Bizarre days

Summary

Lo que para Jolyne y Anasui resultaba cotidiano, para Jotaro era una verdadera pesadilla.

Genre
Humor
Author
Valdemirt
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Día I

Por primera vez en décadas, Jotaro sintió como la tensión en sus hombros parecía disminuir con las horas. No estaba metido en ningún caso extraño de Stands que intentasen asesinarlo a él o a su familia, tampoco tenía ningún trabajo de investigación pendiente y ahora que Jolyne había decidido ir de visita, se tomó unas vacaciones de la Fundación Speedwagon.

Era tarde para arreglar la ausencia de figura paterna que tuvo su hija durante la infancia, pero al menos podía intentar pasar las comidas importantes del diario junto a ella.

Alcanzó el celular que reposaba sobre la mesa del comedor y revisó cierta aplicación de comida a domicilio.

¿Qué debería encargar?

No tuvo tiempo de pensar demasiado, pues el sonido del timbre de la puerta lo interrumpió.

Se dirigió hacia la entrada y abrió con calma. Lo que se hallaba de pie al otro era un hombre alto, de cabello largo y rosado, a quien ya tenía el horror de conocer.

—Buenas tardes, señor Jotaro —dijo Anasui, con la formalidad que dedicaba única y exclusivamente a ese hombre—. ¿Se encuentra Jol…?

Antes de terminar la pregunta, Jotaro azotó la puerta y giró sobre sus talones.

«Si no lo vi, no pasó», dijo para sus adentros.

En ese momento, Jolyne entró en su rango de visión.

—¿Quién era? Me pareció escuchar el timbre.

—Testigo de Jehová —respondió con una voz monótona, como quien busca disimular un dolor de estómago o de cabeza.

—Oh, ya veo —conocía muy bien lo molestos que podían resultar esos «¿Tiene un momento para hablar de la palabra del Señor?». Después de todo, ella vivía en un apartamento que rentaba junto con Ermes y Emporio. En más de una ocasión se topó con esas personas.

Pasaron las horas y por primera vez en mucho tiempo, Jotaro decidió cocinar (Star Platinum hizo todo). El milagro fue gracias a que vio de reojo al muchacho ese a través de una ventana. Cerró la cortina sin meditarlo demasiado.

«Qué extraño», pensó Jolyne. «Anasui nunca llega tarde cuando le llamo».

Del otro lado de la pared, el nombrado estornudó.

—Ah —se limpió la nariz con un pañuelo que guardaba en el bolsillo—, alguien debe estar hablando de mí.

Ese día su miserable destino fue esperar fuera de la casa del Doctor Kujo, creyendo que éste había cerrado la puerta de manera inmediata para llamar a su hija.

—¿Será Jolyne? ¿Le estará contando de mí a su papá?

Esas simples preguntas le sirvieron para ignorar el hambre y elevar su estado de ánimo a niveles estratosféricos.

Pobre Anasui.