Agonía.
Para cuando Jimin puede mirarse en el espejo, sus ojos lloriqueban debido al esfuerzo que le esta costando respirar.
Estaba usando un apretado corset de color negro que resaltaba, en execeso, la preciosa curva en su cintura. Arriba llevaba un elegante saco rojo sangre al igual que su pantalón, tenia el cabello negro callendo en punta sobre su frente. Se veía mejor de lo que esperaba.
Sus pomposos labios estaban resaltados por un polvo rojo difuminado, el cual, atraia la atención completa a esa zona. Jimin amaba sus labios mas que cualquier otra parte de su cuerpo.
Tal vez hubiera tenido la oportunidad de llevar algo un poco mas cómodo, pero no esa noche, no cuando era la gala milenaria.
Durante la gala se esperaba que la diosa luna escogiera a un Alfa y un Omega para que creara una unión entre ellos, incluso mas fuerte que la de los destinados, para así, poder dar lugar a una nueva manada, era un suceso que, al ser presenciado una vez cada mil años, era histórico. La fuerza que se les era concedida era legendaria, de ella nacían las manadas mas fuertes, por no hablar de su gloriosa descendencia directa.
Pero justo ahora, a Jimin no podía importarle menos que la diosa luna quisiera unirlo a un Alfa para crear una nueva manada.
No cuando la paz de su pueblo dependía de que atrajera la atención suficiente como para conseguir una cantidad decente de aliados que evitaran que el resto de manadas se les pasara la remota idea de atacar a la suya.
—¡JungKook! —llamo a su hermano menor en un grito. El menor de los Park apareció por la puerta de su habitación un par de minutos después.
—¿Si, Jimin?
Su hermano, estaba usando los mismos colores que Jimin, pero al revés, el corset rojo y el traje negro. Al contrario de él, parecia muy satisfecho con su vestimenta. JungKook estaba acostumbrado a soportar la asfixia constante de un corset. Al ser el menor de los Park, debia aparentar un aura aún mas femenina que la de su hermano mayor si esperaba conseguir un buen Alfa; eso decia su padre, por lo que para él no era algo complicado.
—¿Estas listo?
—Estas fastidiandome desde la madrugada, llevo horas listo —JungKook se pavoneo por la habitación, mostrando lo excelente que lucia en ese ajustado traje.
—Bien, mamá ya nos espera abajo.
Cuando finalmente lograron distinguir las ruinas del castillo a lo lejos, JungKook se asomo indiscretamente por la ventana del carruaje, sacando toda su cabeza.
—Es impresionante. —alcanzo a decir antes de que su madre lo regresara a su lugar de un tirón.
—Comportante Park JungKook. Ya no eres un niño. —lo riño su madre, cerrando de golpe la ventana.
Eso no era de todo cierto, ni del todo mentira, JungKook tenia, en ese entonces, tan solo quince años. Mientras su hermano, Jimin, dieciocho.
Su padre mientras tanto, mantenía la vista ocupada en la luna llena, que ya comenzaba a ser atrapada por las nubes.
—Los lobos estaran nerviosos hoy, rara vez los pulgosos saben comportarse en luna llena —alejo su mirada de la ventana y observo a sus hijos —. Aléjense lo mas que puedan de ellos.
—Si padre. —contestaron ambos hijos, obedientes.
Al anocher, la manada de los zorros descendió de sus carruajes, eran más de una docena, y si había algo que los caracterizaba era su porte afilado y sus sonrisas eléctricas.
Todos ellos, guiados por su Alfa, Park JiHyung.
Al descender, no pudieron evitar escuchar el alboroto que se aproximaba, detuvieron el paso cerca de la entrada, y observaron de manera recelosa como el aroma se inundaba de pino fresco y lluvia.
—Llegaron los pulgosos. —anuncio el Alfa con molestia.
Como si de un demonio recién invocado se tratase, por el camino, a galope veloz, aparecieron cinco carruajes, de los cuales descendieron de manera lenta la manada de los lobos, siendo guiados por su hermosa Alfa, Min YoonAh.
Detrás de ella, descendió su hijo mayor, Min YoonGi.
Si había algo que distinguía a la manada de los lobos eran las miradas gélidas y las sonrisas llenas de crueldad.
Jimin observo, por un segundo, mas de lo debido, reparando en el cuerpo bien trabajado del Alfa y como el traje negro que portaba parecía esculpir su cuerpo de una forma casi tortuosa para la vista.
De manera repentina, un suave aroma a menta y roble llego a sus fosas nasales, erizando su piel y provocando que su omega se revolcara en su interior de una forma dolorosa.
—Jimin —su padre lo llamo, haciéndolo girar exaltado —, entremos, no hay nada bueno que observar en este lugar.
TaeHyung se abalanzo sobre JungKook como un salvaje.
—¡Luna mía! —exclamo alegremente. TaeHyung aseguraba fervientemente que JungKook era su predestinado, pero que el mayor se negaba a admitirlo ya que según él, era imposible que la diosa Luna lo atara a un Alfa menor que él. Era ridículo.
—Tae suéltame —lo empujo de una manera poco cortés, aún así, TaeHyung no pareció molestarse.
—Kookie esta no es manera de tratar al amor de tu vida —pestañeo.
—Eres un Alfa pequeño y empalagoso, por supuesto que no puedes ser el amor de mi vida. —JungKook se cruzo de brazos mientras se alejaba al interior de las ruinas, donde una fiesta alumbrada por la luz de la luna y las velas, se llevaba acabo.
Jimin tomo la mano de Tae antes de que este pudiera ir tras su hermano.
—Déjalo estar, un día crecerás y seras mas fuerte que mi hermano —le dio un ligero codazo —, debes hacerlo sufrir un rato por ser tan majadero, seguramente seras muy guapo y tendrás a docenas de omegas tras de ti.
—Pero yo solo quiero a JungKook.
El mayor rodó los ojos.
—Olvídalo, lo entenderás cuando seas más grande.
TaeHyung, sin entender, corrió tras su predestinado.
Aquel aroma volvió a envolverlo, advirtiéndole de aquella lobuna presencia.
—Los zorros si que disfrutan de los juegos sucios ¿No? —al escuchar aquella voz, Jimin no pudo evitar girarse con recelo.
—Y los lobos si que disfrutan escuchando conversaciones privadas ¿No?
Al girarse por completo, se encontró con aquel Alfa que había mirado de más, pero esta vez, no le tomo importancia.
—Solo cuando escucho algo que me divierte.
—Fantástico, adiós.
Jimin dio media vuelta, pero antes de que pudiera alejarse lo suficiente, una mano lo sujeto con firmeza.
—No te enojes, pequeño zorrito.
Jimin se giro rápidamente para proporcionarle un duro pisotón al Alfa que lo sujetaba, el hombre alcanzo a moverse y estrello al pequeño omega contra su pecho de un tirón.
Casi como si de una burla se tratara, las nubes despejaron el cielo, iluminando, exactamente a esos dos, los cuales, se separaron al escuchar los murmullos que los rodeaban.
Sintió a su omega removerse alegremente en su interior mientras que una chamana, puente entre las manadas, aparecía en una bruma para hacer el gran anuncio.
—La diosa luna ha hablado; Ha escogido a Min YoonGi, hijo mayor de Min YoonAh la sabia Alfa de los lobos y a Park Jimin hijo mayor de Park JiHyung el astuto Alfa de los Zorros —su voz sale en eco, inundando cada pequeño rincón.
Jimin puede sentir como su corazón late desenfrenado en su pecho, todo esta pasando demasiado rápido y no siente fuerza en ninguna extremidad de su cuerpo. Como si todo fuera en cámara lenta, observa con incredulidad como poco a poco todos los presentes se arrodillan ante ellos, hasta que finalmente llega a la mirada de su padre, el cual con los dientes apretados, también lo hace.
La chamana se acerca a ellos, extendiendo sus manos hacia la luz y agradeciéndola.
—Gracias madre luna por bendecirnos una vez mas con la unión de un Alfa justo y un omega noble.
Jimin no puede sentir otra cosa que no sean ganas de vomitar ante las palabras de la chamana, la cual va en aumento cuando esta tomo la mano del Alfa y la unió con la suya.
>>Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que tuvimos la fortuna de que gobernaran juntos, Reyes Koi.
En cuanto hace el llamado, Jimin puede sentir como su Omega toma el control de manera apresurada, haciéndole perder la conciencia.