I
Mundo real
Dicen que los funerales, no significan un adiós, sino un hasta luego. Existen diversas culturas que afirman que los seres que amamos nunca se van, que una parte de ellos se quedaba junto a quienes mas amaban.
Aska no entendio esto, hasta que por obra del destino la vida de su anciano abuelo fue arrebatada a causa de un tumor cerebral.
Aun recordaba la ultima vez en la que habló con su abuelo, la sonrisa sincera y las delgadas lágrimas cayendo por sus ojos, le rompio el corazón en dos.
—Quiero que seas fuerte. —. Le dijo el anciano con voz débil.
—Me dijo que todo estaria bien, que habría una cura, que los doctores habían descubierto una...
—Las cosas no sucedieron asi...
En el fondo Aska sabía que aquella cura era la muerte del anciano, pues solo asi estaria en calma. Sin embargo no podía verlo así, no estaba lista para decirle adiós.
Decirle adiós a el unico familiar que realmente la amó, no como sus padres que la dejaron a su suerte.
—¿Cuanto tiempo?
—Los doctores dicen que puede ser en cualquier momento.
Aska estuvo a punto de romper en llanto, sin embargo, sabía que lo ultimo que el anciano necesitaba era verla llorar de esa manera. Lo unico que merecía en sus últimos días era ver a su unica nieta siendo fuerte.
En cualquier momento, podria ser en un año, un mes, una semana incluso unos dias.
Sin embargo Aska no esperaba que fuera tan pronto. Un dia, simplemente cerro los ojos con una sonrisa débil y dejo de respirar. Su corazón no aguanto mas, y finalmente el sufrimiento del abuelo se esfumó.
Ha pasado una semana.
Una semana en la que Aska no pisó la casa de su abuelo, pues los amargos y dulces recuerdos seguían atormentando la poca paz que le quedaba.
Hasta que un fin de semana lluvioso, cuando sono el telefono del departamento que compartía con Edric, su padreja.
—¿Aló? ¿Quién habla?— Contestó Aska.
—Buenos dias señorita, Aska. Soy el ama de llaves de la mansión de su difunto abuelo. Quisiera informarle que su abuelo antes de morir, le dejo un par de cosas.
—Lo lamentó, estoy a punto de salir de la ciudad...— mintió descaradamente.
Edric, miro con despruebo a Aska, mientras que cruzaba los brazos.
—¡Oh bueno! Ya será para la otra. Solo tengo que avisarle que con la muerte de su abuelo ¡Que Dios lo mantenga en su santa gloria!— exclamó la viejecita sollozando. —Muchos de nosotros nos quedamos sin empleo. La casa se va a quedar sola. Me temo que todo lo que realmente le importó al patrón se pierda.
Las lagrimas que tanto había contenido, empezaron a caer por su rostro, su labio inferior le temblaba. Aska sabia que no podia seguir.
No podia seguir negando la realidad.
Su abuelo habia muerto, y por mas que intentará hacer como sí nada hubiera pasado. Eso no le devolvería la vida, nada lo haría...
Al escuchar la conversación, Edric soltó un suspiró de frustración, sin pensarlo mas, le arrebató el teléfono a Aska.
—Si bueno señora. Soy la pareja de Aska. Me acaban de avisar que nuestro viaje se pospuso hasta nuevo aviso ¿Estará bien que vayamos a mansión en punto de las 5 P. M.?
—De acuerdo jóven, estaré esperándolos con ansias.
—Ahí estaremos.
Al colgar la llamada. Edric abrazo a su novia, tratando de mostrarle, que no estaba sola, que lo tenía a él. Alguien que la amaba incondicionalmente, y eso nunca cambiaría.
***
Llegadas las tres en punto. La pareja preparó lo que necesitaría a lo largo de su travesía, la mansión del difunto abuelo era un lugar alejado del ruido de la civilización, un lugar adecuado para estar solo entre la naturaleza. Sino fuera por el auto de Edric, hubiera sido imposible llegar a tiempo.
En algun punto del viaje, las edificaciones fueron desapareciendo, hasta que fueron remplazados por arboles grandes y fuertes, poco a poco el camino fue desparecido hasta llegar a una encrucijada de caminos, divididas por dos carteles de madera vieja, la pintura en ellos estaba desgastada por el sol, en el de la derecha se alcanzaba a distinguir la palabra Cristaliz, mientras que en el de la izquierda la palabra Bone.
—¿Y bien ahora a donde vamos?— pregunto Edric,
—Para llegar a la mansión, tenemos que tomar a Cristaliz, caminando.
Muy apesar de que la vegetación creció en cinco años, aquel camino quedara grabado en su memoria hasta el fin de sus dias. Pues, en aquel prado, fue feliz, inmensamente feliz.
—¿Qué? Tu nunca me dijiste que teniamos que caminar.
—A partir de aquí, el camino no es apto para conducir.
—¿Que hay de Bone?
—Bone es el nombre de un pueblo fantasma, todos sus habitantes murieron en una explosión a comienzo de la primera guerra mundial. Fue nombrado así porque lo unico que se encontró de todas esas personas, fueron sus huesos.
Edric se encontraba atónito, aquel relató era digno de las películas de terror. El moreno, soltó un gran suspiro de frustración. Al parecer su amor por Aska era mas grande que su miedo, y eso era mucho que decir pues muy apesar de la apariencia segura, se escondia un cobarde , que pensaría dos veces antes de adentrarse a lo desconocido.
—Te juro que si llego a morir hoy, mi espíritu te atormentara hasta el final.
Al paso de quince minutos, dieron con una vieja casona, de aspecto victoriano, la naturaleza hacia su trabajo al cubriala con fuertes enredaderas. El jardín que antes estaba lleno de margaritas, ahora estaban cecas, a cuasa de la llegada del otoño. Los colores alegres fueron remplazadas por colores sombríos.
En la puerta principal una mujer de alrededor sesenta y tantos, estaba aguardando a la pareja. Vestía un vestido negro, de mangas largas que le llegaba casi a los tobillos, su cabello castaño, estaba sujetado en una larga trenza.
—Muy buenas tardes sean bienvenidos, les ofreceria algo de comer, pero los cocineros ya han desalojado la mansión.— les dijo muy amablemente.
—¿Por qué se estan yendo?— preguntó Edric
—Antes de la muerte del señor, estaba con planes de vender la mansión a unos hombres adinerados, en unos dias, van a demoler la casa y construiran un supermercado.
—¿Ya esta vendida la casa?.
—No del todo, solo hacen falta las escrituras, solo su abuelo sabe donde estaban.—
Aska solo escuchaba con atención la platica entre ambos, aun le resultaba poco creíble que su abuelo vendieran la casa donde pasaron muchos años felices. Y mas aun cuando siquiera le importó lo que ella opinará al respecto, se trataba de su patrimonio, un patrimonio que habia estado en su familia desde tiempos antiguos.
Llegadas las seis y cuarenta, tras haber conversado con el ama de llaves, sobre lo ocurrido en los ultimos cinco años. La mujer subio las escaleras en forma de espiral, hasta perderse de vista,simple vista, parecia estar vacía, sin embargo al ver el interior, Aska se dio cuenta que no era así.
Que su cerebro modificaba las cosas para hacerle ver lo contrario, a veces, sucede que no queremos ver lo que tenemos al frente, y simplemente lo ignoramos.
La caja contenía una gran colección de piedras preciosas, un caleidoscopio y finalmente un libro.
Un libro de pasta dura, en la cubierta la forma de un ojo abierto, en vez de iris había una rosa de los vientos tallada en oro, podría parecer de fantasía plástico o podria ser autentica. No lo sabía.
—¿Estas son las pertenencias de mi abuelo?
—No, claro que no, fueron las mas especiales para él. Fueron sus reliquias, le tenía mucho apreció a estas tres cosas.
***
Al regresar a casa, Aska dejó las cosas sobre la mesita de noche, a un lado de su cama, siquiera los había prestado la suficiente atención. El viaje de regreso fue algo pesado, en especial por una gran tormenta que los tomo antes de salir de la mansión, pareciera como si algo quisiera que se mantuvieran ahí.
Antes de dormir, Aska volteó a ver a la caja, mientras pensaba en lo que esas reliquias pudieron haber significado.
Tal vez fue el cansancio, el que le hizo ver cosas.
Tal vez fue su imaginación.
Tal vez fueron las dos anteriores, las que hicieron que una luz resplandeciente saliera de la caja.