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Era una maldita noche frÃa. Con la respiración convirtiéndose en humo en el aire frÃo delante de él, Yoongi tropezó en el claro, rodeado por todos lados por sus enemigos. Uno de los guardias de pie junto a él le dio otro empujón, ya que al parecer no se estaba moviendo lo suficientemente rápido para ellos. Se tambaleó hacia delante y casi cayó, enderezándose desesperadamente en el último momento y enviando una mirada de oscuro desafÃo sobre su hombro a la persona que lo habÃa empujado.
―¡Estoy yendo, maldita sea! Dame un respiro.
El guardia, que era más grande que Yoongi por al menos cuatro centÃmetros, respondió, colocando ambas manos en el cuello de la camisa de Yoongi y empujándola con fuerza, tirándola desde los hombros hasta la cintura, los botones volaron como pequeños proyectiles. La empujó hacia abajo en la parte posterior hasta cubrir las muñecas atadas Yoongi.
―¡Ay! ¿Qué diablos haces, idiota? ¿Esperas que me congele hasta morir y que te ahorre las molestias? ―El gran hombre no respondió, no es que Yoongi pensara que lo harÃa. Eran un manojo de bastardos taciturnos. Tal vez ellos no querÃan enojar a la manada de Yoongi, más de lo que ya estaban exponiendo sus cadenas, o tal vez el guardia solo estaba jodiendo con él. Desde luego, no estaba tratando de salvarlo de la humillación, porque solo parecÃan mejorar en ella. El guardia lo empujó de nuevo y casi lo envió a rodillas otra vez.
―Sabes, estoy empezando a estar un poco cansado de ti ―susurró Yoongi, no del todo por lo bajo. Miró alrededor del claro, observando la oscuridad a través de la luz de la hoguera para ver a sus torturadores.
Después de la oscuridad del sótano, las llamas brillantes en el centro del cÃrculo ardÃan en sus ojos y creaban sombras sobrenaturales alrededor del claro.
Cuando se acercaron, vio algunas caras conocidas y amadas cerca del perÃmetro del cÃrculo. Algunos de su manada estaban allÃ, con los ojos llenos de miedo. Especialmente mujeres, niños y ancianos, sólo un puñado de sus soldados gamma. Estos debÃan ser los que se habÃan rendido cuando la cabaña fue invadida durante la desesperada lucha final con los lobos Dire y frente a las abrumadoras probabilidades. La mayor parte de los otros que habÃan sido capturados junto con el propio Yoongi habÃan sido arrojados en el duro sótano. Muchos habÃan desaparecido por completo, y esperaba que hubieran sido capaces de escapar. Porqué él, el Alfa de la manada, no habÃa sido ejecutado inmediatamente, todavÃa no tenÃa idea, a menos que el Alfa Jeon quisiera hacer un ejemplo de él frente a estos testigos.
Yoongi podÃa ver la figura alta, musculosa, del Alfa ante la inmensa hoguera que tenÃa delante. Las sombras hacÃan que fuera difÃcil ver su rostro, pero estaba seguro de que era Jungkook, su enemigo mortal. Desde que esta extraña y antigua manada de lobos se habÃa trasladado al territorio de Yoongi, nada habÃa sido igual, y ahora nada volverÃa a serlo.
Su manada de lobos habÃan luchado con fuerza para expulsar a los invasores de su hogar, pero al final, los Dire habÃan sido mucho más fuertes, su número demasiado grande. Ahora perderÃa su propia vida, y sólo podÃa esperar que Jungkook hiciera esta ejecución pública rápida. Al menos tratarÃa de morir bien, era la última cosa que podÃa hacer por su manada. Se permitió ser empujado hasta estar de rodillas delante de Jungkook, pero levantó la cabeza y lo miró desafiante, tratando de transmitir cada gota de furia que sentÃa hacia el hombre.
Yoongi captó el brillo de la burlona sonrisa de Jungkook, mientras lo observaba. ―Yoongi, tenemos que dejar de vernos asÃ. Uno de estos dÃas tendré que matarte o follarte.
―Una serÃa tan desagradable como la otra.
Uno de los guardias le dio un fuerte puñetazo en la nuca. Jungkook gruñó al hombre. ―Déjalo en paz, él es mÃo para tratar.
―¡Entonces trata conmigo, maldita sea! ―gritó Yoongi ―. ¡Dame tu mejor tiro! Si me vas a matar, entonces no me molestes, no me hables hasta morir.
Jungkook se inclinó hasta que sus labios rozaron la oreja de Yoongi, su aliento caliente contra su piel.
―¿Matarte? SerÃa una pena destruir a alguien como tú. No voy a matarte, Yoongi, te voy a reclamar. A partir de este momento, me pertenecerás, mente, cuerpo y espÃritu. Y no te equivoques, serás mi perra.
Antes de que Yoongi pudiera reaccionar, Jungkook lo puso de pie y lo hizo girar para enfrentarse a la multitud de espectadores. Tirando del cuerpo de Yoongi apretado contra el suyo, envolvió sus enormes brazos alrededor de él como bandas de hierro. Su fuerza era increÃble. Yoongi tenÃa un metro setenta de altura y no era delgado, pero este enorme alfa lo manejaba como si fuera un niño.
―Yo reclamo esta manada y a todo el mundo en ella como un botÃn de guerra. A partir de este momento, la manada de lobos Gray ya no existe. Estamos tomando su hogar y su territorio. Todos los supervivientes de la manada serán ofrecidos a la manada Jeon como compañeros. Se convertirán en uno de nosotros, y su sangre se mezclará con la nuestra.
Yoongi oyó los jadeos y los gritos de su manda y dejó caer su mirada, demasiado devastado para mirarlos a los ojos. Sólo podÃa colgar en el duro agarre de los brazos de Jungkook, sus rodillas demasiado débiles para sostenerlo correctamente mientras Jungkook hacÃa su pronunciamiento final. ―Reclamo a Yoongi, su ex alfa, como mi premio, y lo tomo por mi compañero.
Jungkook hundió sus colmillos en la parte posterior del cuello de Yoongi, el dolor tan agudo, tan exquisito, que la cabeza de Yoongi se sacudió. Gritó, su visión se oscureció cuando el veneno se disparó en sus venas, luego se extendió a través de su cuerpo como lava caliente, abriendo un camino de fuego y dejando piedra fundida detrás. Sintió la áspera lengua de su nuevo Amo, su nuevo Alfa, raspando a lo largo de los bordes de la mordida, sellando su destino. Según las leyes de su especie, su cuerpo habÃa sido reclamado como compañero. Ahora era poseÃdo por este hombre.
Cuando sintió que el veneno le llegaba a la ingle, su cuerpo pareció arder, un dolor vehemente que no lo consumÃa, sino que se instaló para poseerlo. SentÃa como si una mano apasionada lo agarrara de sus bolas y las sostuviera firmemente en un apretón. Tal como Jungkook le habÃa prometido, reclamaba su cuerpo, junto con su mente y espÃritu, sin permitirle refugio. Cerrando los ojos, resistió ferozmente la invasión, con todas sus fuerzas, sin permitir que el fuego lo engullera, ni que la oscuridad en el perÃmetro de su visión se acercara más. Sintió un ruido en el pecho de Jungkook mientras gruñÃa en su oÃdo.
―Eres fuerte, mascota, pero es inútil resistir. ¡Dilo! Diles que me perteneces. Diles que eres mÃo. ―Giró la cara de Yoongi con una mano fuerte y se inclinó para probarlo. Empujando su lengua en la boca, barrió el interior posesivamente hasta que el joven luchó para respirar―. Eres mÃo. ―Le apretó la cintura y empujó las caderas de Yoongi contra él. PodÃa sentir la enorme erección de Jungkook presionada contra su culo―. Dilo, o te tomaré aquà y ahora delante de todos.
―Haz lo que tengas que hacer ―contestó Yoongi, esforzándose por respirar―. Intenta no despertarme si empiezo a dormir.
La risa breve de Jungkook lo sobresaltó, pero éste inclinó la cabeza y le susurró al oÃdo:
―Lo dirás, tarde o temprano. Y tengo todo el tiempo en el mundo para esperar.― Jungkook le mordió el cuello de nuevo, reabriendo la herida sensible.
Yoongi sintió que el dolor, la lujuria y la sangre fluÃan por su cuello, cruzando su pecho y moviéndose directamente a su ingle. Estremecido, cerró los ojos y finalmente permitió que la bendita oscuridad se apoderara de él.








