Love the way you hate me
Pequeña aclaración: Las cartas vociferadoras son iguales a las cartas normales, excepto por un sello rojo en la parte de atrás.
Y como si el hecho de que fueran novios no era sorprendente, la manera en que lo hicieron oficial, lo fue aún más...
Era un domingo normal en Hogwarts, los alumnos se paseaban tranquilamente y se respiraba calma, nadie gritaba —excepto por los de primer y algunos de segundo año, que pasaban como rayos, sin fijarse en nada, ni nadie— al menos, hasta que el trío de plata apareció desde la otra punta del pasillo.
Ginny, quién acompañaba a su hermano y sus mejores amigos, suspiró. Hermione seguía ensimismada hablando con Ron sobre algo y este le daba su total atención, por lo tanto, ninguno se había percatado de los aires con los que se acercaba el grupito de Malfoy, hasta que el mencionado estampó a Harry contra una pared, en la mitad del pasillo, a vista de todos.
—Amo la manera en la que me odias.
Ginny, quién estaba unos metros —bastante considerables, por cierto— alejada de ellos, escuchó perfectamente la frase. Los alumnos de primer año que antes estaban corriendo como desesperados, frenaron en seco y Nicholas, el fantasma casi decapitado, quedó atónito, e incluso Hermione cerró la boca y no cualquiera lograba eso. Su impresión fue aún más, al ver como Harry, en vez de sacar la varita o hacer algo para defenderse, tomó de la túnica de su némesis y lo besó.
—Si querías hacer pública la relación, simplemente me hubieras dicho —masculló el Gryffindor contra los labios de su pareja.
—Tengo una reputación que mantener, chico dorado —replicó Malfoy separándose.
El chillido que pegó Ginny resonó en las paredes y asustó a más de uno.
—¿Debería decir... mis galeones, Weasley? —preguntó con diversión Pansy.
—¡Cierra la boca, Parkinson! —siseó la pelirroja sacando una bolsita de cuero negro del bolsillo y entregándosela a la Slytherin.
—Wow, mira que salir con Malfoy, me esperaba demasiadas cosas, pero ninguna como está, Harry —mencionó Hermione acercándose a ellos. Ron, mientras tanto, sintió como el pollo que había comido, se devolvía a su garganta.
—Necesito un baño... —murmuró antes de salir corriendo.
Para antes del atardecer, la relación de Harry Potter y Draco Malfoy era tendencia en todo el mundo mágico. Inevitablemente, la noticia le llegó al patriarca del Slytherin, el cual puso el grito en el cielo.
—Oh, mi dulce Merlín —susurró Narcissa al ver como su esposo se preparaba para ir a la escuela—. Lucius, hablas con él cuando lleguen las vacaciones, seguramente Severus ya también lo habrá...
—¡Esto es un asunto de gravedad, Narcissa! —La mujer simplemente rodó los ojos y siguió leyendo el periódico.
—Porque en vez de aparecerte allá como un desquiciado, ¿no le mandas una vociferadora y listo? Te ahorraras el escándalo y no tendremos que aparecer en Hogwarts. —El patriarca lo pensó por un minuto... realmente era más fácil hacer eso. Con la mirada de su esposa sobre él, se sacó el abrigo y llamó al primer elfo que se le ocurrió, se pondría a hacer ahora mismo esa carta.
—Lo voy a hacer. Pero no porque me lo hayas dicho —siseó yendo a meterse en su despacho, Narcissa solo escondió su sonrisa tras la taza de humeante té de menta.
Era imposible que a todos les agradara la relación del Elegido y el Slytherin, entre ellos, destacaba Cho.
—¡No puede ser! —chilló como por enésima vez la chica, sus compañeras de habitación simplemente se miraron entre sí y suspiraron. Durante casi dos horas, aproximadamente, Cho había estado haciendo berrinche al enterarse qué, «su chico» estaba saliendo con la «sucia serpiente».
—Cho, supéralo. Harry y Malfoy están saliendo, no puedes hacer nada por impedirlo. —El tono monótono de Padma revelaba su aburrimiento innegablemente. El hecho de escuchar a Cho chillar, como una niña chiquita a la que no le daban su caramelo, era cansino.
—¡No lo entiendes, Padma!
—Tienes razón, no lo entiendo, ni me interesa hacerlo. Simplemente cierra la boca y deja de actuar como una niña de primer año.
—Ni las de primer año actúan así —susurró Luna y la morena, le dio la razón.
Era un 28 de noviembre, estaba nevando y la primera clase que tocaba no era la favorita, de ninguna casa sumando que era lunes; nadie tenía los humos para aguantarse a alguien gritando histéricamente, por eso cuando Cho Chang se acercó a Draco con una cara que indicaba que no estaba muy feliz, Pansy supo lo iba a pasar.
—¡Sé que le hiciste algo y me voy a encargar de que todos lo sepan, maldita serpiente rastrera! —si Pansy ya se olía lo que iba a pasar, ninguno de los presentes lo hacía. En menos de un segundo, la varita de la Ravenclaw estaba presionando contra el cuello del Malfoy, también, en menos de un segundo, las varitas de todos los Slytherin y la mayoría de los Gryffindor, apuntaban a Cho.
—¡Señorita Chang! —le llamó la atención Snape mientras se paraba de la mesa estrepitosamente.
—¡Por amor a Merlín! ¡Bajen todos las varitas! ¡En este mismo instante! —exclamó McGonagall.
—Señorita Chang, haga el favor de acompañarme a mi oficina. El resto, siga comiendo —ordenó el director antes de dejar de lado la servilleta e ir con la chica, pronto, los dos salieron del comedor y todo quedó en silencio, excepto por la incesante risa del príncipe de las serpientes.
—Me acaban de hacer la mañana —susurró tomando un poco de jugo de calabaza. Unos minutos después, una lechuza, para ser más precisos, la de Draco, entró, recibió un pedazo de tarta de melaza y voló fuera del lugar.
—¿Qué es? —preguntó Pansy acercándose, el chico movió la mano lejos de la mesa antes de que su mejor amiga le intentara quitar el sobre.
—No sé, déjame ver —contestó intrigado, pronto, la intriga se convirtió en preocupación al ver la firma de su padre en la esquina de la carta. Cerró los ojos, se armó de valor, trago saliva y se preparó para leer.
Tarde se dio cuenta de que no era una carta precisamente para leer.
—¡Draco Lucius Malfoy! ¡¿Como demonios es posible que estés saliendo con Potter?! ¡No te inculqué esos valores! ¡Gasté una fortuna dándote la vida que tienes para que termines saliendo con ese niño! ¡Cuando llegues a Malfoy Manor verás, muchacho!
—Draco, cariño. Dale tiempo a tu padre, simplemente está... digamos que shockeado, no fue fácil enterarse que la luz de sus ojos está saliendo con alguien que no es la señorita Greengrass. Me alegra que seas feliz con Harry y que hayas decidido hacerlo oficial. Dejando de lado eso, probablemente las vacaciones las pases en Hogwarts, por cuestiones de que a tu padre le puede dar un paro cardiaco si te llegas a aparecer en Malfoy Manor.
—¡¿Como que no va a pasar las vacaciones acá?! ¡Lo va a hacer y más le vale no aparecerse con Potter!
—Lucius, cierra la boca. Como decía, Dragón, cielo, te amamos y te deseamos lo mejor... y por favor, dale tiempo a tu padre para procesarlo.
Bueno, estaba claro que esas vacaciones no iban a ser en Malfoy Manor.