Mi Booena esposa fantasma

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Summary

La historia podrá parecer un cliché y... pues si, Probablemente lo es. Un hombre de profesión sastre era feliz confeccionando vestidos para su pequeña esposa (era de una estatura debajo del promedio), sin embargo una terrible enfermedad le quita la vida. Triste y sumido en depresión ruega irse el también, sin embargo parece que el universo escucho todo lo contrario...

Genre
Drama/Other
Author
Aline RC
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1. Desde tu funeral...

-No ha pasado ni un día desde tu partida que no sienta que soy un completo perdedor...


Aquel hombre roto y afligido,  qué se le veía dirigirse a una casa pequeña y descuidada, murmuraba cosas, mientras se le deslizaban delicados hilos de lágrimas por sus mejillas.


-Y es que, sí no te hubieras fijado en mi, sí hubieras, tan solo- suspira -sí tan solo hubieras buscado un pretendiente con más dinero, tal vez seguirías aquí.


El hombre entro en la casa, y se dejo caer en el piso, cerca de la puerta de la entrada. Su mirada apuntando al techo, buscaba quizá qué el creador le diera una respuesta...


-Soy un completo infeliz -el hombre pensaba mientras cerraba los ojos y lloraba sin ocultarlo.

¿Y para que tendría que ocultarlo? Esa casa estaba tan vacía y sola como el corazón de aquel hombre, tenia un aspecto oscuro como sus ojos, lúgubre como su alma, triste como su corazón.


-Yo sabía que no debía seguir con esto, yo sabía que esta pobreza te haría sufrir... hubiera preferido- se seca las lágrimas mientras se levanta- hubiera preferido qué me engañaras con alguien y fueras feliz...


El hombre se dirigió a una pequeña habitación. Esta aunque es pequeña y humilde se ve limpia y ordenada. Sobre una pequeña mesa hay una tiara hecha con flores qué ahora lucen secas. El hombre toma la tiara y se sienta en la cama.


-Si te hubieras casado con alguien rico, hubieras sido feliz con una hermosa tiara de plata mmmh ¿O quizás de oro? No lo se, pero probablemente sería más bonita que esté montón de hojas secas.


El hombre se acuesta mirando a un espacio vacío, como esperando mirar a alguien a los ojos... alguien que ya, no existe.


-Tal vez hubiera sido feliz estando solo... no más feliz de lo que fui contigo pero... al menos no estaría siendo miserable como lo soy ahora...


El hombre se queda dormido apretando la tiara y regando sus pétalos en el proceso, llenando ese espacio vacío con pequeñas virutas de madera con flores marchitas. Si como ella. Ella era la flor más hermosa y pálida qué podrías ver en un prado, su brillo así como inmenso, fue efímero, como una estrella.

Su belleza atrajo muchos ojos, pero los de ella solo miraron a un humilde par.


Esos ojos melancólicos qué brillaban al verla, y que expresaban la mayor de las ternuras qué solo el amor puede lograr. Pero que ahora, se apagaron junto con ella...


-Hasta cuando voy a tener que pasar por esto... -el hombre despertó al ver el amanecer entrar por su ventana, y mirando al espacio vacío ahora lleno de restos de flores- supongo que así será mi vida ahora, el doble, no, ¿El triple? Tampoco, mil veces más miserable de lo que era antes- sosteniendo lo que quedo de aquella tiara- supongo que es lo que merezco...


En un pequeño local lleno de telas, maniquíes, mesas de trabajo y muchas prendas terminadas y a medio terminar, se puede observar al hombre dibujando bocetos.


-Buenos días, Sr Boodle... Eh primero que nada... quería decirle que lamento su perdida... Mi más sentido pésame.


-Gracias... ¿Viene por su encargo?


-Si, pues quise venir ayer, pero... supuse que trataría de pasar su primer día de luto... pues... solo, perdón.


-No se preocupe- El Sr Boodle tomó unas prendas y las envolvió para entregarlas sin mirar siquiera a los ojos a aquel hombre- aquí tiene.


-Eh, gracias, los niños del orfanato, amarán estas ropas, ¿Sabes? Ellos van a extrañar a María, ella jugaba con ellos y les horneaba unas ricas tartas.


-¿A sí? Qué bueno padre -expreso secamente sin voltear a ver todavía al padre -tengo mucho trabajo qué hacer, si me disculpa, ya vino por su paquete, si necesita algo más, dígamelo ahora por que tengo mucho que hacer.


-Hijo, no tienes que pasar por esto, solo, abre tus plegarias a nuestro señor y...


-...Y ¿Acaso me la devolverá? O ¿Me llevará con ella? Por qué si no es así no me interesa su ayuda -interrumpió abruptamente al clerigo antes que pudiera terminar su frase.


-Se que estas dolido -expreso con un tono cálido - pero piensa que ella esta en un lugar mejor y ya no sufre de esa horrible enfermedad que la mantuvo tanto tiempo con debilidad.


-Si esta en un mejor lugar... En un lugar alejada de mi, como siempre debió haber sido, ahora si me disculpa padre, no quiero ser descortés, pero tengo que trabajar.


-Esta bien hijo -suspira- recuerda que si quieres hablar sobre cualquier cosa, te estaré esperando en la capilla con los brazos abiertos.


-Que le vaya bien padre -expresó a secas.


-Adios hijo -el sacerdote cerro la puerta no sin antes observar al sastre desde la puerta y elevar una plegaria al cielo con su mente y cerrando los ojos.


En el pequeño local se abrieron las puerta varias veces a lo largo del día. Siempre parecía lo mismo, los clientes saludaban, le daban el pésame y luego venían por su encargo o para realizar alguna petición. El hombre se sentía atrapado en un bucle infinito donde apenas y variaban las actividades que tenían que realizar.


Así pronto llegó esa primera noche de trabajo después de haber enterrado a la mujer de su vida. El cansancio probablemente era lo que menos le importaba porque lo que en realidad le pesaba era su vida, su dolor y su tristeza.


Con lo que había ganado tenia lo suficiente para conseguir algo decente para comer, pero, en su lugar se dejó caer en el mismo sitio del día anterior. Sin saberlo, había forjado una nueva rutina, una en la qué lo que menos había era espacio para olvidar, por que cada sitio y momento qué pasaba solo en su casa era un recordatorio de lo que fue y ahora ya no será.


Pronto, pasó una semana y llegó el momento que más el temía: un día de descanso.


Lo único que hacía qué aquel hombre olvidara, era estar en su trabajo como autómata. No sabia que hacer en esos días en que no iba al trabajo, por que aunque no se quedara en su casa, sin nada que distrajera su mente, aquellos recuerdos qué fueron felices, hoy destruirian su pobre corazón.


Y eso ocurrió recordó aquel momento en que una pequeña chica panadera entro en su local pidiendo ayuda con unos mandiles. Se veía más pequeña para su edad y completamente frágil. Su estatura hacia qué los mandiles qué le habían dejado su padre adoptivo le quedarán muy holgados y, a menudo, tropesaba con ellos o se le quedaban atorados en todos lados.


"Muchas gracias por su ayuda, cuando quiera, tendrá precio preferencial en la panadería" dijo la chica con un tono muy enérgico.


"Sabe, de ahora en adelante ese será mi sitio favorito" exaclamo el joven sastre.


Desde entonces, el sastre iba con frecuencia a comprar pan y tartas qué aquella chica hacia, y cada vez que la veía sentía que se veía más hermosa.


"No tengo oportunidad" pensó. Y es que esa panadería era muy visitada no sólo por sus productos, si no por que la chica era tan bella qué muchos intentaban cortejarla. Sin embargo, ella parecía estar tan concentrada en su trabajo qué no notaba las dobles intenciones de sus clientes y muchos se fueron rindiendo.


Una mañana el sastre se sintió más extraño de lo usual, cuando la vio llevando y repartiendo tartas a los niños del orfanato qué solían jugar y correr por las calles. Esa sonrisa que esbozaba por jugar con los niños, su cabello largo moviéndose con el viento y sus ojos...

El corazón de aquel joven se sintió como si fuera a estallar y a sus mejillas se les subió la temperatura. Quería reír y llorar, quería correr hacia ella pero su cuerpo se paralizó. Se sentía con una leve fiebre y con un cosquilleo en su pecho.


Fue entonces que lo entendió. Lo que estaba experimentando era un completo enamoramiento. Ya no había donde correr, ni se podía volver atrás. Lo que había empezado como una atracción, se volvió en completo y puro amor...


El sastre entonces decidió qué debía cuidarla, sin importar que ella no le correspondiera, el quería que esa bella sonrisa que lo enamoró permaneciera siempre.


Empezó entonces a frecuentarla más, al punto qué la ayudaba a repartir sus tartas con los niños y a recoger flores a algunos prados cercanos.


"¿Cómo me veo?" Expresó juguetona la chica


"Adorable"


"Jaja, ¿Piensas que soy adorable?"


"Si, bueno, es que se te ve tierno la tiara de flores" expresó sonrojado el joven sastre.


La chica se sentó en el pasto al lado del sastre y lo miró a los ojos


"A esta altura si estoy cerca"


"¿Cerca de que?"


"De esto" La chica acerco su cara con la del chico, cerró los ojos y besó sus labios. Al principio el joven sastre se sorprendió tanto que se quedó paralizado, pero pronto pudo aceptar el beso y la tomó entre sus brazos. No había más que decir...


El Sr Boodle despertó de aquel recuerdo y sin poder controlarlo, de nuevo empezaron a escurrir unas lágrimas.

Llego a su alcoba solo para apreciar el espacio vacío el cual aun contenía aquellos fragmentos de flores.


-¿Porque?... ¿Porque tengo que sentir este dolor? ¿Porque no sólo me llevas con ella?... Dios... Si es que me estas oyendo... si es que de verdad estas ahí... Por favor... regresame a sus brazos... requesame a esa vida... Si no me regresas con ella simplemente me iré a buscarla por voluntad propia...


El sastre continuo llorando hasta quedarse completamente dormido del cansancio.


A la mañana siguiente tenia los ojos tan hinchados qué apenas podía ver. Sin embargo, sentía algo extraño en la cama.

Algo parecía estar haciendo peso, como si hubiera alguien sentado del otro extremo.


Como pudo intentó abrir los ojos para intentar descifrar lo que se encontraba ahí o si acaso era un intruso.


Y fue entonces que la vio...