Kitsune

Summary

En el clamor de la vida cotidiana, un destello inusual comenzará a desplazar la paz y tranquilidad de la que gozaba Izuku Midoriya.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

«Es de mala suerte entrar a ese bosque» dicen.

«El que pise su territorio no podrá volver jamás» dicen.

«Quien vea las puertas del templo estará perdido» dicen.

Era una noche del mes de Octubre, lúgubre y solitaria. Bajo los oscuros cedros las sombras parecían eternas, y el día, una fantasía lejana. Quebrada por una racha de viento, el agua sollozó intermitente; la melodía fue un angustioso lamento embriagado de inexperiencia y dolor, para la luna y el viento, el agua y el soñador.

Justo en medio de aquel jardín había una fuente, y en la fuente una quimera. Un animal malherido yacía sobre el borde del suelo de piedra, como si hubiese evitado la vegetación al momento de caer, como si las plantas fueran las enemigas. La mitad de su pelaje era oscuro, difícil distinguir en color por la falta de luz, pero el resto era blanco, pulcro; las manchas sanguinolentas sobre ésta mitad, sumada a la respiración flemática y dificultosa, hicieron que Izuku concluyera lo evidente, por lo que decidió acercarse con pasos cautos.

Cada uno de sus sentidos le advirtió dar la vuelta y no mirar atrás, mas no lo hizo. La madera destrozada, arañada y los restos de humo a su alrededor le indicaron que ese no era lugar para él, pero continuó avanzando. De repente, el ambiente se tornó frío y el vaho de su aliento que escapaba de su cubrebocas se hizo notar; sin embargo, la juventud se impuso y se deshizo de su chamarra para tomar al herido animal.

«¿Un zorro?» pensó sin mucho detenimiento, luego de ver la forma de las orejas y el hocico de éste.

Unos graznidos agudos hicieron que un escalofrío reptara desde la base de su columna hasta la nuca. Esta vez no hubo reparos, cogió la linterna que había dejado en el suelo con anterioridad y se dispuso a encontrar el camino de regreso a su hogar.

Izuku no era precisamente un amante de los animales, o una persona entregada al servicio social, tan sólo se trataba de un estudiante universitario promedio con un par de décadas encima, que participaba de manera activa en programas de prevención de incendios.

¿Cómo llegó a ese bosque? ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué estaba allí? Esas eran cuestiones que el noticiero se encargaría de responder a primera hora por la mañana.