El verdadero Pinocho

Summary

Geppetto, un joven soltero que trabaja como carpintero, tiene un deseo. Su deseo es encontrar la manera de satisfacer -de forma legal y adecuada, por supuesto- su pervertido gusto por los hombres, hombres mucho más jóvenes que él. Después de rezar constantemente a Dios, Geppetto decide utilizar sus habilidades para resolver el problema. Convierte a su hombre ideal en un muñeco de madera, y luego le ruega a Dios que lo convierta en humano. Una emocionante historia que retuerce un cuento de hadas tradicional que todo el mundo conoce. Si no quieres parar de reír durante toda la lectura, o si tienes curiosidad por conocer la verdadera historia de Pinocho, no dejes de leer.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, vivía un niño llamado Pinocho. Ah, niño podría no ser la palabra adecuada. Ciertamente tenía la apariencia de un niño, pero en realidad no era un niño.

¡Oh, es verdad! Por supuesto que estás familiarizado. ¿Alguna vez has oído hablar de él en alguna parte?

Como saben, Pinocho no era un humano. Era una marioneta de madera. Pero la historia que voy a contarte a partir de ahora puede ser un poco diferente de lo que has conocido hasta ahora.

Pinocho, fue hecho por un carpintero llamado Geppetto. Pero no era el abuelo canoso y santo que el mundo conocía. Era un joven corpulento de unos veinte años. Era tan vigoroso, que por las noches su rutina diaria era perforar entre sus muslos con un dildo de madera especialmente fabricado para suprimir su deseo sexual, el número 28 para ser exactos.

El joven Geppetto era infeliz. Porque, en la vida real, no podía encontrar una pareja que coincidiera perfectamente con su orientación sexual. Tenía tal gusto que estaba expuesto a ser encarcelado.

Geppetto sólo se excitaba sexualmente con chicos mucho más pequeños que él. Puede que estés frunciendo el ceño, y pensando “¡Ya es suficientemente malo ser gay, ahora tiene gustos antihumanos!” Pero qué se le va hacer. Él nació así.

Geppetto tenía la firme creencia de que ‘la primera experiencia es con alguien a quien amas’. Pero cuando pensó que podría soportar uno o dos días apuñalando entre sus muslos, y que moriría sin haber pasado por sus mejores años de la adolescencia y los florecientes 20s, se puso muy nervioso. Era obvio que cuanto mayor se hiciera, más difícil sería encontrar pareja.

Geppetto se consideraba una persona muy infeliz. Después de un largo período de frustración y agonía, comenzó a orar a Dios quejándose. Preguntándole por qué le había dado esos gustos tan particulares y esas firmes creencias que no podía cambiar. Si no podía cambiar sus gustos y creencias, al menos podía enviarle una pareja.

No es que no hubiera pensado de vez en cuando en comprometerse adecuadamente con la realidad y encontrar una pareja adecuada. Sin embargo, de alguna manera le parecía un desperdicio renunciar a la preferencia que se había aferrado firmemente durante casi 30 años. Así que rezó a Dios para que le enviara a su pareja rápidamente.

Durante tres días y tres noches no comió ni bebió nada y continuó orando. Diciendo que si tuviera que vivir solo hasta morir, preferiría morir ahora. Porque le dolía entre los muslos y creía que se iba a morir. De hecho, no había lugar entre sus muslos que Geppetto no hubiera pinchado con el dildo de madera.

Cuando estuvo a punto de colapsar por el hambre y la sed, de repente tuvo una epifanía.

La ocupación de Geppetto era carpintero. Se dedicaba principalmente a realizar pequeños trabajos elaborados y delicados para hacer pequeños muñecos y adornos. Tenía talento para hacer muñecos, y los hacía muy bien.

Así que, por qué no utilizar su talento para hacer un muñeco de madera que se adapte a sus gustos utilizando sus habilidades especiales en lugar de esperar a su tipo ideal. Y todo lo que necesitaba era que Dios le diera vida al muñeco. Era una estrategia de ganar-ganar, como dice la gente, Geppetto estaría feliz cuando encontrara pareja, y Dios estaría feliz porque ya no sufriría por sus oraciones.

Geppetto pensó que era una revelación de Dios.

Por lo general, la gente se da cuenta en este punto... Ah, veo que tú también te diste cuenta. ¡Así es! Pinocho fue la marioneta que él creó, la réplica perfecta de su tipo ideal.

Decidido a hacerse un amante él mismo, vagó por todas las montañas y bosques del país en busca del mejor árbol. No podía talar y utilizar cualquier árbol, ya que se convertiría en su futuro amante.

No puede ser porque tiene agujeros de insectos y este no funciona porque está deformado... Después de pasar cerca de un año buscando un árbol, pudo encontrar uno que realmente le gustó.

Geppetto cortó el árbol que le gustaba, qué apenas y pudo encontrar, lo cortó al tamaño correcto y lo podó con cuidado. Y colocó el árbol podado en un lugar bien ventilado y soleado. Después de seis meses completos, el árbol bañado por la luz del sol todavía tenía una carne inmaculada y no tenía grietas ni torceduras en ninguna parte. Y Geppetto comenzó a hacer marionetas con la madera seca.

Durante más de 1.000 largos días, no comió ni durmió adecuadamente, centrándose únicamente en hacer marionetas.

Cuando los aldeanos vieron a Geppetto trabajando exclusivamente en sus marionetas negándose a aceptar ningún otro trabajo, dijeron que era un solterón y que finalmente se había vuelto loco de frustración. Pero Geppetto no hizo caso a lo que decían los aldeanos y se dedicó a hacer marionetas. Y después de tres años completos de arduo trabajo, Geppetto finalmente pudo completar una marioneta que le gustara.

Brazos y piernas delgados y alargados, un cuello de un aspecto frágil que recordaba al de un ciervo. La diminuta cintura de Geppetto se podía envolver fácilmente con un brazo, y las nalgas eran regordetas y bien arregladas. Era una marioneta con la apariencia de un niño lindo, el perfecto tipo ideal que solo había visto en sus sueños.

Geppetto, que tenía preferencia por la piel oscura, barnizó cuidadosamente la marioneta terminada. Después de aplicar cuidadosamente el barnizado en cada rincón y grieta, esperó a que se secara y volvió a pintar varias veces, la piel de la marioneta se volvió tan suave que no podía creer que fuera una marioneta de madera.

La parte más importante era su pequeño y lindo pene, que había elaborado minuciosamente con todas sus habilidades, su corazón y alma, un agujero delicadamente arrugado y un pezón del tamaño justo para morder con los dientes frontales y rodar con su lengua. Geppetto no pudo evitar sonreír orgulloso cuando vio la marioneta, perfectamente hecha sin que le faltaran ni le sobraran partes.

Girando la marioneta terminada de un lado a otro, admirando de nuevo su trabajo, llegó al punto de babear por la boca.

El pelo y la barba cubrían todo su rostro porque no pudo cuidarse bien durante tres años, los ojos nublados brillando de lujuria y la saliva le escurriendo por su mandíbula. Geppetto era la imagen de un perfecto pervertido.

Geppetto se limpió la saliva de la boca con el dorso de la mano, y cuando su barba tocó su mano y la sintió áspera, pudo darse cuenta de su aspecto desaliñado.

Como no quería verse en un estado repugnante en su primer encuentro con el amante de sus sueños, decidió tomar un baño después de mucho tiempo. Hacía mucho que no se bañaba, y siempre que lo hacía se rociaba con agua, de todos modos, no quería aportar suciedad a su trabajo de fabricación de marionetas. Geppetto colocó con cuidado la marioneta en una silla en un extremo del taller y se dirigió al baño.

Una sonrisa se dibujó en su rostro todo el tiempo mientras limpiaba su cuerpo, se afeitaba y arreglaba su cabello. Hasta los veinte años, eventualmente lo pasó siendo virgen y ya tenía más de treinta, pero ahora finalmente tenía un amante fantástico. La edad no importaba en absoluto.

Después de su baño, Geppetto volvió a su taller donde había dejado la marioneta. Todo lo que quedaba era orar a Dios. Para que le diera vida a la marioneta.

¡Sin embargo! ¿Qué significaba esto? Al regresar a su taller, ¿por qué desaparecería la marioneta que se convertiría en su amante?

Realmente era una escena fantasmagórica. Obviamente nadie había entrado en ningún momento a la casa, y la marioneta, que no puede moverse sola, se ha ido.

Con los ojos en blanco, Geppetto comenzó a buscar la marioneta, corriendo desnudo por la casa.

—¡Pinocho! ¡Pinocho! ¿Dónde estás?

Geppetto, que incluso nombró a la marioneta Pinocho antes de darse cuenta. Con lágrimas en los ojos, fue del taller al baño, del baño a la cocina, a la sala y finalmente al dormitorio del segundo piso… Recorrió toda la casa buscando a Pinocho.

Cuando Geppetto abrió la puerta del dormitorio del segundo piso mientras gritaba Pinocho a todo pulmón, le respondió una voz clara y transparente. Sin embargo, era un tono que no parecía ser del todo amable.

—¿Pinocho? ¿Enserio ese es mi nombre? Veamos el significado de ese nombre. ¿Será que viene de los piñones? Tiene que venir de los piñones. Tsk.

Para su sorpresa, era Pinocho, la marioneta que creía que había desaparecido en alguna parte. Como era de esperar, como lo había terminado recientemente, Pinocho, al igual que Geppetto, estaba desnudo y sin un solo hilo.

Pinocho estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas y mirando a Geppetto. Geppetto se sintió aliviado de haber encontrado la marioneta que pensó que había perdido, y su corazón está a punto de estallar de alegría y emoción porque Pinocho está vivo y en movimiento a pesar de que aún no le ha rezado a Dios.

De hecho, no era solo su pecho lo que estaba a punto de explotar. Su cuerpo, que había estado lánguidamente relajado después de un largo baño, de repente erizó su pene en el momento en que vio a Pinocho, su tipo ideal y perfecto esperándolo sentado en la cama.

Con la bendición de Dios, la marioneta que creó cobró vida y se movió, todo lo que tenía que hacer era disfrutar de su ardiente vida sexual con su joven amante.

Geppetto no mostró vacilación ni culpa incluso cuando voló hacia Pinocho con la cara y el cuerpo de un niño que parecía que aún no había sido destetado y lo atacó. Aunque tenía la forma de un niño, Pinocho no era una persona real de todos modos, era solo una marioneta que hizo. No sintió ningún remordimiento en absoluto.

Apresuradamente enterró su nariz en el cuello de Pinocho y saboreó el fragante aroma a madera. Mientras respiraba hondo con la nariz enterrada en la nuca, Pinocho luchó y lo empujó. Aunque su carne era suave, su piel fría y el olor a madera que emanaba de su cuerpo demostraban que originalmente era una marioneta de madera, no un humano.

—¡Qué pesado! Maldita sea. Acabo de nacer hace poco, ¿vas a aplastarme hasta la muerte cuando estoy así de frágil?

La mano de Pinocho, golpeando nerviosamente el brazo de Geppetto, era tan afilada como un bastón. Era natural ya que estaba hecho de madera.

Sin embargo, eso no le importaba en absoluto al lujurioso Geppetto. No, más bien, incluso ese dolor se sentía como una excitación estática para el hambriento hombre. Con las manos punzantes de Pinocho, algunas jugadas que podría intentar más tarde pasaron rápidamente por la mente de Geppetto.

Pero solo por un momento. Los pensamientos sobre qué hacer más tarde se desvanecieron al ver a Pinocho empujando a Geppetto, cambiando de posición y sentándose sobre él. Su pene comenzó a palpitar con más fuerza.

—¿Me montaras apenas conocernos? ¡Ah, Dios mío! ¡Realmente, eres...! ¡Grandioso! ¡Buen trabajo!

Geppetto solo podía agradecer una y otra vez a Dios por darle vida a su amante, Pinocho, y darle una vida sexual activa.

Por un momento, Pinocho tuvo una expresión como si estuviera perdido en sus pensamientos, pero pronto se convirtió en una sonrisa malvada que le quitaría la vida a cualquiera. Era una sonrisa terriblemente hechizante. Y el ligero pliegue en el rabillo de sus ojos era del tipo ideal con el que soñaba Geppetto.

La fría mano de Pinocho recorrió suavemente el cuello de Geppetto. Esos dedos fríos y duros, a diferencia de los humanos, agarraron el pezón que estaba en el aire frío y lo torcieron ligeramente. Geppetto gimió y arqueó la espalda.

—Ah. Uhm. Ahh. Ah.

Como si le gustara la reacción de gemidos de Geppetto, los movimientos de las manos de Pinocho fueron un poco más suaves y concentradas. Una lengua fría y rosada, que no tenía temperatura corporal, lamió sus pezones y el área alrededor de ellos. El pene de Geppetto se puso rígido y comenzó a supurar líquido blanco preseminal.

—Gime un poco más, señor. ¿Cómo puedes gemir de esa manera?

Pinocho dijo felizmente. Geppetto simplemente retorció su cuerpo y lloró por el placer que nunca había sentido jugando con sus manos. Los pezones podían sentirse tan bien. Desde la primera vez que tuvo relaciones sexuales, nunca pensó que podría recibir tal servicio de Pinocho, por lo que dio gracias a Dios con lágrimas en el corazón. Incluso pensó en ir al templo y hacer algunas ofrendas, pero eso era otro asunto de todos modos. Por ahora, lo más importante para él, era centrarse en los placeres que Pinocho le estaba dando.

—¡Uh! ¡A-allí! ¡Más! ¡Justo allí! ¡Ughh!

Las manos frías de Pinocho continuaron haciéndole rodar los pezones, pero su lengua mojada se movió cada vez más hacia abajo y humedeció el ombligo de Geppetto.

Después de lamerle el ombligo durante un rato, Pinocho, con el ceño fruncido por la posición incómoda, se bajó del cuerpo de Geppetto, que estaba acostado, y se deslizó entre sus piernas. Cayó encima de él presionando el pene de Geppetto contra su estómago y metiendo la lengua en el hueco del ombligo. Le lamió el ombligo con la punta de la lengua como si estuviera excavando lo que había dentro de él. El alma de Geppetto parecía haber sido succionada gracias a que Pinocho le chupaba el ombligo con avidez mientras emitía gorgoteos.

—Señor, ¿se siente bien?

—¡Es bueno! ¡Es bueno! Uhmm. ¡Tan bueno!

Geppetto se estremeció y extendió la mano y presionó la cabeza de Pinocho. Presionó la cara de Pinocho contra su vientre para que la lengua de Pinocho pudiera penetrar más profundamente en su ombligo. Era la primera vez que descubría lo bien que se sentía que le lamieran el vientre. ¡Y pensar que vivió todo este tiempo sin saber lo bien que se sentía! Geppetto incluso se sintió culpable.

Pinocho finalmente levantó la cabeza y se puso de pie como si estuviera cansado de su ombligo después de mucho tiempo. E incluso mientras estaba acostado boca abajo, se metió a la boca el pene erecto de Geppetto. Sosteniendo el pilar con ambas manos, con la punta de la lengua extendida, abrió el pequeño surco en la punta, tal como lo había hecho con el ombligo hace un momento.

—¡Ah, ahh! Ah. Huh. ¡T-tan bueno! ¡Ugh!

Pinocho comenzó por el lindo glande en forma de hongo, y deslizó su lengua a lo largo del tronco y lamió cada rincón y grieta de sus testículos. Luego, con la punta del glande en la boca, lamió con la lengua y miró a Geppetto. Agarró el tronco con ambas manos y lo movió rítmicamente arriba y abajo.

Pinocho besó la punta del glande con una sonrisa arrogante, luego se apartó formando un hilo delgado y transparente entre el glande y los labios. Cuando Geppetto clavó los ojos en Pinocho, que jugaba con el diminuto agujero con la punta del pulgar, Geppetto no pudo soportarlo más y vigorosamente arrojó un líquido blanco y pegajoso de la mano de Pinocho.

Pinocho, que sacó la lengua para lamer y saborear el semen de su mano, sonrió satisfecho.

—Bueno... el sabor no es tan malo, ¿cierto? Date la vuelta. Tocaré la parte de atrás también, así que haz un gemido genial para mí, señor.