PROLOGO: EL SUEÑO CON EL UNICORNIO
Zero estaba sentado en el comedor junto a la ventana de su departamento cuando tomó consciencia. El ambiente se sentía extraño; como pesado y al mismo tiempo, melancólico. La sala de estar estaba llena de niebla y aunque lo intentó, Zero no pudo ver los edificios colindantes fuera de la ventana. Todo era humo blanco. El departamento lucía un poco más claro, sin embargo, Zero notó que no había mucho que pudiera hacer.
No podía levantarse de la mesa por ejemplo. Podía mover las manos, la cabeza, incluso el torso, pero no podía llevarse a sí mismo lejos del comedor, lo cual le extrañó. Tenía más libertad de movimiento en sus sueños, por lo general, si lo pensaba, podría transportarse fuera del departamento si quería, pero esta vez no funcionó. Estaba atrapado. Eso era incluso más extraño que estar soñando.
Mirando la mesa servida, Zero no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio la cantidad de platillos desastrosos que estaba observando. Tenía delante un plato con una montaña de panqueques morenos con exceso de miel, más allá había tiras de tocino quemado en otro plato. Huevos que no sabía si estaban revueltos o enteros, ya que la parte blanca era un desastre disperso y la parte amarilla estaba regada en un charco. Las rodajas de pan o estaban partidas o quemadas. No había café en la mesa, probablemente porque algo salió mal con la preparación como siempre. Sin embargo, allí estaban los vasos de vidrio con un líquido morado cuyo aroma era un poco agrio.
La sonrisa en sus labios fue un gesto inconsciente, Zero lo supo porque después de ver el desastre en la mesa; el corazón le estaba latiendo con demasiada prisa y tenía un nudo en la garganta. Su subconsciente reconocía esta forma elaborada y al mismo tiempo desastrosa de servir el desayuno. Zero incluso podría decir que el jugo de moras estaba más ácido, que los huevos estaban salados y los panqueques excesivamente dulces, pero esas palabras nunca saldrían de sus labios porque sabía todo el esfuerzo que le había costado al que lo preparó.
En su pecho, en su mente, Zero sintió que esta visión era algo que extrañaba, algo que había visto antes, pero no sabía por qué. O cómo era posible, considerando que siempre había estado solo. Lo que estaba pasando simplemente pasaba y ya. Zero no podía controlar este sueño. Y como no podía, quizás fue por eso que escuchó una voz distinta a la suya.
—Intenta reírte y mira cómo te dejo sin comer el resto de tu vida.
La voz que le habló vino directamente de la silla de enfrente. Cuando Zero levantó la mirada para ver a su acompañante, frunció el entrecejo al percibir la silueta de una persona envuelta en la niebla. Había muy pocas cosas a la vista; como las delicadas y pálidas manos de largos dedos, el lacio cabello lila cayendo desde los hombros rectos en una cascada hacia abajo, los labios delgados y rosados torcidos en una mueca.
—No me estoy riendo —respondió antes de darse cuenta. Apartir de allí, perdió el control sobre su cuerpo. Estaba en automático mientras se comía sin esfuerzo el desayuno ante él.
Su paladar parecía estar acostumbrado a los sabores exóticos del cocinero, así que mientras comía, ellos fueron entablando una conversación que a sus oídos también se asemejaba a cosas que había escuchado con anterioridad.
Zero continuó comiendo hasta que un silencio bastante pesado inundó el ambiente. La niebla en la sala se intensificó y por lo mismo, cuando la persona sentada con él en la mesa habló, Zero ya no fue capaz ni de ver sus manos.
—Ha pasado tanto tiempo desde que pudimos encontrarnos en un sueño...
El nudo que se le formó en la garganta hizo imposible la tarea de seguir comiendo. Zero se detuvo de inmediato, apretando los labios cuando vio que no quedaban más que mechones del largo cabello lila a la vista.
—Esta es tu última noche de sueños en el verdadero mundo de los sueños, Zero.
—¿De qué estás hablando?
—Usé un poco de fuerza para dormirlos a todos mientras sucede el cambio. Después de todo, esta es la última vez que se van a permitir soñar con libertad.
Mientras el desconocido de cabello lila hablaba, Zero notó que podía mover las manos por su cuenta, así que soltó los cubiertos e intentó rodar la silla fuera de la mesa. Cuando el sonido de las patas de madera chirrió rompiendo la calma en la sala de estar, Zero se puso de pie de un salto.
—¿Quién eres?
La persona aún sentada en la mesa no respondió.
—¿Última noche de sueño? ¿Qué quieres decir?
La persona en la mesa se puso de pie, Zero lo supo porque de un momento a otro la niebla se hizo más intensa. El ente extraño con el que estaba hablando estaba vistiendo de blanco, Zero fue capaz de ver la vestimenta sencilla por un instante antes de que la niebla envolviera su figura con fuerza.
—¿Recuerdas la razón por la que terminamos en esta ciudad? —Zero intentó responder, pero el desconocido continuó al instante—. Por supuesto que no lo recuerdas, ¿cómo ibas a recordarlo? Estás allí parado mirando hacia la nada en lugar de verme aquí, parado a tu lado.
Zero dio un salto cuando la voz del desconocido se intensificó. La sala de estar de su departamento había desaparecido en un parpadeo, la niebla lo cubría todo, incluso al desconocido que lo acompañaba en lo que podía ser un peligroso sueño. Zero nunca tenía sueños buenos después de todo, estaba plagado de pesadillas, de dolor y remordimientos. Lo peor de todo era que ni siquiera podía recordar por qué.
—¿Recuerdas la primera noche? —preguntó el extraño una vez más. Zero no sabía a qué se refería, pero su mente asoció esa primera noche con lo que sucedió dos días atrás.
—¿Estás hablando de la noche del insomnio?
—¿Así lo nombraron ustedes? Ya veo. Es un buen nombre. —Zero continuó mirando a su alrededor, intentando captar el lugar del que provenía la voz para echar un vistazo al desconocido.
No funcionó.
—La primera noche fue el inicio del desprendimiento —continuó el extraño—. El desprendimiento se da cuando el árbol de los sueños se percibe a sí mismo en peligro de corrosión. Sus raíces profundamente hundidas en la consciencia humana se desconectan del ser vivo y se materializan en el plano terrenal.
Zero dio un paso atrás, desistiendo de mirar al desconocido cuando la conversación se tornó extraña. Necesitaba salir de allí, encontrar una puerta o concentrarse lo suficiente para llevar a su consciencia a materializar su cuerpo fuera del departamento.
—Lo viste, ¿no es así? La noche que el árbol hundió la ciudad de los que se creyeron superiores a cualquiera de los desterrados a este límite.
Zero lo vio. Estaba soñando cuando sucedió. Él que se resistía a dormir y cuyos ojos estaban lindados por profundas ojeras; la noche que todos en el límite estaban sucumbiendo al terror de no poder descansar, Zero se quedó dormido tan pronto como entró en su departamento. Ni siquiera el dolor de la caída lo trajo de vuelta a la consciencia, su cuerpo estaba inerte en el espacio mientras veía las gruesas raíces brotando del suelo en medio de carreteras, parques e incluso partiendo casas a la mitad. Zero vio a la gente intentando huir en sus autos mientras la tierra se partía en dos y un enorme sauce brotaba en medio de la ciudad.
Las raíces de dicho árbol eran tan gruesas que bien podían asemejarse a troncos. La gente corría desesperada, asustada, pero el desastre no demoró más que una noche. La vida perfecta que todos mantuvieron allí después de señalar y desterrar a los habitantes del Límite, se extinguió sin más. Y sus cuerpos fueron envueltos en capullos brillantes que poco a poco, se convirtieron en los frutos del árbol.
—Era una pesadilla —respondió Zero, negándose a creer que algo como aquello fuera posible.
—Lo fue, pero eso que viste era real.
—¡Era una pesadilla! —repitió Zero con un golpe de voz—. Las pesadillas no son reales.
La niebla seguía estando en todos lados, nublando su percepción, pero aún sin mirarlo, Zero pudo sentir que el extraño sonrió.
—¿Sabes por qué la Luna ahora es más grande? —Zero no respondió, no pudo hacerlo.
Que el extraño dijera que un árbol enorme había devastado una ciudad entera al brotar del suelo parecía una terrible fantasía, pero el que la Luna fuera más grande ahora sin duda era algo que todos en el Límite habían notado después de la Noche del Insomnio.
—Imagina que puedes tener un Centinela con la capacidad de entrar en la mente de las personas, un guardián que conoce cada uno de los secretos del ser humano. Desde los más felices, hasta los más retorcidos. Ese guardián es tu enlace con el subconsciente de las personas, ¿dónde lo pondrías?
«En el cielo».
Tan pronto como la mente de Zero formuló la respuesta, el desconocido entre la niebla respondió.
—Correcto.
Zero estaba paralizado ante la idea de ese centinela viéndolo en ese momento, allí atrapado dentro de un sueño que no era suyo y sin la capacidad de defenderse. Todo su cuerpo se puso en tensión al instante, su mirada comenzó a vigilar sus alrededores.
—La niebla nos mantiene seguros, no te preocupes —dijo el desconocido con voz calma—. No hice todo esto para ponerte en peligro de una forma tan estúpida. Las raíces de ese árbol nunca te van a tocar mientras yo viva.
—¿Quién eres? —preguntó Zero una vez más, esta vez con más curiosidad.
¿Esta persona lo estaba protegiendo? ¿De qué lo estaba protegiendo?
—Eso no es importante —respondió el desconocido, pero su voz estaba llena de melancolía. Y tan pronto como dijo las palabras, Zero fue capaz de ver su espalda a pocos pasos.
El lacio cabello color lila era tan largo, que llegaba más abajo de las nalgas del desconocido. Él era alto, pero no tanto como Zero. Estaba usando un pijama blanco de seda que Zero reconoció como suyo, a él le quedaba un poco suelto porque sus hombros eran más pequeños, las botas del pantalón estaban rasgadas y llenas de barro. Antes de que la niebla volviera a envolver al desconocido, Zero notó que tenía varias heridas sangrantes en los pies.
—El temblor que percibieron todos esta noche antes de irse a la cama son paredes, Zero —continuó el desconocido con voz apremiante—. Mientras ustedes duermen, el árbol los está confinando y cuando despierten, el sol se habrá ido.
La voz comenzó a desvanecerse, la niebla borró todo a su alrededor y cuando Zero lo notó, estaba cayendo. Se le hizo un hueco en el estómago mientras intentaba desesperadamente aferrarse a algo antes de estrellarse contra el suelo, pero no había nada a qué agarrarse y él seguía cayendo.
—Fuimos desterrados al Límite por ser diferentes, pero esas diferencias que nos separaron de los demás no son todas malas —dijo el desconocido con una voz que se desvanecía en el espacio—. Sin embargo, hemos estado alimentando a los demonios en nuestra cabeza por demasiado tiempo y ahora, ellos vendrán por nosotros si no encontramos la forma de vencerlos.
Zero dejó de intentar aferrarse a los bordes cuando se dio cuenta que no aparecería nada allí para que pudiera agarrarse y en cambio, extendió una mano hacia arriba. Fue un impulso desesperado. Extraño. Estaba cayendo en picada y arriba obviamente no había nada a qué aferrarse, pero tan pronto como extendió la mano, la niebla envolviendo el espacio se dispersó de golpe y una mano que reconoció brotó del espacio.
Zero dejó de caer; el desconocido estaba sujetando su mano y la imagen que vio cuando la niebla se despejó, bien pudo haberlo convencido de que estaba viendo a un Ángel, pero él en el fondo, muy en el fondo, sabe que esta persona no es un Ángel.
El desconocido que impide que caiga al vacío tiene el cabello largo de color lila, la piel pálida, labios delgados de color rosado y ojos rasgados con una tonalidad única. Luce como si estuviera molesto porque Zero está cayendo, pero al mismo tiempo, Zero sabe que no está molesto.
Él era así, siempre lo miraba así.
La expresión de molestia e irritación están afianzadas a su rostro, pero el amor que nota en sus ojos hace que el corazón le suba a la garganta. Porque Zero sabe que ese sentimiento que comparten no tiene fin.
—Mírame bien, idiota. Ni se te ocurra olvidarme una vez más al despertar. Estoy atrapado en esta jodida pesadilla en la que ya no puedo verte porque no deseo que seas tú quien tome el próximo lugar.
Zero abrió la boca intentando pronunciar el nombre del muchacho sujetando su mano, pero tan pronto como lo hizo...
Él lo soltó.