Prólogo
Jacob siempre había sido un hombre ambicioso y con ganas de tener poder, nunca se casó porque no tenía la habilidad de relacionarse románticamente con nadie por lo que nunca tuvo hijos, le encantaban pero no se hacía a la idea de corresponder afectivamente con una mujer hasta el punto de llegar a tener hijos con esta. No era mala persona, no tenía enemigos, no tenía nada que envidiarle a nadie pero en el fondo siempre había querido ser el centro de atención para todos.
Tanto él como su hermano Hunter fueron criados con la misma responsabilidad, sus padres habían sido de los primeros seres no humanos en la historia y ellos como segunda generación cargarían con la terrible carga de liderar al resto de la raza sobrenatural. Les fue encargada la tarea de cuidar y proteger con su vida a los suyos porque mientras pasaban los años los humanos se iban alejando más y más de ellos y comenzaban a tratarlos como monstruos peligrosos para ellos, se les olvidaba que muchos sobrenaturales poseían habilidades capaces de revivir a humanos muertos y sanarlos de las peores heridas y enfermedades. Parecían haber olvidado todo lo bueno que los ¨monstruos¨ cómo tanto ellos los llamaban habían hecho por la humanidad y las nuevas generaciones que nacían ya no se relacionaban entre sí por lo que comenzaron a odiarse, confrontarse y tener grandes diferencias entre ellos a tal nivel que en lo que pareció un abrir y cerrar de ojos Jacob y Hunter comenzaron los preparativos para un guerra que pronosticaba muertes y desastres que cambiarían todo en el futuro.
Se vieron en la necesidad de huir del que había sido su hogar por años e instalarse en un nuevo pueblo lejos y escondido de los humanos, Midnight Sun. Se convirtió en el refugio de todos los monstruos que existían en el mundo, durante un período de tiempo ocurrieron algunas batallas pequeñas que no les dejaba a los monstruos poco más que algunos heridos que sanaban con rápidez, luego tuvieron una paz y tranquilidad casi increíble para ellos y decidieron por fin instalarse tranquilamente en aquel lugar de ensueños donde muchos encontraron la posibilidad de tener su familia y su felicidad.
Hasta que nuevamente se vieron en peligro, los años pasaban y los humanos desarrollaban cada vez más su inteligencia y sus métodos para acabar con ellos, sus poderes y habilidades se habían debilitado en el tiempo que no les fue necesario utilizarlos y con el poco tiempo que tenían ante de la guerra Hunter y Jacob se vieron en la necesidad de entrenar y enseñar a todos a usar su fuerza física, aunque Jacob tenía una gran responsabilidad y un buen puesto en lo que se podría decir la corte de su pueblo en el fondo ansiaba más, más responsabilidad, más respeto y más poder aunque esto nunca lo dejó saber a nadie y nunca lo demostró ni en palabras ni acciones. Las guerras acababan y comenzaban y esto se había convertido en algo normal para los pocos sobrenaturales originales que iban quedando, los humanos habían logrado acabar con una buena porción de los sobrenaturales poderosos e importantes. Algunos se habían marchado del pueblo y alejado lo suficiente para poder sobrevivir ya que Hunter quien fue cambiando de a poco su humildad por arrogancia y sin voto ninguno se había adueñado del control absoluto del pueblo, se negaba en rotunda cada vez que alguien le sugería y le rogaba porque él los sacara de aquel lugar y los llevara a otro más seguro ya que algunos humanos ya sabían de esa localización y temían ser sorprendidos en alguna redada y no tuvieran el tiempo necesario de prepararse para defenderse.
Jacob perdió por completo de una vez su poder y lugar, su hermano se había olvidado de la promesa que ambos hicieron a sus padres de mantenerse siempre juntos sin menospreciarse entre ellos o infravalorarse, les habían infundado valores y creencias a los dos, desde pequeños eran invencibles juntos y así debieron de mantenerse pero Hunter había acabado con eso y aun así Jacob aguantaba sus ansias de poder, decidió no hacer nada al respecto y mantenerse en el puesto de consejero principal a pesar de lo bajo que había sido por parte de su hermano relevarlo y arrebatarle su derecho al poder y el respeto por el cual ambos lucharon desde siempre pero sabía que no lograría dejarlo pasar por mucho tiempo, no faltaba mucho para que este explotara y decidiera tomar lo que le correspondía y ansiaba.
Estuvo ahí para todos en los peores y más peligrosos momentos, luchó con su vida para proteger hasta la de quienes lo despreciaron. Cuidó y protegió con todo el amor y respeto a sus sobrinos cuando en el peor y más peligroso momento debido a las guerras su cuñada se embarazó y dio a luz, su objetivo y responsabilidad desde ese momento ya no era luchar por el pueblo sino ser el protector de aquellos dos niños pequeños quienes contenían todo el poder que acabaría con la destrucción y del mal del mundo, un mal del cual no eran responsables pero eran los encargados de detener. A Jacob se le partía el alma cada vez que pensaba en la carga que esos niños obtendrían, no podía creer que fueran a ser capaces de poseer tanto poder y tanta responsabilidad ante el mundo. Luego otro niño nació con el mismo objetivo que el de sus sobrinos y Jacob comenzó a desesperarse, la maldad de su interior luchaba por desatarse, se desesperaba al ver como su hermano le había arrebatado sus derechos y lo mantenía como niñero de tres niños más poderosos que él.
Mientras más pasaba el tiempo más odio afloraba de él hacia las tres pequeñas criaturas que se encontraban a su cuidado, le dolía no poder hacer nada por los suyos solo por tener que cuidar a los tres niños, odiaba lo que veía en su futuro, esa era su habilidad. Siempre supo todo lo que ocurriría con todos e incluso con él mismo por eso odiaba todo lo que ocurriría en cuanto sus sobrinos se hicieran mayores, odiaba el futuro que tendrían y lo que él mismo haría y el monstruo en el que estaba por convertirse, su habilidad era ver y saber todo lo que pasaría en un determinado tiempo pero no tenía como evitar todos los sucesos a continuación solo podía ver y callar. Ni él mismo podría controlar sus propias acciones.
Y antes de que ocurriera lo peor lloró y les rogó perdón a sus sobrinos, a su hermano y a su pueblo porque no quedaba nada más que aguantar lo que vendría, y se marchó para en soledad acabar con la poca humanidad que le iba quedando.
...Lo siento, pero ni yo mismo podré con lo que viene. No podré salvarme ni a mí mismo. Lamento más tener que decirles esto en una miserable carta...
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