Tally

Summary

Rion Rizei: Impávida y diabólica.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Tally



Resultaba irónico la manera en que todos iniciamos siendo extrañaos, ó al menos, así se consuela Baji desde ese día y hasta hoy.


Aquella tarde hacia calor, tanto que le había rogado a su madre refugiarse en el supermercado con la excusa de comprar imperecederos. Esos que para él eran mas imprescindibles que respirar. Fue en ese momento que la vio, se veía tan hermosa como mil soles quemando el atardecer, pero pronto sintió un golpe en las pelotas cuando se dio cuenta que estaba de pie en el pasillo de compresas femeninas.


Se alejó lentamente cómo si no quisiera llamar su atención y se encargo que su madre (fastidiada hasta el tuétano de obedecer a ese niño que salió de sus entrañas) caminara con el sigilo suficiente para no atraer miradas.


—¿Estos fideos están bien?— pregunto la mujer sosteniendo en su mano un paquete rosado con la impresión de un pollo caricaturesco en el empaque.


—Si, cómo sea— murmura lanzando su mirada hacia el pasillo siete donde ella estaba, no comprende porque aunque está fuera de su visión la sigue viendo y en su mente en un apocalipsis vacío se atreve a ejecutar todas las acciones que le grita su estomago que cometa.


Rioko rueda los ojos y sigue sin comprender a ese hijo suyo —Vamos a casa, compremos helado en la tienda Ichihana— propone cómo si aquello le ayudara con el muro invisible que apareció entre ellos apenas Keisuke entro en la adolescencia. Jura y perjura que a veces tener una hija hubiese sido más hacendero.


Ambos peli negros se devuelven en su camino a la caja y antes de que Keisuke maquine nuevamente una acción bizarra en su cabeza de cómo tener a esa niña que mira ingenua las compresas femeninas, una vocecita distorsiona la realidad. Todo se derrite y se vuelve liquido que trasmina por sus ropas, de verdad no entiende porque se ha puesto erecto.


—Disculpe— ella habla en un tono bajo acercándose a la mujer —¿Qué significa esto?— señala la caja que promete contener un flujo medio tirando a abundante. Sus mejillas están rojas cómo si tuviera un resfriado y sus ojos vidriosos cómo un cristal en el sol.


La mujer suelta un suspiro y una sonrisa le atraviesa el rostro —¿Es la primera vez?— pregunta con voz dulce, con ese instinto maternal que solo las mujeres cómo ella poseen.


La niña asiente con los ojos clavados en el suelo.


—Estas son adecuadas— comenta tomando un empaque rosado —Vamos— coloca su mano en la espalda de la niña.


El corazón se le achica —Gracias.


Rioko niega porque ser amable con una niña es lo que conoce, se dirigen los tres a la caja con diferentes pensamientos cruzándoles la cabeza.


La mujer piensa que hubiera sido encantador tener una hija y se pregunta donde esta la madre de la criatura.


La niña se tuerce los dedos de las manos porque ni siquiera sabe poner esa cosa y se hunde en vergüenza tras pensar que debe de preguntárselo a su padre y con un demonio ¿Su padre sabe cómo se utilizan?.


Keisuke se hunde en ese instinto primario que lo consume todos los días y se desconoce, no sabe en que momento solo piensa en tener sexo, aunque no tiene idea de cómo se hace, pero las revistas de Kazutora y los comentarios de Draken le han dado pie a entender cuando menos como funciona aquello. Quiere saber que se siente porque esta fastidiado de masturbarse a las dos de la mañana debajo de las mantas en su habitación y máquina un plan maléfico donde puede saciar la sed de su alma.


En realidad ninguno de los menores se ha dado cuenta en que momento la mujer paga las compras y luego extiende la pequeña caja a la niña metiéndola entre sus delicadas manos.


—Gracias— murmura nuevamente.


—¿Sabes utilizarlas?— pregunta cómo si le hubiera leído la mente.


—No...— admite mordiéndose los labios nerviosa.


A Keisuke le estalla el corazón y se calienta su pecho, sigue sin comprender las ganas irremediables de querer hacerla gritar, llorar y deshacerse en aberrantes gemidos que se quedan estáticos en el aire -basura- esta seguro que es basura, así que permanece estoico.


—¿Tu mamá?— pregunta de nuevo la mujer.


La niña niega en repetidas ocasiones buscando las palabras exactas —Ella murió— opta por hablar sin rodeos dejando caer la balanza por su peso.


—¿Quieres que te acompañemos a casa?— propone con otra de esas encantadoras sonrisas —Soy Rioko Baji, él es mi hijo Keisuke.


—Mucho gusto— hace una reverencia de noventa grados y pronto se recompone cuando siente la sangre descender entre sus piernas —Me llamo Rion Rizei.


Keisuke se da cuenta y rápido -rápido- se quita la camiseta que llevaba por encima de su playera y por primera vez en toda la tarde no piensa en ella del mismo modo y -pobre niña- se apodera de sus pensamientos. Le ata la camisa por la cintura sin esperar consentimiento y desdobla con paciencia el pañuelo que lleva en el bolsillo porque cómo siempre su madre ha tenido razón. Los pañuelos no se cargan para uno mismo.


—Gracias— repite con un hipo de llanto silencioso y se limpia con cuidado el interior de sus piernas para poder continuar su camino a casa.


De nuevo un silencio reina entre los tres pero en esta ocasión la señora Rioko se siente orgullosa de su hijo, porque tuvo ocasión de verlo comportarse como un caballero.


Keisuke ahora se pregunta porque Rion es tan hermosa que parece que camina sobre la vía láctea en una pasarela etérea y brillante cómo sus ojos amatista. Se cuestiona si ella es real o si en algún punto su silueta se desvanecerá en el aire.


Rion abre la puertecita de su residencia, por decir lo menos, porque es una casa inmensa y hermosa en la esquina de la calle Imari donde las bardas están tupidas de enredaderas y las columnas rodeadas de rosas rojas que dan la bienvenida antes de entrar.


—¿Hija?— la voz masculina del otro lado pregunta o afirma pues es la única que tiene la llave para entrar.


—Papá— murmura avergonzada cuando el hombre fija sus ojos en la caja que lleva entre sus pequeñas manos y luego mira hacia atrás donde el dúo de peli negros se mantiene atento a lo que sea que está sucediendo.


—Dios— pasa su mano izquierda atravesando su cabello —Ojalá tu madre estuviera aquí— murmura imperceptible y las palabras se las lleva el viento apenas tocan la superficie del exterior —Lo siento— se dirige a la mujer y al jovencito —Por favor pasen, acabamos de mudarnos y no tenia idea de qué Rion necesitara— abre los ojos amplio como si quisiera decirlo pero no lo dice porque no estaba listo para esa conversación.


—No se preocupe, déjemelo a mi, por favor— la mujer atrapa sus palabras sin necesidad de que este las pronuncie y al mismo tiempo, por primera vez en muchos años se siente mujer y su cuerpo se mueve como si no fuera suyo.


Keisuke arruga las cejas en una expresión omnisciente cuando se da cuenta del paso sensual de su madre que camina como si llevara tacones contoneando de un lado a otro sus caderas, en un compas casi hipnótico para el hombre mayor. Camina detrás de ellos cómo si fuera natural y pronto, mas pronto de lo que se imagina, esta dentro de la casa sentado en el sofá frente al hombre en tanto su madre va al baño con Rion-chan.


Ahí en esa residencia a kilómetros y kilómetros de casa, han encontrado un hogar.