Capítulo 1: Visión de tunel
Miguel O’Hara POV
“Aquí vamos de nuevo, una última vez.
Mi nombre es Miguel O’Hara, Spiderman de la Tierra 2099, un universo futurista donde Spiderman existió hace muchos años. Me vi en la obligación de tomar la responsabilidad de ser Spiderman en este universo. Encabezo un equipo de élite conocido como la Sociedad Arácnida, donde velamos por la seguridad del multiverso, salvando millones de vidas humanas, arácnidas y evitando la destrucción dimensional”.
Miguel miró con lasitud y algo de hastío los incontables hologramas que se presentaron ante él. Resultaba extenuante pasar su tiempo solo observando que todo fuera tal cual debía ser. Miguel cavilaba y siempre concluía; mirar los acontecimientos de cada universo no debía ser tarea suya, de hecho, no debería ser una tarea para nadie, en absoluto.
¡Por el amor de Dios!, tenía que atender cada paso descuidado que daban sus subalternos en los universos a los que los enviaba en misiones. Lo hacía porque sabía que simplemente eran...
Incompetentes.
Solo podía confiar en muy pocos, solo aquellos le brindaban cortos periodos de esparcimiento, pero ni siquiera eso. Cuando no estaba cuidándolos como a niños pequeños, estaba trabajando junto a Lyla buscando anomalías o realizando estadísticas y probabilidad sobre anomalías que surgían, con qué frecuencia ocurrían y la probabilidad de que se repitieran.
Añoraba los días de misiones arriesgadas y aventuradas, cuando su tiempo se consumía en un laboratorio pretendiendo mejorar sus habilidades mediante el suero que su cuerpo frecuentaba.
Pero sabía que si él no lo hacía, nadie ocuparía ese cargo. Y suponiendo eso traería consigo consecuencias aciagas.
Para siempre.
Presionó levemente con índice y pulgar su tabique nasal, experimentando los efectos fisiológicos del estrés y el cortisol subyacentes en sus vasos sanguíneos . Era desesperante tener que limitarse a eso día y noche.
¿Y ellos se quejaban de su mal humor? ¿Y qué pasaba con él? Nadie empatizaba con su ira, nadie se cuestionaba las causa constante y recurrentes de su irascible actitud.
-Imbéciles- masculló Miguel en español. Solo de pensar en todo el trabajo que tenía por delante para toda la vida, sintió cómo la bilis era excretada de su hígado y se elevaba por su esófago abrasando e inflamándolo.
-¡Wow! Tranquilo, tigre. Ni siquiera hay un solo Spiderman cerca-, dijo Lyla, la IA de Miguel, levantando las manos en señal de calma, tratando de evitar una posible ronda de alaridos infinitos por parte del corpulento hombre.
-Es que de verdad... ¡No puedo!- exclamó Miguel, extendiendo los brazos hacia los hologramas para expresar su molestia hacia ellos o lo que estuviera allí -¿Por qué seguimos enviándolos en misiones, Lyla? Les encanta fallar de manera catastrófica. ¿Realmente estamos trabajando con verdaderos Spider-Man?-
-Los sigues enviando porque las anomalías son de sus propios universos. Si enviáramos a personas aptas...- Lyla hizo un gesto de comillas con ambos dedos al pronunciar las palabras -... podríamos ocasionar otras anomalías, incursiones y un centenar de cosas que saldrían mal-
Soltó un suspiro cansino, dejo caer su cabeza hacia adelante, como si la gravedad ejerciera un verdadero efecto, acompaño su asentamiento colocando ambas manos en sus caderas, y replico: -Manda a Jess, a Ben y a Max, el de la Tierra 2211. Ningún Peter Parker, no queremos causar alguna mala impresión. Solo que hagan reconocimiento, nada mas.
Volteó para ver a Lyla seriamente, aún con ambas manos en la cadera -Tenemos que averiguar la causa de la presencia de anomalías en cantidades grandes y su desaparición en ese mismo periodo de tiempo y sobre todo sin ser intervenidas por nadie- Lyla no esperó que Miguel dijera nada ni respondiera, solo desapareció.
Miguel frotó su barbilla lentamente, tenía que afeitarse a la brevedad. A pesar de encontrarse en medio de una edad “madura”, aborrecía la percepción de una superficie áspera, sobre todo tratándose de vello facial o corporal. Lo hacia creerse un individuo inmundo y sucio.
O al menos así se percibía a si mismo Miguel, era normal incluso que el se refiriera a el mismo de maneras muy desagradables.
En el transcurso de las postremas semanas se detectaron de 10 a 15 anomalías en un solo universo. Eran bastante, y así con la eventualidad con las que se manifestaban, solían disiparse en un instante, Miguel lo explico como virtualmente un Spiderman tomando malas decisiones, pero recapacitando posteriormente.
Pero por la recurrencia de los acontecimientos, no podía considerarlo solo una eventualidad.
Algo sucedía en el multiverso. Algo profundamente incitante, pero no por menos extremadamente preocupante y peligroso.
Estas anormalidades discontinuas acostumbraban a exponer una pauta muy marcada, mostrándose cada cierto periodo en un universo en especifico.
Hoy el equipo elegido iría a ese universo.
Miguel fue notificado por los 3 arácnidos que habían arribado al universo. Una sensación de intranquilidad y cierto desasosiego invadió su cuerpo. Nunca se había hecho frente a algo similar, y no estaba de más decir que estaba poco a sucumbir a sus deseos por estar ahí, incluso si no era nada de mayor importancia, necesitaba salir de esa horrida y lóbrega estancia.
Irreflexivamente, palpo su gizmo y destinó el emplazamiento con el número de la Tierra. Sin dilación se mostro antes sus carmines ojos un portal, antes de partir atinó a decir -Lyla, voy a estar ocupado, encárgate- Aprisa atravesó el portal, sin considerar si la IA había hecho caso a sus palabras.
Justo después de su arribo, llevo a cabo un reconocimiento visual e inspección de la zona.
“Nueva York, qué novedad”.
Ascendió raudo y ágil a un conjunto de departamentos hasta la cornisa para entrever mas clara su ubicación. Inclusive entreoyó la motocicleta de Jessica, suponiendo que no se hallaban aun muy lejos dejaría que ellos hicieran el reconocimiento y él por su lado realizaría el suyo.
Desafortunadamente, Miguel no gozaba de un sentido arácnido que lo socorriera ante cualquier peligro o riesgo, no podía siquiera advertir si habían incluso personas en su extrarradio. Y advertir la presencia que lo observaba desde una torre arriostrada fue algo irrealizable, no pudo reparar en aquella figura esbelta la cual fijaba sus ojos en la silueta musculosa de Miguel. La silueta entorno su mirada en un signo de disentimiento con la presencia de aquel hombre.
Miguel advirtió una ligera presión la fracción posterior de cuello alarmándolo, al parecer aquella mirada generaba una sensación tan enérgica capaz de sentirse sin ningún sentido arácnido.
Giró lentamente y no atisbo ni chispa de esa presión. Viro su cuerpo totalmente y solo pudo observar una torre, a pesar de eso un sensación de encontrarse estrictamente vigilado no abandonaba su cuerpo. Su instinto lo obligaba a retirarse. Saltaba con fuerza de techo a techo, sosteniéndose de sus garras para facilitar la acrobacia de acceder a los espacios mas elevados, todo de manera discreta y silenciosa.
Pasos atrás un contorno lo acompañaba casi a la par, no podía dejar que Miguel estuviera suelto como cachorrito haciendo de las suyas.
El hostigador anónimo atino a soltar una risa diminuta con el propósito oscuro de mofarse de O’Hara, no podía creer que aquel hombre con los sentidos acrecentados no pudiera ni siquiera percatarse de su presencia. Siguieron unos minutos hasta que Miguel se detuvo en el alfiler de un viejo edificio de bomberos, aquella sombra hizo el intento de quedar del lado contrario del edificio, en otro alfiler, aunque la oscuridad pareciera jugarle una mala broma, pues no presto atención a un tabique cuarteado debido a lo viejo y golpeado que estaba, por lo que unos pedazos de escombro y cemento seco cayeron haciendo un ruido diminuto.
Un ruido que nadie identificaría, era apenas perceptible para el oído humano.
Pero para el desarrollado oído de Miguel esto no era regla, el sonido no provenía de su base, incluso tuvo lugar después de su aterrizaje. En ese momento Miguel se percato que alguien estaba acompañándolo, giro agresivamente,encontrando un vacío sobre aquella tapia cuarteada.
Se aproximo a la zona notando un brillo reflejante, aquel brillo que ofrece la telaraña fina de cierto artrópodo. Aquello que le hizo desechar tal idea fue el grosor y el largo de la hebra, esta era similar a las telarañas generadas por los disparadores de ciertos arácnidos aunque era un poco mas peculiar que eso, destacaba por un extraño color negro.
¿Que carajos?¿Telaraña negra?
De algo de lo que Miguel podía alardear era de su excelente retentiva, y conocía el nombre de cada uno de los Spiderman que laboraban en la sociedad, sabia que ninguno tenia telaraña negra, menos uno que residiera en ese universo.
-Coño ¿Cómo no me di cuenta que alguien venia siguiéndome?- Miguel reconocía que todo este tema de las nuevas anomalías lo tenia tan concentrado que había bajado la guardia. Era un imbécil, pudo haber comprometido toda la misión.
-Lyla- llamo Miguel con una voz bronca y penetrante.
-Miguel- nuevamente apareció Lyla y observo la telaraña negra que Miguel mantenía entre sus garras -¿Acaso este asunto que te mantuvo tan ocupado eras tu intentando lanzar telarañas y ahora lanzas telarañas de un color dudoso?- Aprisa un destello impacto en las manos de Miguel, Lyla se había adueñado de una imagen holográfica de la telaraña, posteándola en alguna plataforma social y colocado una descripción: “La primera telaraña de Miguel, crecen tan rápido”
Miguel frunció el entrecejo, que ideas tan retorcidas surgían de la programación de Lyla -No es así, investiga todos los universos donde exista un Spiderman o Spiderwoman con la habilidad de lanza telaraña negra, y orgánica-
-¡Pero por supuesto Miguel! ¿Algo mas?- Lyla se inclino hacia Miguel mientras colocaba una mano tras su oído, aguardando palabras amables.
-¿Cómo que algo mas? Es todo, regreso a la Sociedad arácnida- Abrió un portal, había perdido mucho tiempo y se había expuesto a algo desconocido.
-Soy una IA Miguel, pero estoy muy segura que los humanos, incluso los no tan humanos como tu dicen 2 palabras después de pedir algo- Lyla mostraba una sonrisa ingeniosa, sabia lo mucho que Miguel sufría para pedir un favor, todo eran ordenes.
-Por favor, Lyla, hazlo ya- Gruño e intento atrapar a la IA entre sus manos, ocasionado su escape y una carcajada.
Miguel ingreso en aquel portal luminoso, aun con la telaraña en la palma de su mano y giro hacia sus espalda teniendo una vista de aquella ciudad nocturna, su ser le ordenaba de manera impetuosa y algo violenta su permanencia, era algo chocante, pero iba a partir sin importa lo que su instinto demandara.
Remotamente, la propia figura que agobiaba la presencia y el espacio de Miguel observaba delicadamente, rendida y en cunclillas en una la arista de una vanguardista construcción, reparo en la ingrávida rotación, sus pupilas fijas hacia aquella densa lobreguez, y por un instante espero ser identificada, lo cual no fue así.
Aquella brecha dimensional desapareció, autorizándose a liberar un tris acompañado de un viento proveniente de lo mas hondo de sus pulmones.
Continuamente su curro se comprometía. Y librar a Miguel solía ser sumamente problemático.









Lyla es una csm, yo solo digo JAJAJAJA