Seré La Reina by Sunsetluz2 at Inkitt
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Seré la Reina

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Summary

En un mundo creado por y para hombres, la princesa Rossaline como mujer e hija primogénita no tiene derecho de sucesión al trono. Destinada a ser vendida a un país vecino con el fin de beneficiar el reinado de su padre y hermanos, ella comienza un siniestro plan para obtener lo que desea y así poder escapar de ese cruel final. Para ello necesitará la ayuda de un prisionero de guerra que cuenta con la inteligencia suficiente para lograr su objetivo, sin embargo eso no le saldrá nada barato. Rossaline está dispuesta a todo para ser la Reina, la guerra será inevitable y no hará nada para detenerla, porque ella será la detonante de esta. °Romance y ficción histórica° °CONTENIDO ADULTO° +18 °NO SE ADMITEN COPIAS NI ADAPTACIONES°

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

Bella y pura era la princesa Rossaline, el ángel del palacio de Frankreich, su delgada figura acompañada de un extravagante vestido junto con las joyas más lujosas y exclusivas del reino y su larga melena revoloteando al compás del viento siempre iluminaban todo a su paso, era imposible no voltear a verla.


Ella era perfecta, había sido educada para que lo fuera. Su madre la Reina Adelaida se había ocupado minuciosamente de la educación de su única hija para convertirla en la mujer más hermosa e inteligente de todo el Reino de Frankreich, no había espacio para errores, no cuando tenía otros tres hermanos que le hacían sombra a su existencia constantemente y debido a esto tenía que esforzarse el doble para poder destacar frente a los ojos de su padre el Rey Ethelred II.


Rossaline se ocupaba en dominar a la perfección su terreno, el único que le correspondía, nada más ni nada menos que el mundo social. Porque claro, si habláramos de política y poder militar eran terrenos totalmente ocupados por ley por sus hermanos menores, principalmente Roth, el príncipe heredero quien era hijo de la concubina favorita del Rey.


La princesa lo sabía muy bien, pero también sabía que aquel que tenía el derecho de sucesión era el primogénito de su majestad Ethelred.


Rossaline no solo era la primogénita sino que también era la hija de la segunda al mando, la Reina Adelaida, cuya familia tenía el mayor poder económico de Frankreich, entonces si la princesa tenía todo a su favor ¿Por qué no poseía el derecho de sucesión como su hermano Roth?


Porque era mujer. Simple.


A pesar de sumergirse en cientos y miles de libros, la joven dama nunca logró encontrar una respuesta de porqué las mujeres no podían llegar ni siquiera a pensar en tener el reino bajo sus pies.


¿Tradición? ¿Orden natural? Ninguna de aquellas opciones le eran suficientes para la curiosa cabeza de la princesa Rossaline.


Mientras sus hermanos recibían clases especiales para gobernar en un futuro, ella solamente era educada para ser la dama más noble, porque las mujeres no merecían la pena para ocupar cargos políticos, eran demasiados pasionales y se dejaban llevar por sus emociones, o eso decían.


Rossaline no pensaba igual, así que a escondidas de todos y con la ayuda de su madre, logró tomar clases sobre política, historia y economía, llegando a considerarse casi tan capaz como sus otros hermanos de gobernar.


Sin embargo nunca se reveló ante su padre y tampoco planeaba hacerlo, no si quería perder la cabeza en el intento.


Un nuevo día había comenzado para la joven, se levantó como de costumbre y llamó a las sirvientas para vestirla, esta vez elegiría un vestido de un color rojo intenso que hacía resaltar aún más sus facciones, algo en ese día se sentía diferente, un extraño presentimiento inundó el corazón de la princesa.


Caminó hacia el espejo para ver el resultado de su elección matutina y frunció el ceño al verse reflejada.


— Más maquillaje — señaló a la sirvienta que se encontraba más cerca de ella para que continuara con su trabajo, tenía la esperanza de que colocándose un poco más de aquel polvo blanco de dudosa procedencia que usaban las damas en esa época, lograría cubrir sus oscuras ojeras fruto de varias noches en vela.


La acción se vió interrumpida por el sonar de la puerta, tres golpes indicaban que quien estaba afuera traía un mensaje importante, así que alzó su mano permitiéndole abrir a los guardias.


— Princesa Rossaline — entró un anunciante a la habitación— Su majestad único Rey de Frankreich, su alteza Ethelred II solicitó su presencia en el almuerzo


— Muchas gracias por el aviso— sonrió falsamente provocando al anunciante tambalearse ante la belleza de la flor tan aclamada por los solteros poderosos del reino— Marcharé a la hora indicada, puedes retirarte


No era algo raro que su padre quisiera almorzar con ella, sin embargo nunca antes la había mandado a llamar con el anunciante oficial del palacio real, aquel que se encargaba de dar avisos de suma importancia, por lo cual todo eso significaba que el tema que se trataría el día de hoy era algo que tenía que ver directamente con ella.


La princesa sintió una pequeña punzada en su estómago, otra vez esa incómoda sensación, aquello no venía de la nada, tenía su fundamento, hace días su familiares venían comportándose diferente con ella y con el anuncio sabía que se aclararía todo por fin obteniendo su respuesta, ni siquiera su madre se había atrevido a verle la cara, eso solo significaba que algo grande se acercaba.


Las horas pasaron con rapidez, Rossaline se preparó mentalmente para poder encarar la situación, odiaba compartir mesa con sus hermanos, sobretodo con el mayor, algo en su mirada le inspiraba desconfianza.


Nunca había tenido una buena relación con Roth y su segundo hermano Johann debido a los celos de su madre, ambos habían sido llevados a estudiar a Horzeinz, un reino poderoso que tenía una estrecha relación comercial con Frankreich. La mayor parte de su vida la habían pasado en ese lugar, volviendo recién a su país de origen a los dieciséis y quince años, listos para ocupar sus respectivos cargos.


Rossaline en esa época tenía ya dieciocho años y se había convertido en la joya del mundo social y en la modelo a seguir del reino, ella quiso acercarse, pero solamente había obtenido del otro lado miradas de desprecio y comentarios despectivos a su persona.


La joven dama miró hacia su escolta y le dió la señal para que abriera la puerta que la separaba de los demás miembros de la familia, no sin antes tomar un poco de aire para animarse a entrar.


Los ojos del mayor de los hermanos se posaron fijos en ella apenas puso un pie dentro, una sonrisa de soberbia se asomó en sus labios cuando ambos cruzaron miradas, Rossaline se inclinó ante su padre y saludó a los presentes cortésmente. Podían decirle de todo, pero jamás podrían decirle que era alguien sin modales.


— Siéntate hija — ordenó el Rey Ethelred — Te estábamos esperando


— Gracias su majestad — sonrió con dulzura haciendo a la perfección el papel de ángel que le habían designado desde su nacimiento.


— Querida hermana, tanto tiempo sin vernos— agregó Roth — Cada día te ves aún más bella


— También lo extrañé su alteza— mintió Rossaline, de reojo pudo notar como su hermano elevaba una ceja, era un idiota que no sabía disimular.


El almuerzo concurrió con normalidad, ninguna palabra había salido de la boca del Rey.


La princesa podía sentir la presión, el silencio sepulcral era el único protagonista hasta que por fin alguien se animó a romperlo.


— Este invierno cumplirás tu mayoría de edad Rossaline— soltó Ethelred, ella quedó en blanco por un segundo.


— Sí, su majestad— dijo dudosa.


Por su lado Roth la observó molesto, la sonrisa burlezca que había tenido segundos atrás se había borrado en su totalidad, dirigió su mirada a la Reina Adelaida que al verlo lo esquivó de forma inmediata.


— Eso significa que ya tienes la edad suficiente para contraer matrimonio— sentenció finalmente. Rossaline no se lo esperaba, aunque ya había sido advertida con anterioridad.


— Así es — asintió moviendo su cabeza, no podía negarse ante el Rey.


¿Quién sería el afortunado? La lista de candidatos en el reino era larga, algún hijo de un noble con poder militar era lo que faltaba en la familia, el único que se le venía a la mente era Ritter Walmourt, heredero del marquesado de Frankreich.


— Tu futuro esposo ya ha sido escogido — continuó.


Tragó en seco, no sabía que todo ya había sido decidido, el latir de su corazón comenzó a acelerarse, no entendía porqué pasaba eso, al menos tenía la esperanza de que su padre le consultaría a ella antes, después de todo se trataba del hombre con el que pasaría el resto de sus días juntos.


— La relacion con el Reino Gyonkraf se vió comprometida con la última guerra, debido a que unimos fuerzas con Horzeinz para tener parte de su territorio controlado— explicó el Rey — Si no lo hacíamos estaban a un paso de expandirse y eso no sería beneficioso para nosotros


Rossaline guardó silencio, todo eso lo conocía perfectamente.


— En estos meses Gyonkraf aumentó su poder militar de forma exagerada, trajeron esclavos y los entrenaron para convertirlos en guerreros, no podemos dejar que ocurra otra guerra sin volver a estrechar lazos con ellos— la miró — Inicié una reunión de emergencia y logramos negociar, junto a Horzeinz retiraremos nuestras fuerzas de la frontera de Gyonkraf, volveremos a abrir el puerto comercial y además para afianzar aún más esta nueva alianza decidimos unir nuestras familias por medio de un matrimonio político


— ¿Co-conmigo?— preguntó la joven sorprendida.


— Sí, te casarás con el Rey de Gyonkraf— se levantó de su asiento y caminó hasta donde se encontraba la princesa — Eres nuestra joya más valiosa, estás destinada a ser la Reina


"Claro, reina consorte" pensó Rossaline.


— Su majestad Ethelred II, padre mío— estiró su mano hacia él y este le correspondió el agarre— ¿Cómo puede la flor del reino casarse con un Rey viudo de un país casi en ruinas que le dobla la edad y que solamente invierte en su ejército?


El rey pareció molestarle lo que la princesa Rossaline le acababa de decir ¿Cómo una insignificante mujer se atrevía a revelarse contra él?


Roth soltó una carcajada atrayendo la mirada de todos los presentes.


— Que fácil lo tienen las mujeres — llevó una copa de vino a sus labios y bebió — Llegan a altos puestos sin la necesidad de esforzarse por ello— miró a Rossaline — Solo tienen que ser hermosas


La situación se había tornado incomoda, el Rey no negó las palabras de su hijo. Soltó las manos de la princesa y se dirigió a la puerta para retirarse.


— No se hablará más del tema, te casarás con él y punto — se marchó del lugar sin agregar más.


La joven dama quedó en un estado de shock ¿En qué se había equivocado? Estaba cansada que su vida gire en torno a las decisiones del Rey, jamás le había levantado la voz y faltado el respeto.


Toda su vida bajó la cabeza en silencio dejando a sus hermanos pisotearla y aprovecharse de ella, a los nobles que abusaran de su poder y se sobrepasaran cada que tenían la oportunidad, pensó que haciendo todo eso tendría por lo menos el derecho de participar en la elección de su futuro esposo, solo eso pedía y su padre lo sabía muy bien.


¿Por qué las mujeres tenían que pasar por ello?


— El matrimonio político es común en familias de alto renombre — se atrevió a decir Johann.


— Lo es — afirmó Rossaline— Incluso tú pasaste por esto, aún así ¿Sabes cuál es la diferencia? — su hermano negó — Que al menos a tí te preguntaron tu opinión y se hizo un banquete para escoger a la indicada


— ¿Puedes callarte? — se metió en la conversación Roth — Deberías aprender a cerrar la boca y tomar lo que se te da


— Es fácil para usted decirlo Príncipe heredero — ambos se miraron enojados— Podrás escoger a tu Reina y concubinas


— ¿Es esa tu molestia?— se levantó de su asiento y se acercó de forma violenta a ella — ¿Quieres ser la Reina de Frankreich?


Rossaline se contuvo de responder a la provocación de su hermano menor y esto no le pareció nada gracioso al mismo.


— Si ese es tu deseo — bajó hasta su oído para susurrarle— ¿Por qué no le abres las piernas a tu querido hermano? — acarició su cabello sutilmente — Quizás así logras convertirte en mi Reina...





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1. I
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Strong Dialog

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