01
El ship que se abordara es de AGUSTxMINIE. Por lo cual antes de iniciar la lectura de ésta adaptación es necesario aclarar que antes deben de haber leido “Inevitable” historia que se encuentra en mi perfil porque en esta historia se hace mencion al YoonMin quienes fueron la pareja principal del libro anterior
El latido de la música a todo volumen vibra por todo mi cuerpo mientras me muevo a través de la fiesta llena de gente. Mi mejor amigo, Taehyung, me invitó a este festival de mierda y no lo he visto desde mi llegada hace diez minutos. Probablemente esté en la planta de arriba, corriéndose con alguna chica. Bastardo cachondo.
Me recuerdo a mí mismo que estoy celoso porque ha pasado un tiempo.
Casi un año, para ser exactos.
Mi vida sexual no es muy estimulante. Es más como una serie de pésimos encuentros de una noche combinados con una pequeña decepción ocasional.
Me pongo de puntillas y esfuerzo mi cuello al mirar a todos lados, pero es inútil. Si Taehyung está en algún lugar de la planta baja, no puedo verlo por encima de la gente que me rodea. No soy exactamente la persona más alta del edificio. Probablemente soy en realidad el más bajo, cosa que es ridícula considerando que toda mi familia mide más de metro ochenta. Estoy cien por ciento seguro de que soy adoptado. Mi mamá dice que no, pero la verdad es que no le creo.
Me paso las manos por mi camiseta a medio estómago y luego me agacho para pasar por debajo de un tipo que intenta abalanzarse sobre otra persona. Me pregunto por qué decidí venir en primer lugar, pero luego recuerdo los ojos de cachorrito que Taehyung me hizo y el cómo no pude resistirme. Sabe que me cuesta mucho decirle que no cuando me mira así.
Bastardo manipulador.
Paso entre una pareja que se está besando y me deslizo a lo largo de la pared. Mi tamaño hace que sea fácil escabullirme entre las personas. Eventualmente me dirijo a la esquina de la gran sala de estar y me paro encima de una mesa auxiliar para ver si puedo encontrar a mi mejor amigo.
Mis ojos recorren la multitud palpitante, en su mayoría borracha, y a través de la neblina de las luces y el humo, lo veo.
Oh, madre de todo lo que es santo. Gimo. No otra vez.
¿Cómo es que él está en dondequiera que yo esté? Nunca debí haber aceptado ese aventón a casa aquella noche. Desde entonces, ha estado casi obsesionado conmigo.
Entrecierro la mirada hacia Min Agust, que se cierne sobre la habitación con poca luz. Es imposible pasarlo por alto. Destaca en lugares como este, lleno hermanos y hermanas de fraternidad. Oh, ¿Qué cómo destaca, preguntas?
Déjame contarte las formas.
Primero, se eleva sobre todos, y los músculos de sus brazos y abdomen están claramente definidos a través de la camiseta gris que lleva puesta. No obtienes músculos como esos por ir a hacer ejercicio en un gimnasio. No, esos los consigues levantando todos los días cosas pesadas. En segundo lugar, parece que acaba de llegar de un duro día de trabajo manual, todo despeinado. Sus jeans están gastados y rasgados en las rodillas, pero su largo cabello rubio ondulado hasta los hombros parece recién lavado.
Estoy seguro de que la mayoría de la gente en este lugar no ha trabajado ni un solo día en su vida. O si es que lo han hecho, ha sido en una oficina o quizás una cafetería. Agust trabaja en un depósito de chatarra y he oído que disfruta de sus fines de semana construyendo vehículos todoterreno desde cero. La mayoría de las personas en el recinto ni siquiera recuerdan que deben de cambiar el aceite de su Sedan de lujo. Y tercero, él simplemente se ve rudo, como un tipo al que le gustan las armas, la gasolina y hacer estallar mierda.
Hablando de eso, he oído que le gusta prender fuego a las cosas.
Probablemente debería mantenerme alejado de este pirotécnico.
Muy lejos. Seguramente debería alejar mis ojos de él este mismo instante. Sí.
Alerta de spoiler, no lo hago.
Me doy cuenta de que hay algunas chicas de pie a su alrededor, estirando el cuello para observarlo y soltar risitas. Y lo admito, es guapo... si te gusta un chico que parece un puto goliat.
A mí no me gustan. Definitivamente no.
No, mis gustos son más refinados. Y Agust es demasiado... rudo.
Tú, muevo los labios, señalando a Agust y luego haciendo un gesto con mi dedo en el espacio frente a mí. Ven aquí.
Agust ladea la cabeza como el psicópata que es, esos brillantes ojos negros destellan, y luego da un paso hacia adelante. Es tan grande que todos se hacen a un lado para él. Como Moisés partiendo el Mar Rojo.
Que hombre tan ridículo y detestable.
Cuando finalmente se detiene frente a mí, me mira a los ojos. Estamos literalmente a la misma altura en este momento ya que no me he movido desde mi posición encima de la mesa. Me hace sentir como un faraón o un rey por alguna razón, y eso se me sube a la cabeza. Acabo de ordenarle a Agust que venga aquí, y él vino. ¿Qué clase de mierda de magia negra es esta?
— ¿Qué haces aquí? —Pregunto bruscamente.
Agust extiende la mano y juega con el brazalete en mi muñeca. —Me invitaron.
— ¿Quién? —Pregunto, sin creerle. Porque sé que no vive cerca, y definitivamente no está en la universidad de aquí, me habría dado cuenta de que alguien como él andaba por el campus.
Espera, ¿Siquiera fue a la universidad? Ahora que lo pienso, apenas sé algo de él. Solo he escuchado algunas historias de parte de su primo, Jimin. Hago una nota mental para preguntar más acerca de él.
Por razones puramente educativas.
— ¿Necesito decirte quién me invitó? —Pregunta, esos profundos ojos negros se entrecierran mientras me mira.
—Sí. Sí, tienes que hacerlo.
—No, no tengo —dice, y quiero envolver mis manos alrededor de ese gran cuello grueso y apretarlo. Dudo ser capaz de abarcar toda la circunferencia, pero estoy seguro de que me encantaría intentarlo. No soy más que un triunfador.
Cruza esos enormes brazos suyos sobre su pecho y se acerca un poco más a mí. Mi espalda golpea la pared y la mesa se tambalea debajo de mi peso. Sus manos se lanzan para agarrar mis brazos, estabilizándome. El contacto quema mi piel expuesta y le aparto las manos.
—Ten cuidado —Se queja.
—Estoy bien. Simplemente no… no me acoses. Estoy aquí con mis amigos y no necesito que asustes a la gente y hagas que se alejen de mí.
Juguetea con el borde de la manga de mi camisa y lo fulmino con la mirada.
—Mantén las manos para ti mismo.
—Tu camisa es rosada.
—Duh.
—Y es corta.
—Tu vista está intacta, que bueno saberlo. Ahora vete, Agust. Lo digo en serio. O bien, voy a tener que llamar a tu madre y decirle que lo estás haciendo de nuevo.
La mandíbula de Agust se aprieta ante eso, y da un paso atrás.
— ¿Por qué hablas con mi mamá?
—Porque Agust, tu madre me dio su número cuando empezaste a acosarme.
—Yo no te acoso.
—Oh, entonces, ¿cómo le llamas a esto?
Agust se encoge de hombros. —Resulta que estamos en la misma fiesta. Que gran problema. No estoy aquí por ti, de cualquier forma —Dice, tirando su cabello rubio hacia atrás en una cola de caballo holgada. Un mechón descarriado cae sobre su sien, y lo mete detrás de su oreja. Desliza las manos en los bolsillos de sus jeans desgastados y alza una ceja hacia mí, haciéndome erizar.
—Oh, ¿es así? —Me burlo—. ¿Y por quién estás aquí si no es por mí?
Agust asiente hacia la derecha y miro hacia arriba, pero no veo a nadie en particular esperándolo. Aunque sigue habiendo una manada de chicas que lo observan mientras habla conmigo.
—Eres un mentiroso —Respondo—. Y uno malo, de por sí.
—No te molestes solo porque no estoy tan obsesionado contigo como creías.
Pongo los ojos en blanco hacia el techo y suspiro. —Obviamente estás obsesionado conmigo. Estás en todas las partes en donde yo estoy.
—Nah, simplemente es que tú estás en todas las partes en donde yo estoy
Bien, esta conversación no me está llevando a ninguna parte. Si sigo así, estaré aquí toda la noche. Me estoy convirtiendo en uno de los niños de jardín de infantes. Salto fuera de la mesa y agito la mano frente a mí.
—Shuu. Vuelve a tu cueva —siseo, y Agust mueve la mandíbula de un lado a otro antes de volver al otro lado de la habitación. Aunque ya no puedo verlo, puedo sentir sus ojos siguiéndome.
Imbécil.
— ¡Ahí estás! —Dice una voz familiar a mi derecha, haciéndome saltar levemente y colocar dramáticamente una mano sobre mi pecho.
— ¡Taehyung! ¿En dónde has estado? Te he estado buscando desde hace rato —Mi mejor amigo se lame los labios y se encoge de hombros, haciéndome suspirar—. Qué asco, ¿al menos te lavaste las manos e hiciste gárgaras con enjuague bucal? Las vaginas son asquerosas.
Taehyung se ríe y me da un codazo. —Sí, esa es tu opinión, hombre. Pero sí lo hice, no te preocupes. No quisiera ofender tu delicada sensibilidad.
Sus ojos recorren la habitación llena de gente, sigo su mirada y noto a un chico tatuado con cabello oscuro que está sentado en uno de los sofás, besándose con dos chicas.
— ¿Por qué Hoseok está aquí? —pregunto, y Taehyung resopla irritado.
—Mi mamá dijo que lo trajera.
—Pero ustedes no es como que, ¿no se llevan bien?
Taehyung se pasa una mano por el pelo y suspira. —Sí, bueno, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Decirle que no? Le rompería el corazón. Ella quiere que seamos amigos. Al menos está ocupado y me deja malditamente solo.
Observo a Hoseok y lo veo inclinar la cabeza y lamer la boca de una de las chicas. Es un poco obsceno lo que está haciendo con esos labios suyos.
—Oh, Jesús, deja de mirarlo —gruñe Taehyung y me aparta—. No hablemos de él ni lo miremos con los ojos. Él no es en lo que quiero centrarme.
— ¿Y en qué quieres centrarte?
— ¿Qué tal en el hecho de que vi a tu vikingo por aquí?
—No es mi vikingo, y no me lo recuerdes —gimo y me golpeo la frente con una mano—. Está en todas partes, ¡En todas partes! Nunca debí haber aceptado ese aventón a casa de su parte. Fue un error enorme. Nunca voy a escapar de él ahora. Voy a cumplir noventa años y Agust estará al acecho en el patio trasero de mi geriátrico.
Taehyung se ríe y me alborota el pelo.
—Disculpa —Le digo con irritación—. Mi cabello es una obra maestra. Tomó años para que quedara perfecto. No lo arruines ahora.
—Namjoon ni siquiera está aquí, entonces, ¿por qué te importa tanto el cómo te veas? —Preguntó Taehyung con una enorme sonrisa astuta—. Ahora estás tratando de impresionar a Agust, ¿eh? —Mueve las cejas hacia mí y yo le doy un golpecito en el pezón.
Sisea.
— ¡Por supuesto que no! Y Namjoon no está aquí porque es padre soltero. No estaría en una estúpida fiesta universitaria a las diez de la noche. Tiene asuntos más importantes de los que ocuparse, como su hijo. O trabajando en alguna preparación importante para sus clases, ¿Y sabes qué? Ahora mismo me siento un poco celoso de él, ¿De nuevo, por qué estamos aquí? Nunca me gustaron las fiestas de fraternidad, me recuerdan demasiado a mis hermanos.
Me estremezco ante la idea de besarme con alguien que se parece vagamente a ellos.
—Estás aquí porque me amas. Y dime otra vez por qué te gusta tanto ese tipo, Namjoon. Porque ni siquiera te nota.
—Como sea, lo hará. Todo a su tiempo.
Taehyung resopla. —Claro, Minie. Lo que tú digas. Eres como la persona menos paciente que conozco, pero bueno, tal vez mañana en el yoga el hombre de tus sueños finalmente se gire hacia ti. Lo mires a los ojos y termines descalzo y embarazado.
Arqueo una ceja hacia mi mejor amigo. —Quizás lo haga, pero la mejor de las preguntas es: ¿estarás allí mañana por la mañana después de lo de esta noche? Porque pareciera que bebiste demasiado.
—Claro que sí —dice y luego presiona una mano en la parte baja de su espalda—. Mi espalda todavía me está matando desde el accidente. Tengo que resolver ese problema para poder seguir jugando al béisbol, y ya sabes… seguir follando con todas estas bellezas.
—Será mejor que no me estés mintiendo —digo, golpeándolo en el pecho.
—Juro por nuestra amistad que estaré allí sin importar en lo que sea que me meta esta noche. O con quien me meta.
Presiono mis dedos en mis oídos y niego con la cabeza. No necesito saber nada acerca de sus proezas sexuales. No, muchas gracias.
Taehyung y yo nos conocimos durante primer año después de que quedáramos en el mismo dormitorio. Nos llevamos bien, a pesar de ser diferentes en muchos aspectos. Él es heterosexual; yo soy homosexual. Él es alto; yo soy bajo. Él es un atleta; Yo soy un geek. Sin embargo, el área en la que nos cruzábamos es que los dos somos estudiantes de educación primaria. Acabamos de terminar nuestro último año de universidad el mes pasado, y el próximo año completaremos nuestras credenciales de enseñanza. Mientras tanto, ambos trabajamos en una guardería y actualmente estamos facilitando nuestras propias clases para un campamento de verano. Estoy en un salón de clases con los niños de kínder y él está con los de tercer grado.
Y a pesar de ser extremadamente guapo en un estilo de “chico de al lado”, no tenía ningún interés en él. Nada de nada.
—Hey, ya sé. Tal vez mañana, si llegamos temprano a la clase de yoga podríamos conseguir un lugar justo en frente a Namjoon, y tendrá la vista perfecta de tu pequeño trasero. Puedes mostrarle lo flexible que eres. En realidad, puede que note que existes después de ver tu capacidad de doblarte por la mitad.
Pongo los ojos en blanco. —Eres un amigo terrible. ¿Por qué me agradas?
—Nah, soy el mejor amigo que has tenido.
Suspiro, y luego una pequeña sonrisa levanta las comisuras de mi boca. —Sí, lo eres. Dios, como te odio.
Taehyung pasa un brazo por encima de mis hombros y presiona un beso en la parte superior de mi cabeza.
—Está bien, ¿qué tal si buscamos una cerveza y pasamos el rato en el porche? Tal vez puedas encontrar a alguien con quién acostarte esta noche, ¿sí?
—Pff, tal vez. Sin embargo, estoy esperando por Namjoon. Es mi hombre perfecto.
—Ni siquiera sabe que existes, Minie. En su lugar, busquemos un sustituto mientras tanto.
—Cómo sea —digo y veo a Agust mirándome desde el otro lado de la habitación—. Pero primero un trago. Muchos de ellos.
—Oh, Dios mío, mi cabeza —gimo suavemente mientras tropiezo en el estudio de yoga y golpeo el suelo con mi colchoneta. Namjoon todavía no llega, pero de cualquier forma no me siento de humor para que se fije en mí precisamente hoy. Tengo tanta resaca por lo de anoche, que siento que me voy a desmayar. No sé qué pasó o que lo provocó, pero bebí demasiado.
No, en realidad, sí sé lo que pasó.
—Lo odio —murmuro mientras Taehyung extiende su colchoneta junto a la mía.
— ¿A quién?
—A Agust. Ese bastardo manipulador.
Taehyung resopla, se sienta en la colchoneta y estira sus largas piernas frente a él. Se ve fantástico a pesar de haberse ido de la fiesta después que yo, haber bebido mucho más y probablemente haber follado la mitad de la noche entre las piernas de alguna chica. Su cabello rubio sucio está bien peinado hacia un lado, y sus ojos marrones realmente están brillando. Maldito sea.
Yo, por otro lado, parezco como si acabara de salir de la cama. Todo lo que hice fue cepillarme los dientes antes de tambalearme hasta el auto.
—No creo que Agust te haya obligado a tomar todos esos tragos. Eso fuiste tú solo, amigo mío.
—Sí que lo hizo. Por inadvertencia. Me estuvo mirando todo el tiempo, Taehyung. No podía escapar de sus ojos. Siempre están sobre mí, siguiéndome. Beber era la única forma de pasar la noche sin cometer un asesinato.
Las visiones nebulosas de la noche anterior me asaltan al tiempo que estiro mis músculos adoloridos:
Agust en el sofá, una mujer sentada a horcajadas sobre su regazo, su lengua saqueándole la boca y sus ojos cerrados. Esas largas pestañas proyectando sombras sobre sus mejillas sonrojadas.
Sus ojos se abrieron de golpe y capturaron mi mirada, dejándolos deslizarse por sobre mi cuerpo mientras que yo me movía en la pista de baile.
Deslizando su lengua por el cuello de esa chica, sus ojos negros y ardientes permanecieron sobre mí por todo el tiempo.
Yo me había levantado un poco la camisa, pasándome las manos por el estómago, provocándolo y jugando su juego.
Sus ojos brillaron mientras continuaba moliéndose contra esa chica como si me estuviera follando a mí.
Era obsceno e incómodo.
Lo odiaba.
— ¿Sin que se diera cuenta, también te hizo proclamar en voz alta a cualquiera en un radio de veinte kilómetros que te gustan las pollas gigantes? —pregunta Taehyung, justo cuando se abre la puerta del estudio y Namjoon entra.
El perfecto e inalcanzable Namjoon. Con su cuerpo esbelto y delgado, cabello perfectamente peinado y esa deliciosa manga de tatuajes en su brazo derecho. Gracias a mis investigaciones en internet, sé que tiene treinta y tantos años, es profesor de historia en un colegio comunitario y es parte de un club de lectura. También le gusta el vino tinto, los paseos por la playa y el ciclismo. Es como un sueño hecho realidad.
Namjoon nos mira, la palabra polla está flotando en el aire y me sonrojo de pies a cabeza.
Gah, claro que es justo ahora cuando me nota.
Espero que Namjoon me ignore, pero en lugar de eso, me ofrece una pequeña sonrisa y luego se mueve hasta el frente de la sala, dejando su propia colchoneta en el suelo.
Cuando estoy seguro de que no nos está prestando atención, me estiro y pellizco a Taehyung.
—Ouch —sisea, frotándose el brazo—. Tienes dedos fuertes para ser un tipo tan pequeño. ¿Y eso por qué fue?
—Eres un imbécil. El más grande de todos. Más grande que mi hermano Hwan y ambos sabemos que eso es difícil de lograr.
—Oye, no seas malo. Hwan es el engendro del diablo. No me compares con él.
—Bien —resoplé.
—Y no me odies. Namjoon te notó, ¿no?
— ¡Sí, porque básicamente anunciaste que me gusta tener pollas enormes en mi trasero! —Siseo.
Taehyung se ríe de eso cuando la puerta del salón de clases se abre de nuevo y entra más gente.
—Pero eso no es un secreto, ¿no? Les dijiste a todos anoche sobre tus preferencias. Lo gritaste. Incluso Agust te escuchó. Dejó de follarse en seco a esa chica en cuanto esas palabras salieron de tu boca. Empezó a jadear y creo que se corrió un poco en sus pantalones.
Gimo ante esa imagen porque es repugnante y me muevo, haciendo la postura del niño[1] para ocultar mi pene palpitante. Todo esto es culpa de Agust. Si me dejara en paz, nada de esta mierda me estaría pasando ahora mismo. Miro hacia Namjoon, quién está escribiendo algo en su teléfono antes del comienzo oficial de la clase. Nuestros ojos se encuentran a través del espejo que rodea a lo largo del frente de la habitación y la comisura de su boca se levanta. Aparto la mirada rápidamente y me siento agradecido cuando la instructora camina al frente de la sala, distrayendo a todos.
Porque, a pesar de ser cierto, todavía me mortifica que haya escuchado lo que dijo Taehyung. No es así como quiero que me identifique. No, soy Minie, un chico sofisticado que le gusta enseñarle a los niños y las discusiones profundas de filosofía.
Cuando termina la clase, Taehyung me obliga tener un abrazo sudoroso a pesar de mis gritos de protesta, y luego me dirijo a casa para ducharme. Mientras lavo la suciedad de la noche anterior y de esta mañana bajo el agua tibia, mi mente recuerda las pequeñas miradas que Namjoon me lanzó durante la clase. Trato de no pensar demasiado, pero me pregunto si tal vez ahora se sentirá intrigado. Me pregunto si le gusta lo que ve. O tal vez le gusta lo que escuchó. Quizás este sea el comienzo de algo nuevo entre nosotros.
Uno solo puede esperar.
Salgo de la ducha, me pongo un par de pequeños pantalones cortos de chándal amarillos y camino a la cocina para tomar una taza de café, cuando veo una forma recostada en el sofá.
Más bien como una persona.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho, y sin pensar, tomo un libro que está en el estante más cercano y se lo lanzo al intruso. Golpea contra el cojín, fallando mi objetivo por algunos metros.
Agust me mira, completamente despreocupado por el hecho de que me acaba de dar un susto enrome. O por el hecho de que está dentro de mi apartamento sin haber sido invitado.
— ¡Jesús, Agust! —Grito y le lanzo otro libro, pero vuelvo a fallar.
Tengo una puntería terrible. Necesito trabajar en eso, aparentemente. Quizás debería hacer un mayor esfuerzo en jugar al béisbol cada vez que Taehyung me invite.
Agust solo mira los dos libros en el sofá y luego a mí.
Sus cejas se fruncen en confusión. — ¿Por qué fue eso?
—Uh, ¿hola? ¡Allanaste mi casa! —Casi grito, acercándome a él y agarrando el álbum de fotos que tiene abierto en su regazo. Lo cierro y lo vuelvo a colocar sobre la mesa auxiliar.
— ¿Cuál es el problema? Solo entré, no respondiste cuando llamé a la puerta.
—Estaba en la ducha —Respondo, levantando las manos con exasperación y luego colocándolas en mis caderas desnudas. Mis ojos se estrechan hacia él, pero su mirada no se encuentra con la mía. No, esta se desliza por mi cuerpo semi desnudo, deteniéndose momentáneamente en mi entrepierna.
Estoy bastante seguro de que puede ver el contorno de mi pene a través de los pantalones cortos tan delgados que estoy usando, pero como sea. Está invadiendo mi espacio personal. No puede ofenderse por lo que encuentra.
—No puedes simplemente irrumpir en las casas de otras personas y revisar sus cosas. ¡Eso no es lo que hace la gente normal!
— ¿Quién dijo que yo era normal? Y claro que puedo —dice, recostándose en el sofá y estirando sus gruesos muslos frente a él.
No me doy cuenta de lo fuertes que se ven sus piernas debajo de la tela de sus desgastados jeans. No, claro que no noto tal cosa.
— ¿Qué es lo que quieres? —Me muevo, quedando de pie frente a él. Cerca, demasiado cerca.
Estira un dedo y juguetea con el final de mis pantalones cortos.
—Son cortos. Y ajustados.
—Por supuesto que lo son. No estaba planeando tener visitas — Aparto su mano de un golpe y él la deja sobre el sofá, flexionando los dedos.
—No llevas ropa interior.
— ¿Y qué?
Él parpadea. —Tienes pezones pequeños.
—Son proporcionales a mi cuerpo.
Sus ojos recorren mi cuerpo una vez más. —No tienes vellos en ninguna parte.
—Lo sé. Se le llama cuidados.
—Es raro.
—Para ti, quizás.
Desliza un dedo por la suave piel de mi pierna y yo se la aparto.
— ¿Por qué eres tan suave?
—Uso loción. ¿Qué, los heterosexuales no se hidratan la piel?
—Nah —dice, pasándose una mano por la boca—. Eso sería... gay —dice con una sonrisa y un brillo en los ojos.
Ahora me siento realmente enojado.
—Está bien, ¿sabes qué? No voy a hacer esto contigo ahora mismo. ¿Qué es lo que quieres, Agust? Debe ser importante ya que por lo general solo me acechas y te ciernes como una gárgola, pero no has cometido delitos como allanamiento de morada… ¿o sí? —Estrecho mis ojos hacia él.
Mueve los labios entre sus dientes y sus ojos negros se encuentran con los míos.
Ignora mi pregunta y dice: —Te escuché anoche.
— ¿Y qué escuchaste exactamente? —pregunto, dando un paso atrás y cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Escuché como alardeabas que podías tomar a cualquiera. De cualquier tamaño.
Pongo los ojos en blanco. —Sí, ¿y?
Me estoy portando como un malcriado, pero él me está haciendo enojar, se ve ridículamente grande en este pequeño apartamento. Él consume demasiado espacio. Me cuesta respirar.
—No te creo.
Respiro y arqueo una ceja. — ¿Y por qué me importaría lo que creas?
Oh, pero me importa. Nadie me subestima. He lidiado con eso toda mi vida. La gente piensa que no puedo hacer lo que ellos pueden porque soy más pequeño que la mayoría de los hombres. Que se jodan todos.
—Estabas mintiendo. ¿Por qué harías eso? ¿Por atención?
— ¡No estaba mintiendo!
Agust pasa una mano por el cojín del sofá. — ¿Cómo alguien tan pequeño podría tomar a alguien tan grande? Te partirían por la mitad.
Bufo. — ¿Y qué sabes tú, chico hetero? Puedo tomar lo que quiero tomar. Soy así de increíble.
No sé por qué estoy discutiendo con él, pero saca a relucir mi lado competitivo. Nunca me comportaría de esta manera con nadie más.
Aparentemente, todas las apuestas estaban canceladas.
—No, no te creo. No podrías tomarme.
Coloco una mano en mi cadera y, con la otra, señalo su entrepierna.
Ahora me estoy enfadando. — ¿Ah, sí? Bueno, adelante entonces. Enséñame.
Agust ladea la cabeza, perplejo.
—Muéstrame tu pene, Agust. ¿Tengo que explicártelo? P.E.N.E. O tal vez eres uno de esos tipos grandes con una pequeña salchicha escondida allí abajo. Demasiado avergonzado para mostrarme con lo que realmente trabajas, ¿eh?
Las mejillas de Agust están ligeramente rosadas y disfruto de su incomodidad.
Se mueve en el sofá. —No tengo el pene pequeño.
—Sí, bueno, no te creo. Los tipos como tú, cuerpos grandes y músculos grandes, tienen penes pequeños. Es un hecho —Ahora lo estoy incitando, lanzando pequeños insultos, y ni siquiera estoy seguro del por qué.
Agust me mira con los ojos entrecerrados, aprieta la mandíbula, luego arquea las caderas y se baja los vaqueros hasta los muslos, incluyendo su ropa interior. Su polla medio dura descansa sobre su muslo, y no puedo evitar tragar con fuerza.
Porque… oh, mierda.
No tiene un pene pequeño. Él es enorme. Por supuesto que lo es, porque la vida es simplemente injusta.
Me aclaro la garganta, fingiendo que verlo no me emociona.
—Ponla dura. Tengo que ver cómo se ve realmente para mi veredicto final. En estos momentos eres de tamaño promedio. Nada que no haya tenido ya.
Agust encuentra mi mirada y la determinación se filtra a través de esos ojos negros. Agarra su polla y se acaricia a sí mismo hasta que en pocos segundos es una erección en toda regla. Y descubro que verlo hacer esto hace que mi pene se mueva dentro de mis diminutos pantalones cortos.
Malo, terrible. Realmente muy muy malo.
Cuando está completamente erecto, deja de acariciarse, apoya las manos en los cojines del sofá y me mira. Pero no puedo mirarlo a los ojos; Ni siquiera puedo mirar su entrepierna. Es enorme, el eje es súper grueso con una vena que corre por la parte inferior y la cabeza resbaladiza y rosada es jodidamente perfecta. Mientras que mi mente grita “de ninguna manera, vete a la mierda”, mi cuerpo quiere subirse encima de él y sentarse en esa gran polla. Mi cuerpo es una puta y obviamente no puedo confiar en él.
Es inaceptable porque no me gusta este hombre. No hay forma de que vayamos a tener sexo. No estoy tan desesperado, tengo estándares.
—Dime ahora que puedes poner todo esto dentro de tu cuerpo tan diminuto —dice Agust un poco serio, señalando a su polla convulsa.
Me niego a mirarlo.
—Ni siquiera puedes mirarla, ¿eh? —Resopla—. Te asusta.
La miro por un momento y luego lo miro a los ojos. —No le tengo miedo a nada.
—Tienes miedo de no poder soportarlo.
—Claro que puedo.
—Mentiroso.
Esa palabra me hace ver rojo. Doy un paso hacia él. —Sí puedo.
—De acuerdo. Pruébalo.
A estas alturas, estoy tan irritado que me acerco a la mesa auxiliar y rebusco en ella. Saco un condón extra grande que guardo para ocasiones especiales y se lo tiro a Agust. El paquete golpea en su pecho, él lo levanta y lo mira.
—Ponte eso, imbécil —digo y luego le lanzo un paquete de lubricante—. Eso también.
Le echo la culpa a la resaca y a las copiosas cantidades de alcohol que bebí anoche. Es por eso que no estoy pensando con claridad mientras camino hacia el baño y le grito: —Iré a prepararme. No te muevas o pierdes y yo gano.
Mientras estoy de pie en el baño, con mis dedos en mi trasero lubricándolo, me pregunto si me he vuelto loco. Pero por alguna razón, no creo que ahora pueda dar marcha atrás. Hay algo en Agust que me vuelve irracional.
Cuando ya estoy estirado y satisfecho de que no me destrozará, tomo un suspensorio del cesto y me lo pongo. No hay necesidad de que él vea mi pene durante lo que vayamos hacer. Algunas cosas siguen siendo privadas, y esto no es otra cosa que probar un punto.
Agust todavía está en el sofá cuando salgo del baño, su pene enfundado en el condón que le di. Está brillante por el lubricante que aplicó. Todavía lleva la camisa puesta, pero sus pantalones se arremolinan en sus tobillos. Tiene las manos apretadas en los cojines a su lado mientras me ve acercarme, sus fosas nasales se ensanchan ligeramente al observarme.
— ¿Estás seguro de esto? —Pregunto, cuestionándome cómo es que está de acuerdo con esto. Está a punto de tener sexo con un hombre. Medio esperaba que se escapara, pero él solo traga y asiente—. ¿No estás asustado?
—Nah —respira.
—Bien. Me voy a sentar en tu regazo—digo, feliz de que mi voz no traicione mis nervios. Porque es más grande de lo que he tenido jamás, no es que alguna vez le fuera a confesar eso—. Esto no significa que puedas tocarme, así que mantén las manos para ti mismo.
Sus manos se cierran en puños a la altura de sus caderas.
—Deslízate un poco hacia abajo.
Agust hace lo que le dijo y su trasero casi cuelga del sofá, luego me monto a horcajas sobre sus piernas musculosas.
— ¿Listo para que te demuestren que estás equivocado? — Pregunto. Lo empujó hacia atrás con la punta de mis dedos para que esté más lejos de mí, y luego me agarro de sus muslos para hacer palanca. Voy a necesitar toda la ayuda que pueda conseguir.
Agust ni siquiera asiente, solo traga mientras agarro su pene y lo coloco contra mi agujero. Después, sin previo aviso, me hundo sobre él. La cabeza gruesa se desliza en mi interior.
Agust exhala con fuerza, y sus ojos se mueven desde el punto en el que estamos conectados de nuevo a mi cara.
Trato de mantener mi voz tranquila mientras explico: —Este lubricante es un milagro, de verdad. Gasté una fortuna en él y no estoy decepcionado —Me hundo un poco más mientras que Agust se muerde el labio inferior.
Oh, dios, esto es tan satisfactorio, verlo tratar de controlarse. Su primera vez con un hombre, y le gusta más de lo que pensaba. Le sonrío mientras lo tomo un poco más profundo, su gruesa y larga polla estirándome casi de una manera dolorosa.
— ¿Ves? Fácil —digo, mi voz está un poco sin aliento.
—No has tomado ni una cuarta parte —murmura, y me hundo un poco más para fastidiarlo.
Sus fosas nasales se ensanchan, respiro por la nariz y luego empujo hacia abajo y lo tomo casi hasta la empuñadura.
Sus ojos se agrandan y su boca se abre ligeramente mientras jadea. — Joder —murmura.
—Casi. Allí—respiro y luego, en una exhalación, me siento sobre él por completo.
El pecho de Agust se agita, y simplemente nos quedamos allí sentados, con los ojos fijos el uno en el otro. Mi color avellana contra su azul océano.
—Te lo dije —susurro, tratando de sonar engreído, pero sueno más bien excitado. Porque se siente demasiado bien dentro de mí y, a pesar de que mi mente quiere no gustarle, a mi pene realmente le encanta. Está duro, empujándose contra mi suspensorio y goteando profundamente. Si miro hacia abajo, podría ver una mancha húmeda justo ahí.
Oh, maldita sea.
Pero si Agust nota mi estado actual de excitación, no dice nada. Simplemente se queda quieto, sus ojos fijos en los míos desde su posición desplomada en el sofá.
—Gané —Agrego y luego me digo a mí mismo que tengo que alejarme de él, pero no lo hago. Solo estoy allí sentado hasta que Agust arquea ligeramente sus caderas. Mi respiración se queda atrapada en mi garganta, y mis dedos aprietan mis muslos con tanta fuerza que es casi doloroso.
—Claro, puedes tomarla —reconoce con voz rasposa, luego agrega—. Pero, ¿qué hay de ser jodido?
— ¿Crees que no puedo ser jodido por tu enorme polla? — pregunto, moviéndome ligeramente sobre él, porque no se siente natural ser empalado por su polla y no moverme.
Él sisea. —Exactamente.
En lugar de responder, simplemente me levanto hasta que estoy en la punta de su polla y luego me deslizo lentamente hacia abajo.
—Dios —jadea.
— ¿Así?
Agust traga y asiente una vez.
—Oh, cariño —respiro, girando mis caderas—. No tienes idea de lo que soy capaz.
Y luego empiezo a moverme, follándome sobre él. Lo hago lento al principio y luego voy aumentando el ritmo a medida que mi cuerpo se ajusta a su tamaño. Estoy disfrutando todo esto mucho más de lo que debería. Observo las pupilas de Agust dilatarse, sus mejillas enrojecerse, sus labios abrirse en un jadeo silencioso mientras lo trabajo más cerca del borde. Verlo perder esta pequeña apuesta que había pensado que seguro ganaría, era casi mejor que un orgasmo.
— ¿Cómo se siente follar a otro hombre, hm? —pregunto, y la nuez de Adán de Agust se sacude. No me responde.
No escatimo, me estoy asegurando de tomarlo todo. Desciendo sobre él por completo y luego arrastro mi agujero hasta la punta de su polla. Solo para probar mi punto.
Durante todo el tiempo, nunca nos tocamos. Sus manos permanecen apretadas en el sofá mientras que las mías se agarran con fuerza a mis muslos. Simplemente lo monto, mordiéndome los labios para mantener a raya cualquier tipo de gemido, porque no estoy disfrutando de esto. Ni siquiera un poco. Es solo una apuesta, un reto que estoy ganando.
Soy el maldito ganador.
Las caderas de Agust, que antes estaban inmóviles, comienzan a moverse. Solo una fracción, pero se nota, y luego su respiración se vuelve errática, pequeños resoplidos saliendo de su boca. Cierra los ojos de golpe y siento que sus caderas comienzan a moverse bruscamente debajo de mí hasta que de repente se queda quieto.
Y luego todo se acabó. Solo quedo yo, sentado sobre su pene gastado mientras que mío sigue estando dolorosamente duro. Por supuesto, eso está totalmente bien. No esperaba correrme con esto. No se trataba de eso. No, esto no era otra cosa que una infantil apuesta.
—Gané —digo y luego me alejo de él lentamente, centímetro a centímetro, hasta que estoy completamente vacío.
No puedo evitar mirar el condón lleno y la polla medio dura de Agust.
Cuando hablo, mantengo un pequeño mordisco en mis palabras. — Puede que seas el más grande que he tenido, pero fue pésimo.
Agust se sonroja con eso, y me alejo de él. Muevo mi mano hacia arriba en un saludo infantil.
—Asegúrate de tirar esa mierda a la basura —le digo, asegurándome de que mi voz no se entrecorte—. Y por favor, cierra la puerta al salir.
No lo miro mientras entro al baño, y una vez que la puerta está cerrada, me desplomo contra la pared, temblando ligeramente. Miro hacia abajo y me disculpo con mí muy, muy decepcionado pene.
No, no pienso masturbarme con imágenes de Agust. Tengo más dignidad que eso. Muchísimas gracias.
Y luego, mientras me meto en la ducha por segunda vez ese día, me disculpo con mi futuro esposo, Namjoon. Porque, enserio, ¿en qué diablos estaba pensando al hacer esas cosas con el tipo más exasperante de todo el planeta?
[1] Es una postura de yoga en la que llevas todo tu cuerpo acostado hacia adelante.