Mil Inviernos [LIBRO 1]

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Summary

Chifuyu era una chica que aparentaba rudeza, era capaz de enfrentarse a los chicos malos, pero bastó un paso en falso y dejarse embaucar con las ideas fantasiosa de sus mangas románticos, para sentirse ilusionada con su primer amor, al conocer a su nuevo compañero de colegio, que además, también resultaba ser su vecino, y un segundo paso en falso para sentirse traicionada y traumatizada por la misma persona. NDA: Esta historia será actualizada cada dos o tres semanas, ya que además de esta, tengo otras tres historias en curso, tituladas Impulsos Oscuros, Los ojos dorados de un tigre y próximamente, Camino de Bambú, esta última está dentro del mismo universo de "Mil Inviernos" Créditos: Personajes originales de Ken Wakui Portada hecha por Talita Oesed Ilustración de la portada por Gabbstrock Historia escrita por Talita Oesed Esta historia está inspirada por un fanfic titulado Dutty Love escrita por Pathetickitsu

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Chifuyu, Mil inviernos en español, Thousand winter en inglés. También era el nombre de una chica que si bien era poco femenina, tenía un carisma muy especial. Y no era que le gustara vestir de varón, pero sus atuendos tenían la comodidad de una chica que no se dejaba llevar, ni se preocupaba por lo que estaba a la moda o vestir bien, le gustaba vestir con ropa funcional y no necesariamente linda.

Era normal para ella usar calzas largas o hasta las rodillas, acompañada por faldas y sudaderas holgadas. También era normal en ella verla con pantalones holgados y camisetas. Sin embargo, no era que le gustara ocultar su feminidad, simplemente era descuidada y no actuaba como una chica femenina. En ocasiones los pantalones holgados que solía llevar eran estrechos en las caderas y las camisetas eran ceñidas a su cuerpo, cuya figura aún estaba en desarrollo, pero aun así ya se podían ver vestigios de que pronto dejaría de ser una niña y pasaría a convertirse en una señorita. Su rubia cabellera, era una maraña de pelo largo hasta las caderas, ( se podría decir, que era una versión minimalista de Rapunzel) pero aunque muchas veces se la veía con el cabello suelto, en ocasiones lo trenzaba de forma descuidada y lo acomodaba a un costado sobre su hombro.

Su actitud descuidada y brusca, en ocasiones era tema de burlas para otras niñas de once años, pero para los niños, aquello lo encontraban genial, pues Chifuyu pasaba buscando pelea con otras personas y defendía a los que eran blanco de burla en la escuela. En general siempre se metía con chicos que eran parte de una pandilla, ya que ella solía pensar que los pandilleros eran patéticos y pasados de moda. Ella sin miedo les hacía frente.

Tenía un grupo de amigas muy reducido. Éstas eran Takemichi, Emma y Hinata, y es que en realidad, no era que odiaba estar con niñas de su edad, simplemente no era su costumbre pero esas tres chicas eran sus mejores amigas, aunque también podía ser sociable con otras personas, y en general, su grupo social era mixto.

— Maldita sea. —murmuró para sí misma, sentada sobre el húmedo suelo de tierra mojada causada por la lluvia que en aquel momento no paraba de caer. —Ellas vinieron y trajeron más personas.— Había Sido blanco de una mala broma por parte de un grupo de niñas, que en general solo eran dos, pero aquel día esas chicas se acercaron a Chifuyu acompañadas con otros dos niños.

De pronto, escuchó un extraño ruido dentro de una caja de cartón, la chica se acercó a esta y con curiosidad, quiso ver que había dentro. Era un pequeño gato negro con una cicatriz en la cabeza. Estaba tan empapado, qué lo hacía ver más delgado de lo que realmente era aquel animalito. Por lo demás, era pequeño, no debí haber tenido unos cuatro meses de vida.

El minino quiso llamar la atención de la niña, y parándose en las patitas traseras, se asomó por la orilla de la caja, Chifuyu se enterneció enseguida al oír aquel agudo sonido de su maullido y cuidadosamente acarició su cabeza.

— Ya veo, tú también eres un Guerrero—dijo la pequeña Chifuyu mientras alzaba al gato—Ya sé—añadió con una gran sonrisa—te llamarás Excalibur.

Al llegar a casa, su madre armó un gran escándalo al ver a su hija despeinada, con la ropa sucia y con muchos raspones en su rostro y manos. No era la primera vez que regañaba a su hija por meterse en líos y eso a la señora Matsuno, le hacía enojar, pues ya que Chifuyu era hija única y encima de todo, había quedado viuda, cuando Chifuyu era muy pequeña, le preocupaba que su hija no fuese una niña de once años bien educada, delicada y femenina como otras chicas de su edad.

— ¡Has vuelto a pelear! — exclamó la señora Matsuno. Una mujer delgada, de cabello rubio y ojos claros, grandes y expresivos. En pocas palabras, era como ver a una versión más adulta de Chifuyu, pero más recatada, delicada y femenina. — ¡Oye, espera! ¿¡Que estás sosteniendo?! — añadió al notar qué Chifuyu ocultaba algo bajo su sudadera. Sin embargo, la niña quiso salir del paso rápidamente y corrió al baño para darse una ducha, mientras reía a carcajadas al verse perseguida por su madre, pero como Chifuyu era mas ágil y rápida, la señora Matsuno no logró alcanzarla y vio con resignación, como su hija se encerraba en el cuarto de baño sin poder siquiera decirle algo mas.

— ¿Por qué esta niña no salió como sus primas? — se preguntó la señora Matsuno soltando un largo suspiro, mientras caminaba de vuelta a la cocina. Con el disgusto, se le había olvidado que estaba preparando la cena y temía que se le quemara.




Tras escoger unas cuantas prendas limpias y secas, Chifuyu regresó al cuarto de baño, donde había dejado encerrado a Excalibur por un momento para que no se le escapara y pudiese elegir su ropa limpia con toda tranquilidad. Estando ahí, ya con todo preparado, ella abrió el agua de la ducha y comenzó a ducharse, mientras que también bañaba al gatito que había rescatado de aquella lluvia.

— Estás muy sucio, Excalibur. — Dijo ella mientras le aplicaba champú al gato. — Estás muy negro. ¿Te convertirás en un gato blanco cuando termine de ducharte? — preguntó con toda ingenuidad. Como respuesta a eso, lo único que recibió fueron algunos arañazos, de un gato asustado, que lo único que quería era salir huyendo, pero Chifuyu se empeñaba en bañar al pobre gatito. — Bueno, ya está, me doy por vencida — finalizó dejando a un pobre gato mojado que a Chifuyu se le antojaba gracioso, pues el pobre animalito tenía la apariencia de un chuapino húmedo.

Enseguida, ella terminó de ducharse y tras terminar de hacerlo, se metió a la tina, el gatito se le subió encima y se sacudió dejando a Chifuyu toda salpicada. Sin embargo, ella en lugar de enojarse, le causó más gracia, puesto que el minino en ese momento parecía una esponja muñida.

— Ay, mis heridas duelen y pican — se quejó, pero no parecía molesta, sino más bien aliviada — ¿Sabes algo, Excalibur? — Dijo tomando en sus brazos al gatito — Estoy segura de que mi mamá me pedirá que te devuelva, pero cederá de una u otra forma. Siempre lo hace.

Y tras terminar con su baño, procedió a secar su largo cabello de manera rápida, dejando una desordenada y esponjosa cabellera. Su madre siempre le reclamaba el hecho que no se peinaba, a lo que ella decía “para qué molestarse, de todas formas, con el paso de las horas, mi cabello vuelve a esponjarse.” Y es que así era siempre, Chifuyu solía peinarse todas las mañanas, pero eso no le duraba mucho, al pasar el día, su cabellera rubia solía esponjarse cuál melena de león, por lo que llegó un momento en que la chica se dio por vencida y simplemente dejó de peinarlo por las mañanas, pero al tenerlo tan largo, optó por cepillarlo durante las noches y se hacía dos trenzas a cada lado antes de dormir para que no se le enredara.



— No, no y no — dijo su madre unos cuantos momentos después, cuando Chifuyu se hallaba sentada en la mesa de la cocina presentándole al nuevo integrante de la familia. Ante esa negativa, la chica desvió la mirada y de sus labios comenzó a dibujársele un puchero — ¿realmente lo cuidarás por ti misma? — quiso saber la mujer

— Sí — respondió Chifuyu

— Solo para que te quede claro, jovencita, yo no te ayudaré — le advirtió su madre

— Está bien — replicó la muchacha

— Y no te perdonaré si lo haces a medias — añadió la madre

— Sí. — aceptó Chifuyu. Luego de eso, se hizo un breve silencio —... dime, papá...papá nunca dejó a nadie solo cuando estaba en problemas ¿verdad? — Quiso saber la chica, a lo que su madre simplemente se la quedó mirando con sorpresa — Excalibur estaba empapado — explicó. — y en problemas. — Luego miró a su madre y le dedicó una gran sonrisa — soy la hija de papá, por eso estoy segura que ambos nos parecemos. — aseguró Chifuyu, mientras acariciaba y abrazaba al gatito, el cual se mostraba muy receptivo y agradecido ante los gestos de su nueva dueña.

— Es difícil “Excalibur” — comentó la señora Matsuno al ver a su hija alimentar al gato— así que cámbiale el nombre.

— ¿He? Pero yo lo encuentro genial, es de un guerrero, como yo. ¿No es así Excalibur? ¿Verdad que te gusta tu nombre?

— Las niñas de tu edad no deben decir esas cosas, no es apropiado en una señorita. De esa forma nunca conseguirás a un buen marido en el futuro y no tendrás tu propia familia. — Le regañó su madre. — Y su nombre no es genial. — Tras decir eso, la señora Matsuno abandonó la cocina.

— ¿Marido? ¿Familia? Solo tengo once años, cumpliré doce al final de año y aún así no necesito familia — dijo la chica mirando al gatito alimentándose — solo tú eres mi familia ahora en adelante, estoy segura que nos llevaremos muy bien.

Pasó un mes desde entonces, Excalibur se había acostumbrado rápidamente a su nuevo hogar. Cada noche dormía en una cama para mascotas que Chifuyu (más bien, su madre) le compró y en ocasiones dormía con ella a los pies de la cama. Por las noches Chifuyu lo alimentaba y luego lo bañaba cuando ella se metía a la ducha.

Pero, en ocasiones la chica llegaba a casa hasta después de las cinco, cuando la cena aún se estaba cocinando, por lo que no siempre alimentaba a su mascota a la misma hora, y esa vez, no fue la excepción. Había llegado de casa de Emma una de sus mejores amigas, puesto que esa tarde habían quedado en reunirse ahí para un trabajo grupal, por lo que al llegar a su hogar, no supo si su gatito tenia hambre o no.

— Mamá ¿Alimentaste a Excalibur?— Quiso saber Chifuyu.

— ¡No, y ya cámbiale ese nombre! — respondió su madre a lo lejos.

— Te gusta que te llame Excalibur ¿verdad? — Dijo la chica ignorando el comentario de su madre, mientras le ponía en un plato la comida al gatito, pero éste la ignoró— Que extraño ¿no quiere comer? — Observó ella, — pero no ha comido nada desde esta mañana. Rápidamente, el animalito saltó al balcón dejando a Chifuyu algo confundida — ¡Ah! Espera— exclamó asomándose por la ventana — ¿Adonde vas, Excalibur?— llamó Chifuyu, el gatito se hallaba parado en el balcón del departamento continuo — Me pregunto si está enfermo. ¿Encontró comida en otra parte?— enseguida vio que brincaba nuevamente y subió al balcón del departamento de arriba — ¿He? ¿Adonde fue? — Excalibur, ya no estaba a la vista, pues él continuó trepando un par de pisos mas, había entrado al departamento vecino por una ventana abierta.



Al brincar al balcón de arriba, Excalibur, entró por la ventana de una habitación que le pertenecía a un chico un par de años mayor que Chifuyu, era de cabello largo, ojos almendrados y mirada profunda. Estaba escuchando música con sus auriculares, mientras leía un manga tumbado sobre su cama y halló al gato entrando a su habitación cuando de pronto escuchó un ruido por la ventana. El chico sonrió al verlo.

—Dame un momento. — Dijo él, mientras se levantaba de la cama para dirigirse a su ropero, y sacar del fondo de este un plato de comida de gato, qué ya tenía previamente preparado— aquí tienes amiguito. —Continuó, mientras se lo ofrecía al minino. — Peke J. — añadió el muchacho acariciándole el lomo del gato, y luego sonrió. —El gato doméstico, Me pregunto de quien serás.

Había transcurrido casi media hora desde que Excalibur había trepado por los balcones del edificio, dejando a Chifuyu muy preocupada, ella se imaginaba los peores escenarios para su gato, pues Chifuyu no sabía que su mascota había salido en otras ocasiones, lo más cerca a salir que ella le permitía, era hasta el balcón de su habitación pero bajo vigilancia . El hecho de que su mascota se le escapara, fue de hecho inesperado. Dejo la ventana abierta, con la esperanza de que pudiese regresar en cualquier momento, y para distraerse un poco de la preocupación, agarró uno de sus mangas shojo favoritos para releerlos.

— ¡Chifuyu! — Llamó la señora Matsuno desde afuera de la habitación de su hija — Iré al quinto piso a saludar a los nuevos vecinos que se acaban de mudar ahí ¿De acuerdo?

— Está bien— respondió Chifuyu de manera vaga y sin interés, mientras seguía leyendo.