01; Quien puede cambiar la historia
Te encontrabas dando vueltas sobre la cama, había un sentimiento extraño rondando en tu interior. Te giraste al lado derecho con la impresión de que algo faltaba, acariciaste el espacio vacío ¿Es que acaso ese lugar siempre había estado así?
El sonido del timbre del departamento te saco de golpe de tus pensamientos, te pusiste de pie buscando tus pantuflas y sintiendo aún ese hueco en el estómago como si algo te hubiera sido arrebatado ¿Por qué te sentías tan vacía, tan sola? El timbre siguió sonando persistentemente lo que te hizo apresurarte a la entrada, te paraste de puntitas asomándote por el ojillo de la puerta. Del otro lado te topaste con un hombre de cabello negro azulado, trataste de hacer memoria pero no era nadie que conocieras en realidad.
—¿Quién es?— preguntaste confundida por la hora de la visita. No era costumbre tuya recibir personas en tu departamento a una hora semejante.
—Mi nombre es Naoto Tachibana. ¿Es usted la señorita TN? — al decir eso colocó una placa de policía en tu campo de visión.
Soltaste un suspiro y te dispusiste a abrir la puerta un poco más confiada, sin embargo, algo te remontó a tu adolescencia. Era el apellido «Tachibana» Sin dudas tú conocías ese apellido.
—Pase— invitaste al hombre y ambos tomaron asiento en la pequeña sala —¿Le puedo ofrecer algo de té o café?
—No quiero importunarla, pero si no es molestia podría aceptar un té— el hombre parecía nervioso, quizá un poco perturbado lo que te alertó al instante pues su visita tendría un trasfondo nada favorecedor.
Caminaste hasta la cocina para tomar las cosas y preparar el té para Tachibana. Por tu parte necesitabas cafeína, cuanta más mejor porque no estabas comprendiendo nada.
—¿A que debo la visita?— Hablaste tras un largo silencio.
—Veras, quiero saber algunas cosas sobre ti. ¿No te has sentido extraña?— te miro directamente a los ojos, no sabía si esas palabras eran las correctas pero no encontraba otra forma de decirlo.
Tomaste ambas tazas y las colocaste sobre la mesa —Soy siempre extraña, me temo que deberás ser más específico con tus palabras.
—Sensación de cambio— Fue lo único que atinó a contestar.
Tus ojos se afilaron y un destello de curiosidad brillo en ellos —¿Cambio?— alzaste tus cejas pues desde que despertaste ese era un sentimiento que estaba invadiéndote.
El joven hombre se rascó la nuca como si siguiera buscando las palabras que podía o no decir —Entiendo que eres doctora en el hospital central, ademas sé que tuviste una relación hace muchos años con un chico...
—¿Mikey?— el nombre fluyo con naturalidad de tus labios y luego te quedaste helada. No comprendías porque motivo recuerdos que no estaban hace dos segundos se hacían presentes de forma precipitada como una ola de memorias que de desbordaban de tu cabeza. Lo recordabas, recordabas su cabello, su sonrisa, sus ojos y en especial recordabas el amor que le tenías a esa persona.
El hombre frente a ti te miro extrañado y luego esbozo una pequeña sonrisa que no era una sonrisa —¿Mikey? Claro que no... Me refería a Takashi Mitsuya.
Tras escuchar ese nuevo nombre una bruma invadió tu cabeza —No comprendo.
—¿Sientes como sí tus recuerdos se sobrescribieran?— Naoto dejo la taza de té sobre la mesa —Ya sabes, cosas que no estaban ahí de repente aparecen y cosas de las cuales estabas segura ya no son certezas.
Lo miraste con duda, había algo raro y él sabía más de las tonterías que estaba hablando.
—Mejor dime de que se trata, el escepticismo no es lo mío así que por más extraño y estupido que pudiera sonar… definitivamente yo voy a creerte— Lanzaste un suspiro, después de todo era muy temprano para hacer bromas y te parecía mas extraño que alguien llegara con esas preguntas el mismo día que tú tenías esas emociones.
—¿Podrías creer en saltos temporales?
Habías visto suficientes películas, suficientes mangas y suficientes cómics para entender el curso de esa conversación.
Dejaste tu café sobre la mesa y rodaste los ojos —¿Un viajero en el tiempo mueve una silla y me trae a esta vida de mierda? — bufaste molesta, hacia treinta minutos que no sentías el corazón roto y ahora te encontrabas devastada.
—¿Podrías ayudar a cambiar las cosas?
—¿Como?
—Actualmente hay un viajero dando saltos temporales, ha intentado cambiar el futuro para mejor. Sin embargo, en su último viaje algo sucedió; tu nombre apareció en mis expedientes como alguien de vital importancia— Su rostro estaba totalmente serio y podías ver la sinceridad en sus ojos —Además había algo raro y al estar aquí puedo confirmarlo. TN a pesar de que no sabias nada pudiste detectar los cambios... ¿Eres capaz de brincar en el tiempo?
Tragaste saliva y después mordiste tus labios pensativa, no recordabas el pasado pero había más fragmentos desacomodados en tu memoria —No lo sé.
—Mi amigo, el otro viajero, es capas de dar saltos temporales al estrechar mi mano.
—¿Estrechar tu mano? Pff...— aunque querías creerlo eso lo hacía sonar un poco dudoso y además inexacto —¿Y él decide a qué época quiere viajar?.
—No exactamente, solo viaja cierta cantidad de años al pasado.
Te pusiste de pie y ofreciste tu mano —Veamos entonces— estabas dudosa pero al ser solo un apretón de manos no estaba mal hacer el intento.
Naoto te dio la mano con un nerviosismo palpable, el corazón le latió con fuerza pero... no había pasado nada.
Hubo un silencio incómodo durante unos momentos.
—Los viajes en el tiempo ¿Qué intentan hacer?— cuestionaste bebiendo el resto del café. Aunque no hubiera funcionado, no querías tildarlo de loco, cuando menos no por el momento.
—Salvar a mi hermana: Hinata Tachibana, ella fue asesinada.
Por alguna razón al escuchar ese nombre también se desencadenó una imagen en tu cabeza; ella había sido tu amiga años atrás, una querida amiga... —Entiendo. ¿Realmente crees qué yo sea capas de saltar en el tiempo?
Naoto se encogió de hombros —No lo sé, solo quería que mi amigo tuviera un poco de ayuda, eso de uno solo contra el mundo nunca ha resultado bien.
Tronaste tu lengua y un recuerdo peculiar llegó a tu cabeza. Eras tú y un niño más pequeño, sin duda alguna ese niño era Naoto. Ambos unían sus labios de forma torpe y apresurada.
—Bueno, quizá mi detonante no es un apretón de manos— nuevamente te pusiste de pie —Si funciona ¿Qué debo hacer?
—Busca a Takemichi Hanagaki, él te dirá que hacer— Naoto de inmediato se sorprendió por tu repentina cercanía.
—Solo espero poder divertirme, después de todo ¿Qué es la vida sin un poco de diversión?— rápidamente redujiste la distancia entre ambos uniendo sus labios con los tuyos en un beso cálido.
Estabas mareada, tan mareada como un domingo por la mañana luego de haber bebido hasta caerte en sábado. En cuanto abriste los ojos te sorprendió ver tus manos más pequeñas y ver en tu muñeca un viejo brazalete que solías usar en secundaria.
Tus orbes recorrieron con cautela la habitación, esa era tu recámara, la recordabas con claridad, sonreíste tras ver tu viejo celular que apenas y tenía una cámara.
Tenias muchas preguntas pero también sentiste que había muchas cosas que hacer, debías encontrar a Takemkchi Hanagaki, querías ayudarlo en su misión pero aún más importante, tú no habías echo ese viaje para salvar a Hinata Tachibana, tú habías vuelto por un capricho personal. Tú habías perdido a alguien muy valioso para ti y lo querías de regreso a tu lado.
Tus ojos entonces se clavaron el en calendario sobre el escritorio. Encerrado con marcador rojo se encontraba la fecha de ese día; 31 de octubre del 2005. Un escalofrío recorrió tu cuerpo, definitivamente algo gordo pasaría ese día.