Mientras trataban sus heridas, Jungkook le confesó a Jimin qué tenía una enfermedad que lo hacia no poder tener contacto con el sol provocando las manchas rojizas en su piel cada que se exponía a el. Jimin había escuchado de esa enfermedad y le insistió a Jungkook ir al médico, pero este se negó rotundamente diciéndole que estaba bien y que había vivido toda su vida de esa manera. Ahora Jimin sabía porque Jungkook siempre utilizaba ropa holgada qué ahogaba el delgado y pálido cuerpo del chico.


Pero eso no era lo único raro, también le confesó que sufría problemas del corazón ya qué una vez sorprendió a Jungkook con la mano en el pecho y haciendo muecas de dolor. El menor lo evadió y le dijo nuevamente qué todo estaba bien, le mostró a Jimin las pastillas qué tomaba para que su dolor desapareciera, pero Jimin empezaba a creer que no funcionaban pues después de tomarse una pastilla Jungkook seguía igual o peor que cuando comenzaba cada episodio. Aún así, Jungkook logró convencerlo de que no era nada grave y Jimin solo pensaba que Jungkook era un chico muy enfermizo.


Ingenuo Jimin.


Jungkook también tenía la costumbre de salir por las noches sin decir nada. Varias veces, Jimin y Mark lo descubrieron regresando a altas horas.


—¿Qué horas son estas para llegar, Jeon Jungkook? —dijo Jimin, al encender la luz de la sala.


—Eh... yo... —Jungkook no sabía que responder, su corazón comenzó a acelerarse.


—Vamos, Jungkook —dijo Jimin, levantándose del sofá—. Yo también fui joven. Entiendo que quieras salir a divertirte, pero al menos avísame. Me preocupo por ti.


Jungkook frunció el ceño, confundido, pero asintió.


—Claro, una fiesta —susurró, acercándose a Jimin—. Lo siento mucho, Jimin. Te avisaré la próxima vez. Los quiero, pero ahora necesito dormir.


Salió corriendo a su habitación. Jimin creyó ver una mancha roja en la comisura de sus labios... pero pensó que era solo su imaginación.


—Este niño me va a matar —murmuró, llevándose los dedos al puente de la nariz.


—No te agobies, —dijo Mark, abrazándolo por la espalda—. Solo está adaptándose.


—Quítate, mocoso. Ustedes dos me van a volver loco —gruñó Jimin, mientras se dirigía a su habitación.


Mark soltó una carcajada y lo siguió poco después.


En esos tres años, Jimin nunca volvió a sentirse solo. Agradecía el día en que encontró a Jungkook y cuando Mark se le acercó por primera vez. Aunque tuvieron momentos difíciles, con el tiempo se acostumbraron a la rutina.


Lo que no sabían era que todo estaba a punto de cambiar. El pasado siempre nos alcanza y ahora no era la excepción.


—¡Ya les dije que tenemos que ir a la iglesia!


—¡No!