Terrible Destino
Hola, esta historia la escribiré basada en idea de la historia en la canción Madness of Duke Venomia, pero los sucesos cambiarán en algunas cosas, no se aferra tanto a la historia original si no a la idea principal de el trato del demonio por lujuria sin fin.
Es una historia bastante ambientada en epocas victorianas y realeza, así mismo ambiente oscuro.
No voy a mentir habrán momentos dolorosos para Baek y Chan pero tambien intentare incluir bastante romance. Esta obra también la tengo en Wattpad bajo el mismo nombre por si quieren pasear por allá.
Gracias y empezamos.
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Hoy otra hermosa mujer viene a mi, tan hermosa y delicada, me aseguraré de atesorarla...Será mi nueva esposa. -Duque
-Es un niño...-susurró la joven empleada sosteniendo a un bebé en sus brazos.- Felicidades.
La cansada mujer en la cama extendió sus brazos para recibir a su nuevo hijo, el recién nacido lloraba a todo pulmón, pero se fue calmando con las caricias de su mamá, delicadas y lentas. La duquesa estaba agotada, había dado a luz a su primogénito, todo había salió muy bien, el parto fue normal, y el niño nació sano, el duque no podía ser más feliz.
-Señorita Park, el Duque entra en la habitación. -anunció la misma muchacha que asistió en el parte de su señora.-
Al cuarto entro un hombre vestido formalmente, con un semblante relajado y un cuerpo rígido, excepto sus manos temblorosas que picaban por querer tocar a su nuevo hijo y besar a su amada mujer.
La duquesa le sonrió con calma y lo invitó con la mirada a acercarse, el duque se apresuró, sin perder su postura, se inclinó un poco y entre todas las mantas se asomaba una carita tierna y dulce de querubín, su nuevo heredero había nacido. Beso los labios de su esposa con mucho cuidado y amor, un beso dulce.
-Tal como dije, es un niño...Podía sentirlo. -hablo su esposa con orgullo en su voz.-
-Si, mi rosa...Tenis razón, como siempre. -besó las frentes de su cansada mujer y tomó al niño en brazos, así su esposa podía dormir un poco.- Mi hijo...Mi sangre. -se acercó a la alcoba de la habitación donde se veía el pueblo a su alrededor y a lo más lejos las tierras que llevaban a reinos vecinos.- Todo esto será tuyo cuando crezcas, mi heredero. Serás una gran sucesor, Park ChanYeol.
El recién nacido mantenía sus ojitos bien abiertos, intentando descifrar que era todo aquello, sus manitas apenas se movían intentando aprender su función, se quejó suavecito apenas para dar a entender su incomodidad, tenía hambre. Su respiración tranquila sube y baja y sus ojos se cierran con fuerza incómodo.
-Oh, vamos por partes, tienes que comer primero. -el Duque volvió a entrar y le entregó el pequeño bebé a la plebeya quien lo meció en sus brazos.- Que coma bien pero sin incomodar a la duquesa, si algo pasa me haces avisar.
-Sí señor...-el duque salió de la habitación y la muchacha acurrucó al pequeño en una linda carriola muy fina bordada con oro.- ...ChanYeol...Juro por la muerte de mi madre que tú nunca serás el heredero que todos esperan, de eso me encargaré yo. -susurró la muchacha con lágrimas en sus ojos contenidas, el odio acomulado con dolor estaban mezclados en los ojos de la jovencita. Ella no tenía nada que perder ya en ese mundo, solo brindar la perdición.
3 años después.
-Ah, hoy está haciendo mucho calor. -musitó la duquesa quien estaba tomando el té en el jardín mientras su hijo daba pasitos por el césped bien cortado y cuidado.- Oh...ChanYeol ten cuidado, duque, ¿no sería mejor que aprenda a caminar dentro de la mansión?
-Te preocupas demasiado, como si fuera una niña. ChanYeol debe crecer para ser un sucesor fuerte. -le recriminó a su angustiada esposa quien solo se abanicó un poco más rápido con notoria ansiedad.-
El bebé era todo un encanto, con su fina carita suave de querubín y su piel de porcelana, sus padres estaban muy orgullosos de lo lindo que era ChanYeol. El curioso bebé seguía moviendo sus gordas piernitas intentando sincronizarlas, pero se caía de traserito haciéndolo enojar y hacer pucheros, a su cuarto intento logro mantener el equilibrio, se permitió festejar entre risas y aplausos desastrosos con sus manitas, el bebé siguió caminando muy emocionado, saliendo del campo de visión de sus padres. ChanYeol se cansó al cabo de unos minutos pero cuando volteó para buscar a su mamá y beber agua se dio cuenta que mamá no estaba ahí, tampoco papá, el bebé se comenzó a asustar, pero era un niño muy valiente y fuerte, así que gateando comenzó a buscar a sus padres, ya que se le quitó la emoción de caminar. ChanYeol no pudo gatear lejos cuando las duras y firmes manos femeninas de una mujer lo levantaron en un abrir y cerrar de ojos.
-Duque Choi, no lo veo. -exclamo asustada la duquesa.- Oh, cielo...¡ChanYeol! -gritó la mujer levantándose para buscar a su hijo.-
-Cálmate mujer, los jardines están cerrados, es solo un infante, no puede estar lejos. -su esposo se levantó y tomó entre sus dedos la suave mano temblorosa de su amada esposa.- ustedes. -señaló a las muchachas que limpiaban la mesa.- Vayan a buscar al niño.
Las muchachas dejaron su labor y se dedicaron ahora a corretear los jardines llamando al bebé, el tiempo pasaba y no habían rastros del pequeño, no aparecía, por más que buscaban en cada rincón era como si la tierra lo hubiera atrapado en sus raíces. A la búsqueda se unieron los guardias, las empleadas de cocina, las mujeres que lavaban la ropa, todos en la gran mansión estaban buscando al pequeño ChanYeol.
-Han pasado ya 3 horas y media Choi...-su preocupada esposa habló.- ¿Donde pudo haber ido? ¿Donde esta mi bebé?
-Ten paciencia mujer, de los jardines no pudo haber salido...-su esposo estaba masajeando su cien pensando y pensando, no quería alterarse, debía ser un pilar para su familia.- La única otra opción es...
-Alguien lo tiene...-Su esposa terminó la oración.- Alguien se lo robo, Choi, mi hijo. -la mujer se empezó a exasperar y salió de la habitación con el corazón en la mano. Bajo las escaleras a toda prisa y salió a los jardines donde estaba toda la servidumbre en su búsqueda.- ¡ChanYeol! -gritó a todo pulmón.-
La duquesa se unió a la búsqueda ella misma llena de desesperación, su esposo apareció por la puerta tras ella con una mirada furiosa, llamó al hombre al mando de los guardias.
-Quiero que revisen todas las habitaciones, interroguen a los guardias de la entrada, quiero saber quien a salido y entrado de aquí desde la desaparición de mi hijo. -el caballero capto ordenes y se alejó.- Si alguien se atrevió a ponerle un dedo a mi hijo, esa persona va a arde- El duque no pudo terminar de hablar cuando el llanto de un bebé lo hizo callar, entonces todos se mantuvieron en completo silencio, era el llanto de ChanYeol.-
-¡ChanYeol! -la duquesa interrumpió el silencio desesperante con un grito tetrico antes de empezar a correr todo lo que sus pies le daban, incluso dejó tirados sus tacones tan finos que solo la detenían, sus dedos estaban ahora llenos de tierra y cortados por las piedras y ramas, tras ella venía su esposo y parte de la servidumbre.-
Al acercarse más los llantos solo se incrementaban más fuertes, la madre tenía el corazón en la mano de miedo, sus pupilar eran como un dimonuto punto negro en su cara palida, escuchaba sus propios latidos violentos pegar contra su pecho, quien hiciera pasar a una madre por tanta agonía debía ser castigado ante Dios, era lo mas cerca que había estado de la insanidad. La pesadilla que se volvío ese día empezo al llegar por fin al lugar, por toda la enorme propiedad se escuchó el tétrico grito de terror de la duquesa, un grito tan doloroso que quedó grabado en todos aquellos que lo escucharon, incrustado en las paredes.
-Shhh... -hablo una muchacha con las mano ensangrentadas.- El bebé tiene que dormir...
1 año despues
La gran mansión Park estaba fría incluso en el otoño. Cada persona que entraba a esa estructura majestuosa podía sentir punzadas de inquietud viniendo de las paredes. Cualquier que supiera la historia atrás de la familia Park podía sentir el pesado aura que cargaban.
—Señora...
Una jovencita de lindo andar se abría paso en la recámara de la duquesa Park, en sus manos traía una bandeja de plata llena de varios alimentos en la vajilla fina. Entrar a esa habitación se sentía como un espacio donde la vida está siendo succionada de tu cuerpo. En la cama blanca está el cuerpo pálido y flaco de la duquesa. En su cabeza se puede notar la pérdida notoria de cabello síntoma de estrés. Está prácticamente tirada en la cama sin vida, si miraban atentamente podía notar como en cada segundo que pasaba una parte de ella moría.
—Le he traído la comida…— como era de esperar no recibió respuesta— tiene que comer, ya viene el invierto y necesita alimentarse…
—Lárgate de aquí…No te lo voy a repetir, y la próxima persona que pase por esa puerta tendrá que enfrentar la guillotina si se atreve a pasar. —Al ver que no se movía la duquesa empezó a gritarle— ¡Largo! ¡Largo!
La chiquilla apretó los labios y terminó dejando la bandeja en la mesa de la habitación.
—Aquí le dejó su comida...Por si cambia de opinión más tarde...-suspiro y salió de la habitación dejando a la duquesa sumergida en su depresión.-
La muchacha bajó las escaleras dirigiéndose a la cocina donde las mujeres la miraron expectantes, pero ella solo negó con la cabeza dando a entender que la duquesa no quiso comer hoy tampoco.
Una señora un poco mayor le entregó otra bandeja con comida más blandita, la tomó y salió de ahí con la mirada baja.
La mansión ya no era la misma, no desde el terrible accidente.
El duque nunca estaba, se la pasaba fuera bebiendo y acostándose con otras mujeres, pero la duquesa no lo sabía, estaba muy perdida en su tristeza y desesperación que no se daba cuenta de nada. El día que él bebé de los duques fue cruelmente atacado fue el último día en vida de la duquesa, desde entonces era como ver la cáscara vacía sin vida de un cuerpo que moría despacio. El acto cruel fue perpetuado por una sirvienta, hija de la ex amante del duque, la cara del niño fue quemada y cruelmente arañada con lo que se cree fue el metal de varios instrumentos para dibujar, estás en algún momento pertenecientes a la madre de la cruel joven. Sin embargo el niño era fuerte y no murió, se recuperó y estaba perfectamente sano, pero toda la mitad de su rostro no era lo mismo.
La duquesa nunca más volvió a ver a su bebé, el duque se negaba a aceptar que ese era su hijo, ChanYeol había quedado solo en su habitación siendo cuidado por la servidumbre, quienes lo trataban como una responsabilidad nada más. El peso sobre el destino de ChanYeol era una carga sobre los hombros del duque quien se negaba a seguir siendo un pilar, ya que el peso de la culpa lo estaba matando.
-Es hora de comer. -anunció la joven muchacha dejando la comida en una mesita y tomando al bebé de la cuna, limpio y un poco adormilado.- ¿Dormiste? Bien, ya no te duele tanto. -el bebé lloraba constantemente de dolor todos los días, antes más que ahora- Vamos a comer ChanYeol. -el bebé levantó la mirada de sus ojitos tristes a la muchacha, preguntándose donde estaba su mamá.- Veamos si hoy puedes abrir la boquita solo.
Con paciencia la jovencita de solo 15 alimento al bebé. Cuando estuvo lleno le saco los gases, incluso lo acurruco en sus brazos y lo meció hasta dormirlo de nuevo lo cual ya no era su obligación. Normalmente se contrataría a una nodriza para que se hiciera cargo de la gran parte de cuidado y crianza del bebé abandonado por su madre, pero nadie se molestó en buscar una, era como si quisieran esconder la verdad de su situación, o esperaran que a su propia suerte ChanYeol muriera. Seulgi solo tenía 5 meses de trabajar en el lugar, pero vive en la mansión desde que tenía memoria, estuvo ahí cuando pasó el terrible accidente. La hija de una ex amante del duque tomó venganza en los señores.
La madre de la chica había muerto de una enfermedad cuando fue echada de la gran mansión una vez la duquesa se casó con el duque, ella misma la había abofeteado antes de tirarla al piso fuera a su suerte, lo único que logró con sus súplicas fue que su hija se pudiera quedar en la mansión. Su hija quien también era hija del duque.
Su nombre era Jennie, y está creció llena de dolor. La duquesa complacía a aquellos empleados que la trataron mal, incluso permitía que le dejaran trabajo extra, entre más peso tuviera la muchacha en sus hombros ella se quitaba pesos de dolor de su corazón. Jennie nunca comprendió que hizo para ganarse así el odio de la duquesa y liberaba su dolor en la pintura. Un día se enteró de un rumor, el rumor hablaba sobre que su padre era el mismísimo duque, Jennie no tenía pista de quien era su padre ya que ella no recordaba casi nada a su madre quien murió de tuberculosis cuando solo tenía meses de nacida, así que sin miedo a perder nada le preguntó en persona al duque si esto era cierto, el hombre se rió en su cara y la llamó un error ilegítimo cuyo nacimiento era tan insignificante como vergonzoso para la historia de la familia Park, un desliz molesto con el cual no le quedó opción de lidiar. Jennie había llorado por mucho tiempo, ahogando sus penas en la pintura, preciosas pinturas que decoraban su pequeña habitación, cuando le dieron la noticia sobre que su madre realmente murió en la calle al ser tirada lloró por todo un día entero. Supo que tuvo suficiente cuando nació el pequeño ChanYeol, ella tuvo que asistir el parto solo para ver cómo el hijo de la duquesa era tratado como el heredero perfecto cuando ella era solo una pobre hija bastarda ilegítima, Jennie tomó venganza, en nombre de su madre, en nombre de su sufrimiento, en nombre de sus lágrimas...Y por eso fue sentenciada a la guillotina.
Desde la muerte de Jennie, no se habla de ella ni del accidente en la mansión, el pobre bebé ChanYeol había sufrido la peor parte de todo el crimen, habían empleados que solo lo veían como una responsabilidad más, pero unos cuantos con mucho corazón sentían tanta lástima por el infante que lo llenaban del amor que necesitaba, Seulgi era una de esas.
El bebé solía llorar de dolor en las noches o en las tardes cuando hacía calor, los doctores hacían todo en sus manos para ayudarlo. Gracias a los suaves y gentiles cuidados que brindaban la madre de Seulgi y ella el bebé podía descansar del dolor por momentos.
-ChanYeol estas pesadito, eso me alegra, estás recuperando peso. -le habló Seulgi al infante que tenía un pañuelo de algodón remojado en esencias de hiervas medicinales en su carita.- Te prometo que si te animas a caminar un poco hoy te traeré algo delicioso en la cena, muy delicioso. -el bebé apenas movía sus manitas demostrando su curiosidad.- Tienes que seguir caminando, debes crecer señorito.
Seulgi se quedó un ratito más hasta que Chan se durmió dejándolo en la cuna de seda y meticulosamente decorada.
La empleada salió del cuarto y se dirigió a los jardines en busca de su madre, ya que necesitaba claveles, los pondría en el cuarto de la duquesa para ver si estos la animaban un poquito. En los jardines había una señora muy hermosa, con su cabello levemente gris, sus manos se movían por la maleza retirándola, traía consigo un cesto lleno de herramientas para la jardinería. Seulgi se acercó con una sonrisa tranquila tal como una pequeña, su madre al verla le devolvió la sonrisa y al tenerla cerca le acarició su cabello un poco antes de darle un beso en su frente.
-Madre, ¿acoso tenemos claveles? -pregunto la jovencita tomando la mano de su madre para caminar junto a ella por los jardines de rosas.-
-Me parece haber visto unos cuantos floreciendo, para mañana alcanzarán para un ramo. -comentó la mujer mirando las rosas y asegurándose que la hierba no esté alta.- ¿Acaso son requeridas?
-No, realmente no, pero creo que animarán a la duquesa ya que ella solía bajar siempre para oler los claveles cuando estaban en montón. -suspiró mirando a lo lejos como las puertas de la mansión eran abiertas dejando pasar al duque Park, el hombre salía a paso apresurado del lugar, ya lo esperaba un carruaje dónde se encontraba una joven hermosa dentro.- pobre señora...oh madre cuando se disipara este dolor.
-Vamos Seulgi, nosotras no debemos hablar sobre el señor, el ha sufrido mucho también. -la reprendió su madre y ambas volvieron dentro de la mansión dejando el canasto de flores en la cocina.- Cariño, ¿ya has pensado sobre la oferta de matrimonio que te hizo el hijo del alcalde?
La chica se tensó y solo negó pasando un mechón de su cabello por su oreja y dirigiéndose a calentar un poco de leche para ChanYeol, manipulaba la olla sencilla con cuidado, le pondría miel a la leche para que sea muy dulce, estaba segura que el infante lo disfrutaría mucho.
-La verdad...-Hablo suavemente ante la atenta mirada de su madre, no estaba segura sí se estaba asegurando que no se quemara o era la espera de una respuesta.- Quiero quedarme aquí madre, quiero dedicar mi vida a esta mansión y...Al joven ChanYeol, algo en mi dice que me necesitará. -su madre suspiró y le sonrió una última vez.
-Si así lo deseas, estaré aquí para poyarte. -madre e hija se sonrieron y cada una siguió con su labor.-
-¿Doctor? ¿Que hace aquí? ¿Donde se encuentra la duquesa?
-Lo siento, pero sin los nutrientes necesarios su cuerpo no pudo pasar la noche fría, la duquesa murió de una neumonía.
En lo alto de una bonita mansión vacía, donde se podían escuchar los latidos de cualquier corazón, reposaba en una silla el cuerpo aniñado de un joven muchacho con no más de 8 años. Vestía ropas finas y perfectamente limpias, sin una sola pelusa, zapatos relucientes cual monedas y su cabello bien cepillado y recogido en una coleta varonil digna de un noble. Aquella mansión de tantas habitaciones y tres plataformas estaba decorada en cada esquina de bellas piezas hechas de la mejor madera fina, decorada con joyas, oro, chapados de Plata por todos lados. Bellas escaleras de mármol en forma de O, en el centro colgando del techo un candelabro ejemplar precioso. Pero por cada brillo fino de cada esquina había sangre, tanta sangre derramada y sufrimiento en el aire.
El jovencito se mantenía en las sombras viendo a los lejos la luna, tenía dificultad para respirar, sin embargo se negaba a respirar por la boca ya que le habían llamado sucio por esto, era desagradable a la vista de los demás. Tampoco aguantaba la picazón que le provocaba el calor en sus heridas, pero la última vez que se rascó se lastimó y tuvo que usar vendajes que parecían una mascara, esto provocando que lo señalaran como un monstruo que debía ser oculto de la vista humana. Más que nada no soportaba el dolor en su corazón, pero la última vez que lloro su padre le pegó hasta cansarse de él.
-Joven amo, por favor acompáñeme, es hora de la cena.- hablo su sirvienta principal.-
-No...Quiero-habló cortado sin fuerza aún sentado entre las sombras de la habitación.-
-Debe comer, no puede negarse a algo que no tiene discusión.- reprochó la muchacha.-
-No quiero...No quiero que...Me encierren...-hablaba el joven intentando ser claro.-
ChanYeol era llevado a una habitación aparte donde se le encerraba hasta que terminara de comer y luego lo llevaban de nuevo a su habitación, su padre decía que su cara lo hacía querer vomitar por lo cual le era imposible comer teniéndolo en la mesa.
Seulgi se mordió la lengua aguantando sus lágrimas, aún no podría creer lo cruel que podía ser el Duque Park, le tomó un momento componerse y entró del todo a la habitación, con cuidado extendió su mano. ChanYeol la tomó suavemente y se levantó, con su cabecita hacia abajo manteniendo su vista en el suelo mirando los desgastados zapatos rojos de Seulgi quien acarició su cabello justo como su madre lo solía hacer con ella. El niño levantó la mirada entonces, sus ojos sobre su criada como si fuera lo único en su vida que le queda.
-Seulgi...¿Cual deuda estoy pagando al nacer? -hablo murmurando, la muchacha se agachó solo un poco ya que el niño era bastante alto para su edad. Lo miro a la cara con esa sonrisa tan tranquila que era característica de ella, demostrándole que ante sus ojos el no tenía nada de malo.-
-¿Que te parece si mejor te traigo la comida aquí? ¿Uh? Nadie tiene que saberlo. -ChanYeol sintió un alivio en su pecho y asintió suavemente.- Bien, espera por mi aquí...Te prometo, que todo va a mejorar ChanYeol.
La señorita salió de la habitación dejando al joven heredero solo, este volvió a mirar la ventana que daba a su alcoba y sintió tantas ganas de saltar, saltar y acabar con su sufrimiento, sabía que las palabras de Seulgi aunque fueran bien intencionadas eran mentiras. Todos esto años pasó sumergido en la educación dura sobre cómo debería un día hacerse cargo de grandes responsabilidades tomando el puesto de su padre, como debía ser duro y fuerte ante esas situaciones, pero ChanYeol había nacido con lo que pudo ser una bendición y ahora maldición. Era un ser apasionado, ambicioso y todo un maestro en el arte del engaño. A pesar de ser un niño se las arreglaba mucho para conseguir lo que quisiera. Era bueno en las lenguas, era muy rápido con sus manos, podía atar cualquier clase de nudos y amaestrar los instrumentos musicales a su alcance. Las cualidades perfectas en un jovencito de su puesto, el problema era su apariencia, con esa apariencia nunca nadie lo querría o tomaría en cuenta, la mayoría de nobles a su edad ya tenían una prometida, hermosas jovencitas de la alta clase que crecerían para desposar a un hombre de un buen puesto. ChanYeol solo podía saber cómo se sentía o funcionaba aquello por medio de los libros que leía todo el tiempo sobre los relatos más hermosos de lo que el amor es, ya que nunca nadie querría desposar a su hija con un monstruo como él.
El chico empezaría a recibir educación especial en una escuela católica para gente de alta clase adinerada, usualmente las personas de alta clase como él contratan los mejores profesores o tutores para recibir una educación desde casa, pero el duque quería ver a ChanYeol lo más lejos de ese lugar, lo más lejos que pudiera.
ChanYeol tenía miedo, tenía que admitirlo, no quería ir a un lugar donde sabía que no era bienvenido, estaba bien pasando todas las tardes leyendo sus libros, fantaseando con una caricia de amor o algunas palabras de aliento, pero se conformaba con las preciosas palabras escritas en prosa y verso de sus libros. El no entendía las habilidades sociales necesarias para una convivencia, sabía el arte de la manipulación pero ponerlo en práctica se le dificulta, no tenía ni un poco de fe en su persona para nada. Esa era su mayor desventaja pero para ChanYeol siempre sería su apariencia.
Corre pequeño raton, corre, si te detienes te atraparán para comerte, no mires atrás, no hay tiempo de respirar, si te detienes te matarán, corre pequeño ratón.
-¡No lo dejen escaparse nuevamente! -se escuchó la estruendosa voz de un chico.-
-¿Donde está? ¡Lo perdimos! -gritó otro chico, por más que buscaban a su alrededor habían perdido a su ratón.-
Park ChanYeol, primogénito y único hijo del duque Park, estaba escondido tras el enorme pilar de la Virgen María que lloraba, su corazón iba a mil, su respiración era irregular y sus ropas estaban un poco desarregladas. Su cabello estaba suelto y cubría parte de su cara, su coleta había caído al piso y la perdió.
Se mantuvo en su escondite hasta que ya no escuchó más ruidos, solo entonces se permitió salir de aquel lugar, la campanilla sonaba dando a entender que era hora de hacer El Angelus, pedir por su Ángel guardián, pero definitivamente el no haría esto, ya que ningún ángel hubiera salvado su vida si el no hubiera corrido hasta esconderse, lo cual ya era demasiado complicado gracias a su altura. Podía ver a los demás estudiantes caminar a la capilla para rezar su Angelus, sin embargo el se quedó ahí, sentando en los pies de la estatua enorme de la Virgen, miró sus manos rojas, había tenido que forcejear cuando el Príncipe de Mercia le había intentando obligar comerse la cola de un ratón ya que según él eso era lo que debía comer un monstruo como él.
A pesar de su apariencia deplorable, ChanYeol era un chico fuerte que tuvo que desarrollar habilidades desde pequeño para sobrevivir, habilidades que en algún momento vio tan imposibles para él. Ahora con 14 años era el único que no tenía ninguna prometida o amigos en todo el mundo, no tenía una larga fila de sirvientes esperando por él al salir, solo tenía a Seulgi al llegar a casa y las frías miradas de aquellos que se encargaban de trabajar en su mansión. La soledad y la desgracia lo perseguían desde que fue un bebé y había aprendido a vivir con ambas tomadas de la mano.
Cuando puso un pie por primera vez en aquel monumento del saber las miradas de miedo eran como piedras talladas en las caras de todos, siempre la misma reacción a la cual estaba tan acostumbrado ahora, todos tomaban pasos atrás cuando ChanYeol se paseaba por los pasillos con su semblante serio y un aura oscura con la que siempre cargaba.
Su escuela era dirigida por monjes en su mayoría, también tenían servidumbre, gente del pueblo que lograba ganarse algo de pan con tal de mantener todo limpio.
-Ah...Que desastre, ¿quien puede ser tan cruel y asqueroso al mismo tiempo como para dejar el cuerpo de una rata sin cola ahí tirado?. -la voz suave y levemente chillona de alguien lo alertó haciéndolo voltear su mirada a la fuente cerca de la estatua de la Virgen.- Pensé que la realeza era más fina...
-Te sorprendería la cantidad de mugre que esconden tras esas sonrisas tan limpias y blancas. -murmuró volviendo su mirada al cielo azul.
Era un buen día, tal vez iría a su árbol favorito a leer esa tarde. Estaba apunto de entrar a un transe de pensamientos cuando un grito lo alertó.-
-¡Aléjate! -gritó el mismo chico, ahora que lo veía bien era un sirviente más, lo notaba por sus ropas, su cabello castaño estaba un poco despeinado y sus manitas, algo sucias, eran tan finas y hermosas, casi podría pasar como un chico más que estudiaba ahí.- ¡Aaaah! ¡Ayuda! ¡Mamá!
El muchacho castaño gritaba por auxilio debido a que un gato negro le estaba asechando e incluso lo intentó arañar cuando quiso limpiar el desastre de la rata. El chico pequeño comenzaba a lagrimear de la frustración y miedo, entre un arrebato tomó el cepillo que se usa para limpiar las paredes y se lo tiro al gato que lo esquivó aunque estuvo muy cerca de darle. Justo cuando iba a lanzar otro una mano en su muñeca en el aire impidió que lo lanzara. El muchachito confundido volteó su cuello encontrándose con una mirada profunda y vacía de unos ojos cafés casi negros, inmediatamente soltó el cepillo que terminó en el piso y su mano fue liberada del agarre del más alto, despacio. ChanYeol se había movido con demasiada velocidad, nunca había tocado a nadie por voluntad propia, tampoco era particularmente fan de la cercanía entre ahora su cuerpo alto y el pequeño. Aire acumulado salió de sus fosas nasales con fuerza moviendo algunos cabellos de la frente del plebeyo, dejando así en claro sus bonitos ojos avellana con toques verdes. ChanYeol estaba seguro que contra el Sol debían de tener el tono miel más bonito, de hecho todas las facciones en el rostro blanco del chiquillo debían de verse como suave nieve contra el sol. Bonito, era todo lo que pudo pensar ChanYeol con ese rápido encuentro primerizo.
-...No...Lo lastimes. -hablo suavemente el heredero ahora acercándose al gato, se puso de rodillas y lo llamó con la mano, el gato desconfiado se acercó un poco, al recibir una caricia atrás de su oreja entró en total confianza terminando por acostarse en el suelo disfrutando los mimos.- El solo quiere...Cariño.
El pequeño chico plebeyo seguía un poco plasmado, sus labios entreabiertos de la impresión se cerraron despacio, mientras parpadeaba perplejo, estaba acostumbrado a ser ignorado por todo estudiante real. Nunca había visto a ese alto chico tan elegante, lo cual lo dejó anonadado ya que sería difícil perderlo de vista con un rostro como ese, sin embargo todo lo que hizo al final fue acercarse curioso con sus ojos reflejando esta curiosidad. Con cuidado estiró su mano y acarició el suave pelo del felino, una traviesa sonrisa se asomó por sus labios se sentía realmente placentero contra la carne de sus largos dedos blancos manchados con ceniza. ChanYeol pensó que eran manos dignas de alguna de las señoritas de sus libros.
-¿No deberías estás en la capilla con el resto de altezas? -preguntó entonces el chico recordando inmediatamente su posición de plebeyo alejando su mano.
-...Uh, sí. - respondió seco el joven heredero manteniendo su vista en el lindo gato, su cabello suelto le cubría parte de su rostro pero no todo. No me importo la manera tan informal con que el chiquillo le hablo.
-Bueno, entonces deberías ir, le enviarán una carta a tus padres si se enteran que no estás ahí. -advirtió de brazos ahora cruzados el chico de cabellos cafés.
-No tengo padres. -contestó como si nada y suspiro cuando el gatito se levantó y se marchó ya que fue atraído por un pajarito.- Tampoco tengo fe, ¿que hace un hombre sin fe en una capilla esperando por una salvación que nunca llegara? Ridículo.
El chico parpadeó sintiéndose un poco pequeño a la par del chico sangre real , pasó su mano por su cabello peinándolo, la brisa suave de pasaba por el lugar lo había despeinado. Entonces el jovencito de bonita cara solo optó por sonreír, no tenía una respuesta para la pregunta que le hicieron aunque tampoco le parecía que fuera ridículo.
-Eres gracioso. -le regalo una sonrisa amistosa.- Me llamó BaekHyun, mi mamá me dice que no debería hablar con los chicos como tú ya que solo soy un pequeño plebeyo, sin embargo yo creo que nadie llega a ser tan diferente del todo. -ChanYeol volteo su cuello para poder verlo mejor, tenía una cara confundida ante sus palabras, era casi imposible para él comprender las palabras de BaekHyun en ese momento, ¿que nadie llega a ser tan diferente? Sí él mismo era la prueba de que sí, pero guardo silencio.-
-Mira... -Baek acercó sus manitas a la del chico alto y al sentir contacto ChanYeol no pudo evitar temblar y suspirar, hace mucho no sentía un contacto tan suave y gentil tomar sus frías manos.- Dos manos...Diez dedos...-jugaba con las manos del otro mostrándole como ambos eran iguales de ciertas maneras.- Dos ojos, una boca.
El chico plebeyo sonrió y mientras que ChanYeol seguía en un trance enorme acercó su mano apartando mechones de cabello negro de su cara, antes de poder gritar o quitar la cara el pequeño ya lo había visto. "Maldición..." pensó el pobre heredero, podía sentir su corazón latir tan rápido que temía que todos en el mundo lo escucharan, no quería que su nuevo conocido se asustara de él y corriera por su vida como si fuera una amenaza.
Pero nada ocurrió.
-¿Ves? Somos iguales. Mamá también me dice que debería dejar de decir esas cosas pero la verdad yo creo que tengo derecho de expre...Espre...Ezpre...-Intentaba pronunciar el chico de ojos brillantes siendo torpe con su lengua.-
-Expresarte. -corrigió el joven de sangren noble suspirando, un suspiro que se llevó toda la tensión de su cuerpo. No lo iba a admitir pero el que lo siguiera tratando normalmente le hizo sentir demasiado bien. Pasó su cabello tras su oreja y se peinó lo mejor que pudo, se hizo una coleta pero recordó que ya no tenía su cinta para poder amarrar la coleta.- Agh.
-¿Uh? ¿Perdiste tu cinta? Cielos, definitivamente ustedes los nobles no tienen un sentido de lo que es cuidar. -suspiró como una madre regañándolo y de su bolsillo sacó una cinta simple y no tan fina.- Toma, puedes usar esta. Es mía...Me gusta hacer moños, puedes devolvérmela otro día. -ChanYeol lo miro muy extrañado, todo esto era tan imposible para él. Alguien estaba siendo amable con él aun con su apariencia, ¿por que alguien que tenía tan poco estaba siendo tan amable?
-Te lo agradezco. -el joven heredero tomó la cinta y logró amarrar bien su coleta de cabello, no tan elegante como las que hacía Seulgi pero era bastante adecuada para un jovencito de su edad.- ...ChanYeol.
-¿Disculpa? -pregunto con una risita sin entender el jovencito.-
-Mi nombre es Park ChanYeol, primogénito del duque Park. -se presentó y seguido realizó una reverencia muy elegante a lo cual Baek chilló he inmediatamente lo tomo del brazo para que se levante.-
-No hagas eso, eso solo se hace cuando te presentas a los nobles, yo solo soy un niño pueblerino. -dijo con sus mofletes rojizos de la pena, nunca nadie le había respetado o si quiera considerado y ahora el hijo de un duque le estaba haciendo una reverencia.- Mucho gusto, heredero Park. -ahora el de la reverencia era el chico de ojos brillantes.-
-...Uh, no hagas eso. -le pidió también.- Si yo no puedo tú tampoco. -BaekHyun formó un puchero y abrió su boca listo para reclamar pero una mano en el aire lo hizo parar.- Tu dijiste y cito "no somos diferentes", te trato con el debido respeto que mereces, BaekHyun. -su nombre sonaba tan lindo.- Dos ojos, una boca. ¿Recuerdas?
-¡Heeeey! No uses mis palabras en contra de mi. -se cruzó de brazos pero empezó a reír nuevamente. ChanYeol realmente estaba pasando un agradable momento hablando con Baek, era como si alguien por fin hubiera escuchado sus plegarias y le envió un ángel.- En fin, supongo que puedes hacerlo mientras nadie nos vea.
-Me parece bien. -sin darse cuenta una mueca torcida y pequeña se asomó por su boca, agh. Se sentía tan raro que no tardo en quitarlo, había sonreído. Solo un poco, pero aún así lo hizo.- ¿De donde eres? -Pero antes de poder responder el sonido de las campanas resonó por todo el panteón dando a entender que la hora del Angelus terminó y debían volver a sus clases, Baek se exasperó he inmediatamente tomo el cepillo de limpieza que reposaba en el suelo.- ¡Espera! No te marches.
-Lo siento, joven heredero. Tengo que terminar mis oficios, ademas usted debe volver a clases, si lo vieran hablando conmigo no me imagino la vergüenza que pasaría. -contestó apenado antes de empezar a correr en otra dirección contraría a ChanYeol.-
-¡Aguarda! -Pero en un parpadeo el dulce destello de alegría que trajo al pequeño chico se lo había llevado.- Ah...Se ha ido.
ChanYeol miró el cielo nuevamente y cerró sus ojos recordando las facciones tan preciosas del joven plebeyo, la melodía de sus risas y la dulzura en su mirada. Cuando abrió los ojos tenía las mejillas levemente calientes de la pena y su corazón había empezado a latir con irregularidades muy extrañas. Nunca jamás había escuchado tan hermosa voz ni había sentido tanta calidez en un tacto, no era lo mismo a cuando Seulgi le cuidaba o le sonreía diciéndole que todo estaría bien, no.
Definitivamente debía volver a ver a ese ángel, estaba convencido que fue enviado especialmente para él.
ChanYeol volvió su mirada a la capilla y se dio prisa en volver a sus estudios, un poco más animado al recordar que por lo menos tenía una excusa para volver a ver al pequeño, el chico necesitaría su cinta de nuevo, ya que fue un préstamo. Estaba dudando si comentarle su día a Seulgi ya que no quería que le diera el discurso de cómo debía cuidarse ya que podrían estar queriéndose aprovechar de su apellido y buen ser, pero él podía ver en los ojos de BaekHyun que no era por esas razones que no le importo el físico de ChanYeol, si no que había algo más...Podía ver la bondad entre la línea de sus labios al hablar, era algo de otro mundo, se sentía como un príncipe que encontró a su princesa indicada, definitivamente nunca dejaría ir a esta cenicienta.
Fin del primer capitulo, me ha costado escribir aquí como no tienen idea :).
Voy a tener que hacer todo en notas y pegarlo para no estresarme tanto.
Espero que les guste esta historia, aun debe tomar muchos giros que pronto estaran viendo.
Bye🍒