única parte
Prompt: Donde Louis es un omega pura sangre que encuentra a su humano (Harry) durante su celo y lo ve como su alfa. Louis estaría establecido como omega líder de la manada y Harry sería un humano externo.
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Louis era codicioso por naturaleza.
Un omega que, dada la pureza de su linaje y la viveza de su mente, había logrado un puesto que no muchos eran dichosos de poseer: ser el líder de una manada.
Los Tomlinson no solo eran conocidos por sus extensos territorios sino que también por su extenso árbol genealógico de omegas puros, quiénes, por tradición, se convertían en los guías de la manada.
Louis, a diferencia de sus antepasados, no se conformaba fácilmente con lo que le decían. No respondía sumisamente a las órdenes y eso era algo que a no muchos les gustaba, pero él era el líder y se iba a hacer respetar.
Como lo estaba haciendo en ese momento, el consejo de su manada estaba conformado por un grupo de lobos ancianos que guardaban en sus memorias viejas tradiciones y reglas de los que fueron sus antepasados. Eran sumamente respetados y su palabra era ley, cosa que utilizaban muchas veces a su favor solo para llevarle la contra a su liderazgo.
Cada manada tenía sus propias tradiciones, las de la suya eran un poco…antiguas. El consejo claramente nunca estuvo de acuerdo con que sus líderes fueran omegas puros, así que para volver a sentir que tenían algo de poder impusieron que ellos serían los que eligieran a sus alfas.
Los omegas pura sangre sufrían un celo diferente al del resto, sus rutinas eran increíblemente dolorosas y largas si no encontraban a una potencial pareja, un celo sin compañía era una declaración de muerte para un omega puro.
Lo que el consejo jamás pudo entender fue que ellos no podían emparejarse con cualquiera, los omegas tienen un olfato sensible que les permite reconocer posibles alfas para ellos, alfas fuertes que pudieran darles cachorros para formar su propia manada. Esa era la mejor virtud de los pura sangre, sus elevados instintos primitivos.
Louis se negaba a dejar que un grupo de ancianos decidiera con quién iba a estar prácticamente el resto de su vida, no consideraba que los alfas de su manada fueran suficientes para él, lo único que querían era quitarle su puesto como líder, ya que jamás lo consideraron uno. Y aunque le costara la vida no iba a dejar que eso sucediera.
"Lo mejor para nosotros sería que Louis se empareje con uno de los alfas de las manadas vecinas, preferiblemente un Styles" comentó uno de los ancianos. "Una unión de esa clase nos haría mucho más poderosos."
Un murmullo de acuerdo se escuchó por toda la sala, sus oídos ardían de escuchar todas sus voces juntas llenas de opiniones repulsivas, así que decidió que era hora de que lo escucharan a él.
"No" fue lo primero que se escapó de sus labios. "Ninguno de ustedes decidirá sobre mí vida."
Observó sus cejas arrugadas y las evidentes expresiones de disgusto que comenzaban a formarse en sus rostros, pero eso había dejado de intimidarlo hace mucho tiempo.
"No puedes ignorar nuestra palabra" habló uno de los lobos más antiguos, con la mandíbula apretada y los dientes rechinando. "El consejo debe ser respetado, tienes que escucharnos."
"Y los respeto" dijo tomando una postura más seria. "Pero ustedes olvidan que responden a mí, pueden aconsejarme, pero el que toma las decisiones aquí soy yo."
Disfrutó ver sus expresiones de indignación, se había cansado de ver cómo querían pasar por encima de él.
"No me voy a emparejar con ningún alfa de los territorios vecinos, esta manada puede hacerlo perfectamente bien sin la ayuda de nadie. De mi celo y mi futura pareja me encargaré yo, ustedes hagan lo que estrictamente se les ha pedido, ni más ni menos" dictaminó. "¿Entendido?"
Sus orbes centelleaban en un hermoso color dorado, haciéndoles saber que no solo era él el que hablaba sino que su lobo también.
"Soy el líder y deben respetarme como tal, saben que cualquiera que no obedezca mis órdenes puede ser penado con la muerte" les recordó. "Y no les tendré más consideración por ser parte del consejo."
"Sí, omega" respondieron, con la voz baja y los puños cerrados.
Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.
"Ya pueden retirarse" dijo dando por finalizada la reunión. "Buen día."
Se marchó con la cabeza en alto y dando pasos firmes, cada fibra de su cuerpo irradiaba un aura poderosa que hizo que los demás lobos apartaran la mirada.
Él era el líder. E iba a conseguir a su alfa cueste lo que cueste.
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Harry debió haber pensado mejor su decisión.
Lanzarse completamente solo al bosque lleno de lobos no había sido su idea más racional, pero su deseo de cometer sus propósitos era más fuerte que cualquier miedo que pudiera invadirlo.
Harry era un Styles, un apellido irrelevante para el lugar de dónde provenía más no para el territorio de los lobos.
Su abuela se había emparejado hace muchos años con un hombre lobo—su abuelo, Joseph—, un hombre que había sido exiliado de su manada solo por haberse enamorado de una mujer humana.
Las relaciones entre humanos y lobos no eran bien vistas en ese entonces—tampoco lo eran en la actualidad—, pero en aquella época podían penarse incluso con la muerte. Su abuelo estaba terriblemente enamorado y estaba destinado a ser el próximo líder de la manada, pero decidió renunciar a lo que era suyo por derecho y fue exiliado solo para poder quedarse junto a la mujer que amaba.
Su historia siempre lo había conmovido, los dos habían luchado por su amor, teniendo que renunciar a cosas que amaban para poder estar juntos pero todo había valido la pena. Habían estado juntos por más de cincuenta años con una vida plena llena de hijos y nietos con los que compartir anécdotas.
No había sido fácil, por supuesto, a Joseph le costó terriblemente adaptarse a la vida humana. Los lobos estaban acostumbrados a seguir sus instintos, a cazar su propia comida e incluso vivir en cuevas según la manada. Él ya no debía hacer todas esas cosas para seguir sobreviviendo, pero muchas de ellas las mantuvo para mantener sus costumbres, para no olvidar de dónde provenía y quién era.
Así que cada verano, desde que Harry era niño, su abuelo le enseñó sus viejas costumbres y leyendas, aprendió a cazar y hacer pieles, a identificar frutos comestibles en el bosque y cuevas que le sirvieran de refugio. Él lo adoraba, se había maravillado por la cultura, por la especie. Joseph era como un segundo padre para él y le había mostrado lo que más amaba.
Pero no siempre era bien visto, un hombre lobo era mucho para un pueblo tan conservador como Holmes Chapel, siempre habían tratado a su abuelo con respeto pero las miradas y los murmullos que pretendían ser discretos nunca se detuvieron.
Los niños en la escuela solían llamarlo "niño lobo" en un intento de molestarlo, pero eso jamás había tenido resultado. La mayor parte de los Styles eran lobos y su abuelo le enseñó a sentirse siempre orgulloso de su linaje.
Tristemente, Joseph jamás pudo volver a contactarse con su familia, con su manada, así como jamás pudo enseñarle a Harry el territorio por el que tanto habían luchado pues él era tan humano como cualquier otro, ni una sola fibra de su ser había obtenido el gen lobo y los humanos ni los exiliados eran bien recibidos.
Harry siempre se había sentido algo triste por no obtener el gen, desde niño siempre había sido algo más grande y fuerte que los demás, obviamente él lo había atribuido a una buena genética y no a otra cosa. Joseph, en cambio, le había dicho que de haber sido lobo habría sido uno fuerte, un buen
alfa
.
Es por eso, que él siempre había querido enorgullecerlo y apenas había terminado la preparatoria se había encaminado a un nuevo proyecto. Desde los dieciocho años se ha dedicado a estudiar todo sobre los lobos, estaba completamente maravillado con la especie y quería llegar más a fondo, así que partiendo de lo que había aprendido con su abuelo recorrió diversas partes del mundo en busca de otros lobos y manadas que lo pudieran ayudar.
En el camino se había encontrado con muchos lobos exiliados de los cuales aprendió mucho, todos provenían de manadas distintas y tenían nuevas cosas por enseñarle. Cada semana llamaba entusiasmado a su abuelo contándole lo que había descubierto, el lobo se mostraba más que feliz de que sus pares lo hayan aceptado como uno más, decidiendo compartir su sabiduría con él.
Él sabía que su apellido tenía peso, incluso si su abuelo había sido exiliado, la manada Styles seguía siendo relevante en el mundo y su abuelo había ayudado a construirla. Pronto se esparció por los bosques el rumor de que el nieto humano de Joseph Styles quería correr con los lobos.
Rumor que le abrió algunas puertas y cerró otras. Recorrió varias manadas de Sudamérica que lo recibieron con brazos abiertos, compartiendo su cultura y costumbres con él. Deambuló así por varios años, nutriendo su cerebro de toda la información que pudo obtener pero una llamada lo tuvo de regreso a Inglaterra en un parpadeo.
Su abuela, Lizzie como le gustaba que le dijeran, había enfermado gravemente y no había muchas esperanzas para ella. Él se encontraba completamente devastado por la noticia pero ni siquiera se asemejaba a lo que su abuelo estaba sintiendo en el momento.
Cuando un lobo elegía a la persona que iba a acompañarlo por el resto de su vida, un vínculo inquebrantable se formaba entre ellos, imposible de romper al menos que uno de ellos muriera. Era increíblemente doloroso romper el vínculo y si el lobo perdía a su compañero, no iba a soportar aquel dolor tan grande, y su destino terminaría siendo el mismo.
Sus abuelos compartían ese vínculo. Así que cuando su abuela cerró sus ojos para siempre, supo inmediatamente lo que ocurriría con Joseph.
Harry perdió a sus dos personas más queridas en el lapso de dos semanas.
Joseph no soportó la pérdida de su Lizzie, como él siempre la había llamado, y su vida que alguna vez parecía iba ser eterna se consumió rápidamente en unos días. Él le había dicho que ya nada tenía sentido si la persona que lo hacía sentir vivo, que le había dado un motivo a su vivir, ya no estaba.
Y Harry, pese al profundo dolor que habitaba en su corazón, lo entendió.
Su abuela jamás aceptó la mordida, ella siempre se aferró a su humanidad. Joseph, debido a su linaje, podía convertirla y tenerla con él para siempre, pero él respetó su decisión y se quedó por el tiempo que ella viviera su vida humana.
Y cuando ésta terminó, él se fue con ella.
Dejando a Harry completamente solo.
Joseph le había pedido una sola cosa antes de partir, que buscara a su manada. Y eso era exactamente lo que iba a hacer.
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El consejo comenzaba a acabar con la paciencia de Louis. Seguían empujando y empujando sus límites hasta que lograran que finalmente aceptara.
O que los terminara matando a todos.
Louis estaba harto de luchar contra ellos, de que su propia manada los escuchara más que a él, quién era su propio líder. Muchos lobos, en especial los más ancianos, no lo aceptaban.
Era rebelde, irracional y jamás se conformaba. Louis nunca se quedaría en su trono siendo cortejado por alfas para que alguno se quedara con lo que era suyo al desposarlo, él jamás callaría sus pensamientos ni se quedaría sentado sin hacer nada, él luchaba para obtener lo que quería.
Y eso jamás le gustó a ningún alfa.
Es por eso que jamás quiso enlazarse con nadie de su manada o de las vecinas. Él lo deseaba, por supuesto, pero quería un igual, alguien que no se intimidara de su fortaleza y poder, sino que le ayudara a potenciarlos.
Ese tipo de personas no se encontraba fácilmente y por eso él era paciente, creyendo—tal vez de una forma demasiado ilusa—que ese alguien iba a llegar si esperaba el tiempo necesario.
Pero con celos tan intensos y dolorosos como los suyos era difícil ser paciente. Cada celo que pasaba solo su omega se volvía un poco más débil, lo estaba consumiendo lentamente, pero no quería que su manada supiera eso.
Los ancianos lo sabían y por ello lo presionaban tanto, no porque se preocuparan por su salud, sino porque querían encontrarle un reemplazo. Estaban muy equivocados si creían que iban a lograrlo.
Había intentado pasar su celo con otros alfas, de verdad había hecho el intento pero apenas estos se acercaban a su nido él los rechazaba de una manera no muy agradable, les gruñía y enseñaba sus afilados colmillos hasta que se fueran. Incluso había llegado a herir a algunos que se mostraron disconformes con la idea de no marcarlo.
Louis sabía que debía encontrar una solución pronto.
¿Pero quién iba a querer quedarse con un omega tan salvaje como él?
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Harry había perdido la cuenta de cuántos días llevaba vagando por el bosque.
Había encontrado un refugio donde resguardarse, recolectó frutos y cazó un par de animales para alimentarse y hacer pieles para mantenerse caliente.
El invierno comenzaba a notarse en forma de una leve capa de nieve sobre la tierra, él sabía que debía apresurarse antes de que llegaran las primeras heladas.
El problema era que para ingresar al territorio de los Styles, primero debía atravesar el de los Tomlinson.
La manada Tomlinson era la más grande de Inglaterra y, según las palabras de su abuelo, estaba liderada por omegas puros.
Los omegas eran criaturas divinas de la naturaleza, Joseph le había enseñado a respetarlos porque ellos eran los elegidos de la luna para traer vida al mundo. Eran inteligentes y feroces, un omega podía lograr lo que mil alfas no podían.
Sin embargo, Harry nunca se había enfrentado a un omega puro y no sabría cómo sería recibido. Por lo que había escuchado, el actual líder Tomlinson era un omega fuerte y rebelde, no cualquiera estaba preparado para alguien así.
Pero él siempre había sido un espíritu libre y tenía la ligera sospecha de que ellos se llevarían bien.
O al menos eso esperaba.
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Louis estaba huyendo.
Estaba por finalizar su patrulla de la tarde cuando un fuerte dolor atravesó su cuerpo, su omega rugió en su pecho y entonces supo que estaba en peligro.
Su celo había llegado.
Se encontraba solo a las afueras del bosque, a completa merced de cualquier alfa. Su olor no tardó demasiado en intensificarse y llegar a las narices entrenadas de otros lobos que rondaban por el lugar.
Se movió rápido, con el pelaje erizado y los colmillos afuera para gruñirle a quien quisiera acercarse. Su omega necesitaba un alfa, pero no iba a dejar que cualquiera se atreviera a tomarlo.
Lastimó a un par de lobos en el camino, mordiendo sus cuellos hasta manchar su blanco pelaje de un intenso tono carmín.
Corrió lo más rápido que su cuerpo le permitió, perdiéndose entre el inmenso bosque y la fría nieve que comenzaba a caer. Perdió la cuenta de cuánto tiempo corrió, el sol ya había caído y se había alejado demasiado de su territorio.
Tenía que buscar un lugar dónde refugiarse.
Había cazado un par de animales pequeños para reponer sus fuerzas, con cada hora que pasaba su celo se volvía más fuerte y con ello, se sentía más débil.
Estaba aislado y completamente solo, no sabía si iba a poder lograrlo.
O eso era lo que pensaba hasta que sus oídos captaron un sonido.
Un latido
.
Motivado por su descubrimiento comenzó a buscar de dónde provenía. A medida que se acercaba sus sentidos se agudizaron y le permitieron distinguir un olor: bosque, pino y un ligero toque de lavanda.
Inmediatamente lo supo.
Había encontrado a su alfa.
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Harry vislumbró una sombra proyectarse en las paredes de la cueva donde estaba escondido.
El sol ya se había ocultado y lo único que lo iluminaba en la oscuridad era la pequeña fogata que había logrado hacer. La misma que le permitió ver lo que se acercaba a él.
Un lobo
.
Escuchó los gruñidos acercarse hacía él, retrocedió al encontrarse completamente indefenso ante el animal. Su única esperanza era que éste no quisiese hacerle daño.
No fue así.
El lobo se abalanzó hacia él, su espalda dio un golpe seco contra la fría tierra. No fue un animal el que cayó sobre él, sino un humano que se encontraba respirando contra la piel de su cuello.
Un destello de azul capturó su atención, orbes brillantes y feroces lo observaban con interés. Un hermoso hombre se encontraba sobre él, inmovilizado su cintura con sus gruesos muslos.
Su mirada viajó a lo largo de su figura desnuda, deteniéndose en la piel dorada cubierta de restos de sangre.
Aquello le hizo reaccionar, sus extremidades se movieron con brusquedad para lograr derribar su cuerpo menudo y ponerlo debajo del suyo. Con su brazo aplicó una ligera presión sobre su cuello, sus rostros quedaron tan cerca que sus narices se tocaban.
"¿Quién eres?" preguntó, los ojos del lobo estaban idos y había una leve capa de rubor cubriendo sus mejillas y pecho. "¿Qué quieres? ¿Cómo llegaste aquí?"
El hombre jamás contestó y él presionó un poco más. "Contesta."
La palabra que vocalizó logró descolocarlo en un segundo.
"
Alfa
" gimió, rodando sus caderas hasta invertir sus posiciones, sus ojos brillaron dorados al observarlo. "Mío."
Harry supo que se encontraba en un gran problema.
Los omegas puros se guiaban por instinto, ellos elegían a su alfa guiándose puramente por lo que su lobo interno les pedía, alguien que pudiera cumplir con sus necesidades más primitivas.
Este omega lo estaba reclamando como
su alfa.
Y él no supo qué hacer.
Joseph lo había instruido toda su vida acerca de la vida de los lobos y su comportamiento, pero jamás le dijo qué hacer en caso de que un omega puro quisiera reclamarlo.
Él tomó la cintura del omega entre sus manos, quitándolo de encima suyo, lo dejó entre la cama improvisada que había armado y envolvió su cuerpo desnudo con las pieles que había fabricado.
Tomó algo de agua y unas frutas y volvió a acercarse, guardando distancia. El omega, sin embargo, no tomó en cuenta ello pues apenas se acercó tomó asiento en su regazo.
Él soltó un suspiro resignado pues era en vano alejarlo, así que se dedicó a alimentarlo y limpiar los restos de sangre que había en su cuerpo. Estaba preocupado, la piel del omega se encontraba casi febril, el lugar donde se encontraban estaba demasiado alejado del territorio de cualquier manada y tenía una ligera sospecha de quién era.
Se encontraba callado y escondido entre el hueco de su cuello, pero respiraba agitadamente y su temperatura aumentaba cada vez más.
"¿Louis?" se atrevió a preguntar, cuando obtuvo una respuesta afirmativa y los ojos del lobo se encontraron con los suyos supo que estaba muy jodido.
Aquel omega que tenía entre sus brazos no era nadie más que el líder de la manada más grande de Inglaterra.
"Alfa" suplicó, con voz rota. "Tómame."
Definitivamente estaba
muy
jodido.
"No soy tu alfa, soy Harry" negó, haciendo una mueca ante los gimoteos heridos que soltó el omega. "Tienes que volver con tu manada, deben estar preocupados por ti, apenas salga el sol te llevaré de regreso con ellos."
"No" gruñó sobre su cuello. "Eres mío, te quedas conmigo."
No había rastros de duda en su rostro, ni en su mirada, él lo estaba exigiendo.
"Hazme tuyo, tómame" iba a protestar pero fue interrumpido por el sabor de unos dulces labios sobre los suyos.
Su cuerpo reaccionó de inmediato, sus manos viajaron a lo largo de la curva de su cintura, atrayéndolo hacia él. Sus bocas batallaban por quién tomaría el control, un beso descuidado y hambriento donde sus lenguas se enredaban y sus dientes chocaban, terminando en jadeos que lentamente se tornaron en gemidos bajos.
Los dedos de Louis se encontraban aferrados a los rizos que nacían en la base de su nuca, tirando de ellos en intento de acercarlo aún más.
"Louis" beso. "Déjame" otro beso."Hablar."
"Una noche" jadeó. "Una sola noche y no sabrás nada más de mí."
Él aceptó, dejándose llevar por aquella criatura angelical de ojos profundos y feroces y un cuerpo hecho para adorar.
Las caderas del omega comenzaron a moverse en un lento vaivén sobre él, podía sentir la humedad creciente de su intimidad directamente sobre su polla.
"Adelante, alfa" susurró en su oído. "Mi cuerpo es tuyo para hacer lo que se te plazca."
Lo recostó sobre las pieles, que formaban algo muy similar a un nido. Se tomó un segundo para admirarlo, la piel dorada teñida de un leve rosa, la agitación de su pecho, su fina cintura, sus pequeñas tetas, el temblor de sus muslos brillantes por lubricante y su húmedo coño listo para recibirlo.
Sus dedos se deslizaron a través de sus pliegues, robándole un fuerte gemido solo para recoger aquel néctar del que tanto había escuchado.
Se llevó sus dígitos a la boca, deleitándose con el dulce sabor que invadió su paladar. "¿Estás mojado, omega?" se burló, separando sus muslos. "¿Listo para tomarme?"
Louis asintió con fervor, gimoteando. Sus manos traviesas se deslizaron hacia su humedad, buscando complacerse, pero él no se lo permitió, sosteniendo sus finas muñecas a los costados de su cadera.
"¿Quieres un nudo, omega?" cuestionó, acariciando suavemente su clítoris, éste gimió y cerró sus piernas ante la estimulación. "Contesta."
"Alfa" gimió, con los ojos azules llenos de lágrimas. "Más."
"¿Quieres más?" él asintió, retorciéndose ante sus caricias. "¿Vas a comportarte como una pequeña perra y buscar al primer alfa que quiera darte un nudo o vas a ser paciente y tomarás lo que te dé?"
"No, solo te quiero a ti, alfa" murmuró, con la voz rota. "Por favor."
"Buena chica" fue lo último que dijo antes de sumergirse entre sus piernas.
Su lengua se deslizó desde su clítoris hasta su entrada que seguía produciendo lubricante, los músculos de su mandíbula trabajaron rápidamente mientras lo penetraba, buscando su orgasmo.
Las manos de Louis no podían tirar de sus hebras porque él las mantenía sujetas y al no encontrar nada a lo que aferrarse, su cuerpo empezó a temblar. Sus piernas sufrieron fuertes espasmos, pateando y moviéndose aceleradamente.
Él abrió sus muslos, sosteniéndolos a cada lado de su cabeza, tan fuerte que estaba seguro de que su piel suave iba a quedar marcada por la forma de sus grandes manos.
Louis lloró con fuerza cuando su lengua volvió a penetrarlo en movimientos descuidados y rápidos, empujando sus caderas más cerca de su rostro. Tiró de su cabello con rudeza, respirando entrecortadamente a través del llanto.
Con la ayuda de sus dedos continuó penetrándolo, entrando y saliendo hasta tenerlo al borde de la locura.
No necesitó de mucho más para hacerlo llegar, gimiendo su nombre mientras se desarmaba parte por parte al alcanzar su orgasmo. Él bebió cada uno de sus fluidos, dejando su coño limpio y nuevamente listo para usar.
El omega gateó hacia él, regresando al lugar en su regazo. Sus finos labios volvieron a encajar con los suyos más gruesos en un beso feroz, gimiendo al probar su propio sabor en su boca.
Montó su muslo, jadeando ante el contacto de la piel sensible de su vagina con la áspera tela de sus pantalones, que aún no se había quitado. Siguió frotándose con movimientos irregulares, empapándolo con su lubricante.
Él dejó que lo haga, besando a lo largo de su cuello y clavículas, prestando una especial atención a donde suponía se encontraba su glándula olfativa. Chupó hasta salpicar su piel con sus marcas.
Estimuló sus pezones, tomando entre sus manos sus bonitos pechos para acariciar los pequeños botones entre sus dígitos.
La frente del omega estaba apoyada sobre su hombro, jadeando agitadamente sobre su piel mientras él guiaba el movimiento de sus caderas para ayudarlo a moverse con más certeza sobre su muslo. Por el cambio en su respiración, su sonrojo y los ojos perdidos, sabía que estaba a punto de correrse.
Pero él no quería que eso sucediera.
Tomó su barbilla, buscando encontrarse con su mirada. Sus orbes se veían más azules que nunca, húmedos por las lágrimas y brillantes de deseo. Su rostro era digno de poner en un altar para admirar.
Delineó el contorno de sus labios rojizos, jadeando cuando el omega tomó el dedo en su boca, observándolo fijamente mientras gemía alrededor de él.
"Ven aquí" ordenó, tomando su cuello para acercarlo.
Se besaron sin prisa, explorando sus bocas mientras sus manos vagaban por la piel descubierta. El único signo de que no estaban tan en calma como aparentaban eran las caderas del omega que continuaban moviéndose.
Logró detenerlo, deslizando sus dedos hacia su clítoris, estimulándolo con movimientos rápidos solo porque le gustaba verlo rogar.
"Alfa" suplicó. Él sabía lo que estaba pidiendo.
"Preséntate, omega" ordenó.
Harry conocía perfectamente cómo funcionaba la naturaleza de los omegas y sabía cómo hacerlos sentir bien incluso sin ser un alfa y tener un nudo.
Louis gimió mientras se recostaba nuevamente sobre las pieles, poniéndose de espaldas arqueó su cuerpo como si se tratase de un felino y no un lobo.
Admiró la visión de sus muslos fuertes manchados de sus fluidos, sus caderas anchas y su gran trasero esperando a que lo tomara con sus manos.
Se deshizo de sus pantalones, su polla hinchada se encontraba roja y con líquido presemimal en la punta, lista para entrar en su húmedo y apretado coño.
Tiró de sus caderas, pegándolo a él, Louis gimió cuando sintió su polla deslizarse por sus pliegues, enganchándose en los bordes de su entrada aún sin penetrarlo.
La cabeza del omega se encontraba escondida entre sus hombros, sus deditos se retorcían mientras lloriqueaba suavemente. Dio unas fuertes bofetadas en cada una de sus mejillas para hacerlo erguirse.
Pegó su espalda a su pecho, penetrándolo lentamente. Uno de sus brazos sujetaba sus pechos manteniéndolo quieto, el otro lo sostenía por la cadera, masajeando su clítoris mientras comenzaba a follarlo.
Cuando finalmente entró en él por completo, comenzó a mover sus caderas en un vaivén desenfrenado, dando fuertes estocadas que los hicieron gemir a los dos.
Louis se encontraba tan sobreestimulado que el mero roce de sus dedos con su intimidad lo tenía retorciéndose y pidiendo por su liberación.
"¿Vas a comportarte?" inquirió mientras lo sostenía con más fuerza. "¿Vas a ser un buen agujero para calentar mi polla? ¿Vas a dejar que te use a mi antojo?"
"Si alfa, seré bueno para ti" jadeó, apenas encontrando su voz para responderle.
"Solo te correrás cuando yo lo diga" dijo y entonces Louis se desmoronó.
"No, no, alfa" lloró. "Por favor, por favor."
Ignoró sus súplicas, besando sus mejillas manchadas de lágrimas, embistiéndolo con más fuerza.
"¿Qué es lo que te dije?" gruñó. "¿Acaso no sabes respetar una orden cuando te la dan, pequeña puta?"
El omega asintió, dejándose caer sobre su hombro. "Tomaré lo que me des, alfa" aceptó.
"Buen omega" elogió, besando su cuello.
Lo único que se oía en aquella cueva era el sonido de sus pieles al chocar y sus gemidos entrelazados mientras ambos buscaban liberarse.
Louis se encontraba deshecho entre sus brazos, estaba sosteniendo todo el peso de su cuerpo pues sus piernas comenzaban a fallar y apenas podía mantenerse erguido. Sabía que ambos ya estaban muy cerca.
El estómago del omega se encontraba tenso mientras intentaba retener su orgasmo, él dió un par de estocadas más en su interior hasta que finalmente se liberó y con él, lo hizo Louis también.
El omega se corrió con un gemido roto, lo sostuvo con cuidado, dejándolo recostarse. Observó su polla aún unida a su coño y la mezcla de fluidos que había manchado sus bonitos muslos. Su mirada se oscureció cuando Louis recogió aquél líquido con sus dedos y se lo llevó a la boca.
Sus orbes lo observaron, aún respiraba agitadamente y su mano se dirigió hacia él. Chupó sus dedos cubiertos de semen y lubricante, para luego besar sus nudillos con delicadeza. El omega gimió ante la vista.
Louis volvió a colocarse sobre él, tal como lo había derribado al inicio, la única diferencia es que ahora su tenía su polla enterrada en su interior. Él no tenía un nudo y no había necesidad de mantenerse unidos, pero el omega nunca notó la diferencia.
Se besaron por largos minutos, sus labios finos se deslizaron por su mandíbula y cuello, estaba haciendo lo mismo que él había hecho, lo estaba llenando de marcas.
Él no sabe por cuánto tiempo estuvieron así, con Louis encima suyo sin despegarse, solo compartiendo caricias. Para cuando volvió a mirarlo, el rubor de sus mejillas había menguado y sus ojos volvían a enfocarse.
"Hola" susurró, el omega devolvió el saludo tímidamente. "¿Te sientes mejor?"
"Sí, gracias" respondió, acurrucándose sobre su pecho.
Estuvieron un rato así, en silencio, hasta que preguntó algo que lo estaba carcomiendo.
"¿Es verdad lo que dijiste?" cuestionó, logrando capturar su atención. "¿Me dejarás ir?"
"Bueno, si eso es lo que tú quieres" se enderezó, ahora estaban a la misma altura. "No me malinterpretes, Harry, puede que te vea como mi alfa pero yo jamás le he quitado a alguien su derecho de elección."
Sin la bruma del celo podía entender por qué el omega era líder de una manada, era correcto y hablaba con propiedad pero imponía respeto, dejando en claro quién tenía el poder sin llegar a ser ofensivo.
"¿Y si quiero quedarme?" observó su rostro, buscando un rastro de duda pero no lo halló.
"Pues entonces te tengo otra opción" sonrió ligeramente. "Ven conmigo."
"¿Y tú manada?" por lo que había escuchado, había un consejo muy estricto detrás del omega.
"Mi manada me obedece a mí, ellos no dirán nada" vio un ligero rastro de disgusto cruzar por su rostro. "Además, ¿crees que no aceptarán al único nieto de Joseph Styles?"
Le dió una mirada de sorpresa ante sus palabras. "¿Cómo sabes eso?"
"Cariño, no eres tan inteligente como creí sí no piensas que no tengo un registro de cada persona que ronda por mis territorios" le aclaró, con una bonita sonrisa. "Sabía perfectamente quién eras cuando entré aquí, claramente lo de mi celo no estaba planeado, pero no eras un desconocido para mí."
Harry no sabía cómo procesar la información, lo había tomado completamente desprevenido.
"Conocí a tu abuelo, él me llamó semanas antes de fallecer, sabía que lo que iba a pedirte no era fácil y por eso me pidió ayuda" él no sabía qué decir. "Estás aquí hace semanas, te he tenido vigilado para que ningún otro lobo pudiera hacerte daño."
"¿Por qué haces todo esto?" preguntó, sin poder detenerse. "¿Qué es lo que ganas con ayudarme?"
"Joseph me ayudó cuando asumí mi cargo, nadie más creía en mí pero él lo hizo, ayudar a su único nieto es algo mínimo comparado a todo lo que él hizo por mí" hablaba con tanto cariño de su abuelo que se conmovió, eso era lo que él lograba en las personas. "Y Harry, sé perfectamente lo que se siente que quieran quitarte lo que te pertenece. Puede que no seas un lobo como tal, pero lo llevas en la sangre y no pueden arrebatarte eso."
"Vaya…yo no sé qué decir" murmuró. "¿Estás seguro de esto?"
"De no estarlo, no lo pediría" su mirada se suavizó. "Ven a mí manada, con mi influencia ellos te dejarán conocer a tu familia. Luego, lo que tú quieras hacer con eso, va a ser una decisión exclusivamente tuya."
"Está bien, iré contigo."
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Louis cumplió con su palabra.
El lobo lo llevó con su familia, lo recibió en su manada y lo trató como a uno más, le enseñó sus costumbres y modo de vivir, luchó contra el consejo para que se quedara. No solo se ganó su admiración sino también su respeto.
Y sabía que no había sido el único, al parecer su propia manada al fin comenzaba a verlo más como un líder y no como un omega para procrear.
Con su familia bueno…las cosas fueron diferentes. Los Styles aún le guardaban un fuerte resentimiento a su abuelo por abandonarlos por una humana, incluso después de los años que habían pasado y la muerte del propio Joseph, seguían reticentes a la idea. Que él fuera un humano no les había gustado mucho y claramente no había sido bien recibido.
Pero Louis estuvo ahí para él y le enseñó que las familias no provenían de la sangre sino de aquellos con los que compartiera un vínculo especial, de aquellos que se preocuparan por él sin distinguir de dónde venía o hacia dónde iba.
En Louis encontró una familia.
Se quedó con ellos, construyó un hogar y encontró un oficio para realizar mientras terminaba de escribir su libro con la vida de su abuelo y todo lo que había aprendido en esos años.
La manada lo aceptó y lo trató como un igual, lentamente crearon un lugar especial en su corazón. Con Louis, bueno, él había caído un poco demasiado fuerte por el omega.
Era fuerte y valiente, él no necesitaba a nadie para defender lo que creía, él podía luchar sus propias guerras solo y lo admiraba increíblemente por eso. Pero cuando estaban solos todas esas fachadas caían, podían ser dos personas normales, sin responsabilidades, sin problemas, podían ser vulnerables el uno con el otro porque en esa burbuja eran solo ellos dos, no existía nadie más.
Entonces, un año más tarde, no fue una sorpresa para nadie que Louis le diera la mordida. No creían que fuera a sobrevivir, no muchos lo habían hecho, pero él siempre había querido esto y luchó para no rendirse.
Él se convirtió en un lobo, en un alfa.
Y Louis se convirtió en su omega.
Esta era la vida que su abuelo quería para él, esto era de lo que siempre le había hablado. El sentimiento de estar unido a alguien, de compartir un lazo inquebrantable. Era algo increíble.
Harry había encontrado un lugar a dónde pertenecer, había encontrado una familia y una persona con la que compartir sus hazañas y fallos. Había conseguido lo que siempre había deseado.
El omega también había cumplido nuevas metas, al fin había sido aceptado, ahora su palabra era ley y era respetado por su manada. Además, había encontrado un alfa que lo amara y respetara, un alfa que no fue elegido por el consejo sino por él.
Ambos se habían encontrado. Y ambos se tenían.
Harry se acercó al omega, abrazándolo por la espalda. Metiendo su nariz en el hueco de su cuello, respirando su suave aroma.
"Alfa" ronroneó, dándose vuelta para mirarlo, él sostuvo sus caderas. "Te extrañé."
Él había regresado de una patrulla nocturna, había estado completamente alejado de su omega por toda la noche.
"Y yo a ti" murmuró, besándolo con dulzura, tomándose un momento para probar el dulce sabor de sus labios que siempre lo volvían loco. "¿Cómo está nuestro pequeño?"
Louis tomó su mano para llevarla a su prominente vientre. "Pateando como loco desde que escuchó tu voz" dijo con voz suave y una sonrisa, de esas que hacían que pequeñas arrugas se formaran en las esquinas de sus ojos.
Él se puso de rodillas para estar a la misma altura que su pancita, dando pequeños besos a lo largo de la piel estirada, murmurando palabras dulces que su bebé correspondía con pataditas.
Ambos estaban más que encantados con la noticia de que serían padres, ahora serían una verdadera familia y no podían estar más emocionados.
"Te amo" dijo apenas se incorporó, abrazándolo y dándole besos por todo su rostro.
"Yo más, mi alfa" se rió cuando su barba le hizo cosquillas en el cuello. "Anda, la comida se enfría."
Él lo alzó al estilo nupcial, ignorando sus chillidos sorprendidos. Llevándolo al calor de su hogar para pasar una noche más juntos.
Louis era codicioso y Harry era un aventurero. Y de no ser por esas dos cualidades, una pequeña parte hecha por el destino y otra por Joseph Styles, tal vez jamás se hubieran conocido.
Tal como el omega lo había previsto, él iba a conseguir a su alfa.
Y lo logró.
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holis, espero que les haya gustado, este os pertenece al loussy fest que lamentable borraron de wattpad, asi que ahora lo pueden encontrar en ao3 y seguir leyendo las historias de otras maravillosas autoras.
gracias por leer <3.