Prólogo
Madre mía, le había matado.
No, él no podía estar muerto. ¿Cómo iba a estarlo? ¿Lo estaba?
Dios mío, estaba muerto.
Estaba muerto por mi culpa. ¿Qué había hecho? ¿Por qué lo había hecho? Había destrozado mi vida. Se había ido completamente a la ruina. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Entregarme?
Quizás nunca debí haber aceptado. Quizás nunca debí haber venido. Quizás nunca debí haberle perdonado. Quizás nunca debí haberle dado una segunda oportunidad. Quizás nunca debí haberle seguido. Quizás nunca debí decir que sí. Quizás nunca debí haberle dicho “te quiero”. Quizás todo hubiera sido diferente si no me hubiera llamado Evangeline Toussaint.
Quizás todo hubiera sido diferente si no hubiera conocido a Paxton Hayes.