Introducción
El tiempo avanza de manera inexorable y no hay nada que se pueda hacer para modificar su curso. Es imposible lograr que se desarrolle más lento, más rápido, o pretender guardar un poco para el futuro; no regresa y tampoco se queda estancado. El presente deja marcas que se graban con cincel en el pasado y que encaminan hacia un imprevisible destino.
Genética. La evolución humana fue el claro indicio de ello.
Del progreso de la humanidad surgió una encrucijada en la que nació una nueva especie con grandes poderes y capacidades: los mutantes. Al principio eran marginados, hostigados y utilizados, pero las manecillas del reloj hicieron lo suyo, y a varios años del descubrimiento del primero de ellos, se logró su integración en una sociedad humana que les temía y, a la vez, necesitaba de su protección.
Ambas razas lograron coexistir, pero como siempre sucede, el deseo de poder y ambición corrompe a cualquiera. Muchos mutantes se instruyeron en el uso de sus habilidades con el doble fin de defenderse de humanos que los atacaban por temor y proteger a éstos de los Verkommen; llamados también Verks: mutantes corrompidos que buscaban sumergir a la sociedad en depravación. En contrapartida, otros buscaron liberarse del yugo impuesto por humanidad y emplearon sus poderes para rebelarse contra ellos.
Aunque todo parecía normal, de forma inconsciente se vivía una innegable realidad: la supervivencia del más fuerte a costa de la extinción del más débil; por ello, el miedo de una especie hacia la otra jamás desapareció.