Dr. Dron Crónicas de un Atentado.

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Summary

Esta historia está centrada en hechos de la vida real, ocurridos durante la celebración del octogésimo aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, en donde ocurrió el atentado con drones y explosivos, contra el Presidente Nicolás Maduro, acontecidos en los momentos de desorganización política de un país, tras la imposición de una dinastía política secular, que para no perder la continuidad recurre a un modelo socialista, con tendencias populistas, conduciéndonos al Dr. Joseph Armando Falconet, de nacionalidad española, quien siendo médico cirujano, llega a viajar a Venezuela por motivos de estudios de profesionalización, conociendo de forma casual a altos personeros políticos de la oposición Venezolana, involucrándose en los movimientos de liberación de ese país, bajo el apoyo de organizaciones no gubernamentales (ONG), com alianzas internacionales, llevando a un submundo de desestabilización, terrorismo, ante un movimiento internacional de liberación denominado como “La Organización”, donde el propio médico decide internarse bajo el anonimato de esta organización, activándose dentro de una célula clandestina, para neutralizar los principales poderes del estado Venezolano, (Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Moral), así como el principal aliado y apoyo estabilizador de esta nación, (Ministerio de la Defensa, en conjunto con el Alto Mando Militar)

Status
Complete
Chapters
11
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n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1. El comienzo

     La luz del amanecer en Caracas es de un tenue color lechoso, tal ves producida por la bruma que baja desde el Ávila que no dejaría ver el sol que sigue pegado en la línea del horizonte, hace frío, y mi piel de gallina se refugia bajo las sábanas blancas de la cama tamaño king Say del hotel donde me encuentro hospedado, a menudo en la comodidad de mi casa solía creer, que el enorme tamaño de estas camas podrían ser como un jardín donde pueda revolcarse un gran dormilón, e despertado antes de que suene la alarma de mi teléfono celular, restregó mis párpados, más por costumbre que por necesidad, pues se me a espantado las ganas de continuar durmiendo, decidí abandonar mi rutina matutina debido a que la noche anterior había culminado la última reunión finiquitando los detalles con mi equipo, me pica la garganta y notaba un regusto desagradable en mi boca, como si tuviera un cenicero lleno de colillas en el paladar, todo por qué el día anterior había fumado mucho, por lo menos dos cajetillas de cigarrillos Marlboro rojo; me quedo contemplando el techo color blanco de la habitación, buscando en mi interior algo de valor por lo que acontecería el día de hoy, en mis pensamientos transcurre el recuerdo de Neomar Lander, un jovencito de tan solo veintidos años de edad, quien dijo unos días antes de morir por un traumatismo de torax ocasionado por el impactado de una bomba lacrimógena en su pecho, hecho que ocurrió durante una protesta en las inmediaciones de la avenida Francisco fajardo en el municipio Chacao de la ciudad de Caracas (Venezuela), el refería con una camiseta que cubría su rostro en forma de capucha, y aquel casco de skater blanco que lo protegía durante las batallas campales que se suscitaban durante las protestas en la ciudad de caracas, y en donde se inmortalizó por sus célebres palabras realizadas a través de una entrevista que le realizó un reportero, días antes de morir; “La lucha de pocos, vale por el futuro de muchos”, estas palabras se convertiría en lema de resistencia, incluso para otras naciones en dictadura, valla sacrificio que tuvo que hacer este pequeño, pero grande en ideales; interrumpiendo mis pensamientos, la alarma de mi móvil comienza a sonar con aquella melodía “one” del grupo U2, que a diario escuchaba al levantarme, al unísono, vibra mi reloj Smart en mi mano derecha, que se encuentra sincronizado a mi móvil, dejo que la canción suene tratando de mitigar mis nervios, pues ahora es el comienzo de todo un cambio en mi vida, que iniciaria en convertirse en catástrofe, una catástrofe que pudiera llevarme a la cárcel por treinta años, y la verdad yo no sabría como llegar a viejo detrás de las celdas de un penal, o tal vez llevarme a perder mi vida, pero ya a menudo, trataba de huir de estos peligros en cuerpo y Alma, aunque mi vida ya se encontraba perdida desde hace mucho tiempo, pero si no puedo llevar mi cuerpo, al menos que escape mi Alma; el tiempo se demolia a pasos agigantados, esa mañana en que cambio todo, me dirija al matadero, pero uno no sabe a ciencia cierta que las cosas puedan pasar a peor, a pesar de que tengas todo el plan estudiado y planificado en detalles, y así es como inicio todo, yo no tenía mucho que perder, tan solo esperar a que se hiciera efectivo la módica suma sustanciosa de nueve cifras, pero nadie se había arriesgado a realizar un trabajo así, ni siquiera los gringos, pudiéndome convertir en el puñetero héroe de mucha gente, pero el valor y el heroísmo tienen un precio, así que si mi futuro sería una ruleta a la cual tendría que tirar, con la esperanza de no volver a trabajar en mi vida, ni siquiera las próximas tres generaciones de mi descendencia, y así fue como inicio todo lo que habíamos planeado, empezando ahora, como en un limbo del tiempo en donde estarían por llegar aquellas décimas de segundo que detendría en seco nuestras vidas.

     Yo era un hombre contradictorio, supongo que en mayor o menor medida todos lo somos, según como podría parecer, espontáneo, impulsivo, incluso reflexivo, para algunos maníaco compulsivo, pero esto era por el impulso de mantener el orden de las cosas, soy bastante disciplinado y metódico, acostumbro a madrugar mucho, a las cinco de la mañana saltaba de mi cama y antes de ducharme y desayunar, me esfumaba la calle en un chándal a correr, no importara que  lloviera o helara, (de ahí podría decirse que provenía la definición y firmeza de mi cuerpo), por cierto me disculpo por no presentarme, por si no me conocen, mi nombre es Joseph Armando Falconet, soy ciudadano español nacido en la ciudad de Vic, la cual mantiene rasgos históricos de las estructuras románicas de principios del milenio, está ciudad queda en la comarca de Osona provincia de Cataluña, en España, soy Médico Cirujano, graduado en la Real Academia de Medicina de Cataluña (España), esta se encuentra en el recinto urbano que comprende los edificios   del antiguo hospital de la Santa Creu junto con la casa de la convalecencia y el edificio del antiguo colegio de Cirugía, durante más de quinientos años este complejo fue el centro del antiguo sanitario de Barcelona (España),  por las tardes al salir del hospital Lobraguet de Barcelona (España), me dirigía al metro y hacia trasbordo en la estación central, abordando el Renfe (Tren) de las seis y cuarenta y cinco de la tarde, con la intención de   dirigirme a mi casa, la cual se encuentra en un pueblo llamado Torello a unos veinte minutos de la ciudad de Vic,  a las laderas de los Pirineos catalanes, casa la cual me encontraba pagando una hipoteca al banco Santander, y que en ocasiones me ponía en situación, por la falta de completar para pagar los giros de la hipoteca, para algunos mi familia era un poco disfuncional, pero para mí son lo más funcional que tengo en mi vida, pues tengo seis hermosos hijos de cinco relaciones diferentes, pero que por alguna razón que podía yo asumir, debido a mi ámbito laboral y estudiantil, lo cual confieso  me llevo a ser inconsistente con mis relaciones amorosas, pero siempre existía aquella espina que me llevaba a conocer a alguien, y que en lo sucesivo, mantenía con frecuencia relaciones, dónde de pronto surgía un nuevo retoño, pero no por ser inconsistente, significará que fuera un padre irresponsable, pues siempre mantenía contacto con cada uno de  ellos, y ellos entre ellos mismos, pues me procure de que a pesar que fueran hermanos de madres diferentes,  se conocieran y se tratarán entre si, solo en ocasiones y debido a sus ocupaciones estudiantiles se quedaban con migo en temporadas vacacionales, y en uno que otro fin de semana planificado; después de cuarenta y cinco minutos de recorrido en el Renfe por las montañas que van bordeando la comarca, me distraía contemplando  los  paisajes pintorescos, así como los grandes trigales bordados con el colorido de las flores de amapola que le bordean, acompañando como fiel compañera a la inmensidad de espigas, y que en su mayoría a mediados del mes de marzo a mayo comenzaban la recolección de las cosechas del trigo,  al llegar a la estación  atravesaba el pueblo caminando, y que a lo sucesivo, solía detenerme en el puente de la calle Gess, que atraviesa  el rio Ter, me quedaba contemplando los patos silvestres que chapoteaban en el río, haciendo su sonidos característicos, cosa que me relajaba mientras intentaba comprender la majestad de la libertad en tan insignificante ave, a esta hora suele transitar por este lugar mucha gente que salen de sus empleos, y que con el solo gesto de  mano, y acompañado de una  breve palabra a pesar de no conocerte, te cortejan con la frase en catalán, «adeus» (adiós), al llegar a  mi casa, justo al ingresar y cerrar la puerta, dejaba las llaves en la mesa de la entrada, colgaba mi chaqueta y jersey en el perchero,  ingresó por el corredor, que da como una breve antesala para abordar el salón del recibidor,  dejaba mi bolso de hombro sobre el sofá, y me dirigía a la cocina a tomar un sumo de naranja o un vaso con agua dependiendo de la ocasión,  a posterior  me internada en mi pequeño despacho justo al lado de la entrada de la casa, tomaba mis cascos y los colocaba tapando los lóbulos de mis orejas, encendía mi equipo de sonido y colocaba algo de Juan Sebastián Bach, Mozart, o en lo variable alguna ópera posiblemente la Traviata o novena sinfonía de Beethoven subía el volumen  a consideración y  reclinándome sobre mi viejo sillón de piel marrón, dónde comenzaba a estudiar por horas algún procedimiento quirúrgico que en lo sucesivo se escabullían  las horas, se podría  pensar que solo por esto, soy uno de esos tantos médicos prelúdiales  con Ínfulas, pero en público solía bromear sobre mí profesión, y quitarle importancia, pero en lo  privado y en la prácticas,  me lo tomaba con toda la seriedad, y que aún así no me quedaba tranquilo, pues mi vida la llevaba dedicada y apegado a mi trabajo, antes de que todo comenzará a cambiar por una enfermedad, me llevo a tomar decisiones  drásticas, fui diagnosticado con un cáncer, el cual me condujo a formar parte del club de los calvitos,  por el efecto segundarios de las quimios y radios terapias, pero hoy en día mi cabello a crecido  lo suficiente, es de color castaño y algo  lacio, cuando conozco a una chica suele decir que uno de mis atractivos es el color almendra claro de mis ojos, y es que hay pocas personas que su atractivo suele ser el color azul en sus ojos, pero el mío es aún más escaso en cuanto a lo claro que son, y por cierto ya mi color de piel no posee esa palidez  cutánea (color cobre) que suele dejarte los medicamentos para neoclásicos,  al Levantarme de esta enfermedad tuve que esforzarme y trabajar más fuerte,  muy a menudo me tocaban guardias los fines de semana, pues mi economía se veía muy reducida por qué el tiempo que estuve de  reposo, hizo que mitigaran mis ingresos, ante los tantos compromisos económicos y familiares que teniá, por qué prefería en ocasiones pasar necesidad (hambre) para cumplir con las pensiones de mis hijos, tal vez por esto hacia que se mantuviera el buen clima con las madres de mis hijos.

     En el año dos mil Doce se me presento una gran oportunidad de estudio, pues solo disponía de la titularidad de cirujano, pero ansiaba poder extender mi profesión con alguna especialidad o doctorado que me permitiera poder recibir más remuneración por consultas especializadas,  esta enfermedad solo me dejó dos grandes cosas, la primera fue una enorme deuda con mi seguro médico debido a mi tratamiento, y la segunda pero más valiosa fue, la enseñanza del valor de la vida, pocas personas suelen valorarla ahogándose en cualquier situación o problema.

     Un día me encontraba en mi descanso de treinta minutos que solía tomar en la tarde, me dirigí al cafetín en la mezanina del hospital, en ocasiones este lugar se colmaba de compradores y desgustadores de alguna merienda que pudieran consumir, o como  le llamemos «un tente en pie», faltaba varias horas para la cena y yo tenía hambre porque había almorzado muy temprano, al llegar a la entrada del cafetín, me detengo a observar el interior del establecimiento, busco un recodo en el cual pudiera sentarme a comer, las mesas se encuentran abarrotadas como es de costumbre, pero sin embargo a la distancia, sentado en un rincón de la terraza externa del cafetín, observo a mi viejo amigo y compañero de estudios de la academia de medicina  y ahora colega, Omar Mendoza, contemporáneo a mi edad pero  diferenciado por su contextura algo rellena más no obesa, y su baja estatura que al caminar en algunas ocasiones nos tomasen el pelo diciéndonos el diez o el cero uno se aproximan, el es cordobés, con su asentó castellano muy marcado, de cara redonda, en dónde sus ojos color negro algo saltones salían de sus órbitas, combinando con su cabello negro algo alborotado por haber retirado sin precaución el gorro quirúrgico que ocasionaba aquel nido desordenado, pero no tan  alborotado de aves silvestres, su piel es blanca atenuada de pecas, lleva su uniforme de mono clínico color azul marino con una camiseta color blanca que marca la diferencia en contraste, y su estetoscopio negro reposaba rodeando   su cuello,  se encuentra distraído sumergido en la lectura de un libro, me adentro en el cafetín, saludo en silencio con un gesto de afirmación a uno de los vendedores que está detrás del mostrador, mientras camino a la puerta de vidrio templado que divide el espacio en dos ambientes diferentes, propiciando a ser el área externa, un área de fumadores  por estar a  la intemperie en la terraza, está se encuentra refugiada bajo el techo posmodernista de una lona blanca templada por los estrenos que forman triángulos hexagonales, al aproximarme,  la puerta se abre automáticamente en dos hojas corredizas, todo a través de un sensor de aproximación, permitiéndome el acceso, como dándome una bienvenida al típico sentido eléctrico, a un mi compañero no se percata de mi proximidad, lo que me lleva a tomar asiento en la silla contigua frente a el, en su misma mesa sin anunciarme, esto ya era mi costumbre, pues así estuviese de pie junto a el, no sé inmutaría a interrumpir su lectura, dándose por despistado de lo que ocurriese a su alrededor, descuelgo mi bolso de mi espalda y lo coloco en mi regazo, abro el cierre y dentro de su contenido,  saco mi pequeño topper plástico que mostraba difuminado el contenido del mismo, lo coloco sobre la mesa mientras que con la otra mano tomo un envase contentivo de sumo de naranja,  cierro el bolso y me giro y me dispongo para colgarlo en el espaldar de mi asiento, Omar baja su libro descubriendo parcialmente su mirada, me observa y me saluda —¡Hola Joseph!, ¿Cómo estás?— mientras destapó mi topper y descubro el contenido le respondo — ¡Que tal Omar!, aquí con algo de apetito, te vi muy concentrado y no quise interrumpirte—  saco un trozo de viquini (sándwich tostado picado en un perfecto triángulo relleno de jamón y queso amarillo), le extiendo un pedazo ofreciéndole —¿quieres?— rechazando con una expresión  negativa  me responde —¡No gracias!, ya comí hace rato, sabes, quería comentarte que pronto iniciaré estudios de especialización de cardiología— este comentario me sorprendió, pues conocía a Omar desde hace mucho, y a su vez conocía que el y su familia no eran personas con una economía estable, mucho sacrificio habían ya hecho sus padres para poder llevarlo a dónde se encuentra,  pues había sido la promesa familiar  de poder ser el único de su familia en hacer cursado estudios  universitarios, por lo que tengo entendido un semestre de una especialización en cualquier academia de medicina en Europa, suelen costar entre quince mil a veinticinco mil euros sin contar la inscripción y materiales de apoyos como guías y libros que requeriría durante el curso de la misma, ya para mí esto era difícil por la cantidad de gastos que sobrellevaba, pero traté de hacer caso omiso, sin poder disimular mi expresión, por la sorpresa de su comentario,  el lanzo una mirada furtiva observándome, y de pronto rompió el silencio —¿Que te asombra?, ¿No crees que pueda existir la posibilidad que tíos como tú y yo podamos poder hacer nuestra especialización o un doctorado?— no es que no lo creía, es que esto en nuestras condiciones económicas  era algo que tardaría mucho mas, puesto que  debíamos de currar (Trabajar) fuertemente para poder llegar a reunir el dinero, y poder iniciar estos estudios, sin embargo le di el derecho a la duda, y con ingenuidad le pregunté —¿Y como se supone que podréis costear los gastos de inscripción y mensualidad que acarrearía un estudio de este tipo?— se inmutó a sonreírme, con Ínfulas de tener todo resuelto, tomo su maletín de mano que reposaba en la silla que está a su lado izquierdo, lo alzo, y colocándolo sobre sus piernas abrió la capota que lo  cerraba,  comenzó a introducir su mano a siegas en su interior, se percibe el interés de encontrar algo que no consigue, por más que buscaba en el interior de su maletín, se vislumbra su angustia y desespero,  y casi de un salto de sorpresa, su rostro cambio aliviando la  expresión de angustia que se le marcaba, a una expresión de tranquilidad, extrae su ante brazo del maletín, con su teléfono móvil tomado bien firme por su mano, coloca de nuevo el maletín en la silla contigua, y toma su móvil con ambas manos desbloqueándolo, tal vez por qué logre visualizar que dibuja un patrón en la pantalla, comienza a buscar en silencio, haciendo que la incógnita se acreciente y se valla apoderando de mi, levanta su mirada y me observa, extiende su mano con el interés de mostrarme el contenido que marcaba la pantalla, tome su móvil, y mientras me dispongo  a leer un artículo de una noticia,  el empieza a explicar el contenido del mismo —veras Joseph, en Venezuela están promoviendo estudios de grado y pos grado para profesionales de la salud extranjeros— despegue mi mirada del móvil y con extrañeza le observo, no podía entender como un gobierno de un país pequeño podía promover estudios a gente de otros países, ¿Sería a caso la academia de medicina tan grande en este país que llevaría a permitir que otros galenos foráneos puedan capacitarse,  a demás de la necesidades de los locales?, las interrogantes me abordaron, solo se que  en dos    ocasiones había escuchado sobre este país, la primera vez fue por parte de mi profesor de cátedra española, y esto ocurrió por qué abordó el tema de un tío cojonudo,  que siendo nacido en una colonia española, se había levantado en contra de imperio español, logrando la independencia de este país y cinco países más, del resto, una que otra noticia por el Telediario, que podría sonar amarillista al no vivirla, en donde se hablaba de un narco régimen, de escases de productos de primera necesidad, de una híper inflación qué  ahogaba la economía de los venezolanos, y de conflictos internos por parte de la política de esa nación, cosas que en lo particular no me atañían, pues no tenía ningún vínculo que me ligara ese país,  ¿Podría ser esto alguna noticia falsa que levantaban en las redes sociales?, sin embargo Omar se encuentra muy motivado, le retorno su móvil, mientras el termina  de explicarme sus aspiraciones, sonaba muy fácil para ser verdad, hasta bonito como en un cuento de fantasía, dónde al culminar terminas siendo feliz, sin embargo no le di mayor crédito a su comentario, y tomando los trozos de viquini   (sándwich) que me quedaban en el topper, comencé a engullirlos en silencio, Omar observo la hora en la pantalla de su móvil y comenzó a escribir algo breve en el, al culminar se despidió —Bueno Joseph, debo de reintegrarme a mi jornada, ya se me a pasado la hora de descanso, te deje en tu correo electrónico la información para que la estudies y te animes a inscribirte— más que una propuesta, esto en realidad era una proposición directa,  con desapego y mi boca llena, solo afirmé con un gesto, como despidiéndome de él.

        Pasaron varios  días y me tocaba mi día de descanso, me encontraba  reposando en mi despacho, había abierto las persianas permitiendo que la luz del sol se filtrara a mis espaldas a través de los vidrios panorámicos  de un color tenue, me  recliné en mi sillón  a observar una vieja réplica de salvador Dalí que colgaba en la pared principal del despacho, para mí, una de las obras más fabulosas de sus pintorescas obras, “La persistencia de la memoria”,  o como yo le llamo, aunque muchos le llaman los relojes blandos, mientras que otros le llaman los relojes derretidos, y para mi sería como, “El tiempo escurriendo", a pesar que esta magnífica pintura aborda la noción de la temporalidad y de la memoria a través de diferentes objetos cargados, pero que para mí trae a colación los pensamientos que empezaban a conjugarse  un mi interior, el tiempo estaba pasando y aún no existía la remota esperanza de poder iniciar estudios de especialización, mi cabeza daba tantas vueltas que solo cerré mis ojos tratando de calmar mis pensamientos, no sentía ánimos de leer, no sentía ánimos de escuchar música y menos de salir, realmente me siento agobiado, que problema tan grande es querer y no poder,  como cosa del destino sobre la mesita de madera redonda que se encuentra al lado izquierdo de mi asiento;  comenzó a sonar mi teléfono móvil, gire mi cabeza a ubicarlo con mi mirada, pero era tal el desanimo que dejé que corriera aquella melodía “Tot es fosc” del grupo musical catalán Gossos , trato de ignorarlo el repique y al breve se silencia y vuelvo a cerrar mis ojos, insistentemente vuelve a sonar la misma melodía me preguntaba a mi mismo, «¿Quién podría ser?, ¿Por qué tanta insistencia?», abro mis ojos y solo me quedo contemplando el techo de mi pequeño despachó, normalmente las personas que suelen llamarme, conocen  que si no respondo en el instante  deben de esperar a que yo les retorne la llamada, por qué a menudo solía estar en alguna situación con algún paciente que impidiera poder atender mi móvil, el teléfono vuelve a silenciarse, cierro de nuevo mis ojos, no transcurrieron si quiera tres minutos cuando vuelve a sonar el móvil, ya me sentía molesto por la indiscreción e insistencia, estiré mi mano derecha y pasándola sobre mi hombro izquierdo recojo mi móvil y sin ver de quién se tratara, tome la llamada con   agravio —¿Quién  coño es?— aquel tono cordobés era inconfundible, —¡Hola Joseph, disculpa por  importunar, ¿Espero hoz encontréis bien?, pero como tengo días que no te veo por qué no han coincidido  nuestras guardias, deseaba saber si has podido revisar la información que te dejé?, y si ¿Habéis tomado la decisión?,— ni la puta idea se me había pasado por la cabeza de  revisar el correo que Omar me había dejado,  son temas que a veces por lo liado que me había  encontrado durante los últimos días  se me había podido haber pasado, bajando mi tono de voz respondí —No Omar, lo siento, pero no he tenido tiempo de leerlo— que respuesta tan evasiva, como no iba a tener tiempo si hasta sentado en el Renfe (Tren), pude haber revisado su contenido, pacientemente Omar me insiste —¡Vamos anímate!, solo hay chance de postularse hasta hoy a las doce de la madrugada, hora Venezolana, ya yo me inscribí, y ya estoy preseleccionado— ¿Sería esto lo que el destino me deparaba?, podía percibir que el mayor interés de Omar es que quiere que yo le acompañe, no desea viajar solo, es entendible y por qué no decirlo, si habitualmente en la facultad de Medicina éramos un equipo  de estudio dinámico, compaginamos en los proyectos, tesis y exposiciones, sin mediar más pensamientos solo asenté con una respuesta, —Esta bien Omar, ¡voy a inscribirme!, ¿Qué debo de hacer?— todo en la vida siempre tiene un pero, más cuando el descuido te a llevado a no tener el decoro de la responsabilidad o el desinterés, sin embargo Omar aborda mi pregunta  —Joseph, hay un pequeño detalle, la única especialización disponible es medicina crítica (Terapia intensiva)— me quedé expectante en un silencio que a simple vista mostraba el desanimo que me abordó sorpresivamente, y es que la Terapia Intensiva es una de las especialidades más complicadas en conjunto con la Neurocirugía, pues debes de aplicar el pleno conocimiento de la química corporal, que sumado a la comprobación de valores de los exámenes y de los valores vitales del paciente, debes como médico, sacar en conclusión, cuál es el valor y componente farmacológico que pueda traer mejoría al paciente, en su mayoría se encuentra en coma o bajo respiración asistida (Coma Inducido), y de los cuales no tienes la más mínima idea si hay dolor, si el medicamento está funcionando por que el paciente no puede indicarte si ya se siente  mejor, y en lo sucesivo la necesidad de preservar la vida del mismo, tome una bocanada de aire, como tratando de desahogar el pesar, y sin mediar más sólo respondí  —Esta bien, ¡Lo haremos!, voy a ser un intensivista, me  voy inscribir al colgar, cualquier cosa hoz devolveré la llamada,— no me quedaba remedio, o me subía al último puesto del autobús, o continuaba en el desánimo.

     A los dos meses de haberme inscrito fue qué pude  obtener noticias de mi selección, ni un correo, ni ninguna información se rumoraba sobre los inscritos en medicina crítica, de aquel programa educativo que preparaba el gobierno Venezolano, ya comenzaba a   pensar que no lo había logrado, que no me seleccionaron, tal vez había llegado demasiado tarde en inscribirme, pero en el momento que uno menos lo espera, es cuando te cambian la vida, y   como trampa ineludible del destino, llegó aquel correo electrónico que tanto ansiaba,  no era la confirmación de mi preselección, si no la notificación de que había sido seleccionado como integrante del pos grado de medicina crítica, «!En hora buená tio!», ya estaba adentro, en el correo me notificaban que las actividades iniciarían en tres meses, sería justo y necesario este tiempo para  poder preparar mi viaje,  reunir a mi familia y amistades cercanas y contarles mis planes, mi vida tendría que cambiar por completo, viajaré a otro país a currar (Trabajar) y capacitarme en una de las especialidades más competentes de la medicina, a pesar que yo mantenía continua  comunicación y contacto con mis hijos y las madres de ellos, no dejaría en dar a conocer mis planes, nadie solo Omar sería quien tendría conocimiento de lo que estaba aconteciendo, tanto así, que ni en el hospital informé si no hasta la última semana que me retiraría del trabajo, no pretendía levantar expectativas y que de pronto por cualquiera que fuesen la circunstancias se cayesen mis planes,  tal vez para algunos pudo sonar egoísta por  no contar mis planes, sería difícil pero necesario hacerlo de esta forma,  por lo menos una de las cosas principales que debía de hacer es poder reunir a mis hijos y pasar por lo menos un par de fines de semanas para poder despedirme de ellos, serían tres años que estaría sin poder estar con esa fuente de energía que me inyectaban cada uno, por las amistades y conocidos no me afectaba tanto pues eran pocas las personas las cuales mantenía trato, pero así preludia que no estarían de acuerdo, tal vez tildando de locura en hacer ese viaje, como buscando lo que no se me había perdido, pero al contrario, si se me había extraviado algo, y eso era el tiempo que se escabullía de mis manos, el tema que me complicaba y daba vuelta en mi cabeza era, ¿Como hacer para que puedan venir mis hijos?, por lo menos, mi hijo Miguel,  quien es el mayor de todos  con catorce años de  edad , se encuentra en Alemania junto a su madre, José Alexander con solo doce años podría estar presente,  podría pasar por el, por qué vive en Barcelona, Alfonso con nueve años se encuentra en Madrid, estaría un poco difícil al menos que intentara hablar con su mamá y convencerla que venga a Barcelona, pero esto sería una odisea, pues está a seis horas en Renfe (Tren), y a tan solo tres en el ave (Tren de alta velocidad), Alejandro tendría  cinco años y se encontraba afuera en el exterior, específicamente en Santo Domingo, república Dominicana junto a su madre, con el no podría contar, pero algo se me ocurría, Denis Joel tendría tres añitos de edad, estaría en Tarragona, tal ves si madrugara, pudiera buscarlo con el compromiso de llevarlo el domingo en la tarde, esto  sería una odisea, el poder intentar reunir a todos, pero a un más el no  decirles la sorpresa, pero tendría que conformarme con tener a Denis y José Alexander en casa.        

     Llegó aquel  fin de semana tan esperado,  mi último fin de semana que estaría en España, pues  partiría por una larga temporada lejos de todos, lejos de mis hijos, de mi hogar y de mi Patria, mis hijos son  para   mí el dinámo o las chispas de energía que mueven mi motor, el día miércoles sería mi viaje, partiría  junto a Omar a Venezuela, no había  fin de semana  tan  importante para mí como este, sería el momento de develar mis planes, me tocaría contarle a mis hijos mi partida, antes de salir de Tarragona mientras buscaba a Denis me tocaba participar a Mónica Monet la madre de mi hijo Denis, esa mañana nos sentamos en el recibidor de su casa, mis palabras se entrecortaron, como aquel día en que estábamos solos, en el que le pedía ser  novio de ella, Mónica sigue resplandeciendo, su piel clara y su cabello liso largo color rubio, marcaba sobre aquellas pecas que se mostraban en sus hombros descubiertos, por aquel vestido color azul claro que llevaba puesto para la ocasión, ambos  llevábamos separados un año, y sin embargo ella continuaba sola, sin la compañía de alguien que le correspondiera, solía pensar en volver con ella, pero la distancia y los deberes me alejaban de lo que más tarde comprendería que pudo haber sido mi felicidad,  después de  terminar de alistar a Denis y preparar su equipaje de manos, le pedí a Mónica me acompañara a comernos unas tapas, esta sería mi oportunidad en la que podría plantearle  mi viaje, ella acépto mi invitación, decidimos ir al bulevar de la marina en su coche, el día está muy soleado, resplandecido sobre aquel cielo despejado, me encantaba este lugar por lo amplio y la cercanía del mar Mediterráneo, que con su color azul rey y las gaviotas revoloteando marcaba la vigencia natural de la vida del mar, el muelle de la marina a un lado con los botes y yates anclados en los muelles, mientras que unos cuantos botes pesqueros se encuentran sobre la arena, y aquella  serenidad de la playa,  marcaba la diferencia al mar Cantábrico, el cual frecuentaba a correr en su bulevar cuando vivía en Santander, a menudo me detenía a contemplar que como fiera irritable exasperada por el encierro de sus orillas, solía imaginar que abría sus dientes en señal de amenaza como diciendo cuando me arte de verdad vais a ver la que armó, os vais a acordar,   este recuerdo siempre lo llevaba presente, Denis revolotea corriendo frente a nosotros por la caminaría, mientras nos adentrábamos  por el bulevar, decidimos entrar en un establecimiento lo más cercano al mar, el olor al Mediterráneo es característico e inconfundible, nos sentamos en una mesa, frente a la barra cerca de la entrada, yo pedí una   cerveza sin alcohol, adicional de  una tapa mediterránea y un plato de boquerones, la mediterránea  traían seis trozos de pescados sobre un trozos de pan seco con una ensalada y aderezo bien presentada, a diferencia de los boquerones que estaban presentados en un plato redondo haciendo   una circunferencia de ocho  piezas bien representadas con encurtidos sobre cada pieza,     Mónica solicitó una agua gasificada, y  para Denis,  pedí un sumo de naranja, y unas patatas fritas con kétchup que tanto le encantan, después de degustar estos platos, inicié en contarle a Mónica mis planes, al parecer la  noticia no le simpatizó mucho, pues a pesar de sus buenos deseos, podía percibir  su desánimo, pero sin embargo pudo entender que está sería una gran oportunidad para mí, esa mañana después de nuestra plática me llevó en su auto a la estación del Renfe, ya iba a contra reloj, se me había pasado la hora de abordaje,  las cosas no marchaban como lo había planificado,  al llegar a la estación me  percaté que nos habíamos  retardado un par de horas, perdimos el  Renfe de las once y diez de la mañana, el próximo saldría a las dos y diez de la tarde, tendría    que esperar durante las próximas dos horas  en la estación, cosa que fue un poco complicado por la hiperactividad de Denis, al llegar a Barcelona Denis se  quedo dormido, teniendo que llevarlo cargado en mis hombros, tenía mucho tiempo que no cargaba uno de mis hijos dormido, me puse en marcha para pasar  a buscar a José Alexander,  son las tres de la tarde, y después de hacer transbordo en la estación central al metro, y de una breve caminata, hemos  llegado al edificio en el barrio Ravel dónde vive mi hijo José Alexander, a un Denis duerme en el regazo de mi hombro, mientras que con la otra mano arrastro su maleta de mano contentiva de su ropa, el edificio es característico a los edificios de la zona, es de cuatro pisos pero el vive en el tercero,  me     acerco a la puerta de vidrio de la entrada, suelto la maleta a un lado y con mi mano libre toco el intercomunicador que esta junto a la puerta,  una voz femenina me responde, —¡Si!— sin dudarlo le contesto, —¡Hola Judith!, soy Joseph disculpa el retrasó,— sin dejarme terminar de hablar cortó el intercomunicador,  remotamente abrieron la puerta, por las pocas palabras que hemos tenido presiento que se encuentra molesta, nunca había tenido conflictos fuertes con alguna de las madres de mis hijos pero en una oportunidad estando residenciado en Santander, avía llegado a Barcelona a salevisitar a José Alexander, y por no llegar a tiempo, la mamá de José Alexander, no me permitió salir con el ese día, para ella la puntualidad con los niños es primordial, pues dejar esperando, es hacerle mal al niño,  entro  y dejo justo al lado de la escalera en la planta baja del edificio, la maleta de Denis, mientras subo las escaleras hasta el tercer piso con dificultad y con Denis a hombro, me pongo a pensar, ¿Cuál será la actitud de ella?, ¿Acaso se pondría intransigente?, la mamá de José Alexander estaba un poco molesta por qué el niño a cada momento se asomaba desde el balcón, se había cansado de esperarme y se quedó dormido frente al televisor, al llegar a la puerta toque el timbre, observo que desde la mirilla de la puerta se asoman cortando la claridad, la puerta se abre, la madre de José Alexander se encontraba bien  arreglada, luce un pantalón jean blanco ajustado a la cintura con botas color marrones hasta la pantorrilla, un jersey que hacía juego con el color de sus botas, su cabello negro largo y lacio corre por su hombro derecho, lleva maquillaje en su rostro como si fuera a salir,  ella casi de mi tamaño se queda observándome con la puerta abierta  por escaso cinco segundos, como queriendo sancionarme con esta protesta silenciosa por la impuntualidad,   para mí por el agotamiento de subir las escaleras y llevar a hombros a Denis se me hizo una eternidad, sin mediar palabra alguna fuimos interrumpidos en aquel intercambio de miradas por Denis, por fin se despierta —¡Apapi!, ¿Ya llegamos?— lo incline hacia adelante para ver su rostro y le respondí —Listo bebé, ya estamos en la casa de tu hermanito— Judit solo se encogió de hombros y se aparto a un lado abriendo la puerta por completo, al fondo de la sala podría ver dormido a José Alexander, Denis me pide que lo baje y sale caminando a dónde está su hermanito dormido, Judith me invitó a entrar, tomamos asiento en el recibidor, mientras que Alexander se despertó y después de pedirme la bendición y un breve abrazo, se dirigió a su habitación en compañía de su hermanito Denis y comenzó a alistarse, a su vez  jugaba con Denis, dándome el tiempo necesario para contar mis planes a Judit, sin titubear comencé a explicarle sobre mi viaje  a Venezuela, con desasosiego no se encuentra de acuerdo —¿Estas loco?, ¿Vas a viajar por tres años a trabajar y estudiar a un país extraño?, ¿Qué le dirás a Alex?— me pregunta contrariada, —La verdad,—le contesté— ¿Que más  podría decirle?, sabes que no me gusta mentirles a mis hijos—, no me quedaba más que seguir con lo planificado, a pesar de no estar de acuerdo, Judith pudo entender, a fin de  cuenta perdonó mi retraso y permitió que me llevara a Alexander,  ese fin de semana pasó muy deprisa, pude conversar con mis otros hijos por teléfono, Alfonso comenzó a llorar al enterarse de que viajaría, sin embargo con la ayuda de Alexander pudo contenerse y entender que no le dejaría, al contrario de Miguel que fue un poco flexible con el tema, Denis no quise contarle por su corta edad, aunque Alexander me prometió que me ayudaría con el, llamándole y manteniéndose  en contacto con el, yo esperaba que cuando estuviera en Venezuela pudiera poder tener la comunicación a diario  con todos mis hijos,  en cuanto  la madre de Miguel, Alfonso y Alejandro, la más escéptica fue Verónica, la madre  de Alfonso,  no estuvo de acuerdo con este proyecto, solo realizaba  preguntas como   «¿Qué pasará con él?», y si «¿Había pensado en mi seguridad?», al parecer ella tenía más conocimiento que yo, de las cosas que ocurrían en Venezuela, solo asentí con un solo comentario —¡No te preocupes, estaré bien!— ojala  ese comentario se fuese cumplido, pero como todo buen momento concluye pronto, había transcurrió ese fin de semana, y ya todos estaban al tanto de mi partida.