El Resplandor de las Luciérnagas

Summary

Luciérnagas. Ese era el último recuerdo de infancia que tenía con su mejor amigo. Su primer amor. Ahora con diecinueve años, YunHo es un joven omega que tiene claro lo que quiere; Lo primero, reencontrarse con su mejor amigo. Lo segundo, ser su compañero. "Solo quiero que me reclames y me hagas tuyo, ¿es tan difícil de entender?" Top! MinGi; Bottom! YunHo SafeCreative 2303053728661 © All rights reserved

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Capítulo Único

Luciérnagas.

Así lo recordaba.

Una noche calurosa de verano, los dos corriendo descalzos por los largos pastizales que cubrían el extenso territorio de la manada, ellos inocentes niños queriendo divertirse, el día pareciéndoles poco para estar juntos gracias a sus deberes, la noche siendo la única que les permitía ser libres de las responsabilidades.

Aún podía recordar como los ojos de su amigo brillaban, iluminados por la titilante y misteriosa luz de las luciérnagas, su sonrisa entusiasta mientras atrapaba una y se la acercaba para que la observara.

Con solo ocho años de edad YunHo sabía que estaba enamorado de su mejor amigo, su infantil corazón latiendo fuerte en su pecho, sus labios tironeando en todo lo amplio y ancho que podían mientras sus manos se rozaban para tomar la luciérnaga que el otro le ofrecía, su cara iluminándose ligeramente ante el brillo del minúsculo insecto antes de que se fuera volando de ahí.

Buscaré otra. Ven YunHo, te enseñaré atraparlas

Con esas palabras, su mejor amigo lo había tomado de la mano y lo había llevado de nuevo a correr por los pastizales, sus risas alzándose, mientras las titilantes luces lo rodeaban en un paraíso nocturno sacado de un cuento de hadas.

Ese fue el último recuerdo de infancia que tuvo con él. El último que habían compartido antes de que su amigo cumpliera ocho años unos días después y fuera llevado lejos de él.

Esas eran las reglas de la manada.

Todo niño alfa o beta era separado de su familia a los ocho años para ser llevados a los Barracones. Ahí eran educados severamente, un tanto en ciencias básicas y literatura, pero principalmente se enfocaban en el arte del combate, de la supervivencia y poder defenderse. Al ser cambiaformas lobos, el territorio era importantísimo, el mantenerlo seguro de otras manadas una prioridad. Era por eso mismo que desde muy jóvenes los hombres, exceptuando a los omegas, eran entrenados para convertirse en fuertes lobos con la capacidad de protegerse a sí mismos, a su gente y a sus familias.

Era duro, YunHo lo sabía. Gracias a relatos, historias que le contaba su padre antes de dormir sobre su infancia, es que él tuvo conocimiento de ese mundo que le era ajeno. Su padre le había contado lo difícil que había sido para él los primeros días, cuando había entrado a los Barracones y había descubierto que debía dormir en el piso junto a otros niños. De cómo era vivir con solo una comida al día y el resto teniendo que obtenerlo con sus habilidades de caza, que en ese entonces no eran muy buenas. No al menos a los ocho años de edad.

YunHo lo escuchaba con ojos muy abiertos y sorprendidos, su pequeño estomago estrujándose de solo imaginar de tener que sobrevivir en base a su propia fuerza. De tener que estudiar, luego ejercitarse y combatir con sus pares para finalmente ir a cazar a los bosques que rodeaban la manada hasta alzarse por las montañas, para obtener un poco de comida. Él no se creía posible de tal cosa y era en esos momentos que agradecía ser un omega.

Solo por eso es que él no era enviado a los Barracones sino que se quedaba en casa, con sus padres, su vida siguiendo su curso normal en la escuela donde estudiaba con el resto de omegas y betas mujeres de la manada, para luego regresar a su hogar ayudar a sus padres en lo que necesitaran o salir a jugar con sus amigos.

Sus mayores preocupaciones eran estudiar y luego asistir a su madre en la cocina, donde ella le enseñaba cada una de sus recetas para que llegado el día, él pudiera hacerle los mismos deliciosos platillos a su futuro compañero.

Si, compañero. Uno que se decidiría cuando cumpliera diecinueve años.

Según la tradición de la manada, toda mujer y omega masculino que cumplía los diecinueve años estaba listo para encontrar compañero y formar una familia, claro que para emparejarse se llevaba a cabo una celebración.

La Celebración de Luna Nueva, en la cual no solo se festejaba el encontrar un compañero, sino también el paso de la niñez a la adultez.

Cada año, en la Luna Nueva del mes de Agosto, se llevaba a cabo la celebración que se dividía en dos partes. La primera parte se llevaba a cabo una competencia, en donde participaban los futuros prospectos a reclamar un omega o beta mujer como compañera. En ella todos los alfas y betas que habían cumplido diecinueve años y salían de los Barracones como orgullosos guerreros, tenían el privilegio como la oportunidad de participar en la competencia, no solo con el fin de encontrar su futura compañera o compañero, sino también para demostrar todo lo que habían aprendido en esos años.

Era su demostración de fuerza y madurez, adultos listos para ser parte nuevamente de la manada y defenderla.

La competencia era una serie de enfrentamientos, peleas de quince minutos de duración donde debían defender su orgullo, mostrar sus habilidades ante la manada y derrotar a su contrincante para subir al siguiente nivel.

Era feroz, sangriento y hasta algunos habían quedado con secuelas. Aun así era un honor y privilegio, pero sobre todo un orgullo el poder llegar a participar en esa competencia y ser el vencedor de todos los enfrentamientos, porque con eso no solo demostrabas que eras el mejor de tu generación, sino que por tu hazaña te daban la oportunidad de escoger primero que omega o beta deseabas como compañera o compañero durante la ceremonia de Luna Nueva, la segunda parte de la celebración.

Eso sí, aunque el primer lugar tenía la posibilidad de elegir, siempre quedaba la decisión final a manos del omega o mujer que había presenciado la competencia definiendo si el alfa o beta era digno o no de ser su compañero.

En otras palabras, la competencia no era solo para demostrar su fuerza ante su manada y sus pares, sino también para sorprender a su futura pareja y ganarse su aprecio para que lo aceptara, el primer lugar teniendo la oportunidad de elegir primero y así sucesivamente hasta el décimo lugar, el resto de los participantes sin posibilidad de elegir ya que no eran dignos aún para tener descendencia.

En general, hasta ahora muy pocos se habían visto en la vergonzosa posición de ser rechazados, las contadas ocasiones siendo casos muy específicos en donde el omega o beta en cuestión no fue sorprendido o sus intereses estaban en otra persona.

Personalmente YunHo esperaba no tener que llegar al punto de rechazar a alguien, de hecho esperaba todo lo contrario.

Sus esperanzas estaban puestas en que su mejor amigo lograría hacerse con uno de los primeros puestos y le pediría ser su compañero, ese siendo su mayor anhelo.

Desde que lo había visto partir con lágrimas en los ojos a los ocho años de edad, YunHo se había enfocado en esperarlo, en soñar que volverían a reunirse y verse las caras en la Celebración de Luna Nueva, las estrellas en la noche siendo sus únicas compañeras mientras se imaginaba ese momento al ver de nuevo la cara de su amigo.

Y ahí estaba, el día por fin había llegado.

Con diecinueve años cumplidos en primavera, YunHo estaba en la flor de la juventud con el resto de sus compañeros y compañeras omegas y betas, sentados todos en las primeras filas de ese gran estadio, los asientos siendo preferenciales para que vieran las batallas y pudieran tomar una decisión frente lo visto.

Cada uno con una corona de flores en la cabeza que representaba que estaban listos para ser escogidos, YunHo observaba nervioso la arena esperando que los luchadores entraran.

Su pierna se movía inquieta, el tan ansiado momento llegando finalmente, sus dedos enredándose los unos contra los otros mientras esperaba y esperaba.

- ¿Ansioso?

La vocecita lo hizo pegar un brinco en su lugar antes de darse vuelta y hacerle frente a su inesperada visita.

- WooYoung, ¿Qué haces aquí?- consultó una segunda voz sin darle tiempo a YunHo de hablar, YeoSang un bonito omega de facciones delicadas adelantándose.

Por su parte, WooYoung, un omega de tez bronceada y desbordante personalidad, sonrió con astucia ante la pregunta, sus brillantes ojos resplandeciendo.

- ¿No esperarán que me quede atrás y los deje solos con toda la diversión, o si?

- No sé de qué diversión hablas. Es ver un montón de lobos persiguiendo sus colas por quince minutos. No le veo lo interesante…- sentenció YeoSang arrugando la nariz.

- Eso es porque no te interesa ninguno de los alfas que está ahí, ¿No te gustaría cambiar de lugar?

Tanto YunHo como YeoSang alzaron una ceja, sus cabezas negándose en unísono a la petición de su compañero de clases y amigo. Lamentablemente para WooYoung las reglas eran muy estrictas respecto quienes podían sentarse en primera fila para ser seleccionados y esa regla era tener diecinueve años cumplidos antes del 31 de Agosto, la misma regla corriendo para los alfas y betas. Al haber nacido en noviembre, WooYoung quedaba automáticamente fuera de la selección, su opción para ser compañero de un alfa o beta quedando para el próximo año.

Era injusto, tanto YeoSang como YunHo lo sabían, pero no había nada que pudieran hacer para remediarlo ni forma de cambiar las reglas.

- Sabes que no puedes…

- ¡Oh, vamos! No sean así…háganme un espacio, nadie lo notará- lloriqueó, poniendo su mejor cara de perrito abandonado.

YunHo y YeoSang se miraron. Aunque YunHo conoció a WooYoung y a YeoSang al entrar en la escuela de la manada a los ocho años, habían crecido juntos desde entonces, siendo compañeros de clases y de alguna que otra travesura…

- Espero que nadie te note- fue la respuesta de YunHo mientras se hacía a un lado discretamente.

- Nos vamos a meter en un gran lío por tu culpa- dijo en cambio YeoSang moviéndose también, WooYoung sonriendo ampliamente.

- Son los mejores, ya verán que nadie me notará- pronunció muy seguro colocándose entre sus amigos para luego darle a cada uno un muy sonoro beso en la mejilla que hizo a YunHo reír mientras que YeoSang bufó molesto.

- Pues si eso sucede será un milagro- fue lo único que pudo pronunciar YeoSang antes de que se anunciara la entrada de los competidores.

YunHo en ese momento dejó de prestar atención a su alrededor, la gente que lo rodeaba pasando a segundo plano mientras sus ojos barrían la arena entre las diferentes caras buscando alguna que tuviera al menos un rasgo que le recordara a su amigo de infancia.

Sus facciones, su distintivo cabello…

Sobre todo su mirada, esa que le hacía sentir mariposas, sus ojos recayendo en uno en particular.

- ¿Lo encontraste?- consultó WooYoung sabiendo bien en que estaba su amigo.

- Creo…que si- pronunció finalmente YunHo, todavía sorprendido y es que no era para menos.

En su memoria, su amigo tenía rasgos infantiles, las mejillas más abultadas, una sonrisa adorable e inocente adornando su cara. Lo que se encontró frente a él era totalmente opuesto.

Era un hombre, hecho y derecho.

Los años habían sido benevolentes con él, sus rasgos eran muchos más agudos y afilados, sobre todo su mandíbula. Sus ojos ya no se veían cálidos, sino fríos y la inocente sonrisa había sido cambiada por un rictus serio y tieso.

Ese ya no era su amigo, no al menos el de sus recuerdos.

- Se ve diferente…- expresó aún desconcertado.

- ¿Y qué esperabas?- exclamó WooYoung- Han pasado once años desde la última vez que lo viste y bajo un increíble entrenamiento, ¡esos músculos hablan por sí solos!

Y YunHo no pudo estar más de acuerdo en ese punto.

Si algo sobresalía de todos los hombres ahí formados eran los musculosos brazos y abdomen, al portar solo unos pantalones gastados no dejaban nada a la imaginación, su amigo sin quedarse atrás.

Aun así, por muy bien formados que estuvieran sus cuerpos o cuanto habían crecido, YunHo sentía que el hombre frente suyo ya no tenía ni una chispa del ingenuo niño que él había conocido y eso lo hizo retorcerse en su asiento.

¿Cuánto habría cambiado en todo ese tiempo?

Pero lo más importante, ¿Podrían llevarse bien si es que volvían hablar? ¿Podrían tener una conversación siquiera?

Esa y muchas otras preguntas comenzaron a bombardear su cabeza mientras el líder entregaba su discurso antes de dar oficialmente inicio a la competencia, los primeros competidores quedando solos en mitad de la arena.

YunHo intentó tranquilizarse, su mirada al frente aunque sin ver nada en realidad, las imágenes que eran captadas por sus ojos apenas siendo procesadas ya que su cabeza estaba mucho más enfocada en pensar en su amigo de infancia y todas las interrogantes que habían nacido en su interior con solo verlo. Totalmente distraído, no se percató como las peleas iban transcurriendo una tras otra, los fieros gruñidos que los lobos lanzaban mientras se atacaban unos a otros sin siquiera perturbarlo hasta que escuchó que anunciaban la siguiente pelea, el nombre de su amigo resonando en el aire.

Song MinGi.

YunHo alzó su cabeza y por vez primera sus inquietos ojos castaños se posaron con totalidad en la arena, su mirada fija en el alto y poderoso hombre que avanzaba enfundado en nada más que solo unos pantalones de mezclilla, su tonificado torso, espalda y hombros siendo toda una visión que lo dejó con la garganta seca, pero no menos inquieto.

Sus ojos divagaron por la deliciosa piel bronceada, pasando por los marcados abdominales hasta recaer en los oscuros ojos de su amigo y notar que este lo observaba.

MinGi lo había visto desde lejos cómo prácticamente se lo devoraba con los ojos, YunHo sonrojándose hasta las orejas al verse descubierto en tan vergonzosa situación, mucho más cuando MinGi le dedicó una soberbia sonrisa que le indicaba cuan consciente había sido de su escrutinio.

Lo peor es que YunHo sintió que su cuerpo se calentaba por completo ante ese simple gesto, la sonrisa de MinGi haciendo que él sonriera como un bobo por inercia, casi sintiéndose en las nubes.

Un pequeño empujón en su hombro lo hizo bajar a tierra.

- Así que ese es tú amigo- dijo WooYoung divertido- No está mal y por cómo te mira está claro a quién va a reclamar cuando termine la competencia

YunHo sintió que los colores se le subían por el rostro y una risita abandonaba su boca ante solo el pensamiento.

Carraspeando, trató recomponer su compostura.

- Ya lo veremos- dijo, la sonrisa sin poder desaparecer de su rostro, hasta que la pelea comenzó.

Fue ahí que su gesto cambió, primero de asombro al ver como en un pestañeo MinGi pasaba a convertirse en lobo, la tela de los pantalones volando en todas direcciones estas apenas tocando el suelo cuando MinGi ya estaba enfrascado en una colosal pelea que estrujó por completo el estómago de YunHo, él recién preguntándose si todas las peleas habían sido así.

Los gruñidos le erizaron la piel, sus dedos se crisparon aferrándose a la tela de la túnica blanca que lo obligaban a usar para tal ocasión, sus ojos sin perderse movimiento.

Era increíble y aterrador a la vez.

Cuando el tiempo terminó y dieron por vencedor a MinGi, recién ahí pudo llenar sus pulmones totalmente de aire, YunHo sintiéndose algo mareado.

- Bueno eso estuvo intenso- comentó WooYoung a su lado- Y pensar que con esto recién estamos en la primera fase

-¿Primera fase?- consultó YeoSang mas allá, su voz sonando algo inquieta.

- Si, estas peleas son preliminares para descartar a los más débiles, las siguientes serán entre los vencedores hasta que quede un único campeón

¿Más débiles?

YunHo no estaba seguro a que se refería WooYoung con “débiles”, porque nada en esa pelea le pareció débil, el contrincante de MinGi dando lo mejor de sí, siendo un digno oponente. La sola idea de que ahora MinGi tuviera que pelear con otros lobos igual de fuertes o aún más, lo hizo sentir enfermo.

- Creo que voy a terminar enfermo después de esto- soltó YeoSang como si fuera una prolongación de los pensamientos de YunHo, el omega llevándose una mano a la nariz- El olor a sangre ya me está mareando

- YeoSang no exageres, no es tan terrible. Solo intenta no respirar, si tanto te molesta

YeoSang miró con mala cara a WooYoung.

- ¿Quieres que me ahogue acaso?

- Entonces arruga la nariz para sentir menos

YeoSang rodó los ojos ante las absurdas opciones que le daba su amigo, sus ojos mirándolo desconfiado cuando vio sus brazos alzarse en dirección a su cabeza.

- ¿Qué haces?- consultó queriendo apartar las manos de su amigo.

- No es nada, quédate tranquilo. Solo voy a sacar una flor de tu corona, será una de atrás y así no se notará. Así podrás olerla cuando te sientas muy mareado por el aroma a sangre- le dijo al final, su mano tomando hábilmente una de las pequeñas flores rosadas que formaban la corona y se la pasaba a su amigo que gruñó algo similar a un “gracias” apenado.- ¿Necesitas una también YunHo?

YunHo negó con la cabeza.

- Estoy bien

O eso esperaba. Esperaba ser lo suficientemente fuerte para resistir todas las peleas que se venían por delante, sobre todo en las que participaba MinGi.

Los siguientes cuarenta y cinco minutos fueron más álgidos que antes, YunHo sin estar muy seguro si eran impresiones suyas por no haber estado atento a las primeras peleas o realmente esos grandes lobos se veían cada vez más feroces con cada minuto que pasaba. Era claro que el entrenamiento había dado sus frutos, si de algo estaba seguro es que su manada estaba protegida frente ante tan formidables y bravos cambiaformas.

Cuando llegaban ya a las tres horas, YunHo ya tenía el estómago revuelto, preguntándose porque sus antepasados habían dispuesto tan bárbara demostración de fuerza. Claro que durante su educación, a él y al resto de sus compañeros los habían formado con la firme convicción que serían madres de guerreros y que por tanto no debían andarse con sentimentalismos, esa misma competencia siendo el epítome del orgullo cambiaformas.

Según lo que le habían inculcado él debería estar disfrutando del espectáculo, firme y crítico, analítico a quien sería el futuro padre de sus hijos, el mejor par de músculos que podrían traer una fuerte descendencia y beneficiar a la manada.

YunHo sabía todo eso y aún así, no podía cumplir su papel.

Miró hacia un costado viendo la fila de omegas. Al ser mujeres tenían una posición más privilegiada que ellos, que quedaban al final con YeoSang por ser los únicos omegas masculinos. No es que tuvieran menos posibilidades de concebir o traer una descendencia menos fuerte, pero al ser una minoría habían terminado ahí y aunque no era algo que le molestara particularmente, en ese momento si sintió una diferencia.

Una diferencia de actitud.

Ellas si se veían erguidas, orgullosas y altivas, sus mentones alzados mirando meticulosamente cada batalla, YunHo sintiéndose algo cohibido y avergonzado por no lograr hacerlo.

¿Pero cómo es que podría mostrarse así cuando su mejor amigo era atacado con zarpazos y mordidas, algunas heridas sangrando hasta llegar al piso?

Simplemente no podía. No podía aparentar que no sentía, cuando era totalmente lo contrario.

Tragó a duras penas cuando vio que un lobo era lanzado contra el piso con fuerza. YunHo miró a su otro costado esperando encontrar en sus amigos algún gesto que no lo hiciera sentirse el único bicho raro de la manada que parecía atragantarse con lo que veía.

Para su decepción, WooYoung se veía muy tranquilo, su mentón apoyado en su mano, él mirando con cierta curiosidad y hasta aburrimiento. Para su suerte y alivio, YeoSang en cambio parecía que tenía la flor pegada a su nariz de tanto que la olía, su piel tomando un tono mortecino que si llegaba a ser más blanca sería preocupante.

Bueno, al menos con eso sabía que no era el único afectado por la pelea.

Suspirando, decidió que lo mejor era mirar sus dedos, retorcerlos hasta decir basta esperando que todo llegara a su fin por una vez por todas.

Esperó, de repente alzaba su mirada y luego la bajaba, sus pies pareciéndole lo más interesante del mundo, como si nunca hubiera visto que cada uno tenía cinco dedos y en total formaban diez. ¿Tenía acaso un lunar cerca del dedo meñique?

Estaba comenzando hacer memoria si ese lunar era nuevo o lo tenía de siempre cuando en eso WooYoung se movió a su lado, al parecer algo llamando su atención y sacándolo de su estado de aparente indiferencia.

- Ahí viene de nuevo- lo escuchó susurrar con cierta emoción contenida, YunHo alzando sus ojos si de por casualidad era MinGi.

-¿Quién?- preguntó al no ver a su lobo.

- El lobo de pelaje plateado

- Hay dos lobos de pelaje plateado- puntualizó YunHo.

- El que tiene las orejas más oscuras- aclaró, WooYoung conteniéndose de apuntarlo, YunHo a su lado estrechando la mirada para verlo mejor, el que ambos lobos estuvieran moviéndose en círculos antes de lanzar su primer ataque haciéndole difícil identificarlo.

- ¿Quién es?- preguntó al lograr reconocerlo.

- No lo sé, no escuché su nombre al inicio cuando lo presentaron, pero pelea muy bien- dijo casi extasiado, hipnotizado- Cuanto me gustaría haber nacido solo un poco antes…

YunHo lo miró en silencio sin saber que decir, ninguna palabra pareciéndole suficiente para poder animarlo.

En eso notó que el puesto al lado de WooYoung estaba vacío.

- ¿Dónde está YeoSang?

- Se fue hace un rato, dijo que iría a tomar un poco de aire- contestó WooYoung sin quitar los ojos de la pelea, su expresión contrayéndose cuando vio como el lobo plateado que animaba recibía un buen tarascón- Dejó su corona aquí, para que no se le cayera mientras caminaba o algo así…

- Iré a ver cómo está- pronunció al escucharlo, pero WooYoung lo detuvo de lleno, su cabeza negando.

- No puedes, la próxima pelea define al campeón y tu amigo estará en ella

YunHo abrió los ojos, sorprendido. No solo porque ya estaban próximos a que todo terminara, sino también porque MinGi estaba en la final. No es que hubiera dudado de sus capacidades, pero no dejaba de ser increíble lo que había logrado.

Volviendo su vista a la arena, vio al lobo plateado con orejas oscuras siendo declarado perdedor, el otro lobo siendo el vencedor, WooYoung chasqueando su lengua ante el resultado, YunHo deseando no haberse desconcentrado de la pelea, ahora sin saber cómo era el futuro oponente de MinGi.

- Es una lástima- exclamó- Aun así pienso que es buen partido, una pena que alguna de esas harpías se lo va a llevar…-pronunció ceñudo mirando en dirección a la fila de omegas más allá antes de fijarse en el estado de su amigo que parecía que en cualquier momento le daría un ataque- Tranquilo YunHo, tú amigo estará bien, lo ha hecho bien hasta ahora, ¿Por qué tendría que fallar?

YunHo asintió a medias, sus preocupaciones siendo más por el bienestar de MinGi que si salía victorioso o no de esa batalla.

Cuando lo vio entrar, esas aprensiones solo aumentaron.

Ninguno de los dos lobos se veía en buenas condiciones, tanto el plateado como el lobo negro de MinGi se veían agotados, con las respiraciones pesadas, el pelaje en algunas partes con densas manchas oscuras de sangre coagulada. Si estaban ahí de pie, YunHo estaba seguro que era solo por fuerza de voluntad, nada más.

Desde la arena, MinGi alzó su vista hacia las tribunas, sus ojos viajando hacia el pálido rostro de YunHo y su preocupada mirada.

Lo estaba viendo.

En las anteriores peleas lo había visto con la mirada agachada, como si no quisiera verlo, ignorándolo, lo cual lo molestó, el feo sentimiento ardiendo en sus entrañas con furia, esa furia utilizándola como combustible para pelear más feroz, para no dejarse vencer.

Pero sobre todo, quería que YunHo alzara su mirada y lo viera.

Viera en lo que se había convertido a punta de entrenamiento, sudor, lágrimas y sangre.

Todo lo que había tenido que superar, cada obstáculo siendo una pesadilla para finalmente estar en ese punto frente a él y demostrarle que lo merecía como compañero. Quería que YunHo lo aceptara como su compañero.

Pero parecía que eso era imposible. Ni todo su esfuerzo y sacrificio hecho parecía tener algún efecto en el omega que no se dignaba si quiera a darle una mirada.

No. Mentía. Si le había dado una, al principio. Lo había pillado mirándolo con intensidad desde la distancia, sus ojos recorriendo su cuerpo, una mezcla de orgullo y poder recorriendo su sistema al ver que el omega lo miraba con apreciación. Había sido un buen impulso para partir, pero cuando vio que ya no le dedicaba ninguna mirada, lo desalentó, luego lo enfureció y ahora que alzaba sus ojos sentía que recién merecía su mirada.

Todas las peleas hasta ahora siendo el arduo camino para llamar su atención y ahora que la tenía, MinGi se preocuparía de no perderla.

Le demostraría a YunHo que sin importar las heridas que cargaba, lo tenso y acalambrados que estaban sus músculos, él daría una implacable batalla contra su adversario y obtendría el primer lugar, nada menos que eso para pedirle que fuera su compañero.

Enfocándose en su adversario, MinGi gruñó.

HongJoong sería un hueso duro de roer. En todos esos años nunca había logrado vencerle una vez. El lobo era un año mayor que él, el que estuviera en esa competencia solo un tema de meses. Nacido en el mes de Noviembre no había tenido oportunidad de competir en el anterior, quedando ese año junto con otros alfas y betas en su misma condición.

Sin embargo, eso no importaba.

HongJoong podía tener experiencia, pero esta vez MinGi tenía la estrella de la buena suerte a su lado, la mirada de YunHo siendo su amuleto hacia la victoria.

La batalla se dio inicio, ambos comenzando a caminar analizando el punto débil del otro, donde atacar para obtener la victoria rápidamente, cada uno sabiendo de antemano que ninguno de los dos resistiría mucho más.

Una mirada, un gesto, un gruñido, ambos lanzándose al ataque, HongJoong esquivando el ataque directo hacia su cuello, sus dientes clavándose en la pata de MinGi antes de empujarlo y hacerlo caer contra el piso.

Con zarpas y dientes, MinGi intentó zafarse del fuerte agarre, el dolor pasando a segundo plano, la adrenalina siendo su gran aliada para seguir combatiendo cuando ya no le quedaba nada más que el espíritu de batalla en su interior.

Polvo se alzó entre ellos mientras se enfrascaban en una fuerte lucha, ninguno queriendo ceder, YunHo mirando desde lejos con el corazón en un puño, los minutos pasando lentos, tortuosos ante sus ojos. Cuando MinGi logró zafarse y separarse del otro lobo, YunHo sintió el alivio recorrerlo, pero cuando vio que de nuevo se lanzaba en un nuevo ataque, el alivio volvió a esfumarse.

Su túnica ya estaba hecha un repollo entre sus tensas manos y cuando finalmente se dio el silbato para que la pelea finalizara, se sintió terriblemente mareado una vez más.

Cojeando, MinGi se paró al lado del árbitro esperando el veredicto, la cantidad de daño infligido siendo uno de los puntos que se evaluaba junto con la técnica de pelea.

Finalmente el árbitro alzó su mano, la victoria siendo una vez más para HongJoong, MinGi sintiéndose desfallecer al saberse perdedor.

Ni siquiera levantó la mirada hacia YunHo, avergonzado por su derrota.

Tampoco lo hizo cuando tuvo que formarse a lado de sus compañeros, ya duchado y con el uniforme que lo mostraba oficialmente listo para formar parte de los hombres que resguardaría a la manada. Con las heridas limpias, pero aún expuestas, la carne escociéndole, MinGi miró hacia el frente como se esperaba de él, sus ojos sin hacer contacto con los de YunHo que lo observaba desde lo alto de la tribuna.

El primero en escoger fue HongJoong, el alfa adelantándose hacia la tribuna. Una ligera exclamación de asombro se alzó por parte del público presente cuando el vencedor, en vez de ir en dirección a la fila de omegas pulcramente vestidas de blanco y dorado con bonitas coronas de flores adornando sus cabezas, fue hacia el público general, sus pasos llevándolo hacia un joven omega a quien le pidió fuera su compañero.

Desde su puesto YunHo también miraba con asombro la susodicha escena, sobre todo porque el omega en cuestión no era cualquiera, sino Park SeongHwa, conocido por que el año anterior en la misma ceremonia había rechazado todas las propuestas que le llegaron. No hubo forma que aceptara alguna, pasando a ser catalogado como demasiado altivo y vanidoso.

Con la respiración contenida, todos esperaron la respuesta del quisquilloso omega que hasta el momento nadie había logrado sorprenderlo. Cuando lo vieron asentir, una exclamación de alivio abundó entre los presentes junto con vítores por parte de otros.

En eso, fue el turno de MinGi.

YunHo se enderezó lo mejor que pudo en su puesto y trató de verse lo más presentable posible, los nervios embargándolo mientras veía como MinGi paseaba su mirada por toda la fila de omegas, YunHo esperando que lo eligiera.

Cuando lo vio avanzar sintió que el corazón le tamborileaba en el pecho desenfrenado, cuando sus ojos no se cruzaron con los suyos empezó a sudar frío y cuando vio que su dirección no era hacia él sintió que todas sus pequeñas ilusiones de infancia se derrumbaban de lleno.

Apretó los labios con fuerza, sus ojos negándose a dejar de mirar al alfa que parecía caminar hacia una de sus compañeras, él insistiendo en su intento de que al menos le regresara la mirada.

Cuando vio que eso no iba a pasar, decidió ir un paso más allá, sin importarle ya nada.

No le importaban las reglas, ni tampoco el protocolo.

En un último movimiento, se quitó la corona de flores de un tirón. Tragándose cualquier sentimiento de humillación o vergüenza, la alzó frente así, su mano extendiéndose todo lo largo y ancho, el gesto que se daba cuando se reconocía un alfa como compañero y se lo aceptaba, YunHo haciéndolo sin haber recibido aún su proposición.

Era un movimiento desesperado y estaba seguro que para muchos, denigrante. Supuestamente era el alfa quien debía pedir ser el compañero, no al revés, aun así a YunHo no le importó.

Quería a MinGi como compañero y si era necesario hacer eso para llamar su atención y hacerle saber su interés, él lo haría.

Sus ojos se encontraron al final con los de MinGi, desafiantes y suplicantes a la vez, la mirada de su amigo apenas cambiando, la sorpresa reflejándose muy poco en esos ojos que lo miraron con intensidad.

YunHo contuvo la respiración, MinGi sin quitarle los ojos de encima, hasta que finalmente cambió su andar.

Sin aparentar absolutamente nada, MinGi se dirigió como una flecha hacia donde él estaba tan rápido como su herida pierna le permitía, la cojera siendo casi imperceptible hasta llegar frente a YunHo.

Se miraron, MinGi tomando aire antes de pronunciar las siguientes palabras.

- ¿Quieres ser mi compañero?

YunHo tomó una inhalación y estuvo muy tentado de decirle que no tendría su brazo extendido con una corona de flores y haciendo todo ese espectáculo si fuera lo contrario. Conteniendo esas palabras y esta vez, siguiendo el protocolo asintió y se extendió un poco más hasta colocar la dichosa corona sobre la cabeza de MinGi.

De todas las formas en que se había imaginado el cómo sería ese momento, está definitivamente no había estado entre sus planes. Sin embargo, le importó bien poco cuando vio como MinGi le dedicaba una amplia sonrisa solo para él, YunHo queriendo dar brinquitos por haberlo logrado.

Lo siguiente que sucedió a su alrededor no fue captado por su mente que volaba en una muy esponjosa nube mientras su mirada seguía a MinGi. No estuvo muy seguro como es que WooYoung a su lado también terminó con una proposición por el siguiente alfa en la lista de ganadores, su amigo utilizando la corona que YeoSang había dejado de lado cuando se había ido, para aceptarlo.

No estaba seguro tampoco si eso era legal, que las omegas a su lado comenzaran a impacientarse sin ser buena señal junto con sus quejas, pero él ya le importa bien poco y WooYoung parecía ignorarlas de lleno, porque ni siquiera les dirigió una mirada.

Cuando les tocó separarse, recién ahí YunHo se preocupó ya que un guardia esperaba a WooYoung a la salida del estadio para llevarlo frente al líder, sin embargo su amigo simplemente le dio una sonrisa tranquilizadora junto con un apretón en su brazo.

“Estaré bien, ve a encontrarte con tu alfa”, le había dicho, YunHo sin tener más opción que hacerle caso.

Aún preocupado por su amigo, fue a formarse junto a las otras ocho omegas que habían sido seleccionadas junto con SeongHwa, para ser llevado al lugar donde se encontraría con MinGi.

Según la tradición, al finalizar la Celebración de Luna Nueva, los omegas y betas elegidas eran llevadas a lugar que sería su nuevo hogar con su compañero. Una casa que era entregada por la familia del beta o alfa en cuestión siendo esta forma de recibir su bendición y aceptación dentro del clan familiar. La casa podía ser nueva como antigua, pero funcional.

Su inicio.

Así que ahí estaba YunHo, sentado en esa cama en medio de esa habitación que supuestamente era suya con MinGi, en la casa que ahora parecía ser su nuevo hogar, todo eso pareciéndole irrisorio e irreal, teniendo muy poca importancia comparado al gran evento que significaba para el omega el reencontrarse de nuevo con MinGi.

Estaba nervioso, ansioso.

Se había quitado las sandalias y se había sentado de tal forma que sus pies quedaron colgando del suelo, su mirada fija en la puerta frente a él, esperando.

Supuestamente, según la costumbre y lo que le habían enseñado, él debería estar recostado en ese momento en mitad de la cama, tieso como una tabla esperando que el alfa llegara para reclamarlo y “quitarle su virtud” y así cerrar el compromiso, la marca de emparejamiento en su cuello mostrando a todos que tenía compañero, un vínculo social frente a los demás, algo más profundo desde el punto de vista de YunHo ya que para él sería la mordida de MinGi la que llevaría con orgullo.

Aun así, aunque las costumbres dijeran como debía estar hasta en la cama, YunHo las desobedeció una vez más. Ya se había humillado frente a todos al casi levantar un estandarte con la corona de que deseaba ser reclamado por MinGi, para ahora intentar seguir unas prácticas que le parecían de lo más arcaicas y hasta frías, sus ganas de ver a MinGi superándolo por sobre todo eso.

Su corazón dio un vuelco cuando escuchó la puerta abrirse, mucho más cuando vio que por ella se asomaba su mejor amigo.

MinGi contuvo el aliento cuando sus ojos se posaron en YunHo y lo vio ahí, sentado esperándolo.

Se veía hermoso.

Con la túnica blanca con bordes dorados rodeando su cuerpo, unos de sus hombros quedando al descubierto, daba la impresión que estaba frente un dios griego. Una deidad que venía a recibirlo después de la batalla y a bendecirlo con su presencia.

Sus rasgos habían madurado, pero sus bonitos ojos seguían brillando igual de inocentes y alegres como él recordaba. Esos ojos que lo habían hipnotizado desde la primera vez y que ahora lo observaban con interés junto con algo más que no pudo descifrar, pero que innatamente lo hacía sonreír.

- Estaba esperándote- fue la primera frase que salió de los labios del omega, simple, ingenuo y sin segundas intenciones. – En realidad, te espero desde hace mucho tiempo…

MinGi sintió que su corazón daba un vuelco al escucharlo, la puerta cerrándose tras de sí apenas opacando su latir.

- ¿En serio?- logró articular, su cerebro al parecer sin lograr funcionar para decir algo más inteligente que eso.- ¿Cuánto?

- Desde que éramos niños- aceptó YunHo encogiéndose de hombros en un intento de borrar el vergonzoso sentimiento al decirlo en voz alta, sus ojos alzándose hacia MinGi que había terminado de cerrar las distancias, hasta quedar parado frente suyo mirándolo desde las alturas.

- Eso es mucho tiempo…- concordó, sus ojos sin dejar de mirarlo, YunHo sonriendo por inercia.

- Lo es

MinGi levanto una mano y acarició la tersa piel de la mejilla de su amigo, esta contrastando con su manos agrietadas y curtidas por todos esos años en los Barracones.

- Pensé que me habías olvidado- reveló, su pulgar haciendo pausados círculos contra la tibia piel- Pensé que hasta no me querías como compañero…

YunHo frunció su ceño, contrariado.

- ¿Por qué no te querría como compañero?

-No obtuve el primer lugar. Además que después de la primera batalla perdí tu atención, pensé que no me habías encontrado digno- reveló apenado.

- ¿Digno?- consultó- ¿Digno?- volvió a repetir, pero esta vez YunHo se levantó de una, aireado, para hacerle frente a MinGi. Si no fuera por todos sus largos años de arduo entrenamiento, el alfa se habría caído hacia atrás o al menos retrocedido ante tal inesperado movimiento del omega.

No lo hizo, pero si sus ojos se abrieron sorprendidos al tener frente suyo a un muy indignado YunHo.

- ¿Es en serio?- soltó, la molestia revoloteando en su voz- MinGi si no vi el resto de tus peleas o casi no las miraba no fue porque pensara que eras débil, sino porque no quería ver cómo te atacaban. ¿Crees que me gustó ver cómo te hicieron esas heridas?

- Es parte de la demostración de fuerza

- No desde mi punto de vista- sentenció YunHo- No necesitaba que te llenaras de mordidas para saber que te quería como compañero. Podrías haber perdido la primera pelea y aún así te habría aceptado- admitió, su voz bajando un tono al final, avergonzado- Yo te quería como compañero desde antes de que empezara la pelea, aunque estaba preocupado, ya sabes…tantos años que no nos veíamos, pero igual deseaba que fueras tú el que me eligiera…

MinGi parpadeó asombrado, su corazón tamborileando más fuerte que la primera vez que tuvo que cazar solo en busca de comida o su primera pelea. Este era un golpeteo fuerte que concordaba con ser correspondido y que YunHo guardaba la misma secreta esperanza que él, dejándolo sin aliento.

- Siento haberte presionado con la corona, tal vez te interesaba más esa omega que yo- continuó YunHo, MinGi recién logrando reaccionar a tiempo para tomar entre sus manos el rostro del omega y negar fuertemente.

- ¿De que estas hablando? Ella no me interesaba, simplemente creía que no te merecía y por eso fui en busca de otra omega, para dejarte la posibilidad de tener alguien mejor

- ¿Alguien mejor que el segundo lugar?

MinGi terció el gesto.

- Sé que suena estúpido ahora, pero en ese momento tenía bastante sentido en mi cabeza- se excusó, acercándose ahora más al rostro de YunHo- Y la verdad habría sido bastante estúpido de mi parte haberla reclamado a ella cuando al único que siempre he tenido en mi mente es a ti. Tu corona me salvó de hacer una gran idiotez y es gracias a eso que estoy aquí, contigo…

YunHo sonrió radiante. El enojo que lo embargaba se borró de sopetón, su corazón ahora en cambio dando saltitos junto con mariposas volando inquietas por todas partes de su cuerpo mientras se acercaba más a MinGi, sus respiraciones mezclándose, las palabras sobrando en ese segundo para dar paso a lo inevitable.

La tensión lo rodeó. Una inhalación más, una sonrisa tímida, un cruce de miradas antes de que sus labios por fin se rozaran, ese solo toque siendo suficiente para mandar una descarga por el cuerpo de ambos.

Suave y tierno sus labios se encontraron en un corto beso, estos tironeando una vez más en una sonrisa mientras probaban otro y otro, cada toque siendo dulce y cálido al mismo tiempo, la sensación de que sus cuerpos volaban en una esponjosas nube de algodón y azúcar llenándolos, cada caricia trascendiendo a través de todo.

Las manos de MinGi bajaron hasta posarse en la cintura de YunHo, los brazos del omega rodeándolo por el cuello mientras profundizaba más el beso, esta vez siendo largo y lento, el sabor activando no solo sus papilas gustativas, sino todo su ser, el lobo de MinGi desperezándose en su interior, su pelaje erizándose, listo para el ataque.

Aun así MinGi se mantuvo tranquilo o por lo menos con la suficiente compostura para recostar delicadamente el cuerpo del omega sobre la cama tras ellos. Aunque llevara viviendo años de brutalidad y de duro entrenamiento, no mostraría ninguna de esas prácticas con YunHo, no deseaba lastimarlo, quería amarlo y se preocuparía que sus brutas manos cumplieran ese cometido.

YunHo no era un alfa o beta, tampoco un trozo de caza. Era su mejor amigo de infancia.

Su primer amor.

Besando en profundidad su boca, sintiendo como las manos de YunHo viajaban por su espalda, MinGi continuó probando todo lo que podía de esos labios dulces como la miel, suaves y apetitosos que se amoldaban tan bien a los suyos como la personalidad de su amigo con la de él, su todo.

Dejándose llevar por esa complicidad que los rodeaba fue subiendo poco a poco la tela blanca que cubría a su amigo y amante, destapando con tortuosa lentitud su piel, YunHo sintiendo el roce casi erótico hasta que la túnica salió fuera de su cabeza y fue reemplazado por las grandes manos de MinGi que lo cubrían y abrigaban ante cada toque.

Con un suspiro, YunHo dejó que la boca de MinGi viajara lejos, se perdiera por la longitud de su cuello, probando su piel con besos profundos, su lengua trazando la forma de su clavícula hasta perderse en el valle que era su pecho y hundirse en su ombligo para luego volver a subir y paladear los pequeños montes que había dejado atrás.

Gimiendo satisfecho, la tibia lengua trazó círculos alrededor de su pezón, YunHo hundiendo sus manos en el cabello de ese característico tono que le recordaba a hilos de azúcar, ese rubio que quedaba tan bien con MinGi, fuerte e intimidante en porte y presencia, pero el más dulce cuando lo tocaba, su suave cabello acariciando sus dedos, pese a lo rebelde del corte.

Hundiendo sus manos más allá, pasó a recorrer su cuello, sus dedos traspasando el límite de la chaqueta, sus dedos queriendo ir más lejos, donde la tela no le permitía. Bajando, fue hasta los botones de aquella chaqueta negra dedicándose a sacar uno por uno, su piel sintiéndose cada vez más caliente ante cada toque de MinGi, YunHo comenzando a desearlo desnudo frente a él.

Bajando por los hombros, se deshizo de la chaqueta con la ayuda del alfa para luego seguir con la camisa, el ritmo lento de un inicio cambiando, cierta ansia llenándolos. Los últimos botones de la camisa terminaron por volar antes de que MinGi la tirara algún rincón de la habitación, su boca yendo a capturar una vez más la de YunHo.

Abrigado por ese candente movimiento, continuaron con el resto de la ropa y los molestos zapatos (esos tomando un poco más de tiempo), YunHo jadeando satisfecho al final cuando tuvo el muy largo y desnudo cuerpo de MinGi sobre él, cubriéndolo, sus pieles rozándose al igual que sus miembros, toda la fricción resultando excitante, la pasión palpándose en el aire al igual que el calor.

Con suavidad YunHo recorrió con sus dedos cada herida y rasguño que MinGi había obtenido en batalla, sus labios viajando por el formado pecho, besando cada daño, MinGi sintiendo que cualquier dolor se disipaba.

Con ojos traviesos, YunHo presionó un poco más, lo suficiente para cambiar de posición hasta quedar arriba del alfa, MinGi sonriendo interesado al ver la osadía de su compañero que le devolvió el gesto antes de inclinarse por su costado y besar una fea herida que había ganado en medio de una pelea. Los largos y delgados dedos de YunHo recorrieron sus costillas, suaves caricias que le generaron más de una descarga y una sonrisa al alfa, que estos se perdieran en sus abdominales generando las mismas placenteras sensaciones.

- MinGi, estas sangrando- susurró de repente YunHo incorporándose. Había bajado hasta los fuertes muslos de MinGi, sus manos recorriendo la misma extensa piel cuando el tibio líquido contactó con sus dedos alertándolo.

MinGi se incorporó hasta sentarse y ver en medio de la penumbra el oscuro líquido que teñía las puntas de los dedos de YunHo, la mirada preocupada que le dedicaba el omega importándole más que su propia herida.

- No es nada- aseguró moviendo su flequillo para depositar un beso en su frente.

YunHo frunció su ceño.

- No me parece que sea nada, tal vez deberíamos parar

MinGi negó.

- YunHo he recibido miles de heridas en mi vida. Créeme, no me voy a morir solo por un poco de sangre

- ¿Supuestamente eso debería tranquilizarme?- preguntó ceñudo, sus labios uniéndose al gesto.- Además son varias heridas, si todas comienzan a sangrar…

MinGi rio, contra todo pronóstico, dejó que su ronca risa resonara por la habitación, YunHo empezando a sentirse un tanto ofendido.

- Te preocupas demasiado

- Por supuesto que me preocupo, eres mi compañero. No quiero verte lastimado, ni sangrando, ni con dolor. ¿Es eso tan raro?

Un fuego se extendió por todo el cuerpo de MinGi al escucharlo.

- La verdad, si- admitió, encontrando adorable el bufido que liberó YunHo ante su respuesta- Nadie se preocupó por mis heridas como tú lo haces ahora

Esta vez YunHo no pudo evitar que su indignación disminuyera y un tanto de comprensión entrara a su organismo. En los Barracones las heridas eran el pan de todos los días y lo afrontaban con fortaleza. Su padre se lo había dicho.

Pero YunHo no podía evitar preocuparse igual y sentirse inquieto de lastimar más a MinGi.

- Bueno, tendrás que acostumbrarte desde ahora. Como tu compañero me preocuparé de ti y de cada mísera herida que te hagas

MinGi sonrió.

- Suena bien para mí- admitió, el tener a alguien que velara por primera vez por su bienestar sintiéndose acogedor. En los Barracones se habían apoyado, pero era muy diferente la camaradería entre un montón de lobos a tener el cálido y preocupado cuidado de su omega.

Besando su nariz, lo abrazó más hacía sí.

- Ahora, si prometo ser cuidadoso, ¿podemos seguir donde lo dejamos?- consultó, su voz grave siendo una potente arma para YunHo que se sintió estremecer.

Definitivamente le gustaba cuan gruesa se había vuelto la voz de su amigo, le daba un toque demasiado sexy e irresistible.

Y que en ese momento, lamentablemente, le daba puntos para hacerlo flaquear.

- Puede ser- respondió evasivo, la sonrisa destilando de sus labios cuando MinGi continuó dando pequeños besos por su cuello.

- ¿Por favor?- consultó mirándolo desde abajo, antes de que sus dientes dieran un pequeño mordisco contra su piel, YunHo estremeciéndose por completo.- De verdad prometo controlarme…

- No hagas promesas que no puedas cumplir- declaró YunHo seseando al final ante otra tentadora mordida sobre su clavícula, seguida de una más especialmente larga, que lo hizo derretirse ahí mismo.

- ¿Y bien?- consultó MinGi subiendo hasta atrapar sus labios- ¿Qué dices?

Entre las grandes manos contra su espalda y los insistentes besos de MinGi, uno más largo que el otro, YunHo se encontró con la cabeza hecha una nebulosa que solo permitió asentir antes de saltarle de lleno la boca y volver a continuar donde estaban.

Volviendo a quedar apoyado sobre la mullida cama, YunHo se dejó amar por MinGi una vez más, esta vez el alfa siendo especialmente afectuoso. No es que antes no lo fuera, pero ahora, después de su breve conversación, sus besos estaban cargados de más pasión y cariño.

Entre suspiros y jadeos, el calor volviendo ascender entre ellos, YunHo apenas sintió los dedos intrusos que comenzaban abrirse paso con suavidad y cuidado en su intimidad, pero con toda la intención de prepararlo para un disfrute mayor. Primero uno y luego el otro, la lengua de MinGi subiendo toda la longitud de su cuello al final haciéndole perder la cabeza, estremeciéndolo contra el sudoroso cuerpo.

-MinGi- jadeó, llamó, entre suspiros cuando sintió que ya no podía más. Cuando se sintió listo para algo más.

Sus ojos conectaron en la oscuridad.

MinGi lo besó en entendimiento, las palabras siendo innecesarias para lo que pedía, sus ojos trasmitiendo todo, al igual que el beso.

- Lo haré lento- le susurró al separarse, YunHo sonriendo.

- Sabes que no tienes que ser tan delicado conmigo- le dijo tomando su mejilla con una mano- No soy de cristal MinGi, también recibí entrenamiento y era bastante bueno en deportes

MinGi alzó una ceja apreciativa.

- ¿Exactamente qué me quieres decir con eso?

- Que no te contengas…aunque tampoco te lastimes- recordó tardíamente, a su mente costándole unir las piezas cuando tenía a MinGi cubriendo la extensión de su cuerpo y sus dedos seguían masajeando su interior con un vaivén suave e invitante.

El cuerpo de MinGi tembló antes esas palabras. Excitantes y adorables a la vez. Aunque contradictorias, sumaban todo lo que deseaba escuchar, su lobo aullando en su interior, sus pupilas agudizándose, YunHo despertando la bestia que llevaba adentro.

Quería amar a Jeong YunHo por todas partes, de eso no tenía duda.

Con lo que le quedaba de autocontrol, le hizo frente a los brillantes e invitantes ojos de YunHo, su cerebro tratando de procesar lo siguiente a decir, la seguridad que irradiaba el omega siendo un golpe más a su pobre y enlentecida mente.

- ¿Estás seguro?- logró decir- ¿Crees poder resistirlo? No quiero lastimarte tampoco…- dijo la última frase más preocupado que otra cosa, sin la intención de sonar pedante.

- ¿Por qué no lo averiguamos?

La invitación estaba hecha, las cadenas que sujetaban a MinGi desprendiéndose, su sonrisa resplandeciendo amplia y brillante, sus ojos perdiéndose en esos dos luceros que le traían el recuerdo de las luciérnagas, esa última noche compartida antes de partir a los Barracones.

Y fue con ese recuerdo, esa mezcla entre el pasado y el presente, todos fundiéndose en una misma persona, que MinGi finalmente tomó a su compañero. Una inhalación contenida lo acompañó mientras se adentraba, un suspiro cargado de pura satisfacción al llegar al final, su lobo aullando.

El cálido calor abrigándolo, YunHo siendo suyo.

Y fue ahí en un cargado beso que dio la primera estocada, el jadeo ahogado de YunHo cayendo sobre su boca, su lobo liberándose del todo, más confiado para iniciar un movimiento más continuo, lento y profundo, la velocidad aumentando ante cada nuevo jadeo que caía contra su boca.

Era revitalizador, vigorizante, pero sobre todo excitante.

Llamaba a dar todo y no dejarse nada.

YunHo lo rodeó por el cuello y en algún punto, llevados entre la pasión y el calor del momento terminaron contra el respaldo de la cama, la espalda de YunHo impactando contra la madera mientras la cama crujía ante el inesperado impulso, ambos olvidándose por completo de cualquier promesa hecha.

De cualquier cuidado.

Con las manos aferradas al respaldo, MinGi siguió abriéndose paso, embistiendo el tembloroso cuerpo mientras sus labios devoraban el cuello ajeno, YunHo aferrado a él con brazos y piernas sin dejarlo escapar, sus gemidos mezclándose con los gruñidos del alfa, el placer disparándose en múltiples descargas, rayos que iban y venían, nacían desde su abdomen y se impulsaban por todo su cuerpo dejándolo deseoso de más.

Su cabeza daba vueltas en la bruma del placer, de tener a MinGi contra su cuerpo, rozando y gruñendo contra su piel, su corazón desbocado contra el contrario.

Inclinando su cuello hacia un lado le dio todo el permiso que necesitaba MinGi, la señal que estaba llegando a su límite y deseaba la marca que lo volvía oficialmente su compañero, el omega que había elegido por sobre todos los demás. El único.

Lamiendo la tersa piel con ese sabor propio, MinGi también llegando a su límite, dejó que sus colmillos se alargaran. Un gruñido profundo y territorial nació de su garganta antes de lanzarse de lleno y marcar a YunHo como suyo, su gemido resonando en sus oídos junto el sabor a sangre.

Era glorioso, el orgasmo disparándose entre sus cuerpos como fuegos artificiales.

Brillantes. Ruidosos. Impactantes y fascinantes.

- Mío- susurró con posesividad cuando pudo recuperar el aire, recuperarse de tamaña sensación y que estaba unido a YunHo sin vuelta atrás. Besando la sensible zona, apretó sus brazos alrededor de YunHo, acercándolo contra su cuerpo- Eres mío YunHo, eres mi compañero al fin

YunHo sonrió, su rostro separándose lo justo y necesario para mirar a MinGi.

- Lo dices como si lo vinieras esperando hace mucho tiempo- susurró rozando su nariz con la suya.

- Lo vengo esperando desde esa noche- concordó meloso- ¿La recuerdas?

- ¿Cuál?

- Ese día de agosto antes de mi octavo cumpleaños, cuando fuimos al campo a ver las luciérnagas. Aún recuerdo como tus ojos brillaban con las pequeñas luces y ahí supe que, sin importar qué, me volvería el más fuerte y regresaría para pedirte que fueras mi compañero- relató acariciando el rostro en sus manos- Siempre te tuve en mi mente YunHo, tú y las luciérnagas. Fue lo que me dio fuerzas cada día en los Barracones para llegar aquí

Un nudo de emoción se agolpó en la garganta de YunHo ante sus palabras, su cuerpo sintiéndose lleno al igual que su corazón.

- Entonces fuimos dos. Siempre recordé ese día también, esperando que regresaras por mí y me reclamaras

Los ojos de MinGi resplandecieron.

- Así que no exagerabas cuando decías que me esperabas desde que éramos niños

- No, no lo hice- pronunció sonriendo.

Y cerrando las distancias besó una vez más a quien era ahora su compañero.

Su mejor amigo.

Su primer y único amor.

MinGi.