SOMOS UNO

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Summary

El amor puede aparecer cuando menos te lo esperas, a veces...este te pide indicaciones. ¿Te animas a conocer esta historia de amor? Todo comenzó en un día como cualquier otro, con una pregunta, con una sonrisa y por el capricho del destino.

Genre
Romance
Author
_Susje_
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

SOMOS UNO

Caminaba por las calles, perdido en mis pensamientos, resignado por el sinsentido de la vida.

Al volver en mí, se encontraba una bella señorita, no sé cuánto tiempo estaría ahí, ni lo que significaría para mí más adelante.

Me pidió indicaciones y amablemente accedí a llevarla a su destino, aunque siempre he sido un solitario, me sentía cómodo con su compañía.

Caminamos, conversamos, reíamos, me preguntaba ¿De dónde saldría un ser tan risueño?

Era pequeña, esbelta, de piel blanca, sus ojos ligeramente achinados de color café como el caramelo, cabello castaño y de labios rosados.

Jugaba al caminar, reía y se confundía por ratos, era como tener una niña a mi lado, una niña que por alguna razón quería proteger.

La dejé en su destino preguntándome si le iría bien, pues las calles están llenas de peligros, nunca pregunté su nombre.

Creí nunca más volverla a ver, pero, ¿Quién puede ir contra los caprichos del destino?, pasó algo de tres meses y la volví a encontrar, me la presentó una amiga en común.

Fingí no conocerla, pues dudaba que se acordase de mí, pero ella había quedado guardada en mi memoria.

Para mi sorpresa, me recordaba, y desde ese día combinábamos tan bien como el café en las mañanas en un día nublado, como el pan y la mantequilla.

Solía mirarla con atención, sus gestos, sus reacciones, pero lo que me cautivó fue su sonrisa.

En ese momento sentí algo diferente en mí, era su sonrisa, era una sonrisa que tal vez quería ver toda mi vida.

Los días pasaron y nos continuábamos frecuentando, cada vez aprendía más de ella, cada vez descubría nuevas cosas de ella.

Sus manos eran pequeñas, sus mejillas, suaves, sus rosados labios se resecaban y me preguntaba cómo se sentirían junto a los míos.

A pesar de ser pequeña y de personalidad risueña, me sacaba algún que otro susto cuando se enojaba, no voy a negarlo, a veces soy muy torpe.

Un día, la encontré sentada en una banqueta, con las piernas cruzadas y la mano en su mentón, pensativa.

En ese momento, la vi tan hermosa, tan curiosa…tan sombría, era una nueva faceta que no conocía.

Aunque su sonrisa me tenía encantado, verla así, me había fascinado, mi corazón se aceleró una vez más después de muchos años.

Fue en ese instante cuando me di cuenta que quería seguir conociéndola, la quería conmigo, hasta que nuestros cabellos se volviesen blancos por el tiempo.

Me acerqué a ella lentamente, me miró a los ojos, mi corazón se aceleró una vez más, tenía las palabras en mi cabeza, pero mis labios no podían pronunciarlas.

Volvió a sonreír, no necesité más para decidirme, quería proteger esa sonrisa, quería ser la razón de sus sonrisas, hoy, mañana y por toda la eternidad.

Mi cuerpo temblaba, empecé a sudar, sentía miedo, dudas, todo acabaría, o comenzaría algo nuevo en este momento.

Me llené de valor y le pedí ser mi novia, sus ojos se humedecieron y sus lágrimas recorrieron su rostro.

No sabía que hacer, creí haber hecho algo malo, sentí miedo…Pero, de pronto volvió a sonreír y me dio el “sí, quiero serlo”

Me dio un beso, un beso que llevó al cielo y respondió la pregunta que llevaba en mi cabeza hace mucho tiempo “¿Cómo se sentirá la textura de sus labios?”

Recalcó que a partir de ese momento seriamos uno, que cuidaríamos uno del otro y que caminaríamos de la mano, presumiendo nuestro amor, por siempre.

Pasaron los meses, verla en mi casa, con el cabello suelto, jugando y riendo era todo un sueño para mí.

Desayunábamos juntos antes de ir a trabajar, nos escribíamos por ratos y al regresar nos dábamos un beso, un beso que siempre me llevaba al cielo como la primera vez.

Pasaron dos años, ella estaba entre mis brazos, contándome todo lo que le había pasado el día de hoy.

Yo estaba perdido en mis pensamientos, preguntándome si era muy apresurado pedirle que se casara conmigo, que se quede a mi lado, por toda la eternidad.

Ella me miró extrañada y me regañó por no prestarle atención, a lo que sonreí y toqué su mejilla, siempre tan suave, como la primera vez.

Un día, en una de nuestras cenas románticas, reíamos como de costumbre, tomaba de su suave mano y apreciaba la belleza de su piel.

Tenía un costoso y precioso anillo en mi bolsillo, esperando a ser revelado, esperando a que ella terminara de hablar.

Me paré en ese momento, ella quedó extrañada, me arrodillé frente a ella y dije:

“Esta vez soy quien aparece frente a ti y no para pedir indicaciones, estoy frente a ti para pedirte que compartas el resto de tu vida conmigo. No soy el más listo, fuerte o el mejor de todos, solo soy alguien que se enamoró sin darse cuenta desde la primera vez que te vio sonreír. Soy alguien que vio tu lado de niña y su instinto paternal apareció de la nada, jurando protegerte. Déjame ser la persona que te abrace en tus días de tristeza, quien te guie cuando no sepas a donde ir, déjame ser la persona que te acompañe por toda la eternidad. Quiero demostrarte amor todos los días, quiero compartir contigo todas mis alegrías, quiero ser a quien veas al despertar, por el resto de tus días. Déjame ser tu secuaz de toda la vida, tu compañero, el hombre que secará tus lágrimas y priorizará tu felicidad sobre las mía. Déjame demostrarte que nadie te amará más que yo, porque ahora somos UNO y quiero que lo sigamos siendo por toda la eternidad”

Nunca había sido bueno con las palabras y no sabía si había dicho lo correcto, pero dije lo que sentía.

Aunque no fueran las palabras más románticas, le demostraría mi amor a través de mis acciones por el resto de nuestras vidas.

Ella tomó el anillo, sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas, me mostró una sonrisa que jamás había visto.

Era una sonrisa que hizo que mis lágrimas cayeran sin darme cuenta, pues nunca había visto tanta belleza y perfección en toda mi vida.

A pesar de compartir mucho con ella, me seguía sorprendiendo, me seguía enamorando día tras día.

Puso el anillo en su dedo, quedó mirándolo por unos segundos, regresó la mirada hacía mí y dijo:

“En ese momento, vi a un chico con una mirada triste, perdido en sus pensamientos, tan sombrío, tan distraído de todo. Hoy vuelvo a verlo, pero con una mirada diferente, con una bella sonrisa y con toda su atención en mí. No soy la más bella ni tan perfecta como crees, tengo defectos, aunque no quieras verlos. A pesar de todo eso, estoy segura que nadie te amará más que yo, que nadie cuidará de ti mejor que yo y que nadie será una mejor compañera que yo. Viviré a tu lado, hasta que nuestros cabellos se vuelvan blancos por la edad, te acompañaré hoy, mañana y siempre, asegurándome que tu mirada nunca más muestre tristeza. Ya somos UNO, no me imagino una vida sin ti, no quiero una vida sin ti y no quiero que nadie te aparte de mí, quiero que sigamos siendo UNO, hoy, mañana y siempre”

Muchos años han pasado, nuestros hijos juegan en el parque y la tengo a ella a mi lado, sus manos siguen tan suaves y su sonrisa opaca cualquier paisaje.

Nuestros cuerpos han cambiado con el tiempo, pero para mí ella sigue siendo la más bella, la más perfecta, la seguiré eligiendo día tras día.

Ella siempre será mi mejor compañía, con ella me siento completo, feliz, pues ella es mi otra mitad y quiero seguir siendo UNO, por toda la eternidad.

Hoy estamos frente a frente una vez más, pero esta vez nuestros cabellos son blancos como la nieve, nuestra piel está arrugada y nuestras energías ya no son las mismas.

Estamos juntos en una cama caliente, abrazados, tomados de la mano, nuestros hijos y familiares están reunidos, es hora de partir, pero no tengo miedo, pues ella está a mi lado.

Somos UNO, hoy partiremos juntos, recorreremos el sin fin de la eternidad, somos uno, cumplimos nuestra promesa de serlo hoy, mañana y siempre.