Choice Game

Summary

Tal cosa como las coincidencias; no existen.

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Daily Life



«No puede ser» pensaste mientras subías las escaleras a tu departamento. Llevabas unos tacones negros que ya te habían causado ampollas, en tus manos tenías una caja con tus cosas, el elevador no funcionaba y tuviste que utilizar las escaleras hasta el décimo piso, pero sin duda la cereza del pastel fue el o la estupida que aparcó en tu lugar de estacionamiento utilizando ambos cajones, te habías tenido que estacionar en el maldito espacio de visitas que estaba hasta el octavo círculo del infierno (al fondo del estacionamiento subterráneo). Tratabas de inhalar y exhalar pues te sentías furiosa y las lágrimas de impotencia se apoderaban de tus ojos.


—Si quieres un acenso, tienes que portarte bien— dijo tu jefe tocándote la rodilla, tú explotaste tomando su laptop y estrellándosela contra el rostro. La cosa para recursos humanos fue que el acoso no se podía comprobar pero que le rompieras la nariz a tu gerente era comprobable. Te despidieron sin darte liquidación y a cambio nadie te demandaría.


Soltaste un quejido, solo querías llegar a tu departamento y recostarte. Te preocupaba que le dirías a tu prometido cuando él llegara a casa, ya que sin tu empleo sería difícil seguir pagando el alquiler de ese departamento.


Apenas pudiste abrir la puerta y al hacerlo notaste que los zapatos de tu prometido estaban en la entrada junto a unas sandalias rosadas que de ningún modo eran tuyas.


Las ganas de llorar se esfumaron y te quedaste muy quieta en el recibidor. Colocaste la caja en el suelo quitándote las zapatillas y poniéndolas dentro, caminaste a la cocina ocultando la caja debajo de la mesa. Si algo te había enseñado tu experiencia de horas atrás es que si golpeabas a alguien existiría evidencia así que decidiste pensar las cosas de manera más fría. Te acercaste a la recámara y pudiste escuchar los gemidos provenientes del otro lado, la puerta estaba cerrada pero no quisiste abrirla, atraparlos en el acto ya era de más pues era lógico lo que pasaba.


Colocaste en teléfono encima de la maceta que sostenía un helecho artificial en el pasillo grabando hacia la puerta, querías ver si tus sospechas eran ciertas y querías tener todo en video para que no pensaras que solo fue una ilusión provocada por tu enfado contra el mundo.


Te metiste en el cuarto de visitas y te encerraste esperando que se hiciera más tarde y ambos se largarán. Estabas bajo la cama mirando tu reloj de muñeca, te preguntabas cómo sería la chica con la que te engañaba, si era más bonita, con un mejor cuerpo, o si era linda y tierna y por alguna razón todos esos pensamientos solo terminaron por dañarte aún más.


—Al menos sé que es una estupida aparcando— soltaste y casi de inmediato escuchaste sonidos en el pasillo en tanto las risas y la pisadas se alejaban, justo a tiempo para que el maldito regresara al trabajo después de su horario de comida, así que era evidente; ella era su compañera.


Te arrastraste por el piso para salir fuera de tu escondite, antes que nada echaste un ojo al departamento para asegurarte que ya se hubiesen largado, cuando estuviste segura corriste hacia tu teléfono para ver el video. Fuera de lo que esperabas no te pusiste a llorar, apenas y derramaste una lágrima pero tan rápido como descendió por tu mejilla la limpiaste para correr a la recámara. Guardaste todas tus cosas en tus maletas y robaste las maletas del hijo de perra para llevarte todo y no dejar nada. Luego de subir y bajar interminables veces las escaleras ya tenías todo en la cajuela del auto y en el asiento trasero.


Cuando al fin parecía que terminabas tomaste tu bolso y el bate de béisbol que había dejado tu hermano la última vez que te visto. Tu cuerpo se sintió liviano al estampar el bate sobre la pantalla plana de la sala y una satisfacción orgásmica surgió al ver su consola de videojuegos deshecha en el suelo. Regresaste a la habitación rompiendo todo lo que se te ponía enfrente —Cogete esto. ¡DeVeRaS!— Colocaste su ropa y su laptop sobre la cama para prenderles fuego, miraste todo arder y para cuando notaste que el incendio podían salirse de control lo apagaste con el extintor.


Bajaste las escaleras saltando y bailando pues aunque no entendías porque sentías tu cuerpo inundado de libertad. Lanzaste el bate de béisbol al asiento trasero y arrancaste el auto.


Tú plan era regresar a casa de tus padres aunque fuera un viaje largo. Diste una mirada a tu bolso, llevabas todos tus ahorros y sin duda también podías empeñar el anillo de compromiso.


Condujiste hacia la casa de empeño a unos kilómetros de tu departamento. Al entrar encontraste un cachorro de raza pequeña.


—Hola precioso— le saludaste acariciando su pelaje.


—Señorita, no toque la mercancía— te regaño un hombre malhumorado.


—¿Mercancía? Pensé que sería suyo.


El hombre rio y posó sus ojos castaños en ti —Un borracho bueno para nada lo trajo y lo empeño por mil yenes, lo termino abandonando aquí, ahora lo estoy vendiendo por tres mil yenes.


Colocaste el anillo sobre el mostrador —¿Cuánto me da por esto?


El hombre lo inspeccionó detalladamente y tras unos momentos habló —110 mil yenes.


Era una estafa, cuando menos al inútil le había costado el doble pero tampoco lo querías seguir llevando contigo así que —Deme 107 mil yenes. Me llevaré al perrito.


El hombre soltó una sonrisa y extendió a ti una bolsa de plástico con croquetas. —Fue un buen negocio. Cuide bien al pequeño.


Tú asentiste tomando el dinero y la bolsa del mostrador, luego cargaste al cachorro que te miraba desde el suelo.


El cachorro se quedó en el asiento del copiloto mirándote como si dijera «¿Ahora qué?»


—Te preguntarás seguro porque te traje, necesito compañía... Y tú serás mi nuevo mejor amigo en el mundo. Aki, espero que nos llevemos bien.


Conduciste alejándote poco a poco de la ciudad pero ya se estaba haciendo tarde, ir de Tokio a Kagoshima serían 16 horas de viaje cuando menos, ya eran al rededor de las 11:00 pm así que decidiste ir a un motel para pasar la noche y ponerte en marcha en cuanto saliera el sol.


—Lo lamento señorita, no aceptamos mascotas.


—¿Qué? ¡Esto es un motel!


—Lo lamento.


Rechinaste los dientes ya iban cinco moteles donde te rechazaban. El cachorro ladró y supiste que el también ya estaba harto de dar tantas vueltas.


Aparcaste en el estacionamiento de un supermercado cerrado, no se veían guardias ni nada por el estilo, así que te pareció un buen lugar. Bajaste junto con Aki para que él pudiera beber agua y comer algo, en tanto hacía eso revisaste tu teléfono que estaba a reventar de mensajes y llamadas de tu ex pidiéndote explicaciones, así que le enviaste el video para posteriormente apagar el móvil.


—Vamos a dormir Aki.


Ambos se subieron al asiento trasero cubriéndose con una manta para poder conciliar el sueño, te sentías tan cansada que te quedaste dormida de inmediato.


Escuchaste el sonido del motor acelerando, música y disparos. Abriste los ojos de golpe asomándote por un espacio de la frazada, observaste a Aki en el asiento del copiloto y alguien más conducía. Estabas a punto de gritar pero esa persona empezó a descargar su arma contra quien sabe que y eso quien sabe que le disparaba a tu hermoso coche.


«Me están secuestrando... ¡Me están secuestrando!» gritaste internamente, ya tu día estaba muy jodido y ahora se jodía más.


—¡Hey!, ¿Ya despertaste?— la voz del hombre era muy bonita pero al mismo tiempo te encontrabas aterrada como para pensar eso —Te estoy hablando.


—¡Si! Estoy despierta...— te sentaste colocando tu cabeza entre los dos asientos.


El hombre era muy atractivo eso no pudiste no notarlo.


Colocó una mano en tu rostro y te empujó hacia atrás —Agáchate— te ordenó para después sacar su mano por la ventanilla y seguir disparando.


—¿Quién nos está siguiendo?— casi caías directo al colapso e internamente llorabas y gritabas pero querías mantener la compostura.


—Es un enemigo.


—¡Se nota! ¿Por qué es tu enemigo?


—Robar tu auto no nos convierte en amigos, es más no creo que debieras entablar conversaciones con quien robe tus cosas.


Te arrastraste para colocar tu rostro de nuevo entre ambos asientos pero esta vez sin levantarte —¿Que carajo? Te robas mi auto, mis cosas en el, mi perro, me secuestras y me metes en una balacera.


—Te devolveré tus cosas... Aunque me gustaría quedarme con tu mascota.


—Se llama Aki y es mi mejor amigo.


—Cielos, ahora entiendo porque vives en tu auto.


—No vivo en mi auto.


—Tus cosas están en tu auto y estabas dormida en el asiento de atrás con Aki. Si eso no es vivir en tu auto ¿Qué es?


—E-estoy pasando por una mala racha ¿Bien?


—Bien.


—¡Mierda porque estoy hablando con mi secuestrador!


—Eso dije yo desde hace rato.


Volvieron a escucharse disparos y de nuevo él saco su mano del auto para disparar pero sólo pudo descargar un par de balas antes de que tuviera que recargar y disparar de nuevo.


—Agáchate— repitió.


—¡Vamos a morir! ¡Me corrieron de mi empleo y mi novio me engañó con una mujer de pecho grande y voy a morir!


—¿Qué tan grande tenía el pecho?


—¡Putos hombres sólo piensan en eso!— empezaste a gritar, chillar y escuchabas como él se reía de ti —Waaaa un secuestrador se esta burlando de mi ¡Voy a morir!


—No vas a morir. No te dejare morir— sentiste como el coche acelero aún más y tu cuerpo se fue hacia atrás por la velocidad y Aki casi sale volando de su asiento.


Él ya no dijo más y se dedicó a conducir en tanto te aferrabas al asiento muerta de miedo, a esa velocidad seguro si morirías. De la nada su velocidad bajo pues entraban en un terrero accidentado. Eventualmente escuchaste como apagaba el auto.


—No morimos— susurro.


—¿Es precipitado si te agradezco por no matarme?


—Definitivamente, es precipitado.


—Ay no— cerraste los ojos empezando a rezar —¿Me vas a violar?


—Quisieras.


—¡Idiota!— chillaste levantándote para verlo, él se apretaba el abdomen y luego veía su mano que tenía restos de sangre por todos lados —¿Estás bien?


—Obvio no, estoy sangrando— su voz no perdió ese tono burlón aunque se notaba que aquella herida le dolía.


—No eres gracioso.


—Estoy bien. Una bala me rozó.


Abriste la puerta trasera tomando una de tus blusas y agua para limpiarle la herida, luego abriste la del piloto para poder ayudarlo.


—¿Puedo?


Él te miró de arriba abajo y luego asintió levantándose la playera.


Tragaste saliva al ver su cuerpo, él era guapo y muy ardiente. Echaste el agua sobre su piel y secaste con tu blusa, era cierto que solo era un roce y en definitiva él estaría bien.


—Eres muy bonita y tus senos son hermosos, yo no te habría engañado.


Oprimiste más la herida —Que consuelo.


Viste su rostro con una mueca de dolor —¿Cómo te llamas?


—TN.


—Yo soy Kazutora.