PRÓLOGO
Pov Jungkook.
Él corría por toda la habitación.
Intentando huir de mí, pero ya era tarde.
Me pertenecía.
El imperio Jeon necesitaba ser respetado de nuevo.
Ya la vida me había arrebatado todo, solo me quedaba el legado de mi abuelo.
La mafia rusa.
La que nunca debió acabar y gracias a mí estaba en pie, pero así como logré eso, también gané enemigos.
Llevar el dinero de toda la mafia no era fácil.
Y él, él era un plus, un extra de una deuda vieja que necesitaba cobrar.
Ya tenía todo el dinero y poder que necesitaba pero aún no lo tenía a él.
Sabía que me arrepentiría tarde o temprano.
No lo quería como esclavo, no lo quería para dañarlo.
Lo quería solamente tener de frente, ver en sus ojos lo que tanto se negaba a sí mismo.
—Deja de correr.
Él me fulminó con la mirada como si quisiera escupirme a la puta cara y dijo.
—Primero muerto antes de irme contigo y que me pongas una mano encima.
¿Otra vez?
—Déjame refrescarte la memoria, Jimin. Creo que de ponerte una, dos manos, mi lengua y mi pene ya lo he hecho.
Él estaba equivocado.
No quería violarlo y mucho menos golpearlo.
No era ese tipo de hombre.
Me gustaba la sangre, la venganza y coger.
No me mal entiendas.
Me gustaba todo lo malo, pero no para hacérselo a él.
Él era mi sutil venganza, la mejor forma de cobrarle a mi peor enemigo de que no debía meterse en mis asuntos o en mi camino.
Ya se lo había advertido durante años y seguía queriendo entrar en mi mercado y quedarse con lo que era mío.
Ya me había arrebatado lo más importante.
No dejaría que también me jodiera los negocios.
Se lo advertí y esta era una dura consecuencia de no obedecer.
La obediencia es fundamental para mí.
Obedéceme y serás premiado, desobedece y serás castigado, duramente.
Solo necesitaba un motivo, un motivo más, para acabar con él.
Pero primero, quería hacerlo sufrir.
—¿Y a ti quién te dijo que podías desobedecer?
Se quedó helado ante mi pregunta, él no era estúpido, sabía perfectamente lo que sucedía cuando alguien desobedecía.
Ya lo había visto cuando entré aquí por él.
—Lamento lo de tu amigo, pero es el precio a pagar cuando no obedeces una orden.
Limpió con el dorso de su mano duramente una lágrima que se corrió.
Le había disparado al hombre que estaba con él, no sé si era su amigo o su jodido nuevo novio, de ser así le hice un favor, el tipo era un idiota, no te pones frente a cinco armas y te haces el héroe a plena luz del día.
—Por favor, llama a una ambulancia. Me iré contigo, pero no dejes que muera.
Me reí en su cara.
—¿Intentas negociar?
—Yo…
—¿Te atreves a negociar conmigo?
Cerró sus ojos, culpando su mal juicio, sabía que no podía retarme o darme órdenes.
Ni siquiera estaba en posición de negociar con un hombre como yo.
Ni siquiera ese hermoso culito podía saldar las deudas que su padre tenía conmigo.
—Por favor—cayó al suelo, de rodillas y unió sus manos bajo su cara para suplicar mientras lloraba—Yo no tengo nada que ver con los negocios de mi padre.
—En eso estoy de acuerdo—me senté al borde de su cama—Le dije a tu padre que no se metiera en mis negocios y se atrevió a robarme. ¿Sabes lo que hizo el cobarde? ¿Sabes qué más me ha hecho?
Él negó.
—Desapareció. Sabía que vendría por ti y no hizo nada para protegerte. ¿Qué clase de padre hace eso? Y con la otra pregunta, lo sabrás a su tiempo y quizá me entenderás. Te apuesto lo que quieras que también lo querrás muerto.
Me llené de rabia.
Mi padre, su padre, hubiesen ido por sangre con tal de proteger a la familia.
La familia era lo primero y lo sabía yo de primera mano.
Que el cobarde de su padre se hubiese escondido me llenaba de mucha ira, sabía que quería a su pequeño.
¿Qué padre no quiere a su hijo?
Estaba jugándomela demasiado alto esperando que el hijo de puta saliera a su rescate, entonces ahí sería mi momento de actuar y cobrarlas todas.