𝓤𝓷𝓱𝓸𝓵𝔂
El reloj marcaba las diez de la noche cuando Jung Hoseok, el CEO de una de las empresas de artefactos electrónicos más cotizados en el mercado coreano, por fin pudo despegar su vista del monitor y los documentos que había estado firmando la última hora. Sus empleados se habían retirado minutos atrás, dejando preparados los balances que se verían dos días después, en una reunión extraordinaria que había convocado para manejar el problema de las ventas, las cuales, últimamente, habían obtenido una decaída en sus números, pues la competencia había acaparado todo el mercado debido a que uno de los idols más famosos del medio había recomendado varios productos suyos.
Hoseok era un hombre muy competitivo, lo suficiente para tratar con sus propios trucos bajo la manga en favor del éxito de su empresa y sus conglomerados. Esta virtud –o defecto en la mayoría de los casos- le había llevado a tomar decisiones apresuradas, pero efectivas respecto a los resultados obtenidos. Fue así como consiguió comprar las acciones de una empresa rival y monopolizó sus servicios alrededor de todo el país. De esa manera, también logró expandir los países a los cuales ofrecía sus servicios, llegando a más continentes de los pensados en un inicio. También consiguió tener un buen número de ventas en la bolsa de valores respecto a sus acciones, manteniéndose estable durante años, sin caídas peligrosas que derrumbaran todo lo que había conseguido hasta el momento.
En la única decisión en la que había fallado (así lo veía él desde que decidió firmar aquel papel) fue en su matrimonio.
Kim Yuna era la hija mayor de la familia Kim, uno de los mayores vendedores de celulares de Asia. Su familia vivía entre plumas de oro y eventos de alta sociedad a las cuales no podían ingresar simples ciudadanos sin apellidos importantes. Su empresa se había forjado años atrás, manteniéndose entre los primeros lugares de ventas cada año. Su rendimiento había sido más que magnifico durante los años que estuvo en el mercado, al extremo de llegar a competir con grandes marcas de móviles que se vendían constantemente en el mundo. Para Hoseok, asociarse con aquella empresa, en su momento, había significado el comienzo de su expansión.
Los Kim tenían ese alcance que Hoseok necesitaba, por lo que, en su ambición por llegar más lejos del mercado coreano, decidió aceptar el trato que el patriarca de la familia le había ofrecido: el compromiso con su hija mayor Yuna.
Hoseok, quien tenía amantes con poca frecuencia debido a las horas que invertía en el trabajo, no vio problema alguno en aquel arreglo, aceptó de buena manera la propuesta y medio año después se casó con ella en una ceremonia inmensa que fue envidiada por muchos de sus rivales debido al glamour y el alcance de prensa que tuvo. El matrimonio se desarrolló lo suficientemente bien para que tuvieran dos hijos, ambos hombres, que eran la adoración de su padre y su abuelo materno.
Pero, como era de esperarse en un matrimonio llevado a cabo por razones monetarias, el amor duró muy poco dentro de esa relación. Hoseok y Yuna no eran compatibles en cuanto a personalidades, pues el fuego de la histeria en sus discusiones siempre lograba estallar en los momentos menos pensados. Claro que eso se equilibraba en el ámbito sexual, pues ambos eran tan fogosos en la cama como lo eran en sus discusiones. Sin embargo, el fuego de la pasión pronto fue extinguiéndose, cuando Hoseok decidió pasar más tiempo en el trabajo que complaciendo a su esposa.
Esto marcó un punto sin retorno en su relación y las peleas tuvieron un lugar importante dentro de esta. Las constantes quejas de su esposa respecto a sus horas de llegada a casa y la poca atención que le brindaba fueron aumentando con el pasar del tiempo. Ni siquiera las reconciliaciones sexuales lograban calmar su ira. Nada parecía ir bien en su matrimonio, lo que le causó varios dolores de cabeza y viajes improvisados para evadir los problemas que mantenía en su hogar.
Como padre, Hoseok era un poco más afectivo, pues intentaba pasar todo el tiempo posible con sus hijos. Claro que eran muy pocas las veces donde compartían un día entero juntos debido al trabajo, pero los consentía con demasía, tanto que sus hijos habían encontrado la manera ideal de cubrir su falta de tiempo con regalos.
Si se le veía desde una perspectiva un poco más consciente, se notaba el enorme problema existente en la familia, pero ninguno se atrevía a dar un paso más allá del conformismo, por lo que todo seguía igual.
Hoseok intentaba no ver lo que ocurría, al menos con el problema de su esposa, pues no quería tener que ingresar en un círculo vicioso de peleas sin sentido que desencadenaran en un divorcio imprevisto cuando lo que necesitaba era reforzar ese compromiso político por el bien de su empresa.
Sin amor de por medio, el matrimonio continuó, aunque las llamadas de atención de su esposa aumentaron con el pasar de los meses. Su empresa tampoco obtuvo resultados favorables los meses que sucedieron hasta que una noche, tras obtener una firma importante de publicidad con un grupo famoso en el mundo de entretenimiento coreano, las ventas de sus productos se dispararon en números nunca antes vistos. Hoseok, regocijado y completamente extasiado por los millones que comenzaron a ganar, decidió realizar una celebración entre sus socios para celebrar la hazaña.
Hoseok pensó en una fiesta pequeña dentro de uno de los restaurantes más costosos y discretos de la ciudad, pues conocía perfectamente la perversión de sus propios compañeros y su gusto por las mujeres. Sin embargo, esta vez, no culminó su reunión en acostones dentro de las habitaciones preparadas exclusivamente para ese fin dentro del hotel, sino que lo hizo en otro lugar, uno ubicado entre los pasillos del placer en el mundo subterráneo de Seúl: ORQUÍDEA.
ORQUÍDEA era uno de los prostíbulos más famosos dentro de Seúl, tanto por el buen servicio que se les ofrecía a los clientes en el pequeño espacio usado como bar, como por la exótica variedad de mujeres y hombres que podían contratarse por una noche para regalarles placer. El lugar era concurrido por políticos, empresarios, policías, congresistas, etc. Por todo aquel que deseara pasar una noche de diversión entre las sábanas de un lugar alejado de su hogar.
Hoseok no sabía a qué se estaba enfrentando cuando sus socios lo llevaron a ese lugar, echando flores al servicio y a las mujeres en cada comentario que hacían de allí. Su intención principal había sido abandonarlos una vez que terminó su cena, pero su insistencia fue tanta que no pudo más que portarse diplomático en ese asunto y los siguió hasta Orquídea.
El ambiente era caótico para Hoseok, pues nunca antes había visitado un lugar como aquel. Desde los colores neón hasta el espectáculo de hombres tocando a mujeres sin descaro en los asientos distribuidos en el salón enorme, todo ello le parecía demasiado impropio. No sabía cómo desenvolverse en un ambiente de tal clase y pronto se vio abandonado por sus compañeros, quienes fueron en busca de diversión nocturna contratando a alguna mujer.
―Genial, me dejaron solo esos imbéciles ―dijo de mala gana.
Conmocionado por todo el espectáculo, Hoseok intentó irse, pero le fue demasiado difícil hacerlo después de ser captado por varias de las anfitrionas, quienes lo llevaron a rastras a uno de los asientos vacíos del lugar. Le sirvieron un par de bebidas y lo orillaron a dejarse consentir por alguna de las mujeres disponibles, sin embargo, Hoseok se negó en más de una ocasión, sintiéndose indispuesto a cometer tal acto deshonroso en contra de su imagen.
La dueña del lugar, viéndolo tan reacio a obtener el placer que se le ofrecía, se acercó al hombre, quien no se había ido todavía por culpa de las insistentes damas, y le sonrió de tal manera que Hoseok creyó ver al mismo diablo.
―¿Por qué un hombre tan apuesto como usted visitaría este lugar sin intenciones de probar algún bocado? ―cuestionó, mientras se sentaba a su lado―. ¿Acaso ninguna de estas jóvenes bellezas ha sabido complacerlo, señor?
Hoseok solo bufó, molesto por permanecer allí.
―Solo quiero irme de aquí.
―¿Visita Orquídea para luego irse? ―cuestionó―. Eso nunca ha pasado antes.
―Lamento si estoy dándole una mala reputación a su prostíbulo siendo el primer cliente que desea irse, pero no me apetece permanecer en este lugar por más tiempo ―dijo―. Fui traído aquí por unos compañeros de trabajo, pero jamás quise hacerlo.
La mujer comprendió a lo que se refería, pero no dejó que se marchara. Lo retuvo un poco más, dejándole un vaso de alcohol entre las manos, mientras las mujeres que lo acompañaban continuaban seduciéndolo con sus cuerpos y caricias.
―Puedo darle a una bella dama para que lo entretenga, señor ―dijo la mayor―. Aquí podrá encontrar la diversión necesaria para hacerle olvidar los problemas que tiene en casa o para celebrar algún triunfo reciente.
―No me interesan ninguna de sus mujeres ―afirmó.
―Oh, entonces, ¿le interesaría alguno de nuestros hermosos muchachos? ―ofreció―. Puede encontrar todo tipo de placeres aquí.
Hoseok, ofendido, alejó el vaso de alcohol que le ofrecía.
―No soy gay ―dijo.
La mujer no supo qué más ofrecer para que Hoseok permaneciera en ese lugar, pues el hombre parecía tan harto de ella como del ambiente. Sabía que estaba pisando terreno peligroso cuando lo vio apretar los puños con enojo, por lo que decidió dejarlo tranquilo y les ordenó a sus mujeres que se retiraran, disculpándose en el proceso por su insistencia.
Hoseok, libre por fin de aquellas mujeres, decidió ponerse de pie y arregló su traje para retirarse por fin de allí. Cuando estaba a punto de salir, sin embargo, una voz profunda, melodiosa y lejana lo detuvo por completo. El desconocido interpretaba una canción sensual, con una letra sumamente sexual oculta entre metáforas y palabras censuradas. Hoseok descubrió de inmediato que no se trataba de una mujer, sino de un varón, un hombre de voz profunda que debía estar en el pequeño escenario del burdel, cantando para ambientar el lugar antes de perderse entre las habitaciones para complacer a alguno de los clientes que le llegaría esa noche.
Curioso y conmocionado por la profundidad de su voz, Hoseok se dio la vuelta y observó en dirección del pequeño escenario. Allí, se hallaba un joven hermoso de cabello azabache, mirada profunda y rostro perfectamente perfilado. Su cuerpo estaba al descubierto debido a la abertura de su traje de plumas que se movía en cada uno de sus pasos. Su voz era mucho más varonil de lo que imaginaba, grave, profunda, todo lo opuesto a los jóvenes que ofrecían en el burdel. Su cuerpo estaba correctamente proporcionado, colocando músculos en sus brazos, pero dejando una cintura pequeña y piernas lo suficientemente fuertes para aguantar todo tipo de práctica sexual.
Hoseok se quedó hipnotizado por él, tanto por su cuerpo como por su voz. Pronto, sintió un fuego naciente en su interior, uno mucho más ardiente y sofocante que cualquiera que hubiese sentido anteriormente. Se ahogó por un segundo debido a la impresión causada y sintió como su miembro se levantaba, extasiado por la figura colocada frente a él.
Jung no sabía lo que ocurría con él, por lo que se quedó de pie en la entrada, aún observando al hombre que se mantenía interpretando las últimas líneas de aquella canción. La mujer que antes lo había acorralado en el asiento, se acercó a él una vez más y le sonrió, cómplice.
―Su nombre es Taehyung ―dijo―, es uno de mis mejores trabajadores. Normalmente, tiene muchas peticiones, pero es tan selectivo que no muchos logran pasar una noche con él. Si usted decide quedarse, no dude en que lo tendrá en su habitación tan rápido como lo desee.
Hoseok negó una vez más y se marchó de allí sin decir alguna otra palabra.
Esa noche llegó a su hogar y le hizo el amor a su esposa, tratando de quitarse de la mente aquella imagen lujuriosa de Taehyung. Intentó por mucho tiempo, pero cuando conseguía olvidarse de aquello, su figura volvía a desestabilizar su tranquilidad a través de sueños húmedos o simples recuerdos inesperados. Hoseok nunca se había sentido de esa manera y, preso del deseo que aumentaba cada día por ese joven desconocido, visitó Orquídea más pronto de lo que imaginó.
La misma mujer lo recibió, victoriosa por haber tenido la razón al decir que volvería en algún momento. Lo llenó de mujeres bellas y licores costosos para retenerlo en su asiento mucho más tiempo del esperado. Hoseok la retuvo del brazo, treinta minutos después de su llegada, cansado de tantas largas innecesarias, y enojado le dijo:
―Quiero al joven que cantó aquella vez. No quiero a otro. Lo quiero a él.
La orden fue demasiado clara. La mujer se apresuró a preparar todo para recibir al demandante empresario y Hoseok pudo por fin probar del fruto prohibido llamado Taehyung. El joven era tan bueno como le habían dicho al inicio de su encuentro, supo muy bien como satisfacerlo y embrujarlo en el proceso, pues no pudo continuar acostándose con alguien más después de él.
Sus visitas, por supuesto, aumentaron con el pasar de los días, hasta que se convirtieron en meses llenos de placer y pecado, envuelto entre las sábanas de un sucio prostíbulo a merced de un joven hermoso que no hacía más que satisfacerlo de todas las maneras posibles. Pronto, Hoseok exigió exclusividad, pagando grandes cantidades de dinero para que nadie más se atreviese a tocar al muchacho. La dueña del prostíbulo se negó en un inicio, pues Taehyung era su más demandado trabajador, pero los números dados por Hoseok terminaron convenciéndola de manera temprana.
Fue de esa manera que Hoseok se convirtió en el dueño de Taehyung, siendo el único cliente que atendía dentro del prostíbulo, además de haberse convertido en su amante y el causante de los reportes en su tarjeta de gastos en ropa, comida y joyas.
Hoseok dejó de asistir todos los días a ese lugar, cambiando sus visitas a los fines de semana, donde se sentía más libre de visitar Orquídea sin levantar tantas sospechas. Los problemas en su matrimonio continuaban, al igual que el estrés acumulado por los asuntos de su empresa; pero Taehyung siempre estaba dispuesto a escucharlo desahogarse como también estaba dispuesto a brindarle la ayuda necesaria para que se olvidara de todo.
Los fines de semana se habían convertido en sus días favoritos, porque podía visitar a su amante durante el tiempo que deseara.
Esa noche de sábado no fue la excepción. Una vez que dieron las diez de la noche y Hoseok no tuvo más intenciones de continuar martirizándose con la reunión del día siguiente, decidió dejar todo en orden dentro de su oficina y salió de su empresa sin mucho preámbulo. Pensó que su noche iba a ser placentera hasta el infierno, pero antes de poner en marcha su coche, una llamada entrante de su esposa le impidió continuar.
―Son las diez de la noche, Hoseok, ¿dónde mierda estás? ―fue el primer reclamo que llegó en cuanto contestó su llamada.
Hoseok solo suspiró y se enfrentó a ella, como siempre lo hacía.
―Estoy en la empresa ―dijo, tranquilamente―, y me quedaré aquí un rato más.
―Los niños están preguntando por ti desde la mañana ―mencionó ella―. Deberías dejar tu trabajo y venir con ellos.
―Mañana pasaré todo el día con ellos, se los prometí el día de ayer. No puedo dejar todo aquí en este momento. El día lunes tenemos una reunión importante.
―Deja de lado esa maldita reunión y ven a casa ahora mismo. Es increíble que siempre estés dándole prioridad a tu estúpido trabajo antes que a tu familia.
―Hago lo que puedo para que no les falte nada a nuestros hijos.
―Pero, no cumples tu rol como padre ni como esposo.
―Eso no es cierto.
―Nuestros hijos tienen que esperar hasta el fin de semana para compartir un día entero contigo y a mí ni siquiera me das una noche. ¿Sabes lo terrible que eres cómo marido?
―No tengo tiempo para esto, Yuna ―dijo, molesto―. Si todo lo que harás es quejarte, no debiste haberme llamado.
―Por supuesto, cuelga la llamada, como siempre lo has hecho. Ni siquiera sé por qué lo intento. No te interesa en absoluto.
Hoseok permaneció en silencio.
―Vete a la mierda, Jung Hoseok.
Dicho esto, la mujer colgó la llamada y Hoseok pudo respirar tranquilo. No le dolía en absoluto que su mujer le dijera ese tipo de insultos, pues estaba acostumbrado a ello. Sentía que ella tenía razón al hacerle ese tipo de reclamos, pero no podía hacer mucho por cambiar su actitud. No era ella la culpable de lo que ocurría, era él, solamente él quien había convertido su matrimonio en un infierno. Si se quedaba a su lado era únicamente por sus hijos, pues no deseaba que vivieran lejos de él mucho tiempo (aunque ni siquiera tuvieran muchos momentos compartidos).
Hoseok bufó, golpeó el volante de su auto por un minuto, y se encaminó a Orquídea, donde sabía que podría encontrar la paz que necesitaba. Para muchos de los que trabajaban y vivían en esa zona no se les hacía raro verlo en ese lugar. Ya se había hecho una especie de costumbre ver su lujoso auto estacionado a unos metros de aquella calle del placer, pero nadie se había atrevido a hacerlo público por miedo del poder que el hombre tenía en sus manos. Era solo un secreto a voces que nadie confirmaba, pero que muchos replicaban.
Como era recurrente, las luces neón y el ambiente lleno de perfumes lo recibieron al ingresar a Orquídea, junto al saludo habitual de la mujer que lo había recibido la primera vez en aquel lugar. Las mujeres lo rodearon por un momento, intentando seducirlo para tener una noche con el guapo empresario, pero rápidamente fueron alejadas por la propia dueña, quien conocía perfectamente la poca paciencia que tenía el hombre y la fascinación excesiva por un muchacho en especial.
Hoseok agradeció mentalmente la acción, pero no se detuvo a tomar una charla mucho más larga con ella. Le era imperativo llegar hasta la habitación especialmente separada para él los fines de semana, donde lo esperaba el pecado hecho hombre.
―¿Está aquí? ―cuestionó Hoseok cuando la mujer lo llevó a través de los pasillos.
―Siempre está aquí, esperando por ti ―respondió ella―. Como sabes, no ha vuelto a tomar hombres, solo permanece aquí por ti y para ti, Jung Hoseok.
El brillo del orgullo se instaló en su mirada tras escuchar aquello.
Hoseok fue trasladado hasta la segunda habitación más lujosa de Orquídea, donde los aromas se confundían con afrodisiaco, llamando a los hombres a ingresar por las puertas que desfilaban frente a ellos para pecar de la forma más placentera existente. El empresario no esperó a que la mujer lo despidiera, solo ingresó, dispuesto a olvidarse de los problemas que tenía en casa en brazos de su ángel del placer, como solía llamarle.
Taehyung lo esperaba allí, sentado frente al pequeño tocador de la habitación, mientras se arreglaba el cabello con los dedos y retocaba parte del maquillaje que lucía aquella noche. Cuando la puerta fue cerrada tras él, no dudó en voltear en dirección de la entrada para saber quién lo visitaba. El rostro de su amado lo hizo saltar de la silla y corrió hasta sus brazos, abrazándolo con fuerza por no haberlo visto durante una semana entera, solo gozando de su compañía a través de llamadas y mensajes que no le satisfacían del todo.
―Me has extrañado mucho, al parecer ―dijo Hoseok con cierta diversión.
―Lo hice, señor Jung ―respondió con una sonrisa coqueta―, mucho más de lo que imagina.
Si Hoseok pudiera describir con palabras todo lo que aquel joven causaba en su interior, no podría haberse detenido en algún momento, siempre hubiese alargado las palabras pues las sensaciones eran infinitas. No sabía qué le encantaba tanto de él, si lo hacía su voz, su cuerpo, la manera en la que se movía en el sexo o íntegramente todo de sí. No lo sabía con exactitud, pues siempre encontraba algo que llegaba a gustarle del menor y siempre se quedaba con ganas de obtener más de él. Era un juego sumamente caótico, donde Taehyung había llegado a hipnotizar sus sentidos al punto de no obtener más el control del que tanto amaba gozar en su vida.
Taehyung era mucho menor que Hoseok, se llevaban nueve años de diferencia, pero el empresario seguía sintiéndose profundamente enamorado de él.
―Lo noto tenso, señor Jung ―dijo el azabache, mientras lo guiaba a la cama―. ¿Ha sucedido algo en su empresa o en su hogar?
―El lunes tengo una importante reunión con mis socios para tratar la baja de ventas de nuestra empresa ―explicó―. Y en mi hogar, ya sabes, mi mujer volvió a quejarse de mis llegadas tardías a casa. En ocasiones, siento que debería pasar más tiempo con ella, pero me es imposible hacerlo.
―¿Es por su falta de deseo hacia ella?
―En absoluto ―respondió―. Es debido a mis ambiciones. Siento que, si abandono mi trabajo un solo día solo por cumplir sus peticiones, no obtendré los resultados que deseo.
Taehyung sonrió, mientras lo sentaba en el filo de la cama y se colocaba en medio de sus piernas.
―¿Qué ha cambiado conmigo? ―cuestionó, con una pequeña sonrisa― ¿Por qué abandona su trabajo de tal manera para venir a verme?
Hoseok le devolvió la sonrisa, mucho más seductora y cómplice.
―Eres valioso para mí, pequeño ángel ―respondió―. No dudaría en dejar todo atrás si se trata de ti.
―Entonces, permíteme convencerte de tener ese trato especial hacia mí un poco más.
Hoseok no se opuso a la oferta, no cuando era recurrente que Taehyung le hiciera perder la cabeza ante el mínimo toque.
El jovenzuelo no tardó mucho en ir directo a sus pantalones para acariciar su miembro apenas despierto por sobre la tela de este. Mientras lo hacía, su mirada ensoñadora, provocativa y sensual se posaba en el rostro del mayor, quien gozaba de cada uno de los movimientos de su amante, como de su seducción silenciosa a través de miradas. Le resultaba tan lujurioso observarlo acariciando su entrepierna como la manera en que batallaba para bajarle los pantalones y gozar por fin de su verga.
Taehyung era fanático de los juegos previos, esas pequeñas dinámicas que ayudaban a calentar más a su pareja para ganar el punto máximo de su excitación y obtener unos billetes más de recompensa por su ardua labor. Era tan conocedor del sexo como del arte, leyendo siempre obras sensuales que iban mucho más el erotismo y la praxis. A su corta edad sabía cómo enloquecer a un hombre, pero, sobre todo, sabía cómo enloquecer a Hoseok.
Sus labios fueron directamente a la verga del hombre, deleitándose con la vibración de sus músculos cuando enredó su lengua a través de la carne. Hoseok dejó caer su cabeza hacia atrás, mientras, con sus dedos, sujetaba los cabellos de su amado ángel y lo controlaba a su antojo. Taehyung degustó su miembro con paciencia hasta que fue su garganta la que tomó toda su extensión por entero. Hoseok gimió de manera sonora, llevó sus dedos a realizar más presión en el cabello de su amante y pronto lo tuvo yendo a un ritmo mucho más rápido.
―Mierda… ―suspiró, perdido en el placer―... te comes tan bien mi pene, cariño.
Hoseok no pensaba en nada. Su mente se hallaba sumido en el placer otorgado por los labios de su amado. No pensaba en su familia, ni en su trabajo, mucho menos en la hora. Incluso dejó de pensar en los remordimientos que le causaba estar en un lugar así, en lugar de acompañar a su esposa. Solo se hundía cada vez más en la lujuria otorgada por Taehyung, en sus acciones derivadas de su encuentro y en la manera en que sus propias manos se movían por sí mismas para marcar el ritmo de la boca de su amante.
El placer se extendió, pero Taehyung no deseaba que acabase en su boca a solo minutos de haber comenzado. Tomó la batuta dentro de aquel encuentro y liberó a su miembro duro segundos después, volviendo a seducir a Hoseok a través de su mirada. Con una mano acarició la verga dura y se acercó hacia su amado para besarle los labios con pasión. Hoseok recibió el beso, degustó su propio sabor en los labios de su amado y le tomó la cintura con fuerza para no dejarlo escapar.
―Déjame tomar el control esta noche ―susurró Taehyung―, y prometo que después podrás follarme de todas las maneras posibles.
―Taehyung…
―Sé cuánto te gusta que te monte, permíteme hacerlo esta noche también.
Hoseok no tuvo deseo ni voluntad para ir en su contra, solo asintió a su petición y se desvistió de manera rápida bajo la atenta mirada de su amante. Taehyung hizo lo mismo, pero se volvió un poco más lento a la hora de despojarse la ropa que lo cubría, se volvió más sensual y llamativo a los ojos de Hoseok, tanto que disfrutaba del espectáculo, pero también lucía impaciente por arrancarle la ropa de un tirón para tomarlo rudamente en aquella cama.
Taehyung, leyendo sus pensamientos, solo empezó a reír y se quitó la última prenda que opacaba su desnudez. Gateó hasta donde se hallaba su amado recostado y acarició su miembro una vez más para mantenerlo tan erecto como lo había dejado un minuto atrás. Usó su saliva para humedecerlo un poco y le colocó el condón él mismo, tomando el control como le había indicado al mayor antes.
Hoseok se quedó por un momento quieto, a la espera de sus próximos movimientos. Taehyung se acercó hasta él, le robó un beso profundo y colocó sus piernas alrededor del torso de su amante. Le acarició el pecho con suavidad, besó su cuello, su mandíbula y sus manos. Disfrutó de él por un buen rato hasta que guio los propios dedos del empresario a su entrada para que sintiera la humedad de esta. Taehyung se había preparado con anterioridad a su encuentro, conocedor de los deseos de su amante esa noche, para agilizar el proceso y para que no fuese demasiado doloroso para él recibirlo. Aunque amara el dolor en algunas ocasiones, esa noche quería obtener un poco más del placer que obtenía todas las noches a su lado.
Taehyung se mordió el labio de manera seductora, sintió como los dedos de su amante se abrían en su agujero, tanteando cuán preparado se hallaba para recibir su enorme miembro. Sus caderas se movieron por sí solas con el movimiento de sus dedos, un corto gemido escapó de sus labios cuando la otra mano de Hoseok se cerró en su cadera para sostenerlo con fuerza, mientras con sus dedos se encargaba de darle un poco más de placer. Taehyung jadeó y pronto Hoseok también lo hizo cuando la mano traviesa de su joven amante se paseó alrededor de su verga.
Todo fue un mar de sensaciones hasta que Taehyung, tras una sonrisa, apartó la mano ajena de su entrada y se posicionó sobre la pelvis de su amante. Tomó el miembro erecto de Hoseok entre sus manos y subió sus caderas de manera que su entrada rozara con la punta de su pene. Subió y bajó apenas, haciendo un vaivén lento de caricias presuntuosas que no tenían afán de terminar tan pronto como esperaba. Hoseok lo tomó de las caderas, pero no lo obligó a nada, dejó todo en sus manos para que fuese él quien buscase el placer por sí mismo.
La sonrisa encantadora de su amante lo deslumbró por un segundo, se sintió cohibido por el nuevo remolino de emociones cálidas que se albergaba en su pecho tras verlo tan hermoso y encantador sobre él, lo que lo impulsó a seguir acariciando su piel acompañando las estimulaciones del menor.
Taehyung disfrutó de su toque por entero, pudo sentir como los dedos del mayor se paseaban a través de su cuello, de sus pezones (donde se tomó su tiempo para pellizcarlos y acariciarlos hasta que se pusieron erectos por sus caricias), de su vientre y finalmente de su propio pene, el cual también se hallaba erecto.
El menor alineó el miembro de su amante contra su agujero, se aseguró de que estuviera bien posicionado y, posteriormente, descendió por completo. Hoseok sintió como la estrechez de sus paredes lo recibía, sintió el esfuerzo que colocó el menor para tomar por completo su verga, sintió la respiración entrecortada de su amado y pronto se vio envuelto en una nube de placer lo suficientemente intensa para dejarlo sin respiración por unos segundos.
Taehyung colocó sus manos en el pecho de Hoseok y subió sus caderas hasta que solo sintió la punta de su miembro. El agarre del mayor se intensificó en sus caderas, Taehyung sonrió en su dirección y volvió a hundir la polla en su agujero hasta que desapareció por completo. La misma acción fue repetida en diferentes ocasiones. Taehyung se sujetó del pecho de Hoseok hasta que no le fue necesario hacerlo y pronto alzó los brazos, colocándolo sobre las manos del mayor, las cuales todavía continuaba en sus caderas.
Primero fue solo un sube y baja lento, pero pronto se vio a sí mismo saltando sobre la polla que tan bien lo estaba follando. Taehyung gemía, mientras sus caderas hacían el trabajo por sí mismas. Pronto la habitación se llenó del aroma del sexo y de los sonidos morbosos que hacían al chocar ambas pieles. Hoseok solo se contuvo a sí mismo para extender ese momento, queriendo no terminarlo de manera tan repentina. Pero no podía hacerlo por mucho tiempo, Taehyung se movía demasiado bien sobre él, tanto para perder la cordura.
―Mmmmgh, daddy… ―murmuró el menor―, me follas tan bien…
Los movimientos de Taehyung cambiaron, empezó a realizar círculos alrededor de su miembro, moviendo las caderas en una coreografía que dejó sin aliento al mayor. Hoseok jadeaba en cada movimiento, mientras Taehyung parecía tener control absoluto de sus acciones.
―Tócame, señor Jung ―mencionó―, tócame como siempre lo haces.
Taehyung se apoyó en las piernas de su amado esta vez y volvió a subir y bajar sobre su polla. Hoseok acarició el miembro del menor y lo bombeó repetidamente, mientras este seguía deleitándose con el alcance profundo de su amante. Ambos gemían, sudaban, se encontraban extasiados por las acciones del otro, se sentían en completo deleite de su propio sexo. Taehyung continuaba montándolo a pesar del temblor de sus piernas y de su propio orgasmo. Hoseok se sentía ansioso por liberarse y alcanzar el cielo como todas las noches, pero deseaba tenerlo un poco más sobre su polla, saltando sobre esta, mientras lo veía acariciarse sus pezones por sí mismo.
―Cariño…
Jung lo haló a su pecho, lo besó con profundidad y lo abrazó fuertemente. Taehyung sonrió entre el beso cuando descubrió lo que intentaba hacer y volvió a gemir cuando una estocada fuerte y firme atravesó su agujero. Jung levantó sus propias caderas, mantuvo firme sus piernas sobre la cama y comenzó a follarlo por sí mismo, mientras lo tenía aún abrazado a su pecho.
―Señor Jung… ―jadeó―, por favor…
La petición murió en sus labios cuando Hoseok aumentó la velocidad y la fuerza. Pronto lo soltó del abrazo, pero no dejó de tocarlo. Sujetó su culo con fuerza y arremetió una vez más en su interior. Las sensaciones se multiplicaron entre ambos. Taehyung disfrutó de sus acciones deliciosamente, al mismo tiempo que se corría en el pecho de su amante, incapaz de continuar con aquello. El orgasmo lo desorientó un poco, pero las embestidas fuertes del mayor lo contuvieron sujeto a la realidad una vez más.
Segundos después, Hoseok gimió sobre su oído y por fin se liberó dentro del condón, dejándose llevar por el abrazador orgasmo que aumentó cuando Taehyung volvió a besarlo.
Ambos, cansados y satisfechos por partes iguales, decidieron tomarse un respiro y se quedaron recostados sobre las sábanas llenas de sudor, semen y placer. Sus respiraciones se volvieron menos aceleradas conforme fue pasando el tiempo. Hoseok acarició el rostro de su amante con adoración, completamente enamorado de aquel hombre que le regalaba las noches más placenteras y los momentos más alegres de su vida.
Taehyung cerró los ojos ante el contacto de su mano y se acurrucó en el pecho de su amante.
―¿Cuánto tiempo te quedarás? ―cuestionó en voz baja.
Hoseok observó el reloj de la pared, viendo como ya pasaban las once y cuarto de la noche. Se había perdido tanto en el menor y sus ansias de tenerlo en sus brazos que no se percató de lo tarde que era. Pensó que lo mejor para él era tomar sus cosas e irse de inmediato, pues así podría apaciguar la molestia de su mujer, pero no podía hacerlo, no mientras tenía a Taehyung a su lado en ese momento.
―Me quedaré un rato más ―prometió.
Taehyung asintió y se quedó en silencio.
El tiempo pasó para ambos, pero no se sintieron incómodos por no decir palabra alguna, fue todo lo contrario, se sentían bien en compañía del otro, solo tocándose y sintiéndose juntos.
―¿Será así toda la vida, señor Jung? ―preguntó, con miedo―. ¿Tendré que esperarlo aquí todo el tiempo?
―Taehyung…
―No es que me moleste hacerlo, ¿sabe? Yo estaría dispuesto a esperarlo aquí por mucho tiempo, pero temo que, cuando llegue a cansarse de mí en algún momento, todo vuelva a ser como antes. Usted dejará de pagar por tenerme a su lado y volveré a ser vendido al mejor postor. Será un poco desolador para mí continuar de esa manera.
Hoseok se preguntó si había pensado en ello durante todo el tiempo que estuvieron juntos, si ese temor del que hablaba estuvo inmerso en su interior durante tanto tiempo. No tenía cómo responder a ello, pues tenía mucha razón en lo que decía. En algún momento, si llegaba a ocurrir algo entre ellos, tendría que volver a ese lugar y tendría que acostarse con los hombres que pagaran lo suficiente para tenerlo en su cama. Era su trabajo complacer a otros, después de todo.
Y él estaba dispuesto a tolerarlo, pero no se creía capaz de hacerlo por mucho tiempo. Después de probar al hermoso joven, creía imposible su paciencia para verlo en brazos de otro. No podía hacerlo. Ese hombre le pertenecía desde el primer momento que lo tomó, en esa misma habitación, muchos meses atrás. No podía simplemente permitir que otro lo tocara de la misma manera, se creía incapaz de hacerlo.
Hoseok nunca antes se había sentido posesivo con alguien, solo con su trabajo y sus logros. Ni siquiera su mujer había despertado eso en él. Pero Taehyung era diferente. No sabía si se debía a su alma competidora que se negaba a ver como otro hombre tomaba a su amante o si se debía al amor que había surgido por él, pero no veía como opción dejarlo a merced de otros.
―Tú eres mío, Taehyung ―dijo, sujetando su rostro―. Nadie más va a tocarte.
―Pero, si usted…
―No pasará ―afirmó―. No me cansaré de ti, ni te dejaré abandonado en este lugar. Serás mío por mucho tiempo. No permitiría que alguien más te tomase, no mientras viva.
Taehyung le sonrió y lo abrazó con fuerza. Hoseok correspondió al abrazo con el mismo amor que el menor parecía sentir por él, prometiéndole sacarlo de ese lugar de manera pronta. Estaba dispuesto a gastar todos los millones que fuesen necesarios para obtenerlo para sí mismo. Se lo compraría a la mujer dueña de aquel burdel o se lo robaría. No importaba. Lo tendría para él sin importar lo que pasara.
Hoseok imaginó un futuro con el menor, mientras Taehyung sonreía, oculto de su vista, porque había encontrado el escape perfecto de ese mundo y había encontrado a un hombre que lograría cumplir cada uno de sus caprichos. Solo debía quitar a su familia del camino y lo tendría para sí mismo el resto de su vida. Ese siempre fue su plan y no dudaría en terminarlo con éxito.









no esperaba ese final de tae